La Jiribilla | DOSSIER                                                           
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER 

EL GRAN ZOO 

PUEBLO MOCHO 

CARTELERA 

POR AUTORES 

LIBRO DIGITAL 

•  GALERIA 

LA OPINIÓN 

LA CARICATURA 

LA CRÓNICA 
MEMORIAS 
EL CUENTO 
EN PROSCENIO 
Otros enlaces 
Mapa del Sitio 
 


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRONICO
Click AQUI

 

   

LA INSULARIDAD EXILIADA

"Para llegar a Cuba cualquier otra persona tendría que navegar exactamente en aquella dirección -y fue ahora él quien apuntó hacia una zona del horizonte- pero si soy yo el que quiere llegar a Cuba, da igual hacia dónde navegue. En cualquier dirección que lo haga siempre llegaré porque Cuba está en todas partes", dice Rene Vázquez Díaz en La Isla del Cundeamor, la novela que comenta Patrick Collard. 

Patrick Collard

Antes de comenzar, quiero dejar constancia de cierta conciencia de atentado contra el pudor lexical académico por cuanto el DRAE (1992) no reconoce la existencia de la voz insularidad. Lo que pasa es que esta palabra -por su consonancia con nacionalidad o cubanidad- refleja bien la situación de los personajes de la novela que voy a comentar. Afortunadamente para mí, la última edición del María Moliner sí recoge insularidad, para designar el "carácter insular de un territorio". Pues el territorio aquí es una situación y un estado de ánimo.
La situación de exiliado del novelista cubano René Vázquez Díaz, que nació en Caibarién en 1952, cursó estudios de Ingeniería Naval en Polonia y vive actualmente en Suecia, está señalada ya por el hecho de que la novela La Isla del Cundeamor (Alfaguara, 1995) se editó primero en su traducción sueca, anterior en dos años a la publicación en castellano.
Iniciaré mi aproximación a la novela con una cita, definitoria del libro en su tema y composición. Estamos al final de la novela; el escultor Nicotiano, cubano de Miami, y su novia Mary, negra norteamericana de la misma ciudad, están navegando en un yate:
Para llegar a Cuba -explicó él- cualquier otra persona tendría que navegar exactamente en aquella dirección -y fue ahora él quien apuntó hacia una zona del horizonte- pero si soy yo el que quiere llegar a Cuba, da igual hacia dónde navegue. En cualquier dirección que lo haga siempre llegaré porque Cuba está en todas partes. (274)
En todas partes, naturalmente, porque la lleva dentro.
Es una novela tan divertida como dramática, de enfoque en general irónico, de tono ora tierno ora sarcástico o amargo. Está llena de peripecias más o menos verosímiles, escenas delirantes, parodias de episodios de culebrón, de comedia hollywoodiana, de películas de género negro. En varios momentos estamos en el ambiente de algún Pulp Fiction... El panorama que René Vázquez Díaz presenta del microcosmos cubano de Miami al final de los años ochenta, algo tiene de ajuste de cuentas quizás consigo mismo por cuanto se trata del retrato sin mucha concesión de un espacio de falsedad donde todo el mundo engaña a todo el mundo y donde la tragedia siempre compite con la farsa en la trayectoria de los personajes, enfermos todos o casi de una incurable nostalgia cubana y obsesionados con la idea del hipotético regreso presentado como próximo. En el diálogo final, entre la tía Ulalume y Alma Rosa se lee:
-¿Qué será de nosotros los cubanos, tía?
-Luchar y callar. Malos son los tiempos para profecías.
-Allá en Cuba la gente sufre y calla; afuera erramos como esas botellas en el agua. (311) 
Esa botella en el agua, con mensajes dentro -la consabida botella del náufrago-, es un verdadero leitmotiv, en apoyo de los temas del exilio y de la insularidad. De ahí la singular importancia de la memoria histórica, de la que algunos personajes se agarran como si fuera una boya o un chaleco salvavidas. Repartidos a lo largo de la novela se encuentran fragmentos de conversaciones que, si se juntan, constituyen un pequeño compendio de la historia de Cuba desde los tiempos de Machado hasta finales de los ochenta (sin olvidar la obligada referencia a José Martí). Y la importancia del tema se subraya muy explícitamente en la escena de reclutamiento de Alma Rosa por la tía Ulalume: que la nueva secretaria no sepa nada de mercadotecnia, informática de oficina ni taquigrafía parece no influir negativamente en la entrevista de selección; en cambio, cuando a la pregunta "¿Historia de Cuba?", la respuesta es "bastante", Ulalume comenta: "-Eso sí que es importante", y sigue una pregunta de examen sobre los patriotas e intelectuales que asistieron al entierro del Padre Félix Varela en 1853. (223-224) Huelga decir, me imagino, que el humor corrosivo de Vázquez Díaz también afecta la reflexión histórico-política; se podrían citar varios ejemplos, pero me limito aquí al caso del excombatiente anticastrista de Playa Girón, que cerca de treinta años después del fracaso todavía espera que le reconozcan el estatuto de veterano del ejército norteamericano y se ufana de haber sido "el único soldado diabético de la historia del ejército de Este País" (241), lo cual establece un vínculo íntimo entre la problemática cubana y la problemática individual, ya que "todos nuestros problemas estuvieron siempre relacionados de una forma u otra, con el azúcar". (ibid.)
En cuanto a su puesta en escena narratológica, La Isla del Cundeamor es una cosa un tanto curiosa y cargada de simbolismo: una novela supuestamente no publicada, sino echada al mar en trozos dispersos -otra vez la imagen del náufrago y su mensaje-, narrada por un yo cuya identificación con la Tía Ulalume tarda bastante en revelarse. Es un yo que además ofrece una marcada tendencia a ser omnisciente, de modo que en gran parte del libro lo que se lee es una novela en tercera persona, con narrador omnisciente. Cada uno de los catorce capítulos se cierra con un diálogo, impreso en letra cursiva: en los catorce diálogos toman la palabra catorce personajes distintos; en uno de los casos se trata del diálogo de un personaje -un tanto bebido- consigo mismo.
Todos los personajes de origen cubano que pueblan la novela están determinados ante todo por su conciencia de su condición de insulares exiliados, con sus nostalgias y odios respecto de la isla tan cercana y tan lejana a la vez. En primer lugar y, digamos, a la superficie del texto, llama la atención lo satírico y burlesco respecto de los exiliados como grupos y su modo de comportarse. Por ejemplo, no tiene desperdicio la descripción del menú de "El Regreso Restaurant", establecimiento calificado de "criollamente kitsch" (otros dos locales públicos se llaman "El Salsipuedes" y "La Yuca frita del exilio"):
Pero lo que de verdad hacía del restaurante de Burruchaga un lugar poco común era el variopinto surtido de platos a base de huevos, que resultaban baratos y muy pocos objetivos desde el punto de vista gastronómico pero sonoros y hasta poéticos: Huevos cubanos encebollados, Huevos a la habanera en su volanta, Huevos de la camagüeyana en su salsa, Huevos de la nostalgia con perejil y bacon, Huevos a la malagueña salerosa, Huevos verdes como las palmas, Huevos de Oriente y, para colmo, hasta unos Huevos de la Patria de Ayer, o sea un revoltillo con jamón y mucho ajo. (89)
También merece ser mencionado el inventario de asociaciones y partidos que dividen entre sí a los exiliados; habla uno de los personajes más logrados de la novela, Betty Boop, que está haciendo un notable ejercicio de acumulación de sinónimos y denominaciones despectivas:
Yo he donado dinero, como una comemierda, para todas las organizaciones que proclamaban la hecatombe de la Revolución (aquí Betty empezó a contar precipitadamente con los dedos): la Rosa Blanca, ladrones; Alfa 66, degenerados; Los Centinelas de la Libertad, hijos de puta; la Representación Cubana del Exilio, mercachifles; de Lucha contra la Coexistencia Pacífica, mercenarios; el Poder Cubano, falsarios; la Asociación de Veteranos de la Bahía de Cochinos, cochinos; el Ejército Secreto Anticomunista, embusteros; la Coincidencia Patriótica, barrioteros; el Gobierno Cubano Secreto, zoquetes; el Comité Ejecutivo Libertador, no sé ni quiénes son; el Movimiento Unitario Invasor, bocones; la Plataforma Democrática, socarrones; la Fundación Nacional Cubano Americana, rinquincalla; la Unión Liberal, como para vomitar... (54)
El espacio focal de la narración es la casa de la Tía Ulalume y su marido el finés Hetkinen en la Isla del Cundeamor, donde la pareja reconstituyó un ambiente cubano. Pero es una isla cuya particularidad más destacada es la de no existir: es el nombre que le han dado y siempre usan los propietarios pero que nadie conoce fuera de sus círculos de familia y amistades. Cinco o seis veces se repite en la novela "esta isla no existe", subrayándose así que se trata de una recreación literalmente fuera de la realidad pero que es la única realidad de los habitantes: el lector ni siquiera se entera del verdadero nombre. Desde su casa de la Isla del Cundeamor, Ulalume y Hetkinen dirigen una empresa de detectives privados cuyo nombre -la Crabb Company- a su vez remite al ambiente marítimo e insular y es otro leitmotiv del libro, ya que en Cundeamor vive, con su tía, el escultor Nicotiano, que sólo produce esculturas -cientos y cientos- representando cangrejos, su obsesión: Nicotiano echa sus cangrejos del alma, como Martí los versos. Los cangrejos de Nicotiano originan además una sabrosa sátira del mercado del arte y su discurso. Y la trama de la novela, que no la voy a resumir, esencialmente nos cuenta los acontecimientos de algunas semanas durante las cuales se opera una ruptura, un cambio profundo en la vida de tres protagonistas de origen cubano. Y dicha ruptura afecta y modifica su condición insular, su condición de exiliados y por consiguiente su relación con Cuba. En el desenlace domina, densamente, lo irónico-simbólico y el abandono de Miami. Mireya, la ex-compañera, la que había dejado a Nicotiano por otro, la que estaba tan harta del discurso del exilio que soñó con tener hijos que hablaran inglés y a quienes nunca les contaría nada de Cuba, la que llega a gritar "¡Cuba no existe!", quiere finalmente volver a la Isla del Cundeamor y a Nicotiano; éste, que empieza a rehacer su vida, la rechaza, pero la presencia de Mireya origina un malentendido con Mary que regresa a Liberty City, el gueto negro, donde habían estallado disturbios porque un policía de origen cubano mató a un negro. En este ambiente de violencia, Nicotiano es agredido y golpeado a muerte:
y allí mismo se desplomó el exiliado y el escultor, con todo el cuerpo agitado por una rabiosa convulsión que no cesó en las extremidades inferiores hasta que un Chevrolet enorme le pasó por encima. (309)
O sea: el exiliado del exterior, es víctima de exiliados internos, los parias del sueño americano, y rematado, aplastado literalmente, por uno de los objetos emblemáticos de la dimensión materialista de dicho sueño. Betty Boop se marcha con el judío Kopiec, mientras que la pareja Ulalume-Hetkinen finalmente capitulan ante las presiones de la misteriosa e inquietante Transacción Cubano-Americana y venden su casa de la Isla del Cundeamor. El nombre y la actuación de esa empresa parecen hipotecar de antemano el futuro y anunciar un regreso al punto de partida de hace más de treinta años; habla la señora McIntire:
Una organización cubanoamericana... Millonarios...Son los que gobernarán Cuba cuando se caiga Castro. Son una mezcla de partido político, consorcio comercial y mafia criminal. (188)
Sí, ¿pero adónde ir? Tampoco carece de ironía histórica la respuesta: Alma Rosa, Ulalume y Hetkinen se irán a España, "que después de todo es la Madre Patria" (310), con el firme propósito de reconstituir allá su Isla del Cundeamor... y hacer negocios con Cuba.
René Vázquez Díaz aprovecha al máximo el peculiar estatuto socio-político de Miami, elaborando una construcción novelesca basada en espacios, encuentros y desencuentros que ponen de relieve, por una parte, la continua, repetitiva reinvención de la isla perdida, y, por otra, una numerosa serie de situaciones caracterizadas por juegos de espejos y una imbricación de mecanismos de exclusiones, prejuicios sociales, racismo, explotación; de a-ISLA-miento en resumidas cuentas. Miami es Cuba dentro de Este País y es también un espacio dividido esencialmente en dos: la otra ciudad es la mal llamada Liberty City, el gueto negro. Dentro del espacio cubano de Miami está la Isla del Cundeamor donde viven, pero en pie de guerra los habitantes de las dos únicas casas que quedan, porque el paranoico señor McIntire no aguanta a los Cubans; Betty Boop, la cubana socialmente fracasada es explotada -como mujer y como trabajadora- por su patrón cubano (el dueño de "El Regreso Restaurant"); la misma Betty Boop encuentra unos breves momentos de solidaridad humana y amistad en la Bag Lady, una vagabunda negra norteamericana, para finalmente unir su destino al del judío Kopiec (unión pues de representantes de dos pueblos caracterizados por la errancia y la diáspora). Víctimas a veces de cierta xenofobia y racismo, los círculos cubanos, de distintos niveles sociales, los practican a su vez respecto de otros latinoamericanos u otros cubanos; remito por ejemplo a la sutil discriminación implicada por la palabra "marielito",
que designa a los refugiados que llegaron masivamente a Miami en 1980 desde el Puerto de El Mariel (...) y que separaba a los cubanos exiliados en un antes y un después del Mariel y significaba: los de antes somos mejores; los de después son unos pobres diablos. (156)
Como era de esperar, esta realidad -la incurable tendencia humana a discriminar- origina en la novela algunas situaciones o expresiones de efecto humorístico más bien amargo. Ya queda dicho que en "El Regreso Restaurant" Burruchaga, el patrón, explota de varias maneras a sus camareras; éstas sin embargo no son particularmente solidarias entre sí, excepto cuando llega una intrusa, una exiliada nicaragüense quien al principio es tratada con desdén: "Al fin y al cabo, la Nica no era más que una centroamericana subdesarrollada". (94) Y -para citar un ejemplo más- merece la pena el fragmento en que el estilo indirecto libre expresa la reacción de una próspera e influyente familia cubana después de enterarse de que su hija tiene amoríos con un mexicano: 
era inaceptable el mexicanito, quien además de no tener donde caerse muerto, tenía todos los caracteres somáticos de un miembro de la corte de Moctezuma. ¡Horror! La cubanita restregándose con un indio. La parentela estaba profundamente repugnada. Pero la chiquilla practicaba el mestizaje con habilidad de espía, y era difícil agarrarla con las manos en la maza del mexicano. (32)
No extrañará que encontremos en esta obra los consabidos guiños intertextuales. Pueden tener un efecto puramente humorístico y puntual, por ejemplo, cuando Mireya dice con rencor de su marido, a su amante, que "él no es del reino de este mundo" (29); o cuando el pedante ensayista, crítico de arte neoyorquino, constata, estando en Miami en periodo de lluvias incesantes: "¡Así son los trópicos (...): tristes". Pueden tener sin embargo dimensiones un poco más sutiles quizás, al relacionarse con el tema mismo del libro, sin por ello perder el efecto humorístico o de parodia. Volvamos al momento que evocamos al principio: las páginas en las que se describe cómo Nicotiano le hace descubrir a Mary la zona marítima de los cayos. Para cualquier lector de El siglo de las luces es como una repetición, a escala reducida, de las secuencias veintidós, veinticuatro y veintiséis de la novela de Carpentier en las que la mirada maravillada de Esteban descubre y explora las islas y costas del Caribe. Véase también el diálogo siguiente:
-¡Adónde vas, Nicotiano, dime adónde vas- gritó ella.
Él se volvió.
-A todas partes -dijo con una voz que le dio miedo a Mireya- a todas partes. (307)
Pues si la idea, evocada repetidas veces al final de la novela, de ir "a todas partes", corresponde a la de que "Cuba está en todas partes", también se trata, creo, de un eco de la segunda estrofa del archiconocido primer poema de Versos sencillos de José Martí:
Yo vengo de todas partes,
y hacia todas partes voy,
arte soy entre las artes,
y en los montes, monte soy
Dicho sea de paso: en el capítulo anterior, penúltimo, la llegada en barco a Cayo Hueso motiva una evocación de la acción de Martí en EE.UU. y particularmente en la Florida. Pero el caso más profundo de intertextualidad quizás sea el que se revela explícitamente no en el texto sino en el paratexto, porque al dorso del libro figura una cita del propio René Vázquez Díaz en la que éste define Cuba con palabras que a su vez él coloca entre paréntesis: "la isla que se repite", o sea el título del voluminoso trabajo de Antonio Benítez Rojo (La Isla que se repite. El Caribe y la perspectiva posmoderna, 1989). Y esto es precisamente lo que el novelista no para de hacer a lo largo de La Isla del Cundeamor, como hemos visto: representar de modo literal y sistemático, el concepto de repetición de la isla. Esto es la novela de René Vázquez Díaz: una ilustración, una versión en prosa de ficción narrativa, del título de Benítez Rojo, pero, por supuesto, desviado, aunque quizás no tanto, de su significado original. 
(Tomado de Revolución y Cultura)

VERSION PARA IMPRIMIR
......................................................................................................


PAGINA PRINCIPAL

DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



TIENDA DIGITAL
Música Cubana


© La Jiribilla. La Habana. 2001
Sitio auspiciado por el Periódico Juventud Rebelde
 IE-800X600