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LLEGÓ VAN VAN
La timba es la respuesta nacional a esa fuerza sonora nacida en Nueva York. "No es un género musical; es una actitud ante el público que aprecia y conoce la música que quiere bailar".
Lucía Cortázar
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La
Habana
Mejor que la música; sólo hablar de música... sentenció García Márquez en una de sus visitas a La Habana. Y por aquellos días de septiembre del 99 cuando una de las orquestas de mayor popularidad entre los bailadores cubanos de las tres últimas décadas festejaba el bien ganado Premio Grammy por la mejor interpretación en la categoría de salsa tropical, bien valió una cita para charlar sobre música con los autores de lo que -además-, se ha dado en llamar uno de los fenómenos artísticos más revolucionarios dentro del panorama musical contemporáneo de la Isla: los Van Van.
Partiendo del formato de la charanga, su creador Juan Formell experimentó desde la fundación de la orquesta, en 1969, una serie de cambios que abarcan lo musical y lo literario. Van Van es un hecho cultural. En más de una ocasión Rafael Lay y Enrique Jorrín le reconocieron al entonces joven Juanito
- nacido (2 de agosto 1942) en Cayo Hueso, barrio natural del
feeling - haber logrado una charanga con un sonido propio, diferente a todo lo que se había escuchado hasta el momento; y muy importante, distinta a la Aragón, entonces, la gran diva de la charanga en Cuba.
Más allá de nuestras fronteras se ganaron un espacio en importantes plazas de Europa y el Caribe. Aunque durante mucho tiempo, a la orquesta se le negó la visa a los Estados Unidos, Formell había asegurado que su irrupción en ese mercado les prometería una proyección definitoria. Diez años después de aquella premonición, la Academia de la Música le otorgó el Grammy por su disco Llegó Van Van.
Durante esos días, bien agitados, compartí un par de charlas con el Van Van mayor. En el empeño por recordar esos treinta y tantos años entre estribillos y melodías contagiosas, también revisé algunas notas sueltas de sus encuentros con la prensa.
Su padre, músico, le negaba el permiso para seguir sus pasos; era una vida demasiado dura que aceptaba para él pero no para los suyos. Juanito, quizás, podía llegar a estudiar Medicina. Ya en el bachillerato, los prejuicios paternos cedieron paso a la vocación -y al talento. Fue, entonces, que aprendió algunas notas a la guitarra. En esos tiempos, prefería interpretar páginas antológicas de Marta Valdés, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez; incluso, algunas al estilo de Elvis Presley, muy de moda en la época. Escuchaba a los Beatles y bailaba con Benny Moré, Jorrín y Chapotín. Como él mismo confiesa: "en esa mezcla de estilos (canción, rock, son, cha-cha-chá) se fueron formando mis gustos musicales".
Empezó en un septeto. Recorrió bares y cantinas "pasando el cepillo", como si dice en buen cubano, hasta noviembre de 1959 que ingresa en la Banda de la Policía Nacional Revolucionaria. "Fue mi otra escuela", afirma. Allí conoció a Generoso Jiménez -el arreglista del Benny-, a Somavilla, Peruchín, Adolfo Guzmán y Rubalcaba. En 1967, entra en la orquesta de Elio Revé; revoluciona el formato clásico de la charanga. Tenía la cabeza llena de música, de ideas que convulsionaron. Este fue el antecedente de lo que vendría después: Van Van.
Un uso suspicaz y agudo de la picaresca, la ironía, el costumbrismo matizaron cada historia contada en sus canciones en una suerte de crónica de la realidad cubana en debate abierto a favor de lo popular; más allá de cualquier crítica puritana o elitista, sus textos ofrecen una circunstancia social. Pero, en más de una ocasión Formell ha asegurado que su preocupación principal era que la gente bailara; y bailara música cubana -aún en los peores y menos defendidos momentos de las crisis de espacios bailables-. "El buen bailador tiene una filosofía; y en el contexto del baile no le gusta hacerlo con cualquier cosa".
Chirrín chirrán, Yuya Martínez, El buey cansao, La sandunguera, Aquí se enciende la candela, La Habana no aguanta más, Se acabó el querer, La Titimanía, No es fácil, Tu foto en la prensa y otros tantos temas grabados, son el resultado de las experiencias cotidianas
- mezcla del humor y hasta de las escaseces - de los cubanos.
Quizás, entre los secretos para mantenerse unidos por más de treinta años está la exigencia y disciplina que según Formell, ya le han costado algunas -no pocas- canas y otros tantos disgustos.
Mientras la salsa surge como resultado de la necesidad cultural de la comunidad latina en los Estados Unidos; la timba es la respuesta nacional a esa fuerza sonora nacida en Nueva York. "No es un género musical; es una actitud ante el público que aprecia y conoce la música que quiere bailar". La salsa encontró su cauce y origen más remoto en la Cuba de los 50 (Celia Cruz y la Sonora Matancera, Arsenio Rodríguez) mientras la timba empieza con Van Van pasando por Chucho, Irakere y más tarde el trabajo con NG la Banda.
En esa travesía, Van Van aportó a nuestro acervo musical lo que se ha dado en llamar
songo a partir de la mezcla entre cuerdas, metales, flauta, piano y bajo. "Es como una pequeña sinfónica con sonido bien especial" ha dicho Formell. "A los aportes que hicimos a la música popular, le pusimos
songo. La tímbrica y ritmo diferentes hicieron bailar y sentir el sabor de lo cubano en la música con una autenticidad nueva".
Confesiones de un joven Van Van
Hace unos seis años, Van Van rejuvenece. Quizás, otra de las fórmulas para el éxito: su constante renovación. Así entra a la agrupación, uno de sus más jóvenes integrantes:
Mayito quien asegura que "a los efectos internacionales, la noticia del Grammy para Van Van debió ser muy bien recibida aunque no ha tenido la repercusión y cobertura de prensa que debiera y/o esperaban. Claro, en Estados Unidos, seguramente fue muy reñida la decisión de darle el premio a los Van Van; es un mercado muy fuerte en el que no es habitual que una orquesta cubana bailable tenga el mayor éxito y se lleve los más altos galardones. Aunque este es el primer disco nominado, muchos otros tenían la calidad requerida para ser -incluso- premiados".
Para el creador del sonido Van Van, este Premio es también un logro de la cultura cubana, a pesar de que en estos treinta años es la primera vez que se les reconoce. Formell comentó también, en conferencia de prensa, que la discográfica
Habana Caliente -la misma que los introdujo en el mercado estadounidense junto a Adalberto Alvarez y a Pedro Luis Ferrer-, no había dado el apoyo y la importancia debida al hecho de haber obtenido el Grammy, a pesar de que el disco
Llegó Van Van, se vendió y agotó en una buena parte de las ciudades norteamericanas en la que se distribuyó su venta; pero es completamente desconocido en Europa y América Latina.
Aunque no siempre justo, el Grammy es para muchos la validación de lo que más vale y brilla dentro del mundo del disco. En el caso de Van Van, sobremanera merecido, asevera el juicio, aunque demoraron quizás un poco -décadas- en darse cuenta.
De cualquier manera, los cubanos, sabedores de lo que significa "buena música" llevan todo este tiempo celebrando en grande con cada disco de Van Van.
Una vez más... mejor que hablar de música; sólo la música... y quizás, bailar con ella: Chirrín, chirrán que ya se acabó; chirrín chirrán que ya terminó...
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