En 1967 fue publicada la novela de Arenas, Celestino
antes del Alba (Singing from the Well),
que fue premiada en 1963 y aún se consigue en
Cuba. Su trabajo fue bien recibido por Alejo
Carpentier, una figura clave en la emergente
escuela del realismo mágico, cuyo trabajo
influyó en la obra de Gabriel García Márquez.
Pero a diferencia de Carpentier, Arenas tomó una
trayectoria que lo puso en un camino de
enfrentamiento no sólo con las políticas
erróneas en el nombre de la Revolución, sino con
la lucha del pueblo cubano por su liberación, la
cual encontraría solución a tales prácticas. Si
Arenas hubiera sido capaz de ceñirse a este
complejo proceso, su talento —que se expone en
trabajos vibrantes como "La Vieja Rosa",
el cual evoca de alguna manera al joven García
Márquez y el novelista extraordinario portugués
José Saramago— quizás se hubiera inoculado del
debilitante veneno de la obsesiva amargura que
definió y deformó sus últimos trabajos. Es solo
años después de su muerte y con la promoción de
la nueva película que él ha sido
"redescubierto" por los críticos
sofisticados del Imperio como un "gran
escritor." Casi todos sus libros fueron
publicados de nuevo este año, gracias a la
función que tiene el autor: enemigo
"culto", gay y por lo tanto muy útil en
la campaña implacable de Washington en contra de
la Revolución cubana. Pero en su vida real nunca
fue capaz de darse cuenta, como lo hizo el joven
cubano que trabajó en el campamento de UMAP y que
explicó a Ernesto Cardenal que "la
Revolución y UMAP eran seprables. Y dijimos: no
nos iremos de Cuba, para hacer que esto malo no
sea malo."
EJEMPLOS DE RESISTENCIA Y RENUNCIA
La vida y el lugar de José Lezama Lima, autor
de lo que se considera la mejor novela cubana, Paradiso
—quien fue atacado en los 1960 por diversos
críticos de pacotilla por ser
"disidente" y por el tema homosexual
implícito de su lírica— también representa
una alternativa a Arenas, a pesar que la película
trata de pintarlo como un enemigo cosmopolita de
la revolución. Lezama Lima, que era homosexual,
defendió al gobierno cubano y a Fidel Castro en
conversación con Ernesto Cardenal en 1970, cuando
decía que no era un "animal político".
Lezama Lima permaneció en La Habana hasta su
muerte. Un miembro joven del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Cuba me dijo el año
pasado que él, como otros estudiantes de
literatura cubana, había leído la exuberante y
extraordinaria novela de Lezama Lima en la
secundaria. "Es mi novela favorita", me
dijo. Recientemente, se ha publicado una nueva
edición de Paradiso.
"Paradiso nunca ha sido
censurada", dijo el cineasta cubano Tomás
Gutiérrez Alea a la revista Cineaste en
1995. "Lo que pasó fue que después de la
publicación del libro, toda la impresión fue
retirada por tener un pasaje en uno de sus
capítulos con referencias al homosexualismo. Esta
acción represiva fue idiota. Sin embargo, más
tarde, el libro circuló libremente."
Pablo Armando Fernández, quien
"confesó" su supuesta debilidad
ideológica con relación al caso del poeta
Heberto Padilla, ya mencionado, y que por un
tiempo no pudo publicar su poesía —aprendió la
industria de imprenta para sobrevivir— también
rechazó la tentación de abandonar su país.
Ahora ha recibido los mejores premios nacionales
de poesía y defiende la soberanía de Cuba en
presentaciones y lectura de sus poemas en sus
viajes a Estados Unidos.
Mientras tanto, Padilla emigró a los Estados
Unidos en 1979 y se convirtió en mercancía
arrendada de los propagandistas anticubanos. Esto,
incluyó su colaboración en "Conducta
Impropia." En esa película, Padilla se
expuso al ridículo bochornoso al decir que
"la dirigencia cubana", mientras
perseguía a "hombres homosexuales"
evitaba hostilidad contra las lesbianas porque
éstas les "excitaban. Nada excita más a la
mente cubana primitiva que dos mujeres en la
cama."
IDENTIFICACIÓN Y ANÁLISIS DE ERRORES
No obstante la partida de Padilla y su
posterior evolución hacia la derecha, su maltrato
—y los maltratos que recibieron otros
intelectuales y artistas— fueron condenados por
los líderes cubanos. Abel Prieto, presidente de
la UNEAC y el miembro más joven del Buró
Político del PCC dijo en una entrevista a la
revista contrapunto, a mediados de 1990:
"Estoy seguro que el caso de Padilla fue un
error" y se refirió al exiliado como
"un buen poeta."