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"La famosa autocrítica de Padilla fue una
trampa ridícula en la cayeron los compañeros que
participaron en eso. Gente muy valiente,
revolucionaria e intelectual creyeron en esos
operativos y autocrítica", dijo Prieto.
Refiriéndose al documental que se hizo en esa
época aclamando las confesiones de Padilla,
Prieto dijo que la película "Es muy triste,
porque se asemeja a una caricatura de los procesos
en Moscú". El uso de caricatura, es la
palabra clave. Después de todo, si hubiera
existido en La Habana un verdadero régimen
"estilo Moscú", hoy Cuba sería como
una Bulgaria tropical y la historia sería muy
diferente, dejando a los pueblos del mundo en una
posición mucho más difícil.
Prieto agregó que el documental, en realidad,
fue una expresión de "bufonería". No
fue una historia de los acontecimientos impuestos
por un estrato burocrático endurecido que tenía
el propósito de expulsar a la clase trabajadora
del ámbito político para asegurar, mediante el
abandono de la práctica de la solidaridad
internacional, su cómoda existencia.
Precisamente porque Cuba nunca fue un
"satélite" de la URSS —para el eterno
pesar de Washington— su dirigencia fue capaz de
encabezar una lucha para adrizar la revolución
cuando se iba a la deriva y ponerla sobre el rumbo
original. Estos avances políticos en Cuba hacen
posible comprender que el asunto de Padilla se
dio, como Prieto indicó en contrapunto en
"un clima de miopía o de delirio". Abel
Prieto es el actual Ministro de Cultura de Cuba.
Antes que Anochezca utiliza una voz
superpuesta —que hace creer a la audiencia que
es la de Fidel Castro— para justificar previos
maltratos. El narrador no identificado entona las
palabras de un discurso de Castro frente a los
intelectuales cubanos en aquel tiempo,
"dentro de la revolución, todo; fuera de la
revolución, nada". De hecho, lo que el
líder cubano dijo fue sustancialmente diferente:
"contra la revolución, nada."
Precisamente cómo aplicar lo anterior siempre
ha sido un tema de constante elaboración,
práctica y debate: todo en un ambiente incesante
de implacable hostilidad de Estados Unidos, que ha
aumentado en los años 90.
PASOS HACIA ATRÁS
En 1970, tres años después del asesinato de
Che Guevara en Bolivia y el posterior declive del
movimiento revolucionario en América Latina, la
dirección central cubana no pudo movilizar a la
población en el grado suficiente para cumplir con
la meta de cosechar 10 millones de toneladas de
azúcar, la cual a la larga resultó ser utópica.
Este revés para el régimen revolucionario
cambió la correlación de las fuerzas políticas
en contra de aquellas dirigidas por Fidel Castro a
favor de una integración económica más profunda
con Moscú. Esta decisión, y la política y
cultura concomitantes a esta relación, trajeron
consecuencias inesperadas. A partir de entonces,
Cuba dejó a un lado su plan de lograr la
autosuficiencia en la producción de alimentos a
favor de integrarse al Consejo de Ayuda Mutua
Económica, que federaba los planes económicos de
la URSS y los países del Tratado de Varsovia.
Este fue el trasfondo del I Congreso Nacional
de Educación y Cultura realizado en 1971, y no el
arresto coincidente de Heberto Padilla. Fuera de
Cuba, ese arresto fue criticado por figuras leales
a Cuba, tales como Carlos Fuentes, Gabriel García
Márquez y Jean Paul Sartre. Ellos se
distinguieron de otros escritores e intelectuales
quienes aprovecharon la injusticia del momento
para romper relaciones con la revolución.
En su más flagrante resolución, el congreso
declaró: "El carácter sociopatológico de
las desviaciones homosexuales ha sido reconocido.
Se resolvió que todas las manifestaciones de
desviación homosexuales serán firmemente
rechazadas y se evitará su propagación".
Esta proclamación dio impulso para negar empleos
a los homosexuales en cualquier institución que
influyera en la juventud. Así mismo, el congreso
declaró que los homosexuales no deberían
"representar a Cuba" fuera del país.
Esta campaña estimuló protestas en Cuba de
artistas, escritores y otros, así como de
partidarios de Cuba en el exterior con impecables
credenciales revolucionarias. Joseph Hansen,
líder veterano del Partido Socialista de los
Trabajadores, quien desde los primeros días de la
Revolución informó con gran esmero acerca del
desarrollo de este proceso y ayudó a obtener
apoyo para la Revolución, comentó en 1978, en la
introducción a una colección de sus artículos
que "la ridiculización de los
homosexuales" era una "mal indicio"
de problemas más profundos, pero no insuperables.
Su libro se titula Dinámica de la Revolución
Cubana: una Perspectiva Marxista.