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"Esa fue una herencia histórica, en
algunos países, más que en otros, pero en
ninguno se luchó más que en el nuestro, y creo
que en ninguno se alcanzaron más éxitos
tangibles y prácticos que en el nuestro. Esta es
real, eso lo vemos, se ve todavía y, sobre todo,
entre la juventud. Pero no podemos decir que haya
habido una erradicación total, absoluta de la
discriminación sexual, ni podemos bajar la
guardia. Hay que continuar luchando en este
sentido, porque es una herencia histórica,
ancestral, contra la cual se ha luchado mucho; se
ha avanzado y se han obtenido resultados, pero hay
que seguir luchando.
"No voy a negar que, en cierto momento,
este cosa machista influyó también en un enfoque
que se tenía hacia el homosexualismo. Yo
personalmente —tú me estás preguntando mi
opinión personal— no sufro de este tipo de
fobia contra los homosexuales. Realmente, en mi
mente, esto nunca ha estado eso y jamás he sido
partidario, ni he promovido, ni he apoyado
políticas contra los homosexuales. Eso
correspondió, yo diría, a una etapa determinada
y está asociado mucho con esa herencia, con esa
cosa del machismo. Trato de tener un argumento
más humano y más científico del problema. Esto
muchas veces se convierte en tragedia, porque hay
que ver cómo piensan los padres; incluso hay
padres que tienen un hijo homosexual y eso se
convierte para ellos en tragedia, y uno no puede
sentir sino pena porque una situación de ésas
ocurra y se convierta también en una tragedia
para el individuo.
"No veo la homosexualidad como un
fenómeno de degeneración, sino lo veo de otra
forma. El enfoque que he tenido es de otro tipo:
un enfoque más racional, considerándolo como
tendencias y cosas naturales del ser humano que,
sencillamente, hay que respetar. Esta es la
filosofía con que veo estos problemas. Creo que
más bien hay que tener consideración hacia una
familia que sufre esas situaciones. Ojalá que las
familias mismas tuvieran otra mentalidad, tuvieran
otro enfoque cuando ocurre una circunstancia de
esa naturaleza. Y soy absolutamente opuesto a toda
forma de represión, de desprecio, de menosprecio
o discriminación con relación a los
homosexuales. Es lo que pienso."
Borges le preguntó al líder cubano si un
homosexual podía ser miembro del Partido
Comunista de Cuba, y Castro respondió: "Te
digo que ha habido bastantes prejuicios en torno a
todo eso, es la verdad, es la realidad, no lo voy
a negar, pero ha habido otros prejuicios de otro
tipo contra los cuales nosotros más bien
centramos nuestra lucha.
"Había, por ejemplo, una forma diferente
de juzgar la conducta personal del hombre y la
mujer. Eso lo tuvimos durante años en el Partido,
y yo libré batallas y discutí mucho en torno a
todo eso. Si se daba la infidelidad matrimonial
por parte del hombre no constituía un problema,
una preocupación, y en cambio se convertía en
objeto de discusiones en núcleos cuando existía
una infidelidad conyugal por parte de la mujer.
Había una forma diferente de juzgar las
relaciones sexuales de los hombres y las
relaciones sexuales de las mujeres. Tuve que
combatir duro, fortísimo, contra las profundas
tendencias enraizadas que no eran producto de una
prédica o de una doctrina elaborada sobre eso, o
de una educación en ese sentido, sino todos estos
conceptos machistas y prejuicios que existían en
el seno de nuestra sociedad.
"Por cierto, no te contesté la pregunta
del amor libre. No tengo absolutamente ninguna
objeción. No sé lo que tú entiendes por amor
libre. Interpretándolo como la libertad de amar,
yo no tengo ninguna objeción."
Las palabras de Castro demuestran que ha habido
avances y que todavía existen desafíos. Hoy cada
vez son asumidos por las generaciones nuevas de
revolucionarios cubanos, muchos de los cuales han
sido influenciados y educados por la lucha por la
liberación de la mujer, los derechos de los
homosexuales y en oposición a la violencia contra
los homosexuales en el mundo entero.
PELÍCULAS REFLEJAN AVANCES
El espíritu crítico y el impacto del proceso
de rectificación y el debilitamiento de las
influencias soviéticas después de los hechos de
1989-1990, son el trasfondo para la producción de
la película Fresa y Chocolate en 1993,
dirigida por Tomás Gutiérrez Alea. La amplia
acogida y los debates que provocó, la
convirtieron en un fenómeno político. Más de un
millón de cubanos vieron la película,
probablemente la película más vista de todos los
tiempos en Cuba. Recibió numerosos premios de
cine en Cuba y el extranjero.