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Antes que Anochezca refleja el punto de
vista dominante en Arenas sobre una
"horrible" represión estatal,
particularmente de los homosexuales cubanos.
Brevemente se hace alusión a los asesores
soviéticos, cuya presencia, según la película,
marca el final de los impulsos de la revolución
original. Imágenes de noticiarios que muestran a
Fidel Castro —aparentemente el
"Dictador" está pronunciando ásperas
palabras mientras se ven escenas de la brutalidad
policiaca y militar— comprendiendo escenas de
traición personal y autocríticas humillantes.
En una de las escenas claves de la película se
observa un grupo de personas en un apartamento
mirando en la televisión el presunto juicio del
premiado poeta Heberto Padilla. En la vida real,
Padilla fue arrestado en 1971 e hizo una
confesión pública por no haberse comprometido lo
suficiente con la revolución y esto representó
el nadir de la vida cultural de Cuba. La escena
termina con el suicidio de una de las mujeres del
grupo, aparentemente una de los tantos escritores
y artistas con una línea política incorrecta y
que fueron citados por Padilla en su apología.
Otro invento de Schnabel.
El tiempo pasa a toda velocidad en estos
fragmentos, desafiando todo tipo de marco
histórico y negando toda precisión histórica.
Las condiciones que engendraron la Revolución
ni siquiera son mencionadas, más bien se ven a
través de la poética de Arenas, siempre alegando
que "el esplendor de mi niñez fue único,
porque era pobreza absoluta, pero también
libertad absoluta; afuera, al descubierto, rodeado
de árboles, animales y apariciones." Estas
son buenas nuevas para los campesinos pobres
quienes experimentaron esa funesta explotación
bucólica, y que les hizo llegar a la conclusión
de apoyar al Ejército Rebelde que luchaba contra
las armas, los tanques y los aviones de bombardeo
de Batista.
Una breve escena en la que aparece el
adolescente Arenas subiéndose a un camión lleno
de combatientes victoriosos en Holguín, tiene el
propósito de fundamentar la aseveración
biográfica de que Arenas se "unió a la
guerrilla de Castro." Pero el hecho de
sumarse espontáneamente al entusiasmo del pueblo
liberto y victorioso es muy distinto a participar
en acciones guerrilleras o ser parte de las
organizaciones urbanas, en contra de las cuales la
dictadura impuso una cuota de 30 000 civiles
muertos. Sin embargo, hasta el pequeño extracto
de la película de Schnabel contradice lo que
expresa Arenas en sus memorias.
Cuando Arenas quiso entrar a las filas del
Ejército Rebelde, le dijeron —como era la
práctica normal para todos— que tenía que
conseguir su propio fusil ajusticiando a uno de
los policías de Batista. Arenas fracasó en su
misión y aun así regresó a las montañas. Los
guerrilleros no podían regresarlo a Holguín
porque era seguro que sería arrestado y
torturado. Así pues, dejaron que el joven se
quedara. Luego escribió que comía algunas veces
en la casa de una tía que vivía cerca.
"Nunca participé en una batalla; es más,
nunca fui testigo de una batalla; esas batallas
fueron más mito que realidad", aseveró. Dos
años de batallas revolucionarias contra la
tiranía fueron para Arenas una simple
"guerra de palabras".