Los resultados liberadores de la primera
Revolución Socialista en América crearon un
clima de libertad sin precedentes en Cuba.
Reformas profundas —empezando por el
desmantelamiento de la policía secreta de
Batista, hasta la abolición de las leyes racistas—
desató un florecimiento del arte, la cultura y la
música, y el acceso popular a éstas. A medida
que las prioridades de los trabajadores y los
pobres del campo asumían un papel más
importante, nació un movimiento de liberación de
la mujer. Esto desafió la realidad y el legado de
la opresión y discriminación de la mujer, así
como su estatus de segunda clase. Los centros
infantiles se convirtieron en un derecho. Se
relajaron dramáticamente las severas leyes del
divorcio. Para 1963, la ley contra el aborto se
abolió y el derecho a la libertad de
reproducción se institucionalizó.
Aunque estos cambios radicales afectaron a los
homosexuales, la Revolución cubana no llevó a
cabo las medidas innovadoras que realizaron los
bolcheviques durante los primeros meses de la
Revolución rusa. Es más, hubiera sido
prácticamente imposible que la nueva generación
que tomó el poder en 1959 supiera de dichos
avances.
MEDIDAS INNOVADORAS DE LA REVOLUCIÓN RUSA
En diciembre de 1917, el régimen soviético
eliminó las leyes reaccionarias en contra de los
homosexuales de la tiranía zarista. Esta acción
sin precedentes fue resultado del lanzamiento de
nuevos programas y políticas destinadas a la
emancipación del sexo femenino. El doctor
Grigorii Batkis, Director del Instituto de Higiene
Social de Moscú, en 1923 escribió en su libro La
Revolución Sexual en Rusia, "la
relación del derecho soviético al ámbito sexual
se basa en el principio de que las demandas de la
gran mayoría del pueblo corresponden y están en
armonía con las conclusiones de la ciencia
contemporánea."
Explicó que "la legislación soviética
se basa en el siguiente principio: La absoluta
ausencia de interferencia del estado y la sociedad
en asuntos sexuales, mientras nadie sea lesionado
y mientras los intereses de la persona no sean
usurpados ni invadidos ... la legislación
soviética trata a [las practicas homosexuales]
exactamente igual que la llamada relación sexual
'atural.' Todo tipo de práctica sexual es asunto
privado."
"La Revolución [de Octubre] no dejó en
pie ninguna de las viejas leyes despóticas e
infinitamente no científicas; no siguió el
camino de la legislación reformistas burguesa, la
cual, con sutilezas jurídicas, todavía mantiene
el concepto de propiedad en el campo sexual y en
última instancia exige que la doble moral siga
imponiéndose sobre la vida sexual. Estas leyes
siempre ocurren al ignorar a la ciencia",
explica el doctor Batkis. Repitiendo la teoría y
la práctica bolchevique, el doctor colocaba la
liberación de la mujer en el derrocamiento de las
relaciones de propiedad capitalistas y la
sobreexplotación del sexo femenino dentro de
dicho sistema.
"No hay sociedad en el mundo entero que
tenga estas metas, cuyos problemas no han sido
confrontados por ninguna revolución previa",
escribió Batkis.
RETIRADA CONTRARREVOLUCIONARIA SOBRE LOS
DERECHOS HOMOSEXUALES
La política contrarrevolucionaria liderada por
Stalin, que coronó a la reacción burocrática a
finales de 1920 y principio de los años 30,
necesariamente atacó los aspectos más
progresistas de la ley soviética para consolidar
su dominio indiscutible. A medida que este
régimen conservador consolidaba sus privilegios y
beneficios expulsando a los trabajadores del
actuar político, y del gobierno, desarticulaba la
libertad artística y literaria, reducía los
logros críticos obtenidos por las mujeres y daba
carácter oficial a restricciones políticas,
culturales y sociales. Stalin intervino
personalmente para criminalizar la homosexualidad
en 1934, imponiendo una condena federal de 5 años
de prisión por actos consensuales entre hombres
adultos. En 1935, para consagrar aún más las
normas de la "nueva familia" el gobierno
ilegalizó al aborto, el cual había sido
legalizado en los primeros meses del régimen
revolucionario.
El notable novelista ruso Máximo Gorki,
reducido a servir de cómplice o señuelo de la
casta gobernante, anunció en un folleto
subvencionado por el estado que "en los
países fascistas, la homosexualidad, que arruina
a los jóvenes, florece sin ningún castigo. En el
país donde el proletariado ha obtenido audazmente
el poder, la homosexualidad ha sido declarada como
un crimen social y es severamente castigada."
Todo esto definía la posición
"comunista" respecto a los homosexuales:
un lastimoso eco de la reacción y prejuicio
capitalista, expresada en vocabulario marxista.