En contraste, Arenas afirma en la película que
su círculo luchó contra la represión
"teniendo sexo."
En su libro, describe una conversación con un
compañero —después de un viaje a la Isla de
Pinos, donde afirma que tuvieron sexo con
"todo un regimiento"— donde los dos
"hacen un inventario de los hombres con los
que habíamos dormido hasta ahora, esto fue por
1968. Llegué a la conclusión, después de
complicados cálculos matemáticos, que he tenido
sexo con cinco mil hombres aproximadamente."
Su amigo llegó a una cifra similar. Ellos no
fueron "los únicos que se dejaron llevar por
este tipo de furia erótica: todo el mundo lo
hizo: los reclutas [de las Fuerzas Armadas]
quienes pasaban meses de abstinencia, y toda la
población". (Todo esto, mientras que alega
que un supuesto pogromo arrasaba toda la isla en
contra de los hombres homosexuales).
"Creo", escribió Arenas, "que
la revolución sexual en realidad fue el resultado
de la represión sexual existente". Puesto
que este dato muy valioso sugiere un interés
político de Arenas, está equivocado desde
cualquier óptica.
EMANCIPACIÓN DE MUJER
La revolución sexual en Cuba comenzó con la
lucha por emancipar a la mujer de siglos de
opresión, explotación y atraso, forjado por el
colonialismo y la dependencia del país de la
metrópolis imperialista. El paso decisivo de este
proceso fueron los esfuerzos por incorporar a las
mujeres en actividades económicas productivas. La
ocupación de la mujer antes de 1959 fue
principalmente como campesinas superexplotadas o
en la servidumbre doméstica o en los burdeles o
las casas de juego que eran propiedades de
inversionistas estadounidenses y de la mafia. Al
forjar la independencia económica para las
mujeres, se empezó a liberarlas del matrimonio
obligatorio y de su aislamiento y opresión en el
hogar, centro de su trabajo "gratuito."
En este contexto, el nuevo gobierno abolió el
mercado del sexo, cerró los prostíbulos e
inauguró un programa especial para educar y
entrenar a las prostitutas cubanas para que
tuvieran un empleo efectivo. Prohibió la
pornografía, ley que se mantiene hasta hoy día.
El divorcio pasó a ser un procedimiento sencillo
para obtener y el control de la natalidad, como
otros medicamentos, pasó a ser gratuito. Cada vez
mas, los matrimonios informales pasaron a ser
paralelos a los matrimonios civiles, y los hijos
de esas uniones — los hijos de padres solteros
— recibían un trato equiparado del gobierno. En
la actualidad en Cuba no existen niños
"bastardos". Este concepto reaccionario
fue reemplazado con la responsabilidad social
sobre el cuidado de los niños, además de crear
condiciones y la conciencia que eliminó la
definición de mujer, esposa y niño como
propiedad de los hombres.
La creciente confianza que las mujeres cubanas
tienen de sí mismas se manifiesta en las misiones
internacionalistas: desde la alfabetización en
las montañas de Nicaragua frente a las amenazas
de los contras, hasta la participación en
combates en Sudáfrica contra las tropas del
apartheid. Hoy, más de la mitad de los 1.1
millones de miembros de las Milicias
Territoriales, las fuerzas de defensa nacional de
Cuba, son mujeres. Indiscutiblemente, los antiguos
estereotipos y estructuras sexuales y de género
han sucumbido ante estos progresos
revolucionarios. Es más, han menguado las
expresiones de violencia contra la mujer, basadas
en miles de años de opresión, tales como son las
violaciones y abusos físicos, las cuales han
declinado cualitativamente y son dramáticamente
más bajas que en cualquier otro lugar del mundo.
La batalla por la igualdad de la mujer está
respaldada por la Revolución y se lucha en el
contexto de forjar una nueva ética de solidaridad
humana en la construcción de una sociedad libre.
Da un enfoque más agudo al objetivo de la lucha
que comenzó en las montañas de la Sierra
Maestra: crear nuevos hombres y mujeres que se
transforman en la acción de liberar a su país y
a ellos mismos. Estos esfuerzos permanentes han
integrado como socios insustituibles a la ciencia
y la educación en la lucha para confrontar y
vencer los prejuicios, que incluyen cuestiones
sexuales.
En su lucha por la igualdad, las mujeres
cubanas y sus aliados, inicial e inevitablemente
tuvieron que afrontar resistencia en una gama de
cuestiones como empleos en trabajos
tradicionalmente reservados para hombres y la
"doble carga" del trabajo doméstico y
el empleo, y además en el ámbito de la libertad
sexual. "La participación de la mujer en la
revolución fue una revolución dentro de la
revolución", dijo Fidel Castro en una
reunión de la dirigencia de la Federación de
Mujeres Cubanas en 1966, "y si nos
preguntaran cuál es la cosa más revolucionaria
que la revolución está haciendo, diríamos que
es precisamente esto, la revolución que está
ocurriendo entre las mujeres de nuestro
país."
En el transcurso de dicha movilización
política y lucha, se han creado nuevos valores a
medida que la sociedad se ha transformado, la cual
es una meta establecida por la dirigencia central
de la Revolución.
Esto ha generado una moralidad que va mucho
más allá de la "ética" que rige las
relaciones humanas en cualquier otro país. Los
logros que plasman estos principios centrales
forman el marco para la expansión de los derechos
homosexuales. (Muchos de los desafíos que las
mujeres emprendieron y vencieron en esta temprana
etapa de la nueva sociedad están documentados en Las
Mujeres y la Revolución Cubana, una
colección hecha por Elizabeth Stone en la que
incluye importantes discursos y documentos; y Mujeres
Cubanas Ahora, de Margaret Randall, que narra
una serie de experiencias personales y luchas
políticas de mujeres.) Ciertamente, la batalla
por la emancipación de las mujeres no está
precisamente terminada. Pero se la está librando
con un pueblo con una conciencia política más
avanzada y en un estado de derechos más elevado
que en cualquier otro país del mundo.
PROMISCUIDAD O LA AUTOESTIMA
Para Arenas, la lucha por la liberación de la
mujer no existió. Un sinnúmero de encuentros
sexuales (en su caso, entre hombres) —la
cantidad siendo el único criterio— es una
versión compartida por muchos autoproclamados
defensores de la "revolución sexual."
Esta definición ha servido solamente para vaciar
el concepto de su esencia histórica y cuajar su
contenido social y revolucionario en una búsqueda
sin pausa por la satisfacción sexual individual,
como el objetivo central de la vida. No hay nada
progresista acerca de esto. Es la respuesta
pornográfica a la represión sexual que
deshumaniza ambos géneros, independientemente de
la orientación sexual. Contrariamente al axioma
de auto indulgencia del poeta William Blake, el
"camino de los excesos" no "conduce
al palacio de la sabiduría." Las
consecuencias de este tipo de creencias están
documentadas en el innovador libro sobre la
pandemia del SIDA llamado Y la Banda Continúa
Tocando (And the Band Played On), por
Randy Shilts.
El credo sexual de Arenas era lo contrario a lo
que la revolución quería inculcar en los hombres
y mujeres libres quienes han descubierto sus
talentos y capacidades como respuesta a los
complicados desafíos: autoestima. La liberación
sexual humana emancipada de los grilletes de
normas represivas, requiere de un punto de partida
tan digno como para negar los fetichismos
alienantes y abusivos que definen el sexo y la
sexualidad.
LOS ORÍGENES DE LA IDEOLOGÍA SEXISTA
La ideología patriarcal, producto milenario,
tuvo como su génesis el triunfo de los hombres
sobre las mujeres en la batalla por el excedente
de la producción social. Esta histórica derrota
del matriarcado puso a la familia en el centro del
ascenso de la propiedad privada y el estado, como
lo describe Federico Engels en Los Orígenes de
la Propiedad Privada, la Familia y el Estado.
"Lo que podemos suponer actualmente sobre
la regulación de las relaciones sexuales después
de la inminente desaparición de la producción
capitalista es, principalmente, de carácter
negativo, limitado mayormente a lo que
desaparecerá", escribió Engels.
"¿Pero qué se añadirá? Esto será
decidido por el desarrollo de una nueva
generación: una generación de hombres que nunca
en su vida tuvieron la ocasión de comprar la
entrega de una mujer ya sea con dinero o con otros
medios de poder social; y de mujeres que nunca se
han visto obligadas a entregarse a ningún hombre
sin otra consideración que no sea amor verdadero,
o de no entregarse a su amado por miedo a
consecuencias económicas. Una vez que estas
personas aparezcan, no tendrán que preocuparse
por las cosas que nosotros creemos que deben
hacer. Ellos establecerán su propia práctica y
su propia opinión pública, de acuerdo a eso, con
la práctica individual de cada uno y ese es el
fin de esto."
La obligación económica de casarse, la
subordinación de la mujer al aislamiento de las
monótonas labores domésticas no remuneradas y
deberes "maternos", y el dominio sobre
ellas por el patriarca, son las bases materiales
de la ideología sexual que las oprime, una
ideología que necesariamente coloca a la
homosexualidad más allá de lo intolerable. La
ideología en contra de los homosexuales —basada
en el dogma religioso, en una ciencia falsa, o
ambos— sirve para reforzar el papel procreador
de la mujer. La represión, las presiones
sociales, violencia, y hasta tortura, se utilizan
para imponer dicha ideología. Supuestamente para
defender la "civilización" —es decir—
para mantener las normas culturales opresivas de
la sociedad burguesa.