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En épocas de crisis del capitalismo, esta
ideología reaccionaria necesita de un chivo
expiatorio homosexual, así lo hacen las
organizaciones ultra derechistas y fascistas al
atacar al homosexualismo como una fuente de crisis
social, a pesar de que su verdadero blanco es la
clase trabajadora y su cohesión. Así, en Estados
Unidos, el fanatismo anti homosexual fue un
elemento clave de la plataforma de "primero
América" del ultra derechista y candidato a
la presidencia, Patrick Buchanan, por parte del
Partido de la Reforma. Buchanan es un destacado
enemigo del derecho al aborto, la acción
afirmativa y los "extranjeros ilegales."
El carácter emancipador de "la
revolución sexual" se determina en la medida
que entendemos y afrontamos estos temas, ya que
inevitablemente es producto de luchas más
amplias, de luchas revolucionarias más decisivas
para derrocar al capitalismo y comenzar con la
construcción del socialismo.
ARENAS REINVENTADO
En una reseña publicada en el periódico
español El País, sobre el libro Antes
que Anochezca, el escritor cubano
anticomunista Guillermo Cabrera Infante, apunta
elogiosamente: "Hay tres pasiones que
rigieron la vida y la muerte de Reinaldo Arenas:
la literatura (no como un juego, sino como un
fuego que consume), el sexo pasivo, y la actividad
política. De las tres, la pasión dominante fue
evidentemente, el sexo. No sólo en su vida, sino
también en su trabajo. Fue un cronista de un
país ya no regido por el impotente Fidel Castro,
sino por el sexo. Vivió una vida que comenzó y
terminó efectivamente en lo mismo: desde el
principio un largo, continuo acto sexual."
Como otras personas que han renegado a Cuba,
Cabrera Infante se obsesiona con la figura de
Castro para negar la base popular de la
Revolución, sin la cual Fidel y la dirigencia de
la cual es parte, hubieran sido derrocados hace
muchísimo tiempo. Entrevistado en "Conducta
Impropia", Cabrera Infante afirmó que el
trato que en Cuba se le dio a los homosexuales era
similar a la exterminación Nazi de los judíos en
Auschwitz.
Aunque Arenas se deleitaba de su destreza y
avaricia sexual, Schnabel, sabiendo que
actualmente esa promiscuidad es mal vista, por
arte de magia sanea la vida de Arenas. El director
restaura los frenéticos actos sexuales anónimos
como algo dulce, la lujuria mohína matizada con
una inocencia campestre.