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COYULA, EL QUIJOTE LÚCIDO
DEL AUDIOVISUAL CUBANO


Los jóvenes realizadores, y me incluyo, están influidos por la estética de la publicidad y el video-clip. No sé hasta qué punto es bueno o malo, pero de alguna forma es renovación.

Adrian R. Morales | La Habana

Dolly in lento a la cara de David: ¿Alguna vez te ha picado el cerebro?
Elena: ¿Cómo?

David: A la gente le pica algo y se rasca la piel. A mí me pica el cerebro. ¿Qué voy a hacer? Tengo un gran defecto que me es vital: la intolerancia... 
Fragmento del guión de Buena onda.

Miguel Coyula Aquino, cineasta cubano de 24 años, ha experimentado el enorme orgullo de exhibir su tesis de grado, Buena onda, junto con la clásica Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. El acontecimiento tuvo lugar esta semana  en el Festival de Cine de East Hampton, Estados Unidos. El universo del joven realizador, que tiene en su haber gran número de premios, no es nada convencional. Es un observador de estos tiempos que se resiste a comprender la mecánica de las cosas y no le interesa el caos artificiosamente construido. Necesita el estado natural de la percepción, sin extensiones intelectuales o códigos simbólicos universales. No teme a los clichés "ni a todo lo contrario", pues según ha declarado, el audiovisual es un arte que consiste en el lenguaje de la mente.
Graduado en 1999 de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Coyula se vale del video y el cine para retratar la decadencia del ser humano y sus falsas virtudes. Sus protagonistas preferidos son los soñadores paranoicos, casi extraterrestres -por su forma de ver la vida-, quijotes lúcidos, taxi-drivers con cerebro, que interactúan en un medio donde animales y objetos se roban el protagonismo.
Los premios de la UNEAC, Festival Almacén de la Imagen (Camagüey), Cineplaza y los encuentros del Movimiento Nacional de Video, no dejan lugar a la duda de que el cine cubano que viene le deberá en gran medida a este realizador. 

-Dicen que el video es un medio marginado en Cuba... 
-Aunque ahora tiene más auge, el video sigue marginado. Sin embargo, se impone por necesidades económicas, pues es mucho más barato y sencillo. Pero ¡cuidado!, en calidad se está acercando cada vez más al cine. Creo que nada podrá detenerlo en su competencia con el séptimo arte. 
-¿Es rentable?
-En nuestro país hubo mucha tradición de hacer documentales al comenzar el video. No sé por qué no se ha desarrollado más la ficción. Es un género que puede abrirse paso en video cuando se dificulta hacerlo en cine. Un pensamiento erróneo plantea que es más fácil hacer documentales. La ficción es más cara, lleva actores, la producción es más complicada. Pero como la ficción es mi favorita, la seguiré haciendo.
-Entonces es más fácil insertar el documental en el mercado extranjero...
-Es mucho más difícil insertar el video de ficción, a no ser que como realizador independiente logres buscar distribución en el extranjero. El documental tiene más posibilidades en el exterior porque Cuba es bastante popular en estos tiempos, aunque la distribución se limita a círculos bien cerrados: universidades, museos o festivales a los que generalmente acuden latinos o público especializado. Existe una razón muy poderosa: el estadounidense medio odia leer subtítulos, por lo que es muy propenso a no ver lo que no sea hablado en inglés. Además, no está muy interesado en películas profundas como Madagascar o La vida es silbar.
-¿Cómo llegaste al mundo audiovisual?
-Llegué al video por pura casualidad. Pensaba estudiar Diseño Industrial. De pronto me regalan una cámara de video y empiezo a grabar cortos. Pero luego de un cortometraje de 30 minutos, me tomo la cosa en serio. Estaba estudiando Diseño cuando decidí probar suerte en la Escuela Internacional de Cine y Televisión. Presenté el cortometraje como currículum. Dejé el Diseño. Una oportunidad así no podía pasar de largo, menos cuando solo aprueban a tres o cuatro de entre 150 candidatos.
-¿Cómo fue el tránsito hacia la creación más en serio?
-Al principio, trabajaba de forma muy artesanal. El primer corto lo rodé en orden cronológico. Los actores sabían que al apretar el botón de la cámara, esta demoraba 2,5 segundos en comenzar a grabar y debían quedarse congelados de toma en toma mientras yo cambiaba el ángulo. Después lo sonoricé, poniendo los audífonos de una walkman al micrófono de la cámara y doblando los diálogos. Quizás eso llamó la atención al jurado de la escuela.
-¿Cuándo descubriste que tenías talento de cineasta?
-En la escuela primaria hacía historietas. Después, novelas de radio. Sabía que quería algo más, pero no imaginaba que sería el video, pues en aquel momento me resultaba inalcanzable. Hasta que por azar llegó la cámara y...

-Y fue como Bailar con agujas...
-Bailar con agujas es una metáfora sobre relaciones existenciales. Empieza con una muchacha que se va a casar y a partir de ahí recorre su traumático pasado. Siempre persigo recrear una atmósfera de misterios y enigmas.
-¿Qué buscas canalizar en tu obra?
-Es como una vuelta a la infancia, a querer hacer lo que anhelaba de niño. El enigma y el misterio permanecen al crecer, y entonces se hace irresistible tratar de explicarlo.
-¿Influencias? 
-Tarkovski, Antonioni, David Lynch, Bergman, son con los que más me identifico. De pequeño me impresionó mucho El resplandor, de Kubrick. Estuve una semana sin dormir. Mi película favorita es Solaris. Cuando la vi, no entendí nada: por eso me gustó tanto.
-Tienes reputación de obsesivo...
-Sí, soy obsesivo con la calidad, me paso hasta tres semanas editando. Incluso, en la filmación dedico tiempo al encuadre exacto, al gesto imperceptible de los actores. Elegí estudiar dirección porque en ella confluyen todas las especialidades: guión, fotografía, banda sonora... 
-¿Cómo organizas tu trabajo?
-Mejor, cómo lo desorganizo. Soy caótico a la hora de realizar. Me dejo llevar en un 80 % por la intuición. No sé hacerlo de otra manera. Nada más cómodo que llevar la cámara mientras dirijo a los actores (preferiblemente si no son profesionales). Si no conocen los métodos, es más fácil manipularlos -en el mejor de los sentidos. Cuando voy a escribir un guión, trato de plasmar las ideas en un mismo día, porque al siguiente, cuando revisas la lista, de 30 tienes una sola que sirve, pero esa vale por mil.
-En una ocasión comentaste que toda obra literaria puede ser adaptada al cine. ¿Piensas incursionar en esa variante?
-Siempre se puede hallar la manera de traducir al cine una obra literaria. Escribí una novela que se titula Mala onda, la segunda parte de Buena onda, mi tesis de grado, y estoy entusiasmado con transformarla en un guión.
-Filmaste una comedia musical en New York y Los Angeles... 
-Sí, Plastic Fork (El tenedor plástico). Una experiencia increíble. Las puertas se abrieron sorpresivamente. En 1999 fui invitado al Festival de Cine Latinoamericano de Providence, en Rhode Island (Nueva York) y conocí a muchísima gente, entre ellos a Al Pacino y Ana Strasberg, viuda de Lee Strasberg, creador del Actor Studio. En el recién concluido 18 Festival Nacional de Cine y Video Cineplaza 2001 El tenedor plástico -largometraje de ficción de 56 minutos- obtuvo los premios de mejor edición y mejor banda sonora.
-¿Qué legado quisieras dejar?
-No sé, son tantos los proyectos e ideas en mente. Tal vez una película de una hora y media, sin cortes, un plano secuencia. El guión podría comenzar en un edificio y terminar en medio de un campo. La cámara seguiría a los actores a todos lados, entra un personaje y sale otro. Mi objetivo es mantener la tensión y el interés del espectador.

-¿Ya estás trabajando en ese proyecto?
-No. Ahora estoy filmando un largometraje, Cucaracha rojas. Es una historia de incesto entre un hermano y su hermana menor. Estoy muy satisfecho con el guión. Es el mejor que he escrito hasta ahora. Hice un casting y se presentaron 300 actores, por lo que tuve un buen margen para escoger.
-¿Qué podría aportar la vanguardia joven al cine cubano actual y por venir?
-Los jóvenes realizadores, y me incluyo, están influidos por la estética de la publicidad y el video-clip. No sé hasta qué punto es bueno o malo, pero de alguna forma es renovación. A nuestro cine le falta un estilo más intimista, un buen drama, que haga huir de la risa fácil.
-Llueven las críticas, la mayoría negativas, sobre el cine cubano de la última década...
-No todo es malo. Han habido excepciones. Fresa y Chocolate es una excelente película, pero lamentablemente dio origen a Guantanamera, y esta a una serie de imitaciones que, con mayor o menor fortuna, navegaron con éxito, vendiéndole a España o al mejor postor lo que más carcajadas pudiera arrancar: mulatas, tabaco, rumba y ron. La justificación es obvia: pocos extranjeros pagarían por ver otra imagen de Cuba. Hay temas muy ricos por explotar. El dinero viene y se va, pero la memoria fílmica es lo que queda. A pesar de las excepciones -Madagascar, La vida es silbar, y algunas otras- resultará imposible recordar otras memorias como las del subdesarrollo.

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