ELENA DE SIEMPRE
Su
magia puede estar en la voz, o en estilo, o en su musicalidad, o en su
cubanía. O en todos esos atributos juntos. Lo cierto que Elena Burque
logra el milagro de la comunicación absoluta con públicos de todas las
edades. Ahora nos cautiva con algo de filin, como si estuviera en la sala
de Angelito en el Callejón de Hamel, y luego
con un son entero a la manera del cabaret Parisién.
Y
su fuerza individual, su
personalidad única, nos hace evocar, impedidos de la nostalgia, aquellas
descargas de amigas con Omara Portuondo y
Moraima Secada; y a los más viejos, a la figura fundadora de Aida
Diestro. Y en un revoltijo de tiempos, canciones de Portillo o de Pablo, o
la guitarra de Froilán o el bajo de Formell.
Porque
Elena es eso: intérprete de todas las edades y tiempos.