POR
ESO ME PICA AQUÍ
Sería una opción muy conveniente para las grandes orquestas cubanas, cargada de muy dotados jóvenes,
el estrecho contacto con estos venerables soneros que a finales del siglo se mantienen sosteniendo el invicto, estandarte de la mejor tradición del arte popular de la
Isla.
Bladimir Zamora
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La Habana

Durante
1997 se produjeron varios e importantes hechos en el contexto de nuestra música popular; pero me atrevo a asegurar que entre los más sobresalientes se encuentra la publicación de los álbumes Afro Cuban All Stars (A toda Cuba le gusta), Buena Vista Social Club e lntroducing Rubén González, bajo el rubro del sello británico World Circuit. En el mismo período en el cual muchas de las mejores agrupaciones cubanas jóvenes se han estado cocinando en su propia salsa a riesgo de desgastarse en peleas de tarima, tratando de demostrar que cada una es la mejor desembarcaron en la Isla los ejecutivos de la mencionada disquera en busca de viejos y valiosos músicos del patio.

No se trató, a mi juicio, de un arranque exótico de los ingleses. Más bien de la consolidación de un proceso que comenzó a principio de los noventas. Cuando el 20 de febrero de 1992 Faustino Oramas (El Guayabero) se empleó en un prolongado concierto para los asistentes al madrileño club El Sol, se iniciaba el regreso a los parajes europeos de los solemnes y gozosos soneros cubanos, tal y como había sucedido en las primeras décadas de este siglo. En esta oportunidad el holguinero bendecía con su presencia la aparición del primer volumen de la Colección Semilla del Son producida por el roquero hispano Santiago Auserón. Gracias a su empeño salieron otros cuatro volúmenes, que junto al inicial dotaron a los españoles y a otros interesados del resto de Europa de una referencia indispensable para valorar en su medida al más importante ritmo cubano y por ello comenzar a dejar de confundirle con la salsa, o por lo menos enterarse de que el son fue primero y su contagiosa descendiente después.
No bastó el consuelo del disco compacto. Se reclamaba la presencia en directo de los curtidos soneros. Apareció entonces Celeste Mendoza en un Encuentro con el Son, celebrado en el verano del noventa y tres en la capital española. Al calor de esa lumbre la Diputación de Sevilla se decidió a llevar a cabo un sueño sostenido desde hace tiempo atrás. Hacer coincidir sobre él mismo tablado a los músicos cubanos y a los cultores del cante. De este modo surgieron los Encuentros entre el Son Cubano y el Flamenco, que permitieron sonar en Andalucía al Guayabero, el Conjunto Los Naranjos, los septetos Habanero y Spirituano, el grupo de Changüí de Guantánamo, así como a Compay Segundo y sus Muchachos. Instituciones emblemáticas de la música popular cubana, mayoritariamente integradas por personas dedicadas durante muchas décadas a sostener nuestro valioso ritmo, sin que en la mayoría de las ocasiones hubieran recibido por ello ningún
estímulo visible.
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No dejó el público español de acudir a las citas con las bandas salseras procedentes de Nueva York, Puerto Rico y Santo Domingo. Ni perdió oportunidad de gozar con Los Van Van y algunas otras bandas nuestras de puntería; pero cada vez más se fue haciendo notorio el gusto por el son puro y duro, llevado allí por estos viejitos que no pocas veces del lado de acá del charco han parecido apenas una referencia de museo. Y todo no terminó ahí, sino que con el correr de la década este fenómeno llamó la atención de otros países europeos y no se hicieron esperar en ellos las presentaciones.
Cuando la actuación de los decanos del son se hizo algo frecuente en el viejo mundo, alzaron la mamo los interesados en producirles discos allí. Surge así en 1995 la Antología de Compay Segundo, bajo la dirección artística de Santiago Auserón y publicada en Madrid por la Warner Music. Tiene así Francisco Repilado -que es el nombre de pila de Compay- la oportunidad de grabar lo más valioso de su catálogo, después de muchos años sin poner los pies en un estudio cubano. Un sello independiente como Nube Negra provoca la formación de la llamada Trova Santiaguera, les graba varios álbumes, que también son defendidos con su incesante trabajo en tierra hispana. Antes también de que los ejecutivos de World Circuit tocaran tierra cubana, Celina González había derramado en el Ronnie Scott -templo londinense del jazz- los irrebatibles aromas del sonde monte adentro y más tarde, Merceditas Valdés demostró en el Festival de Otoño de Madrid, que además de dar voz como nadie a los cantos religiosos afrocubanos, podía afirmar con pimienta: «Yo soy la rosa orientál”.
Habidas cuentas de lo apuntado, es fácil apreciar que al llegar los muchachos de World Circuit a La Habana, traían ya la certidumbre de que se emplearían en un segmento de la música no sólo gustado en su continente, sino crecientemente requerido. Ello, por supuesto no mengua la magnitud artística del proyecto que desencadenaron entre marzo y abril de 1996, sino que da muestras de sentido de oportunidad y seriedad. Prueba de esto es el acierto de escoger tomo coordinador y productor artístico a Juan de Marcos González, líder del Sierra Maestra, quizás la única agrupación cubana integrada por jóvenes que también desde los inicios de este década, ha brindado en esos mismos parajes europeos una visión respetuosa y creativa del son tradicional.

A toda Cuba le Gusta.
Se logra así el álbum A toda Cuba le gusta, con un puñado de competentes músicos convocados para la ocasión bajo la denominación de Afro Cuban All Stars, pensando en el destinatario británico de primera instancia y con seguridad tomando el antecedente de aquellas bandas cubanas que desde los cuarenta hicieron leyenda en Nueva York, bajo la advocación de un Machito y un Mario Bauzá. Juan de Marcos González dirige el grupo y toca el tres; de las trompetas se ocupan Luis Alemañy, Daniel Ramos y el entrañable «Guajiro» Mimbal; Carlos «El Afrokán» Álvarez y Demetrio Muñiz son los trombonistas; Javier Zalba hace sonar el saxo barítono y la flauta. Orlando «Cachaito -López» es el contrabajista y el veterano Rubén González es el dueño del piano. Un experimentado virtuoso, Miguel Angá y el joven Julienne Oviedo están entre los que garantizan la contundente percusión. Los cantantes son Raúl Planas, Pío Leiva, Ibrahím Ferrer, Manuel Licea «Puntillita», Félix Valoy y José Antonio «Maceo» Rodríguez.
Los conocedores de nuestra música popular se asombrarán con alegría de reconocer en esta relación a creadores de diversas generaciones algunos saliendo de la adolescencia, otros en plena juventud, personajes que transitan la madurez y señores que están a punto de los ochenta como Rubén González. A partir de orquestaciones de Juan Marcos, interpretan diez temas (“Amor verdadero», «Alto songo, «A toda Cuba le gusta», «Los sitio' asere», “Elube Changó» y «María Caracoles», entre otros), a partir de los que se hace un paseo por sabrosas modalidades del son sin olvidar la guajira, el guaguancó, la guaracha, el danzonete y el mozambique. Lo más importante de todo esto es que esta numerosa nómina multigenerációnal suena el lujo y da una hermosa idea de cuanto se puede lograr en el terreno de la música nuestra, si se aprovecha la comunicación profesional entre todos los creadores en activo.
Introducing Rubén González.
Causó tan buena impresión el toque de Rubén González, para quien ya Juan de Marcos había compuesto el son Clasiqueando con Rubén, incluido en A todo el mundo le gusta, que World Circuit determinó hacer un álbum especialmente para su lucimiento. Fue una decisión acertada, con la cual se hacía justicia a este hombre nacido en Santa Clara allá por 1919 y que desde su llegada a la capital a principios de la década del cuarenta demostró su posibilidad de figurar en la más apretada legión de pianistas populares del patio. Allí donde están escritos los nombres de Peruchín, Lilí Martínez Griñán, Anselmo Sacasas, José Ramón Palma, Lino Frías o Cabrerita, puede aparecer sin dudas el de Rubén González. El ha sido capaz de dar testimonio de ello en los Conjuntos de René Álvarez, Arsenio Rodríguez y Senén Suárez. También en la orquesta del maestro Jorrín ya en los años sesenta. En 1975 le graban disco muy poco difundido y en 1978 forma parte de las Estrellas de Areito.
A partir de entonces, salvo una participación fugaz en el disco La novia del feeling, que Jorge Rodríguez le produjo a Omara Portuondo para la EGREM en 1996, ni las instituciones culturales del país, ni los directores de orquestas, ni los directores de espectáculos, se acordaron de Rubén. Parecía que estuviera apagado y naturalmente no era así. Quien lo dude puede acudir al álbum Introduclng Rubén González. Allí despliega toda la sabiduría pianística que atesora, en medio de la propicia atmósfera que le dispensan el contrabajo de Çachaito, la trompeta de Guajiro Mirabal, los bongós y el güiro de Roberto García, las tumbas de Carlos González, los timbales del familiar Amadito Valdés, el güiro de Carlos Puisseaux, una actuación especial del legendario flautista Richard Egües y los coros de Puntillita, Juan de Marcos y Antonio «Maceo» Rodríguez. Bastan tan sólo nueve piezas para cobrar la certidumbre de que todavía en Cuba con un buen golpe de suerte un pianista de una parentela con el apoyo del ritmo, puede pasearlo a uno por aquellos espaciosos salones en que la música nuestra ha enseñado su encanto desde el pasado siglo. Son tres piezas del propio Rubén (“Melodía del Río», «Tumbao» y «Como yo siento) y otras seis perlas que hace rato se han asegurado un rincón en nuestras memorias. «La Engañadora» de Jorrín, el «Cumbanchero»
de Rafael Hernández, las «Tres lindas cubanas» de Guillermo Castillo, «Bilongo» de Rodríguez Fife que en el álbum lamentablemente aparece como «Mandinga»-, »Siboney» de Lecuona y «Almendra»- ¡Qué Almendra!- de Abelardito Valdés.
Buena Vista Social Club.
En ocasión de su segunda visita a La Habana, Ry Cooder me había contado su interés por traer músicos de África, para juntarlos con los sonoros cubanos y hacer un disco. Pocos meses después había variado su plan, vendría solamente él -acompañado de, su hijo Joachim- a producir para World Circuit un álbum que tomaría su nombre de una de las piezas que incluye, el danzón de Orestes López Buena Vista Social Çlub.
Sin negar el valor que ya he reconocido en A toda Cuba le gusta y en el disco consagrado a Rubén González, entre estos tres proyectos lanzados por la disquera británica, el que ha estado al cuidado de Ry Çooder es el más brillante. Aquí no sonó la flauta por casualidad, el guitarrista y compositor norteamericano, además de ocuparse de la música de unas cincuenta películas, y haber tocado en colaboración con Génesis a los Rolling Stones, lleva largo tiempo dedicándose a hacer discos con figuras descollantes de la llamada música étnica, como Ravil Shankar de la India y Alí Farka Touré de Mali. Luego de estudiar a fondo el frondoso acervo de nuestra música tradicional y asegurarse de la feliz existencia de unos cuantos talentos que a esta altura pueden defender sus colores, puso manos a la obra.
En Buena Vista Social Club participa una larga lista (Luis Bárzaga, Julio Fernández, Carlos González, Juan de Marcos, Salvador Repilado, Puntillita, Cachaito, Benito Suárez, Guajiro Mirabal, Eliades Ochoa, Omara Portuondo, Julienne Oviedo, Bárbaro Torres, Virgilio Valdés y Lázaro Villa); pero se notan mucho más, el ya celebrado pianista Rubén González y el cantante Ibrahím Ferrer, que luego de una larga carrera en compañia de Pacho Alonso y más tarde con Los Bocucos, llevaba años sufriendo la desestimación hasta que Ry Cooder descubre el tesoro de su voz y le hace solista de cinco piezas del álbum. La otra gran estrella es Francisco Repilado (Compay Segundo).
Luego de grabar su más significativo repertorio en España, la solicitud de Cooder para que pusiera su voz segunda, el sabor de su armónico y su composición más conocida en Buena Vista Social Club, colmó su consagración, contribuyendo a que por fin a la altura de los noventa años, las instituciones de la cultura y el pueblo cubanos, le expresaran toda la estima de la que sin dudas es acreedor desde hace décadas.
No hay una sola de las composiciones tomadas por Cooder a las cuales con el desempeño de los cubanos y el toque del propio norteamericano, no se le saquen impresionantes resonancias sin traicionar su expresión original: De camino a la vereda (Ibrahím Ferrer), El Cuarto de Tula (Luis Marquetti), Pueblo Nuevo (Rubén González), Dos Gardenias (Isolina Carrillo), ¿ Y tú que has hecho? (Eusebio Delfin), Veinte años (María Teresa Vera), El carretero (Guillermo Portabales), Candela (Faustino Oramas), Amor de loca juventud (Rafael Ortiz), Orguillecida (Eliseo Silveira), Murmullo (Electo Rosell), y Buena Vista Social Club (Orestes López) y Mujer bayamesa (Sindo Garay). Pero es sin dudas Chan Chan, el son de Compay Segundo que abre el disco, la más impactante.
Tocada por cualquiera esta pieza manifiesta su poder de cautivar, sin embargo pareciera su más alto destino entrar a formar parte de Buena Vista Social Club, un trabajo fonográfico al cual ya se le puede considerar histórico.
...Y voy a rascarme allá
El lanzamiento de estos tres discos ha provocado en los últimos meses la actuación de sus más notorios protagonistas en prestigiosas salas de Inglaterra, Francia, España, Italia, Suiza y Alemania, convirtiendo al piquete de veteranos sonoros, en la presencia de mayor magnitud, entre todos los cubanos que durante el pasado año han hecho música en Europa.
Lo de imitar, ya se sabe que nunca ha tenido resultados estéticos de gran dimensión, sin embargo tomar en cuenta la experiencia desatada por World Circuit, para emprender proyectos propios, sería una opción muy conveniente para las grandes orquestas cubanas, cargada de muy dotados jóvenes, a los cuales les vendría de maravilla el estrecho contacto con estos venerables soneros que a finales del siglo se mantienen sosteniendo el invicto, estandarte de la mejor tradición del arte popular de la Isla.
Por último, es importante aprovechar estos felices sucesos a los que me he referido, para volcar sobre todo el país esta fiesta de raíz profunda. No es justo que en Londres, Madrid, París o Roma, haya más posibilidades de gozar el son de altura, que en La Habana, Matanzas, Cienfuegos o Santiago de Cuba.