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LOS PERROS DE LA GUERRA

Estados Unidos encarga a empresas de mercenarios las operaciones sucias en América Latina

Rebelión

Escarmentados por la impopularidad de muchas acciones militares de Estados Unidos en el extranjero, la Secretaría de Defensa están recurriendo a empresas de mercenarios que trabajan con ex militares y ex agentes de la Agencia Central de Inteligencia para que desarrollen el trabajo más sucio en sus operaciones en América Latina. 

Asimismo, y según el diario colombiano El Tiempo, ese sería el camino encontrado por la Casa Blanca para evitar los controles del Congreso estadounidense. El pasado año, la organización de derechos humanos Human Rights Watch ya denunció que el Pentágono utiliza a estas compañías para violar las condiciones exigidas por el Congreso cuando se aprobó el Plan Colombia. 

Una de estas empresas es la firma Military Professional Resources Inc (MPRI), con sede en Virginia, que recibió un contrato de seis millones de dólares para entrenar y asesorar al ejército colombiano. Según afirma Carlos Fazio en el semanario uruguayo Brecha (1), "dieciséis funcionarios del MPRI ya están cumpliendo funciones en Colombia y reportan de manera periódica sus actividades al Pentágono. Los asesores privados están trabajando en planificación de inteligencia, logística y entrenamiento, pero otra parte de su misión es complementar las tareas de la Secretaría de Defensa, que fueron autorizadas por el Congreso para entrenar y dotar de armamento a tres batallones antinarcóticos del ejército colombiano". 

La empresa de mercenarios MPRI ha reconocido que "asesoró" al gobierno de Croacia en 1995. Sin embargo, la publicación especializada Jane Inteligence Review ha señalado que su intervención fue clave en los éxitos militares del ejército croata contra los serbios. Más tarde, MPRI ayudó a los bosnios a formar un ejército que hiciera frente a las tropas de Milosevic. 

Carlos Fazio también recuerda que legisladores demócratas han alertado que el papel de MPRI en Colombia no está sujeto al control del Congreso. Adam Isackson, del Centro de Política Internacional (2), advierte que la utilización de firmas privadas por el Pentágono puede ser una cortina de humo para camuflar operativos contrainsurgentes. "Si ellos cruzan la línea entre la guerra a las drogas y la contrainsurgencia, la responsabilidad del gobierno de Estados Unidos será menos directa, pues es una empresa privada". 

Desde el pasado 15 de marzo del 2002, la multinacional DynCorp se incorpora a la base norteamericana de Manta, en Ecuador (3), con una plantilla de 134 personas. Se trata de una empresa con su casa matriz en Reston, Virginia, y su Base de Operaciones en Cocoa Beach, Florida, que se dedica fundamentalmente al entrenamiento e incorporación de mercenarios al servicio de Estados Unidos. 

El Coronel Juan Maúrtua, Jefe del Puesto Avanzado de Operaciones (FOL) de Estados Unidos en Manta, al igual que la embajada norteamericana en Ecuador, ha señalado que la empresa se ocupa de los servicios de administración, mantenimiento de instalaciones, limpieza de la pista, adecuación de calles del reparto, alimentación, protocolo, combustible y transportación. Es decir, la ha presenta como una empresa de servicios que apoya al personal norteamericano en Manta. 

Sin embargo, en Colombia DynCorp está reconocida como una Sociedad Británica, con sede en Aldershot Hampshire. Lo que las autoridades norteamericanas no quieren reconocer es que DynCorp es una de las grandes empresas privadas del mundo que se ocupan de la seguridad y la defensa. 

DynCorp fue creada en 1946, un año después del fin de la II Guerra Mundial, por un grupo de pilotos norteamericanos que pensaban dedicarse al transporte de carga. Al principio se llamó California Easter Airways Inc. Desde 1987 lleva el nombre de DynCorp. En la gran línea de trabajo que hoy desarrollan se iniciaron en la Guerra de Corea, de 1950 a 1953. Más tarde participaron en Vietnam, de 1960 a 1975. Prestaron sus servicios en las guerras del Golfo Pérsico. Trabajaron en la guerra contrainsurgente en El Salvador, operaron en Bosnia y, en la actualidad, participan en la implementación del Plan Colombia, entre otras actividades. 

Según Manuel Salgado ex vicepresidente del Parlamento ecuatoriano (3), DynCorp es una de esas grandes empresas de la guerra, "tiene unos 20.000 empleados que trabajan en unos 50 países del mundo y sus ingresos superan los 400.000 millones de dólares". 

DynCorp aparece como una Empresa muy versátil que presta múltiples servicios a los militares norteamericanos repartidos en unas 1.500 bases alrededor del mundo, pero, en esencia, se trata de una compañía que recluta y contrata mercenarios para el desarrollo de operaciones de guerra que, por diversas circunstancias, no pueden o deben ser ejecutadas por las fuerzas regulares de los Estados Unidos. 

Por ejemplo, en Colombia, los Estados Unidos impulsan oficialmente la guerra contra el narcotráfico, pero niegan la guerra contra la insurgencia. Sin embargo la guerra existe y de ella se ocupa DynCorp, fundamentalmente entrenando y dirigiendo a los batallones contrainsurgentes y a las fuerzas paramilitares. En julio de 1999, estalló el primer escándalo cuando un avión espía de la Armada de los Estados Unidos se estrelló en la frontera entre Ecuador y Colombia. Murieron cinco soldados norteamericanos y dos colombianos en lo que la embajada norteamericana calificó de un accidente. Sin embargo, el marido de la piloto del avión, el coronel retirado norteamericano Charles Odom, reconoció que su esposa había sido derribada por un operativo de las FARC mientras cumplía una misión de inteligencia para el gobierno norteamericano. 

Mas tarde las FARC derribaron un helicóptero Huey II de la Policía Nacional de Colombia y confirmaron que el piloto era norteamericano. 

Según revela el periodista norteamericano Jason Vert en su artículo "Heroína en los motores", difundido por el periódico The Nation, "consultando a los pilotos privados del gigante DynCorp en los Andes, sus misiones iban desde fumigaciones aéreas hasta misiones de intervención con helicópteros transportando tropas a los puntos calientes". 

En 1999, empleados de DynCorp en Bosnia fueron acusados de comprar y traficar niñas, para utilizarlas como esclavas sexuales. Según el acta del juicio llevado a cabo en Texas en referencia al hombre del que había sido mecánico aeronáutico de DynCorp, se afirma: "a finales de 1999 Johnston supo que los empleados y los supervisores de DynCorp estaban mostrando un comportamiento perverso, ilegal e inhumano [y] estaban comprando armas ilegales, mujeres, pasaportes falsos y [participando en] otros actos inmorales. Johnston fue testigo de cómo sus compañeros de trabajo y sus supervisores literalmente compraban y vendían mujeres para su disfrute personal, y los empleados alardeaban de la edad y los talentos de las esclavas que habían comprado". 

Según revela la periodista de investigación Kelly Patricia O'Meara, en vez de agradecer y recompensar el esfuerzo de Johnston para poner fin a este comportamiento, DynCorp le despidió, obligándole a ser custodiado para su propia protección por parte de la División del Ejército para Investigaciones Criminales (Army Criminal Investigation Division -CID) de EEUU hasta que los investigadores pudieran sacarle a salvo de Kosovo y devolverle a EEUU. Dejar ese país arrasado por la guerra era algo que Johnston no podía haberse imaginado un año antes cuando llegó a Bosnia para empezar un contrato de las Fuerzas Aéreas de EEUU de tres años con DynCorp como técnico de mantenimiento de aviones para helicópteros Apache y Blackhawk. 

Durante más de 50 años de experiencia, DynCorp ha sido una empresa mundial que proporcionaba mantenimiento al ejército de EEUU a través de equipos contratados sobre el terreno (contract field teams-CFTs). Al ser uno de los 25 contratistas más importantes del Gobierno federal, DynCorp, había recibido cerca de mil millones de dólares desde 1995 por sus servicios y había desplazado 181 miembros de su personal a Bosnia durante los últimos seis años. Aunque DynCorp ha sido una compañía respetada durante mucho tiempo por su trabajo, según Johnston y según información interna de DynCorp, parece que se toleraban las escapadas sexuales extracurriculares por parte de los empleados como parte de sus negocios en Bosnia, según denuncia según revela Kelly Patricia O'Meara. 

Johnston marcó los límites cuando se llegó a comprar niñas y mujeres como esclavas sexuales. "Había oído hablar de prostitución desde el primer momento, pero pasó algún tiempo hasta que comprendí que estaban comprando a esas niñas. Les dije que no estaba bien y que era lo mismo que la esclavitud, que no se pueden comprar mujeres. Pero compraron los pasaportes de las mujeres y [entonces] se convertían en sus propietarios y se las vendían entre ellos." 

"Ninguna de las niñas -afirma Johnston-, era de Bosnia. Procedían de Rusia, Rumanía y otros lugares, y eran importadas por DynCorp y por la mafia de Serbia. Ellos decían cosas como: "tengo que ir a Serbia este fin de semana a recoger a tres niñas". Hablaban de ello y fanfarroneaban sobre cuánto les pagaban (normalmente entre 600 y 800 dólares). Según declaraciones juradas a la CID de Kevin Werner, empleado de DynCorp,: "durante mis últimos seis meses he conocido a un hombre al que llamábamos `Debeli`, que es la palabra bosnia para gordo. El es el operador de un club nocturno llamado Harley`s en el que hay prostitución. Las mujeres son vendidas por horas, por noches o permanentemente". Werner admitió haber comprado a una mujer para sacarla de la prostitución y nombró a otros empleados de DynCorp que también habían pagado para comprar a otras mujeres. 

Según el informe de la investigación, bajo el Párrafo 5 del Acuerdo de la OTAN entre la República de Bosnia-Herzegovina y Croacia sobre el estatus de la OTAN y de su personal, los contratistas "no eran inmunes a ser juzgados localmente si los actos cometidos estaban más allá de sus tareas oficiales". 

La periodista Kelly Patricia O'Meara afirma que es increíble que el caso del CID se cerrara en junio de 2000 y volviera a las autoridades de Bosnia. DynCorp dice que llevó a cabo su propia investigación y que Hirtz y Werner fueron despedidos por DynCorp y devueltos a los EEUU pero que no fueron procesados. Los expertos en el tráfico de esclavos no comparten la interpretación de la ley que hace el CID. 

Widney Brown, abogada de Human Rights Watch, declaró a la revista Insight que "nuestro Gobierno tiene la obligación de decirles a esas compañías que este comportamiento es erróneo y que serán responsables de ello. Deberían enviar un mensaje claro diciendo que ese tipo de actos no se tolerarán. Es de esperar que no es necesario decirles que no pueden comprar mujeres, pero hay que empezar dejando claras las reglas del juego. La violación es un delito en cualquier jurisdicción y no debería haber impunidad para nadie. Despedir a alguien no es un castigo suficiente. Esta es una historia muy preocupante, especialmente cuando pensamos que esas personas y organizaciones van a esos países a intentar mejorarlos, a restaurar el imperio de la ley y una mínima urbanidad. 

Christine Dolan, fundadora de la Campaña Humanitaria Internacional Contra la Explotación de Niños/as, una organización sin fines de lucro con sede en Washington, declaró a Insight: "Lo que me sorprende es que DynCorp ha podido mantener su contrato. EEUU dice que quiere erradicar el tráfico de personas, ha creado una oficina en el Departamento de Estado con este propósito y, aún así, las autoridades que hacen los contratos desde el Gobierno o desde el Estado no han entrado a hacer una investigación sobre este asunto". 

Por otro lado, DynCorp se ha visto involucrada en algún incidente de narcotráfico. Según un informe de la agencia antinarcóticos norteamericana (DEA) del pasado año, funcionarios de la Policía Nacional Colombiana interceptaron el 12 de mayo del 2000 en el aeropuerto de El Dorado, en Bogotá, un paquete que contenía heroína disuelta en aceite para motores. El citado paquete era enviado por un empleado de Dyn Corp con destino al Cuartel General para las Operaciones Andinas que tiene la compañía en la Base Aerea de Patrick, en Florida. Se trata de incidente del que ni Dyn Corp ni el gobierno norteamericano han querido precisar más detalles. 

En las investigaciones sobre el caso salió a relucir que otro funcionario de DynCorp había muerto por sobredosis de cocaína, en esos mismos días. 

El diario colombiano El Espectador, en su edición del 19 de julio del 2001, publicaba una amplia entrevista al piloto peruano Pedro Carlos Arias Weiss, quien reconoció haber sido mercenario a sueldo en Colombia. El piloto reconoció que había trabajado en Colombia, por 8.000 dólares mensuales, en la Base Tolemaida, en Melgar. Agregó: "Yo había sido piloto en la Fuerza Aérea peruana. Participé en combates, desde luego. Luché contra Ecuador en la guerra del Perú, pero también participé en combates contra Sendero Luminoso". Resumiendo su experiencia en Colombia el piloto añadió que jamás dio cuentas de sus actividades a ninguna autoridad colombiana. 

Mediante la subcontratación a multinacionales de la guerra, Estados Unidos parece haber descubierto el modo de burlar cualquier control sobre sus actividades militares en el exterior. El mundo, y en especial América Latina, se convierte así en el campo de operaciones de unas intervenciones que sólo han de responder ante quienes les pagan. Toda norma de derecho internacional, respeto a los derechos humanos o soberanía de cada país, deja de tener sentido para estos profesionales de la muerte. 

(1) Carlos Fazio. Privatizar la guerra. Brecha (Uruguay) 
(2) Citado por Carlos Fazio.
(3) Manuel Salgado Tamayo. Drogas, terrorismo e insurgencia. Ecuador.


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