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LOS CUBANOS Y LA TELEVISIÓN: APOTEOSIS DE UNA SERIE
 
Una obra que reflejó su propia realidad, que, sin tabúes, se acercó a temas conflictivos, y demostró que no hay censura en la televisión cubana, por lo que tampoco hay temas prohibidos. Doble juego puede servir como testimonio de la época y un modo de hacer reflexionar sobre determinados conflictos. Entrevista exclusiva con el director de televisión Rudy Mora.


Mario Vizcaíno Serrat |
La Habana


La serie televisiva Doble juego, cuya repercusión nacional no ha terminado después de dos semanas de su último capítulo, demostró la propensión de los cubanos a querer verse en el espejo, o por lo menos, a desmenuzar la realidad, aun cuando esa realidad no se vea en la pantalla exactamente como es.

Doble juego
ha sido una especie de fenómeno de teleaudiencia en la Isla. Durante más de tres meses, tres días cada semana, los televidentes marcaron las nueve de la noche como hora sagrada, y se metieron con pasión y lealtad en los conflictos de un grupo de adolescentes y sus padres.

Con esa costumbre cubana de ir haciendo la novela junto con el director, y de juzgarlo todo acaloradamente, a veces sin sentido del límite, Doble juego fue disfrutada como con una suerte de placer, quizás con un placer masoquista, como hacía tiempo no ocurría frente a una producción de factura nacional. Los jóvenes que interpretaron a los adolescentes fueron descubiertos en la calle y abordados por el público, y hasta el director, que no suele salir en la pantalla, fue reconocido más de una vez.

De modo que la puesta de esa serie, pese a que narró con agudeza conflicto tras conflicto, muchos de ellos desgarradores, de hijos y padres, y entre ellos mismos, se convirtió durante casi 15 semanas en un suceso bien seguido, en lo que influyó, desde luego, la calidad de la obra, apoyada en recursos y efectos visuales que funcionaron al nivel de las emociones de los televidentes. Rudy Mora, el director, quiere convertir la serie en un largometraje que conducirá a través de las vidas de los dos personajes principales.

M
ora, indiscutiblemente satisfecho, aun orgulloso, del éxito de su esa especie de criatura que él, fundamentalmente, fabricó, se sienta a responder estas preguntas para La Jiribilla.

¿A quién se le ocurrió emprender Doble juego?

La idea surgió a partir de un interés de la Unión de Jóvenes Comunistas, interesada en que se trataran algunos temas relacionados con la juventud cubana, y también a partir de un interés de la guionista y mío. Nos servimos inicialmente de estadísticas e investigaciones aportadas por la propia Juventud Comunista, que luego, Olga Consuegra, la guionista, actualizó y aumentó para crear la historia de la novela. Los temas iniciales de mayor interés en tratar eran la maternidad en las jóvenes y la influencia de los padres.


¿Cuál fue el propósito fundamental de Doble juego?

Demostrar que puede hacerse algo enteramente cubano con una pegada fuerte. Una serie con todos los ingredientes visuales, de historia y dramaturgia que pudiera sentar frente al televisor a un público joven, de entre 15 y 25 años, porque es el público que menos oportunidades tiene de verse en la pantalla. Lo sorprendente es que la serie funcionó también en niños y en personas mayores, algo que no esperaba. Me sorprendió más el impacto en el público adulto, en el que se incluyen padres, abuelos, generalmente más reacios a este tipo de historia. La serie ha servido para que la gente empiece a ver las cosas con otro tipo de códigos artísticos, que son viejos, pero nuevos en nuestra televisión.

¿Por qué la serie ha gustado tanto?
Porque ha habido una búsqueda del realismo, no sólo en el tratamiento de los temas sino además en la actuación, en la atmósfera que rodea la serie, desde las casas hasta las ambientaciones y la recreación visual de nuestra propia realidad. Nosotros quisimos también que la serie sirviera como testimonio de una época. La gente ha visto un reflejo convincente de su realidad. Y a pesar de que muchas personas suelen decir que quieren en televisión las cosas más allá de su realidad, disfrutan verse en el espejo, ver la realidad amplificada.


¿Los temas de la serie están tratados como se lo propusieron originalmente la guionista y tú? ¿Se plantearon algunos temas que tuvieron que desechar después?

Los guiones son punto de partida. Hubo cambios sustanciales. Eliminamos temas debido a falta de tiempo, porque la televisión necesitaba una serie corta. Hay temas de los que trató la serie que pedían un desarrollo mayor. El hijo de los padres que viven fuera de Cuba es una historia que quedó trunca, el hijo del pelotero es un tema que no se desarrolló.


¿A qué alude el título de Doble juego?
El título es de Olga Consuegra. Significa que detrás de la historia de los adolescentes está la de sus padres, que es la más importante porque es la que decide. También, desde luego, hay una sugerencia de la doble moral.

¿Por qué los conflictos de los jóvenes fueron tan complejos y difíciles de resolver?

Quisimos motivar la reflexión sobre determinados temas. Si no se plasman esos conflictos en toda su intensidad, la serie carece de fuerza. Todos los personajes tienen conflictos, es cierto, y fueron llevados al máximo nivel para buscar la reflexión y el interés de los televidentes. Un personaje al que no le suceda nada y lleva una vida tranquila, ¿qué conflicto tiene?, ¿qué interés puede despertar? Mira, el tema de Matilde provocó, por ejemplo, que una muchacha en Camagüey le confesara a su madre que estaba embarazada. La madre me llamó por teléfono y me lo dijo. Eso es bueno. La historia de Matilde fue tan fuerte porque hubo otras similares. Quisimos que la gente se movilizara, que pensara seriamente en el asunto, porque es triste que a una muchacha de 14 años le pase eso.


¿Qué ocurrió con las madres de la serie, que casi todas fueron negativas?

Está probado que los adolescentes no son más que el reflejo de los padres. Esos muchachos tenían conflictos porque las madres y los padres los tenían también. La única que no tiene conflictos es la abuela del muchacho decente, tranquilo, aplicado, estudioso, él es el reflejo de su familia.


Pero las madres de Doble juego son más negativas que los padres.

La crianza cubana tiene una tendencia a darle más fuerza a la educación de la madre, aunque el padre esté presente. La madre lleva al niño al círculo, a la escuela, lo recoge y lo lleva a la casa. Los padres también participan en la educación de sus hijos, pero quisimos llamar la atención de los que no lo hacen, de lo que nunca se ve en la pantalla.


La serie está cargada de efectos y muchos de los mensajes se apoyan en un lenguaje de símbolos. ¿Le das mucha importancia a ese asunto?

Es algo que me gusta hacer porque aporta mucho al discurso visual y enriquece formalmente la puesta. La utilización de símbolos persigue apoyar visualmente los conflictos y acercarnos al público joven, que está muy familiarizado con el video clip por su agilidad visual, la posición de los planos. Era uno de los ganchos para atrapar a ese público, de ahí que fue una revelación para mí que otro público se acercara a la serie.


Sin embargo, resultó excesivo el uso de esos símbolos, algunos de ellos fueron incomprensibles para un público incluso con cierto nivel estético y cultural.

Con la utilización de un lenguaje tradicional, los riesgos son menos. Apenas hay riesgos. Cuando asumes este tipo de puesta corres riesgos. Pero a mí me gustan los riesgos. Ahora, muchos de los códigos de la serie no los empleé para que el público los decodificara, sino para que entrara en determinado estado emotivo relacionado con una situación. En muchos casos lo hice así, aunque pude haberme equivocado. Entre el lenguaje tradicional y uno más novedoso, prefiero el segundo.


¿Qué criterio tuviste para la selección de actores? ¿Enfrentaste dificultades para encontrar a los actores para algún personaje específico?

Ante todo, calidad. Hice un castin a una montaña de estudiantes y egresados de la Escuela Nacional de Arte. Realicé muchas pruebas, hasta quedarme con cuatro graduados y cinco estudiantes que terminaron la escuela mientras filmábamos. Los probé con unos personajes y con otros, para descubrir los más cercanos a las características de cada personaje. Al final me quedé con los que más se parecían en la vida real a los personajes. Mónica Alonso, por ejemplo, es una muchacha muy suelta, orgánica, y me fue posible cazarla con el personaje de Isabel y conseguir lo que quería. Después de dar con ellos, lo que me llevó buen tiempo, tuve que buscar a los actores adultos que se parecieran a los muchachos. Era necesario cierto parecido físico entre hijos y padres, porque la familia tenía un peso muy grande en la serie, de modo que tuve que combinar ciertos rasgos físicos comunes y la calidad. Los muchachos y yo trabajamos mucho durante dos meses, montando los personajes, y pensé que el resultado iba a ser peor del que tuvimos. Me siento bastante complacido.


Bien, pero resulta poco creíble asociar el físico de esos jóvenes con muchachitos de la secundaria básica cubana, generalmente pequeños, delgados, endebles.

Fue en realidad nuestro Talón de Aquiles, hubo que falsear un poquito la realidad, pero era muy difícil encontrar a muchachos más jóvenes con conocimientos de actuación, más maduros. Yo creo que los actores han sido el hilo conductor. Traté de crear personajes con sentido de la verdad, lo más cercanos a uno mismo, considerando que la realidad que cuenta la serie está muy presente. Yo puedo tener una vecina que puede ser como la madre de Isabel. Por eso sabía que el nivel de comparación iba a ser muy rápido, y funcionaría como un gancho, o no funcionaría, y perdería yo. Dediqué muchas horas a buscar símbolos que representaran esa realidad
.

¿La canción tema de Polito Ibáñez es la que necesitabas?

Yo quería una canción que jugara con ese tiempo y esa edad, que narrara experiencias y fuera un acto de rebeldía. El texto es eso: un acto de rebeldía de esos adolescentes contra sus padres. A eso se le sumamos los ingredientes musicales que creímos adecuados, por ejemplo que permitieran escuchar los mensajes del texto. Polito escribió muchas cosas y luego, entre los dos, seleccionamos las mejores.


¿Doble juego podría impulsar en la televisión la puesta de obras que reflejen los conflictos de la sociedad cubana?

Salir de noche
trata temas de la realidad cubana, igual que otra que debe salir después, que ahora está haciendo Eduardo Moya. La televisión lo está intentando hace tiempo. El problema está en cómo hacerlo. Hacerlo con un nivel de honestidad y valentía. Yo creo que hay que meterse en las profundidades de la realidad. Hay muchas cosas de Doble juego que si no hubieran tenido detrás una fundamentación teórica y un por qué, quizás no habrían salido en pantalla, porque todo debe tener una justificación para poder defenderlo. Hay que lograr que el público crea en la realidad que ve en la pantalla.

¿Cuál es la huella que puede dejar Doble juego?

La permanencia en el recuerdo de la gente de una obra que reflejó su propia realidad, que, sin muchos tabúes, se acercó a temas conflictivos, y que demostró que no hay censura en la televisión cubana, por lo que tampoco hay temas prohibidos. Doble juego puede servir como testimonio de la época y un modo de hacer reflexionar sobre determinados conflictos.


¿Cuál es la mayor satisfacción que te ha dejado?

El resultado, el impacto nacional que ha tenido. Hasta yo mismo me sorprendí. Conservo en la memoria muchas anécdotas a propósito de la serie. A pesar de que yo no salgo en pantalla, mucha gente me hizo detenerme en la calle para hablar sobre la serie. Sé que fuera de Ciudad de La Habana, en Santiago de Cuba, por ejemplo, Doble juego detenía la ciudad a las nueve de la noche: todo el mundo a los televisores. No creo que haya sido un fenómeno masivo, pero funcionó en espectadores de todos los niveles culturales. Ahí están las estadísticas. Esa comunicación que logró con la gente de todo el país es lo mejor que ha podido sucederme. A los muchachos les ha ocurrido algo muy curioso: la gente los reconoce donde quiera que se meten y los abrazan, los invitan, quieren celebrar con ellos


¿Tu próxima puesta en televisión?

Estoy trabajando en una serie de 12 capítulos que trata la realidad cubana y debe salir en pantalla el próximo verano. Es un proyecto corto, así como me gustan. No me gustan las telenovelas. Prefiero las series que se acercan más al mundo cinematográfico.
 

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