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Donde nunca
jamás se lo imaginan
Eliseo Diego
Entonces ya es seguro que estás muerto
No volveremos otra vez a verte
Jugar con el aliento de los hartos
Al escribir como al desgano: Che,
Sobre el dinero
Entre leyendas
Viniste brevemente a nuestro día
Para después marcharte entre leyendas.
Cruzabas en la sombra, rápido
Filo sediento de relámpago,
Y el miedo iba a tronar donde no estabas.
Luego, es verdad, la boina seria
Y el tabaco risueño, nos creímos
–y tú sabrás, si cabe, perdonarlo–
que te quedabas ya para semilla
de cosas y de años.
Hoy nos dicen
Que estás muerto de veras, que te tienen
Al fin donde querían
Se equivocan
Más que nosotros figurándose
Que eres un torso de absoluto mármol
Quieto en la historia, donde todos
Puedan hallarte.
Cuando tú
No fuiste nunca sino el fuego,
Sino la luz, el aire,
Sino la libertad americana
Soplando donde quiere, donde nunca
Jamás se lo imaginan, Che Guevara
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Che
Miguel Barnet
Che, tú lo sabes todo,
los recovecos de la Sierra,
el asma sobre la yerba fría
la tribuna
el oleaje en la noche
y hasta de qué se hacen
los frutos y las yuntas
No es que yo quiera darte
pluma por pistola
pero el poeta eres tú.
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Yo tuve un hermano
Julio
Cortázar
Yo tuve un hermano
no nos vimos nunca
pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua.
Caminé de a ratos
cerca de su sombra
no nos vimos nunca
pero no importaba.
Mi hermano despierto
mientras yo dormía.
Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.
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Che
Samuel Feijoó
Sobrio, tranquilo y tajante,
Así, se levantaba, andaba
latía.
Ni un solo instante se perdió en flojeras,
nimiedades, jactancias, quejas.
Ni una solo vianda
arrimo a su plato
con su propia mano en la cena de todos.
Era la justicia, sonreída y firme.
Así, solo se ha visto.
Así.
Jamás tendrá su noche en la memoria.
Retornará como los huracanes y los rayos,
todo encendido como era
y es, en la justicia,
y abatirá a los cuervos y a las fieras,
sangrientas águilas.
No haya duelo por él, ganó la llamarada
del que se ofrenda entero.
Todos los apaleados del mundo
lo entienden, lo besan, lo sujetan: héroe,
sin esperar más gloria que el futuro
alegre. No haya duelo.
Su victoria es la nuestra; no cejamos:
siglo tras siglo.
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Che
Mario Benedetti
Lo han cubierto de
afiches / de pancartas
de voces en los muros
de agravios retroactivos
de honores a destiempo
lo han transformado en pieza de consumo
en memoria trivial
en ayer sin retorno
en rabia embalsamada
han decidido usarlo como epílogo
como última thule de la inocencia vana
como añejo arquetipo de santo o satanás
y quizás han resuelto que la única forma
de desprenderse de Él
o dejarlo al garete
es vaciarlo de lumbre
convertirlo en un héroe
de mármol o de yeso
y por lo tanto inmóvil
o mejor como mito
o silueta o fantasma
del pasado pisado
sin embargo los ojos incerrables del Che
miran como si no pudieran no mirar
asombrados tal vez de que el mundo no entienda
que treinta años después siga bregando
dulce y tenaz por la dicha del hombre.
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Consternados, Rabiosos
Mario Benedetti
Así
estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles
da vergüenza mirar
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca estuvo
con la cinta tan pálida
vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart
da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido
eres nuestra conciencia acribillada
dicen que te quemaron
con qué fuego
van a quemar las buenas
buenas nuevas
la irascible ternura que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro
dicen que incineraron
toda tu vocación
menos un dedo
basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos
así estamos
consternados
rabiosos
claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos irá pasando
la rabia quedará
se hará más limpia
estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella
donde estés
si es que estas
si estas llegando
aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones
donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios
peor habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.
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Al Che
Frieda Groffy
Yo no escribiré una oda
eso ya lo han hecho otros
yo no haré de ti un héroe
eso ya lo han hecho otros
yo no te haré un monumento
eso también ya lo han hecho otros
Yo no voy a escribir la historia
que ya tú mismo hiciste
yo no haré la Revolución
que ya tú mismo hiciste
yo no haré la leyenda
que también ya tú hiciste
Yo sí quiero venderte mi alma
para ser uno de los 'hombres nuevos'
que tú soñaste
Para transmitir tu mensaje
llevado por la corriente de los vientos
de estos tiempos sin paz
Por fin volviste a casa
al pequeño, valeroso y delgado país
donde el amor de un pueblo
te sonríe en cada esquina
y las palmeras de cada plaza
susurran una y otra vez
la misma cancioncita
¡’Comandante Che
Guevara'!
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Credo del Ché
Roque
Dalton
El Ché Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las
manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de
coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la
guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
INRI: Instigador Natural de la Rebelión de los
Infelices
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza
desapareciera con el viento
En vista de lo cual no le ha quedado al Ché otro
camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.
EL PAN DESPIERTO
Víctor Casaus
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Un hombre pasa con un pan al hombro
César Vallejo |
Cierta vez me contaron una anécdota que
a estas alturas
ya es leyenda según la cual
él acostumbraba a alojarse durante los viajes
de trabajo
en la casa de sus suegros en Las Villas
y que allí se levantaba cada día poco antes
del amanecer
ante el asombro el estupor o ya simplemente
la costumbre
de los hombres encargados de cuidarlo
y descendía a pie por aquella vieja calle
para regresar al poco rato
desgajando pedazos de un pan que humeaba
entre los silbidos de su asma tempranera
y los ruidos de la mañana que también a esa hora
comenzaba a despertarse
Anécdota cuento leyenda
o rumor de mi memoria
llega ahora
este ocho de octubre del ochenta
mientras mi hijo camina junto a mí al regreso
de la escuela
y me ofrece este pedazo de pan
en sus manos que comienzan
a deshojar libros y romper cristales
y sacar punta a sus sueños y a sus lápices
y ya recogerán su lluvia retomarán su sol
pedirán la palabra en las asambleas desgajarán
a su tiempo sus mujeres sus panes venideros
como éste que me ofrece ahora
trece años después de aquella fecha de la que no
comienzo
a hablarle
porque me distraigo porque me concentro largamente
en la textura del pedazo de pan que me ha dado
y en el calor que se desprende de su masa
haciendo que esta tarde empiece a oler de pronto
a madrugada
y calle abajo andando y silbido de pecho que ama
y sufre tanto
y rumor de la memoria anécdota cuento leyenda
que miro y viene caminando a mi lado
desgajando el pan de su época
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