|
MIRANDO CARAPACHO DE TORTUGA
María del
Carmen Kouw Matamoros|
La
Habana
La historia del libro se nutre de los
descubrimientos de sus componentes: la escritura, el
papel y la imprenta, que tienen el privilegio de ser
reliquias del país de los dragones chinos.
La escritura Han (chino) apareció hace más de tres mil
años sobre huesos de caparazón de tortugas durante los
períodos dinásticos Shang y Zhou, antes de nuestra era.
Las pruebas testimoniales de algunos ideogramas la
catalogan como la más antigua que se ha mantenido en el
mundo, pues las restantes han desaparecido.
En distintas etapas, los caracteres Han sufrieron
pequeñas variaciones en su escritura, pero los
materiales sobre los cuales se plasmaban sí cambiaron
grandemente.
Así en busca de soportes más adecuados se llegaron a
utilizar conchas, fibras de bambú, maderas, sedas,
fibras de vegetales, etc.
Solo muchísimos años después de haberse creado los
caracteres Han, se produjo el papel aunque tuvo en sus
inicios muy baja calidad. Posteriormente, durante la
Dinastía Han del Oeste (206 a.n.e. al 24 n.e.) surgió la
ingeniosa fabricación del papel con mejores condiciones.
El invento de transformación del papel se produjo
exactamente en el año105, cuando el eunuco Cai Lung lo
convirtió en el más idóneo y principal soporte para la
escritura china. Este nuevo papel se distinguía por su
ligero peso y su fácil manuabilidad, además de
abaratarse los gastos en su producción.
Con el tiempo, los componentes primarios que utilizó Cai
Lung para la elaboración del papel fueron
sustituyéndose. Asimismo se hacían más avanzadas las
técnicas de elaboración y la instrumentación utilizada,
haciendo mucho más eficientes el trabajo de sus
elaboradores.
En el siglo VI el uso del papel salió de los límites
territoriales de China para llegar a otros países
vecinos como Corea, Japón, Viet Nam, la India, Egipto y
más tardíamente a África y Europa.
En tanto que la caligrafía china se conciliaba con el
papel, facilitaba a los funcionarios de los emperadores,
poetas, historiadores, religiosos, etc. escribir sus
contenidos de trabajo en un soporte sencillo y práctico,
pero los esfuerzos de copiar y recopiar varias veces los
manuscristos, conducían a equivocaciones y a errores en
los trabajos que se realizaban.
Este trabajo manual con los caracteres chinos fueron
beneficiados por diversas formas de impresión a través
del uso de las lápidas grabadas en relieve: sellos,
calcos y xilografía, que indistintamente formaban
pilares básicos para la invención de la imprenta.
A fines del siglo VI y principios del VII la impresión
xilográfica condujo a desarrollar a lo que hoy
pudiéramos llamar la primera tecnología de la imprenta.
Mientras que la recopilación de las hojas impresas
encuadernadas dio lugar al nacimiento del libro, en el
año 868.
El primer libro impreso fue un texto de escritura búdica
titulada “Sutra de Jingang”, con legible caligrafía y
bellos grabados. El mismo fue encontrado en una grieta
de Dun-Huang, zona noroccidental de China en el año
1907, junto a otros quince mil manuscritos.
El mayor resultado de este tipo de impresión fue
aplicado por el artesano Pi Sheng, al inventar –en el
año 1045– tipos móviles de arcilla. Eran una especie de
cuadritos con caracteres grabados a los cuales se les
sometía al fuego de un horno. Después se ordenaban sobre
bandejas de hierro enmarcadas, untándosele una mezcla de
entintar a los tipos preparados. Una vez fría la mezcla
estaba lista para imprimir cada plancha, que era plana.
El máximo esplendor en la historia de la impresión
xilográfica en China le correspondió a Pi-Sheng por
utilizar el proceso de componer en bordeadas bandejas
los tipos móviles. Pi-Sheng fue el precursor de esta
tecnología de la imprenta. Del mismo modo impulsó la
divulgación de la cultura y como consecuencia se
extendió a los pueblos del mundo el uso extraordinario
del libro como principal fuente de comunicación.
Se ha resaltado históricamente la Dinastía Song del
Norte (960- 1279) por el gran volumen de libros editados
y por desarrollar con mayor ímpetu la publicación de
estos.
Gracias al libro, vigente ayer, hoy y mañana, se han
podido conocer la historia y los avances de la
humanidad. Por ello, los pueblos celebran con gran
júbilo el Día Mundial del Libro el 23 de abril, como fue
declarado por la UNESCO en 1972.
El libro como fuente de comunicación cultural entre los
pueblos, fue un instrumento de expresión idiomática que
se reflejó en Cuba a través de los primeros embajadores
de la amistad chino-cubana. Asimismo con los primeros
ciudadanos chinos que, por destino de la vida, pisaron
las tierras de nuestro país en condiciones adversas a
sus deseos. Hablamos de los culíes, quienes década tras
década fueron impregnando su ímpetu, demostrando su
coraje, su vitalidad, su amor, su valor en los momentos
que les tocó vivir, pero con la razón de vencer las
barreras del lenguaje para integrarse a la Patria que
los acogía en momentos tan difíciles.
Los inmigrantes chinos se destacaron, en su inicio, por
crear grupos de pequeñas partidas de trabajo,
estableciendo posteriormente sociedades benéficas y/o de
instrucción y recreo, hasta formar una barriada de
chinos en La Habana.
En las asociaciones se concibieron, para ellos, aspectos
de apoyo y ayuda económico-jurídica y también cultural.
Por ejemplo, en el año 1883 en la sociedad Ton Yat Jue
Kuen (La Caridad) se impartían clases gratuitas de
contaduría y se enseñaba a los coterráneos el idioma
español, así como el cantonés para los descendientes. El
presidente de la misma fue Julio Afat, mientras que la
vicepresidencia la desempeñaba Adolfo Scull, quien años
después, en 1886, fundó otra asociación nombrada Ckon
Gua Qui In Joz (Nuestra Señora del Carmen). Esta tenía
como objetivo ampliar el aprendizaje que se adquiría en
la de La Caridad, pues incluía una sala de lectura y una
biblioteca. Ambas sociedades estaban ubicadas en la zona
que ya repuntaba como Barrio Chino.
En el interior de la Isla, en Jovellanos, Matanzas, por
el año 1885 se conocía la Asociación de Socorros Mutuos
y Recreo llamada Casino Asiático Chen Chi Gue Cong (La
Concordia), que dirigía Agustín Chuffat Lyon, destacado
y famoso comerciante. Asimismo fue este el progenitor de
Antonio Chuffat Latour, prestigioso traductor de la
Colonia China en Cuba y autor de la importantísima obra
testimonial “Apuntes históricos de la Colonia China en
Cuba”.
Anteriormente, en 1879, se había creado en Remedios un
Casino Asiático, cuyo presidente Manuel Capestany era
querido y estimado por todos debido a su labor como
líder de la Asociación y también por tener como hijo a
Manuel Capestany Abreu, quien fue otro defensor de los
chinos. Del mismo Chuffat expresó: “…ilustre abogado,
elocuente orador… ardiente defensor de la Colonia
China.”
Pero los inmigrantes chinos se agenciaban además de
amistades, familiares, comerciantes, profesores,
periodistas para aprender el idioma español a través de
clases particulares, en lecciones de cartillas y libros
y con la asistencia de diccionarios español-chino, entre
otros medios.
A la vista de todos, se resaltan los cuadernos,
cartillas, libros, diccionarios, biblioteca, sala de
lectura y los órganos de prensa china que también
colaboraron en este afán cultural.
El diario Comercial Wah Man Sion Po en este intento
publicó el libro titulado “Método para aprender
español-chino”, en 1918. Además de la publicación de un
cuadernillo para comerciantes chinos por el órgano
oficial del Partido Democrático Chino Hoi Men Kong Po,
en 1924. Ambos del distinguido José Rosario Won (Kwon
Chon-wo).
Además, circuló en Cuba, por el año de 1934, la revista
bilingüe chino-español con el rótulo de “Fraternidad” (liu-jac),
bajo la dirección de Leonardo Leylen. La misma se
editaba en un local de la calle Dragones.
Las escuelas oficiadas en la enseñanza del idioma
español y chino no faltaron. Así en el año 1923 la
Primera Iglesia Presbiteriana de La Habana realizaba la
apertura de una escuela para el aprendizaje del idioma
español y chino para adultos, jóvenes e infantes, a
través de la dirección de Genaro Mark Yet Gan.
Para 1936, esta escuela pasó a ser atendida por la
Comunidad China en Cuba debido al gran interés del
General de la Aviación de este país, señor Chiang Wci-Cheon,
Ministro Plenipotenciario de China en Cuba, quien la
inauguró con el nombre de “Escuela Chung Wah”, ubicada
en la calle Manrique, número 91-93. Al propio tiempo, la
Iglesia Católica de la Virgen de la Caridad del Cobre
fue cede para el aprendizaje de niños en el conocimiento
del idioma chino.
Hasta ahora se han mencionado folletos y manuales para
la enseñanza del idioma chino-español y viceversa, pero
es importante destacar un libro de texto, procedente de
China, que tuvo gran notoriedad didáctico-pedagógica.
Este tuvo también profundo contenido gramatical y se
tituló “Traducción del idioma español”, siendo su autor
Mao Heijan.
En los tiempos actuales, a nivel gubernamental, existen
instituciones pedagógicas que posibilitan el estudio de
ambos idiomas, como baluarte de la amistad entre los
pueblos de Cuba y China, y el libro desempeña un
importantísimo papel en la expresión lingüística y en la
comunicación cultural.
El libro enriquece la cultura de los pueblos,
proporcionando a los hombres una mayor preparación y
capacidad para enfrentar y dar solución a los problemas;
para expresar la rica profesión artística en la
narrativa, en la danza y en la poesía, permitiendo que
perpetúe la idiosincrasia de los pueblos.
Y cuando estemos mirando un libro, se mantendrá palpable
la historia del Carapazón de Tortuga, que fue el
material que precedió al papel y en el cual se plasmaron
los primeros conocimientos del hombre.
Bibliografía utilizada:
Archivo de Secretaría, legajos 25, 43, 45, 100, 369,
232.
Apuntes históricos de los chinos en Cuba; Antonio
Chuffat.
Nuevo diccionario enciclopédico hispano-americano
ilustrado;
Calleja Fernández.
Gran enciclopedia gallega, Tomo 17, pág. 241.
Perfiles de la cultura china; Beijing.
Boletín cultural No.199, diciembre 1999. Madrid.
|