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LA TIMBA CUBANA
APUNTES SOBRE UN INTERGÉNERO CONTEMPORÁNEO
La timba ha
protagonizado los escenarios de la música popular en los
últimos años. El tiempo podría dar fe de la
magnitud del hecho músico-bailable. Mientras tanto,
sigue presente en el repertorio de una parte importante
de las agrupaciones emblemáticas de la música popular
bailable cubana.
Neris
González Bello y Liliana Casanella Cué
| Santiago
de Cuba
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Durante
la última década de la pasada centuria apareció en el
contexto musical cubano un nuevo término muy utilizado
por los creadores e intérpretes para la identificación
de su quehacer artístico más reciente dentro del ámbito
de lo popular bailable: la timba, la que desde entonces
ha protagonizado los escenarios musicales. Precisamente
en torno a ella se centra una de las agudas polémicas
actuales de críticos, investigadores y musicólogos, en
la que, como suele ocurrir, coexisten desde posiciones
de defensa y acusaciones hasta las evidencias de un
total desconocimiento del tema.
Terciar
sobre el asunto se convierte ahora en una tarea
importante y necesaria, teniendo en cuenta los pocos
estudios y las escasas fuentes especializadas que sobre
el mismo existen, sin pretender, no obstante, poner
punto final a la serie de discusiones y criterios
contradictorios que se han generado hasta la fecha.
La
teorización en torno a la timba constituye un empeño
realmente complejo al tratarse de un suceso muy actual,
sensible incluso a variar como proceso dialéctico. De
igual modo, en el campo de los estudios teóricos de la
música es vital establecer un distanciamiento temporal
para emitir criterios concluyentes, hecho que resulta
imposible en el presente objeto de investigación,
considerando las características del mismo.
Estamos
en presencia de una manifestación que durante la década
de los 90 marcó lo medular de la música popular bailable
en la Isla, y aunque su protagonismo ha sido variable,
es indudable su fuerte incidencia en nuestro entorno
como portadora de una serie de elementos propiamente
musicales y extramusicales concretos, que posibilitan un
mejor acercamiento a ella para su definición.
Con esta
definición no se hace referencia a la habitual mezcla
genérica o estilística que ha dado lugar a las
tradicionales combinaciones tan frecuentemente
detectadas en toda música popular, y específicamente en
la cubana (bolero-son, la rumba-songo, el danzón-chá,
entre otras), en las que se percibe la concurrencia de
elementos diversos en una apariencia más o menos
uniforme o segmentos o secciones donde más pudieran
distinguirse unos u otros rasgos genéricos.
La
definición de Orozco se refiere a un híbrido concreto
que se nutre de diferentes géneros (o sus rasgos
estilísticos derivados) con una mezcla específica y muy
dinámica de elementos yuxtapuestos que se muestran en
permanente pugna interna o tensiones, que no permiten
precisar, de manera estable, los componentes, lo cual no
descarta que sea posible una relativa coherencia a
través de uno o más comportamientos musicales. El
intergénero así definido no es un suceso actual; existe
desde otras etapas históricas de las músicas diversas.
Lo que sí resulta de nuestros tiempos es la
sistematicidad de ocurrencias y las tomas más o menos
conscientes de los creadores dentro de ciertas
tendencias, todo lo cual se incrementa en el proceso
contemporáneo de la globalización musical.
Aunque se
considera al célebre grupo Irakere uno de los
antecedentes más importantes del fenómeno, es en la
orquesta NG la Banda, dirigida por José Luis
Cortés “El Tosco”, donde se concentra un papel
representativo de cruce entre manifestaciones sonero-salseras
cubanas, caribeñas, gérmenes timberos y otros elementos
de índole variada, haciendo de la timba, en los primeros
momentos, un nuevo tipo de creación caracterizado por
una marcada confluencia interestilística que
posteriormente cristalizó en el intergénero concreto
objeto de estudio. «El Tosco» ha emergido como
protagonista en esta ocasión no solo como músico, sino
también como promotor, aglutinador y adalid de numerosos
proyectos que se insertaron en este nuevo entorno. (3)
La década
de los 90 fue testigo de una conjunción cada vez mayor
de grupos de artistas que accedieron gradualmente, por
vías disímiles, a la práctica creativa e interpretativa
de lo popular bailable. En este sentido se hizo notable
la afluencia de músicos, en gran medida jóvenes,
egresados de las escuelas de arte de todos los niveles,
hecho que propició su paulatina profesionalización en la
dirección señalada y el subsecuente enriquecimiento de
la timba.
Lo
novedoso de los rasgos definitorios de este nuevo estilo
y la creciente formación de orquestas que a él se
adscribían, dio lugar a la reiteración de esquemas
dentro de un panorama sonoro casi único en el ámbito de
referencia. Si bien es incuestionable que “en todo
proceso artístico donde coinciden en la misma etapa
varios compositores, existen regularidades que les
caracterizan de forma general”, (4) no
puede obviarse que en este “boom” -fuere por
limitaciones creativas o razones comerciales- los
proyectos de menor nivel reflejaron una mimesis excesiva
del modo de hacer característico de las agrupaciones
timberas más sobresalientes, lo cual, como es lógico,
hizo cuestionable la calidad de este intergénero.
Entre los
líderes de la explosión de los 90 pueden citarse, además
de NG la Banda, a Paulo F. G. y su Elite, la Charanga
Habanera, Manolín “el Médico de la salsa”,
Bamboleo, Giraldo Piloto y su grupo Klímax, a los que se
sumaron los proyectos de Azúcar Negra, Danny Lozada y
la Timba Cubana, la Charanga Forever, Tamayo y
su salsa M., Sello L.A., entre otros. Se destacan
también agrupaciones como Juan Formell y Los
VanVan, Issac Delgado y su orquesta, Azúcar y
Carlos Manuel y su Clan que, si bien no son
representativos de la timba fuerte que se pretende
caracterizar, como agrupaciones de punta no han podido
mantenerse al margen de ella, en tanto proponen un
acercamiento diferente del resto de sus congéneres,
quizás más de entorno o frontera.
Algunos
procedimientos analíticos han propiciado el
esclarecimiento de regularidades importantes, entre las
que sobresalen la extrema fragmentación del tumbao
clásico, las perennes contra-acentuaciones y la
yuxtaposición de elementos y planos fragmentarios, unido
a sonoridades tensas y duras. Resulta significativo el
desempeño de la percusión y la sección de instrumentos
de viento –conformada generalmente por trompetas,
saxofones y trombones-, a niveles en extremo superiores
con respecto al resto de los planos sonoros. Si bien
este no es un sello privativo de la contemporaneidad, en
tanto son elementos organofónicos inherentes a la música
cubana a través de los tiempos, ahora adquieren una
relevancia particularizadora. Es válido citar en este
sentido el tratamiento que se le otorga a los metales en
la orquesta NG La Banda, con un fuerte ingrediente
jazzístico (herencia histórica). En otros casos, es el
desempeño rítmico e incisivo de tales instrumentos, así
como la ejecución de frases melódicas dislocadas,
desarrolladas generalmente en los registros más agudos e
hirientes, lo que propicia el resultado agresivo que
singulariza a este intergénero.
La
polirritmia segmentada de los planos tímbricos (5)
se exacerba notoriamente, con lo que se dispersan las
funciones tímbrico-expresivas clásicas que
caracterizaran a etapas anteriores. En el concepto
orquestal que rige las producciones timberas se produce
una ruptura y disgregación de tales funciones, y esto
se incrementa a partir de la convergencia en un mismo
formato de un espectro mucho mayor de instrumentos
percutivos, con lo que se produce una emancipación de
planos rítmicos diversos y cambiantes. La percusión
mayor y menor cubana está representada prácticamente en
su totalidad. Se da el caso de agrupaciones que incluyen
batería, tumbadoras, pailas (timbal cubano) con bombo
añadido y bongó, en franca coexistencia, donde la
función rítmica libre o improvisatoria es desempeñada
por todos y cada uno de ellos. Asimismo, se incluyen el
güiro, las maracas, claves, chekeré, campanas, entre
otras.
Generalmente hay una tendencia a la aceleración
progresiva en el tiempo, en algunos casos directa, y en
otros sugerida, a través de recursos como las continuas
fragmentaciones del bajo, el perpetuum del
tumbao contra-acentuado y cambiante en el piano, las
notas tensas, así como las yuxtaposiciones armónicas,
todo lo cual incide en el resultado de una música
notablemente dinámica y agresiva. De este modo, los
medios expresivos están abiertamente dislocados en este
nuevo intergénero musical.
La
realización del canto, por su parte, se vuelve mucho más
declamada, como influencia directa del rap, alterando
ocasionalmente la clásica concepción de la estructura
solo-coro del rapeo original americano y de algunos
sones y salsas. En agrupaciones como Bamboleo, el
cotorreo es desempeñado generalmente por el coro
mientras el solista lleva el protagonismo de la
melodía. La Charanga Habanera, por su parte, ha
devenido un ejemplo representativo, en cuyo caso esta
impronta se hace presente con más fuerza y desde aristas
diversas, tanto en la imagen que proyectan en la escena
como en la estructuración del texto, en la
interpretación tendiente a lo parlado de los coros, y en
los estilos vocales de sus cantantes solistas, entre
parlado-rapeado, melodías sinuosas y quebradas, frases
melismáticas, en una especie de slang específico
del marco timbero, tal y como se aprecia en el estilo de
Michel Maza, ex cantante de La Charanga Habanera.
Es
significativa también la incidencia de la rumba, algo
más allá de la recurrencia a la clave característica de
ese género. El tratamiento de las voces denota este
influjo, sobre todo en la utilización de ciertos
portamentos que semejan el deje del canto en el
guaguancó y el resto de las modalidades, entretejido con
el rapeo. Se produce una inflexión semi-glissada de la
voz en los finales de versos o motivos de pequeña
extensión, que no llega a definir una afinación
específica, como una apoyatura al sonido principal. Así
mismo las frases se desarrollan melódicamente sobre la
base de la variación, recurso harto socorrido en la
rumba. Uno de los intérpretes más notables en este
sentido es Mayito Rivera, excepcional cantante de la
agrupación Juan Formell y Los Van Van, que
intersecta la más profunda herencia de los sones y
montunos, determinado rapeo y la huella rumbera.
El
dinamismo de la música se traspola también a lo danzario,
para dar como resultado un conjunto de movimientos
bruscos, descoyuntados y agresivos con los que se torna
muy evidente un trasfondo de connotación sexual, que
mucho tiene de la rumba. Esto adquiere su punto máximo
de saturación en una coreografía particular denominada
“tembleque”, expresada en una de las partes climáticas
del estribillo y descarga, que los músicos suelen
identificar como “bomba” o “masacote”. La naturaleza de
estos movimientos exige la independencia del actuante y
su liberación corporal, con lo que se pierde
prácticamente la tradicional costumbre del baile de
parejas.
(6)
El ánimo
de realizar un acercamiento lo más justo posible a la
timba hace imprescindible su ubicación dentro de un
contexto socio-cultural determinado, máxime si se tiene
en cuenta que uno de los rasgos considerados más
característicos y que mayormente ha propiciado las
posiciones adversas ha sido su evidente agresividad, en
múltiples sentidos. Al ser a través de ella que se
canalizan toda una serie de reacciones en el individuo
ante la vorágine actual, se hace necesaria la
intervención de otras ciencias en su estudio, en aras de
un análisis global y pormenorizado de todos aquellos
factores confluyentes en la misma, para llegar a
conclusiones mucho más certeras relativas al intergénero
en cuestión.
Uno de
los elementos más polémicos y significativos en la
recepción, estudio y análisis de la timba es,
indudablemente, el texto, como portador de un mensaje
letra-música y sociológico, siendo este uno de los
aspectos más atacados por la crítica –especializada o
no.
Estructuralmente se produjeron algunos cambios en el
orden texto-letra directamente proporcionales a las
transformaciones morfológicas musicales. Se hacen cada
vez más frecuentes las incidencias de estribillos en el
inicio de la pieza y alternancias “mambeadas”. Junto al
ya tradicional ataque por el estribillo se incorporan
otras variantes entre las que pueden señalarse las
parlas del líder vocal o del coro, o una frase que se
convierte en una especie de idea central de lo que se va
a cantar, iniciándose así con una interpelación
incitante al público que estimula la identificación
emisor– receptor. Se produce una notable extensión de
las letras, —quizás por el hecho del bailable popular—,
que no radica solamente en la adición de numerosos
coros, sino a veces en la extensión del propio cuerpo de
la obra, durante la exposición del tema, así como del
alargamiento de los versos.
La
presencia de un cuerpo de estribillos diferentes, a
menudo montados, superpuestos o fragmentados –ya no uno
solo que se repite una y otra vez– asume una importancia
determinante en cuanto a su función comunicativa, ya que
en ellos que se concentran ideas y frases “ganchos”
para potenciar la empatía con el público; los mismos se
van concatenando (aunque no siempre de manera feliz)
para lograr una coherencia semántica con sentido del
ritmo, la eufonía y la sonoridad. Tómese como ejemplo la
pieza El Temba, de David Calzado y la Charanga
Habanera. (7)
Coro 1:
Búscate un temba que te mantenga
Pa’ que tú goces, pa’ que tú
tengas.
Coro 2: No te equivoques con el temba, temba,
Pa’ que tú goces, pa’ que tú
aprendas.
Coro 3: Que pase de los 30 y no llegue a los 50
Eh! Pa’ que te dé la cuenta.
Coro 4: Pa’ que tú goces, pa’ que tú aprendas
Coro 5: Pa’ que tengas lo que tenías que tener
Coro 6: Un papirriqui, con guaniquiqui.
Desde el
punto de vista del conflicto temático, la música
bailable se convirtió en el portavoz de los hechos
sociales en esta década. Para saber qué sucedía en la
realidad cubana podía acudirse a sus estribillos, en
los que se hacía evidente el reflejo del acontecer
diario, mucho más que en la cancionística y otros
géneros concurrentes o paralelos que no tuvieron ese
grado de inmediatez, o que lo manifestaron de otra forma
en la cual no lograban una comunicación directa como
este intergénero musical.
El
énfasis en lo cotidiano, se convierte en el gran asunto
de la música popular bailable. Así mismo, se mantienen
–aunque con menor jerarquía– tópicos tradicionales como
el canto a personajes y localidades. El contexto social
propicia una marcada presencia de la cultura religiosa
afrocubana y se siguen caracterizando tipos humanos
siempre en función de lo que está pasando día a día.
Entre los motivos temáticos más significativos resurge
la toponimia (8), convirtiéndose a su
modo en una crónica de los barrios y sitios turísticos,
fundamentalmente de La Habana.
La
relación amorosa, y la mujer como su figura principal,
se mantienen entre los asuntos más abordados, con las
aristas que la nueva cotidianidad impone. En tal
sentido se hace recurrente la crítica a comportamientos
de cierto sector femenino que sobresalen en esta época,
tales como el exceso de interés material y la
prostitución. Una interpretación de este enfoque
temático en extremo generalizadora provocó una oleada de
críticas negativas, al punto de censurarse obras claves
de esta manifestación. Obviamente no se tuvo en cuenta
que la referencia a la mujer de forma peyorativa –por
similares causas– no es nueva en modo alguno en el
cancionero popular cubano, ni tampoco que los cambios en
la escala de valores de algunos grupos o sectores en los
últimos años del siglo necesariamente tenían que
encontrar determinado eco en los textos de la timba.
Quienes así atacaron tales piezas olvidaron que el arte
no es más que un reflejo estético de la realidad; es
efecto y no causa; otra cosa sería enjuiciar el valor
artístico del resultado musical, pero nunca cuestionar
que se ponga de manifiesto el comportamiento diferente
de algunos cubanos de hoy.
De lo
anterior sirve como ejemplo La bruja pieza del excelente
músico José Luis Cortés que refleja en su texto la
filosofía timbera aunque desde el punto de vista
estrictamente musical se considere más bien una salsa de
cruce con gérmenes de timba. El análisis del texto-letra
evidencia cómo en los estribillos e improvisaciones los
códigos lingüísticos se acercan intensamente a los
registros vulgares de la lengua, lo cual provocó un
rechazo casi unánime en los medios oficiales.
Coro1: tú
eres una bruja
Una bruja sin sentimiento
Tú eres una bruja
Solo: Tú lo que eres una loca, una arrebatá, una
desquiciá
Solo: Tú no tienes sentimiento
Tú vives de la maldad
Bruja, qué va!
Solo: Subastaste mi cariño
Por eso no vales na
Bruja!
Solo: Yo te di lo que tenía
Y me dejaste sin na.
Coro2:
Coge tu palo y vete
Solo: vete de mí, desaparece
Solo: que yo contigo no quiero brete
Solo: arranca Lola y sale como un cohete
Solo: Coge tu palo y vete pa´la luna
La década
de los 90 ha sido una etapa muy convulsa para el
contexto cubano y se convirtió en un período de
movilización lingüística (fundamentalmente lexical), en
tanto el lenguaje fue sufriendo modificaciones y
surgieron, en consecuencia, nuevas formas de decir. En
este caso, la fuerza interactuante de la música
bailable y el habla popular resultó notoria, incluso
exacerbada, durante el último decenio; es decir, el
autor crea determinada frase que la población asume,
independientemente de sus gustos musicales, y a la vez,
los fraseologismos populares son utilizados por los
compositores con toda intención para atraer al público y
lograr la extrapolación de ese texto a situaciones no
relacionadas directamente con la música; de ahí que
muchas de las expresiones popularizadas a través de
estas piezas, que se repiten actualmente en la
cotidianidad, pierden, en muchos casos, su tendencia
marginalesca al socializarse. (9) Es
precisamente la pérdida de los límites contextuales en
cuanto al uso de dichos registros populares y vulgares
un aspecto determinante en la subvaloración de la timba
como intergénero.
El léxico
que se utiliza, propio de situaciones comunicativas
familiares restringidas, pasa a formar parte de un hecho
estético de alcance público, lo que hace más sensible al
texto, porque no todos los receptores –voluntarios e
involuntarios- comparten similares criterios en cuanto a
la comunicación formal e informal. Por eso aquellos no
seguidores de la timba se consideran agredidos al
asumir esta manifestación musical frases y vocablos
propios del argot popular, en ocasiones casi marginal,
reflejo de la cultura y vivencia de buena parte de sus
creadores e intérpretes. (10) Sin
embargo, se hace vital diferenciar entre los denominados
códigos vulgares, chabacanos y los populares, y recordar
que la dialéctica de la lengua siempre ha transcurrido
desde lo vulgar a lo popular y de ahí a lo normal o
estándar, por tanto no siempre se justifica el rechazo
aquellos vocablos y expresiones que en determinados
contextos pueden resultar funcionales y eficaces para
cierto tipo de mensaje; en otros casos, dependerá del
ingenio popular y la habilidad de creadores e
intérpretes poder medir intuitivamente de forma adecuada
las posibilidades expresivas y hacer efectiva su
proposición.
El papel
del entorno en que se desarrolla la música bailable es
definitorio en la selección del término lingüístico.
Ello explica el desbordamiento expresivo de las
improvisaciones en las fiestas populares y su
interacción con los bailadores, que por lo regular
transgrede algunas barreras impuestas por los medios
masivos de difusión o el prejuicio infundamentado.
Pertinente es señalar el auge en la actualidad de una
fuerte interrelación música – baile con una connotación
diferente a la de épocas anteriores. El texto que se
expone en la obra musical, sobre todo en los
estribillos, es generador de determinados movimientos
coreográficos. Así, frases como “yo te toco y tú me
tocas” (Adalberto Álvarez y su son), “hay que
estar arriba de la bola” (Manolín, el Médico de
la salsa), “masca la cachimba” (NG la Banda) o “esto te
pone la cabeza mala” (Juan Formell y los Van Van) son
identificadas con gestos y movimientos específicos en un
escenario.
Otro
fenómeno que se produce, propio del discurrir del uso
lingüístico, es la resemantización o especialización de
términos. En el caso de “La especulación de La Habana”
(11) se eliminó totalmente su
significado de base, y hoy día especular se
utiliza como sinónimo de ostentar en ciertas
franjas del habla popular, lo que no tiene relación con
su sentido académico. Sin embargo, en la medida en que
su empleo se haga más extensivo podrá ser asentado o no,
en tanto es el uso del lenguaje el que determina las
normas.
La
intertextualidad (vista como recurso intuitivo en sus
niveles más primarios) se pone de manifiesto como uno de
los recursos más socorridos en las improvisaciones
timberas. La recurrencia a las llamadas citas musicales
(de texto y/o
música) aprovechó frases de obras reconocidas del
cancionero cubano, bailable e infantil, en ocasiones de
lo poético-literario y del léxico popular más crudo para
apoyar su discurso. Agrupaciones como NG la Banda y La
Charanga Habanera utilizaron este elemento de forma
novedosa. Esta última hizo de dicho recurso su piedra
angular en la obra El temba –pieza emblemática del
intergénero que nos ocupa– en la que el estribillo “pa´
que tengas lo que tenías que tener” intentaba dar
respuesta, aún cuando su filosofía resultara bastante
discutible, al archiconocido poema “Tengo”, de Nicolás
Guillén, dando lugar a una negación semántica del texto
originario. Desafortunadamente, para algunos, este medio
expresivo se convirtió en un mecanismo que suplía la
evidente falta de talento creativo.
En lo
relativo al cruce intergenérico y a la yuxtaposición de
elementos como se ha definido, también se asiste a una
coexistencia de rasgos textuales de procedencias
disímiles, claramente diferenciables desde el punto de
vista estructural y lingüístico. De este modo, la timba
asume y reinserta estructuras provenientes de los sones
(siempre dislocadas), el rap y la rumba en cuanto a la
organización de los estribillos, la presencia de un
estilo interpretativo parlado y el llamado al bailador,
entre otros. Cierto es que muchos de estos rasgos se han
ido hibridando al punto de no convertirse en privativos
o excluyentes de un género determinado. Sin embargo, a
nivel lexical, sí puede aseverarse que existe un estilo
comunicativo particular de la timba, más de uso popular
que el del rap, más coloquial que el sonero tradicional,
caracterizado por su lexicalización paulatina, y que
hasta el momento no ha sido trasladado a otros tipos o
estilos genéricos salvo que sea su recreación la
intención expedita.
Existen opiniones que se han
referido a la timba como un fenómeno escasamente
perdurable en el entorno cultural de la Isla. El
tiempo y la sedimentación podrían dar fe de la magnitud
del hecho músico-bailable y la responsabilidad inmediata
de caracterizarlo con certeza. Mientras tanto, sigue
presente en el repertorio de una parte importante de las
agrupaciones emblemáticas de la música popular bailable
cubana, quienes ya la han asumido como estilo y modo
distintivo en su interpretación, lo que socializa y
sedimenta su naturaleza de intergénero. Precisamente al
lado del nuevo boom de la música tradicional, la timba
continúa llenando espacios en Cuba y en el mundo,
asentando lo que devienen sus características
principales, siempre en consonancia con su época y
contexto. Tómense estas reflexiones como puntos de
partida que conlleven a una justa valoración de la misma
y de su significación para la historia musical cubana.
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OTRAS FUENTES CONSULTADAS
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·
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Danilo (Dr. en ciencias musicológicas): Varias
entrevistas. Ciudad de La Habana, 2000-2002.
·
Ramos, Juan
Juaniquiqui (músico e investigador): Entrevista.
Ciudad de La Habana, Diciembre del 2000.
Notas
1 La timba cristaliza en Cuba en un
preciso momento, catalizada por elementos extramusicales.
El período especial por el que transita el país y los
cambios económicos severos que ello trajo consigo, el
incremento del turismo y la afectación de valores en
ciertos sectores de la población, entre otros factores,
incidieron en la conformación de rasgos que la
caracterizaron, y entre ellos, la agresividad y crudeza
en muchas de las letras (aunque esto tiene importantes
antecedentes históricos).
2 El musicológo Danilo Orozco ha
expuesto su definición y aplicación del intergénero en
conferencias convocadas por el Ministerio de Cultura y
en numerosos eventos teóricos sobre música realizados en
la capital de nuestro país. Así mismo, sus enfoques
sobre el tema están recogidos parcialmente en Separatas
del Seminario de Musicología Contemporánea en la
Universidad de Chile (1996), en la Separata realizada
por Fun Music de Bogotá, Colombia (1996), en el folleto
“Nexos globales desde la música cubana con rejuegos de
Son y No son”, editado por Ojalá de forma limitada, y
con mayores ampliaciones en el capítulo II de su libro
Trama global desde la música cubana, en preparación para
la SGAE.
3 Uno de ellos fue la presentación de
orquestas de música popular bailable -no solo
representativas de la timba- en espacios abiertos de la
capital, a lo que se denominó «gira por los barrios».
Parques y plazas de diferentes municipios sirvieron de
escenario, a partir de los últimos años de la década del
80, a múltiples encuentros entre agrupaciones diversas,
de antigua y reciente formación. Dicho proyecto cultural
logró la inserción de tales orquestas en la vida de las
comunidades suburbanas de la Ciudad de La Habana,
propició su vínculo con la población que no tenía acceso
a los centros turísticos de mayor demanda en esa época,
así como el reconocimiento y popularidad de las
propuestas más jóvenes en el contexto musical cubano.
4 Victoria Eli y María de los Angeles
Alfonso: Op. Cit., p. 215-216.
5 Capas o niveles instrumentales que se
distinguen a partir de las funciones desempeñadas por
los componentes organológicos dentro del formato. Las
mismas pueden ser melódicas, armónicas, rítmicas, melo-armónicas,
melo-armonico-rítmicas, etc.
6 Jesús Guanche: Entrevista.
7 Obra registrada en el disco Pa´ que
se entere La Habana; Magic Music, 1996.
8 Estudio de los nombres propios de
lugar.
9 Este fenómeno no es nuevo en la música
popular bailable; tradicionalmente esta relación se ha
hecho evidente aunque con otras connotaciones.
10
Este hecho no es privativo de la música, en tanto ha
permeado diferentes manifestaciones de la creación
artística en los últimos años del siglo y no solo en
Cuba.
11 Obra que integra el CD Con la
conciencia tranquila, de Paulo F.G. y su Elite; Nueva
Fania, 1997.
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