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UN DON QUIJOTE DE ALTURA
 
"No hay nada que se compare con este momento”, repetía al final del espectáculo el primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba (BNC) Carlos Acosta. “Ha sido una función muy excitante", declaró su compatriota y compañera ocasional de baile, la también primera bailarina Viengsay Valdés.


Miriam Rosete |
La Habana


Fue en la segunda fecha del 18 Festival Internacional de Ballet de La Habana, el domingo 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana. La lluvia torrencial no impidió que a las cinco de la tarde la sala Avellaneda del Teatro Nacional estuviese repleta “hasta el tope”. Al comienzo del segundo acto llegó el presidente Fidel Castro. Los primeros bailarines del BNC, los exquisitos actores, las estrellas Viengsay Valdés y Carlos Acosta, interpretaron un Don Quijote “de película”.

La Jiribilla se apareció chorreando agua. Sus vecinos de asiento fueron dos jóvenes veinteañeros: la argentina Florencia Ciciliano y el cubano Edel Fernández, ella del mundo del ballet clásico, y él del campo de la danza contemporánea. Florencia vive en Cuba desde 1999, aunque en ese ínterin hizo un viaje a España, y hoy recibe clases en la Cátedra de Danza del BNC. Edel es bailarín, coreógrafo y realizador de la Compañía de Danza Contemporánea del Instituto Superior de Arte (ISA), y en ese mismo Instituto imparte clases de Quinesiología y de Técnicas de la danza. Los tres pasamos el tiempo compartiendo juicios, suspiros, aplausos y emociones, por lo bajo durante la función y a pecho abierto en los intermedios, cautivados por la historia de la cual fuimos testigos:

Prólogo. En la España invadida por los franceses a principios del siglo pasado, el pueblo viene a las estatuas de Don Quijote y Sancho para recabar su ayuda... "En el Teatro Colón de Buenos Aires tenemos una versión distinta de Don Quijote, con otros trajes y fragmentos musicales", dice Florencia, "pero lo de las diferentes versiones son gajes del oficio del ballet, y la puesta del BNC me agrada igual."

Primer acto. Kitri, la hija de Lorenzo, el posadero, coquetea con su vecino Basilio, el barbero, a quien ella ama... "Me encanta ver bailar a Carlos Acosta y a Viengsay Valdés, una pareja preciosa, con mucho ángel", se apasiona Florencia, "desde el punto de vista técnico no tengo nada que decir: aún con baches mínimos, solo al alcance de los expertos, están bailando a la perfección, como dos grandes."

Segundo acto, escena primera. En un campo de molinos de viento encuentran a una tribu de gitanos... De pronto llegan Lorenzo, Camacho y los soldados... El padre descubre el abanico de su hija, y Kitri y Basilio son apresados... "Es emocionante", confiesa Florencia, "cada vez que veo bailar a Viengsay me emociono, ella es capaz de transmitir estados de ánimo, sensaciones, es muy luchadora, se merece lo que tiene. Tal vez no posea el físico ideal, pero con sudor y lágrimas ha logrado el sueño de toda bailarina. Todavía le queda el más grande de los retos, seguir creciendo, no estancarse."

Segundo acto, escena segunda. Don Quijote se halla en estado de alucinación... Dulcinea, encarnada en Kitri, lo reconforta y le predice el triunfo del amor... "Este es un magnífico Don Quijote", interviene Edel, “Carlos y Viengsay son dos excelentes bailarines. La técnica de él es brillante, muy depurada. Es un bailarín limpio, preciso. Y ella también. Conoce su cuerpo, domina la técnica, sabe lo que puede hacer, y sale a darlo todo."

Inicio del tercer acto. Basilio se está haciendo el muerto. Sancho se le acerca y aquel le da una patada. Se le acerca Kitri, y aquel le da un beso.  El sacerdote los casa in articulo mortis. Basilio se descubre a sí mismo. El público ríe las gracias... "Las pautas están marcadas", reflexiona Edel, "hay una música, un tiempo, un argumento, tanto Carlos Acosta como Viengsay Valdés respetan todo eso y, sin embargo, dentro de ese círculo reducido, se dan el lujo de improvisar en el escenario. Tal vez parezca que ella lo hace con más humildad y él con cierta arrogancia. Pero es que el fogueo de Carlos supera el entrenamiento de Viengsay."

Final. Don Quijote reconcilia a Kitri con su padre y pide que continúe la celebración. Aparecen los majos, las majas y los novios. Kitri ejecuta las variaciones. Aplausos. Ahora le toca a Basilio, hace unos giros perfectos y termina con una limpieza impecable. Concluye el acto. El público se pone de pie... "Carlos Acosta ha trabajado con otras compañías", concluye Edel, "ha conocido otros modos de hacer, otras mañas, otros estilos, otros códigos, otros sistemas de señales, mientras que Viengsay Valdés, aún con una carrera ascendente, está acostumbrada a una función, a un público, a un ambiente que responden al modo en que se baila en Cuba, a la manera del BNC y, en general, a la tendencia de la escuela cubana de ballet. Esa es la única diferencia."

Los redactores subimos a la pata del teatro. Bajo los aplausos del público, el tramoyista, a voz en cuello, le grita a Carlos Acosta: "¡Lleva la primera fila, completa, adelante, todo el mundo adelante!" Los bailarines avanzan hasta el borde del escenario y saludan, fatigados y agradecidos. El telón abre varias veces. El público no se va. Por fin la cortina se cierra y un aluvión de abrazos, apretones, felicidades y bendiciones, detrás de la fachada, cae sobre la pareja.

— ¿Junior, qué sientes ahora, qué te ha parecido la función? –le preguntamos a Carlos Acosta, que está empapado de sudor.
— ¡Nada, nada se compara con este momento! He bailado en muchos escenarios del mundo, en Nueva York, en Londres, en China, en Japón, en el mundo entero, ¡pero ninguno, ninguno es comparable con este momento!, ¡porque son mi gente, es mi pueblo!


— ¿Qué piensas sobre tu presencia en el Festival?

—Teniendo en cuenta la recepción del público, ha sido espectacular. Me lo llevaré conmigo en el corazón. No olvidaré nunca este día. Es la primera vez que estoy en el Festival Internacional de Ballet de La Habana, aquí en Cuba, y de verdad que mis expectativas se quedaron por debajo de la realidad.

—Víctor Gilí, tu compañero de escuela y graduación, le recordó a La Jiribilla la amistad que a ustedes los une desde la infancia. Tú vivías en el humilde reparto habanero de Los pinos, y él, en el residencial Miramar, pero esa aparente contradicción... Acosta interrumpe al redactor:
—En verdad mi vida es muy contradictoria. Quizás yo tuve el 99,99 % de esperanza de convertirme en un bailarín clásico, pero no habría tenido el mismo porcentaje de esperanza de convertirme en un primer bailarín. Eso se lo debo, eso fue posible gracias a la educación gratuita que recibí en este país, y a toda la gente que me apoyó, mucha gente, bien haya sido con un consejo, con una ayuda concreta, o con un gesto de afecto, que tanta falta hace. Sin ellos no hubiese podido llegar hasta aquí. A toda esa gente que me socorrió, ellos saben quiénes son, les doy mi corazón.

— ¿Tuvo algún ingrediente especial la función de hoy?
—El ingrediente es Cuba, y que todos somos cubanos. Así lo siento yo, no sé cómo lo sentirá el público. Para mí no hay tesoro más grande que bailar aquí. Desde los 16 años he estado viajando. Me he hecho bailarín, me he hecho hombre fuera de mi seno familiar, fuera de mi patria, y, repito, no hay nada que se compare con este momento. Estuve esperando por él durante mucho tiempo, y ahora es una realidad.

Dejamos a Carlos Acosta entre sus fans, firmando autógrafos, y abordamos a Viengsay Valdés.

—Has tenido un desempeño magistral. Estuviste acompañada por Carlos Acosta. ¿Cómo catalogas el espectáculo?
Ha sido una función muy excitante. Estoy súper agradecida de bailar con Carlos Acosta, encantada, es un honor, es un gran bailarín. Como habrán podido notar, yo disfruté la función todo el tiempo, en todo momento nos mantuvimos arriba: ha sido inolvidable.

—¿Qué palabras merecería el público?

—Inicialmente yo no era la bailarina programada, pero desde que se hizo oficial el cambio, el público estaba esperando este día. Me alegro mucho por la decisión, al final me permitió bailar con Carlos Acosta. El público, ¡como siempre! Al cubano le encanta el ballet y es muy conocedor, estuvo pendiente de todos los detalles y también disfrutó mucho el espectáculo.


—Dijiste que fue excitante. ¿Qué otra palabra emplearías para catalogarlo?

—No hay otra. Esa es la palabra: muy excitante.


— ¿Cuál fue el minuto más difícil en tu desempeño de hoy?

—En cuanto a reto técnico el pas de deux es lo más fuerte que tiene el ballet Don Quijote. Sin embargo, como habrán visto, todo fue muy dinámico, todo fluyó. No hubo un momento de tensión o de dificultad para ninguno de los dos.


— ¿Y cómo te sentiste en los balances?

—El balance es algo que yo disfruto mucho, la sincronía con la música, todo, es un instante que siento con especial intensidad, una forma personal de saborear el pas de deux.


—En este Festival te quedan otros desafíos.

—Sí, me toca hacer la primera función de Giselle, acompañada de Giuseppe Picone, un bailarín invitado (free lance) que lo mismo baila con el Royal Ballet, que con el Teatro de la Ópera de Roma, que con el Boston Ballet; me quedan, junto al primer bailarín Joel Carreño, las interpretaciones de Chaikovsky pas de deux (Gala Balanchín), el gran pas de Paquita (Gala del Premio del III Concurso Iberoamericano de Coreografía CIC´2002), y el pas de deux de La Cenicienta (Gala de coreógrafos cubanos); y bueno, en la Gala de clausura aún no sé qué bailaré ni con quién...


 — ¿Este será tu gran Festival?

—Es posible. En realidad debo bailar casi todos los días. El trabajo es intenso. El público puede verme en diferentes interpretaciones y facetas.


Viengsay Valdés y Carlos Acosta bailan El Corsario.

—¿Qué puedes decirnos sobre El corsario de la inauguración?
—Quizás ese fue el momento más tenso para mí del Festival, el de mayor nerviosismo: fue la primera función, la primera vez en mucho tiempo que bailaba con Carlos Acosta. Pero igual lo enfrenté y salí a la escena a romper el hielo, a crecerme como artista. Tal vez eso hizo que en la tarde de hoy me sintiera más confiada.


— ¿Te gustaría bailar constantemente con Carlos Acosta?

—Por supuesto que sí. Lástima que él no se encuentre en Cuba más a menudo... 

Fue en el 18 Festival Internacional de Ballet de La Habana. Los primeros bailarines del BNC, los exquisitos actores, las estrellas Viengsay Valdés y Carlos Acosta, interpretaron un Don Quijote “de película”. La Jiribilla estuvo allí.

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