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CUCARACHAS ROJAS EN LA HABANA
"A
veces la gente sueña con filmar cine y lo hace en video
porque no tienen otra opción, pero no es mi caso, yo
siempre he preferido el soporte digital como medio para
expresarme. Sigo pensando que el cine va a desaparecer".
Entrevista con Miguel Coyula, laureado realizador
cubano.
Nirma Acosta
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La
Habana
Fotos:
Cortesía
de Miguel Coyula
“A
la gente le pica algo y se rasca la piel, a mí me pica
el cerebro”. Así cuenta el David de Buena Onda,
cortometraje del joven realizador cubano Miguel Coyula
Aquino, quien se encuentra en estos momentos editando en
Nueva York su último título Cucarachas rojas —a
presentar en el Sundance del 2004— y del cual se ha
visto un adelanto en La Habana durante la II Muestra de
Nuevos Realizadores.
Buena Onda,
su tesis de grado, participó en el Festival de Ohio,
California. Allí conoce a Al Pacino y Ana Strassberg,
viuda del creador de Actors Studio quienes le ofrecen
una beca en el Lee Strasberg Theather Institute. “Ahí estuve un año y
medio estudiando actuación y guión —comentó para La
Jiribilla. Durante ese tiempo escribí el guión de
Cucarachas rojas, un largometraje de hora y media,
en mini DVD. Es una historia de incesto. Tiene un poco
de ciencia ficción, thriller y es, básicamente un
drama”.
—De alguna manera son
los mismos recursos expresivos con que vienes trabajando
desde hace ya tiempo. ¿Cucarachas rojas pretende
ser temática y formalmente una continuidad o hay alguna
ruptura a partir de ser tu primer largometraje de
ficción?
—Es una continuidad
respecto a mi tesis Buena Onda y a mi pretesis
Bailar sobre agujas. Porque las ultimas dos cosas
que hice, Clase Z tropical y el tenedor
plástico están en una onda más de parodia. Con
Cucarachas rojas pretendo volver a ser serio. Y creo
que es la dirección en la que debo seguir hacia el
futuro. Esta es una historia más lineal, menos
experimental, que para mí es un experimento ya que toda
mi obra anterior iba hacia la búsqueda de nuevas formas
de decir. No sé hacia dónde voy, pero en sentido general
me interesa seguir buscando. Esta es una historia un
tanto convencional en cuanto a la forma, aunque el tema
no es convencional sucede en Nueva York. Es una historia
norteamericana. Surge a partir de mi novela Mala Onda,
y tiene lugar en el mismo universo de la novela, es un
mundo donde la contaminación ha creado unas lluvias
ácidas que obligan a las personas a ponerse impermeables
especiales para no derretirse. Aparece el tema de la
clonación… Se mueve en un mundo bastante deprimente y
oscuro.
— ¿Cuánto se parece
al mundo real?
—Me siento de alguna
manera a veces imposibilitado de reflejar la realidad
más que a lo contemporáneo, me interesa ir al futuro.
Siempre estoy imaginando cosas. Pienso seguir en ese
camino de ver más allá, de mezclar alternativas y ver
qué sucede o qué puede suceder en el futuro.
—En literatura se
recuerdan algunos cuentos, ensayo y la novela Mala
Onda. ¿Ya no escribes?
—En Literatura como
tal no he hecho nada más. Llevo un año haciendo este
filme, Cucarachas rojas. Escribí el guión en cuatro
meses y ahora estoy concentrado en la edición. Pero sí,
tengo otros proyectos…
— ¿Cuáles?
—Quiero hacer una
especie de segunda parte de Memorias del
subdesarrollo. Me enteré que recientemente
Desnoes
estuvo en Cuba y también sobre la novela que está
escribiendo, pero en mi caso, es solo un proyecto que
tengo y veré en el futuro si sale o no.
—Cucarachas rojas…
¿tiene alguna lectura más allá de la imagen kafkaiana
que presupone el título?
–Las cucarachas
estaban en mi novela (Mala Onda) como producto de
la contaminación que aparece en la historia. Es una
especie de símbolo, para representar a lo que ha llegado
la sociedad. No tiene otra lectura. Se van a ver
cucarachas ocasionalmente en la película, no tienen que
ver con el tema del filme directamente. No se explica en
ningún momento por qué son rojas, está abierto a la
interpretación de la gente.
– ¿Se puede hablar de
un cine independiente en Cuba?
–Sí, se puede hablar
de cine independiente por llamarlo genéricamente de
alguna forma, porque lo que se está haciendo mayormente
es video. En los últimos tres años, hay pequeñas casas
productoras, por decirlo de alguna manera, que se
resumen en una sola persona que con una computadora
filma, edita, subtitula, hace la música de todos sus
materiales.
Tiene mucho que ver
con el desarrollo alcanzado por la técnica digital. En
los años 80, los productos de la Asociación Hermanos
Saíz se hacían a partir de que la gente se agrupaba y
formaba un equipo para poder filmar. Hoy, con el
desarrollo de la tecnología, eso no es necesario. Con
una cámara digital y una computadora, un realizador
joven logra terminar en mucho menos tiempo, su propio
filme, sin tener que agruparse.
—Pero tú estuviste
siempre en defensa del quehacer individual, del trabajo
independiente…
—Ese fue mi sueño:
que una casa productora me diera el dinero y con eso
pudiera hacer lo que yo quisiera. Creo que lo logré con
Cucarachas…, porque el
productor —quien
escribe novelas con Tom Clancy,
La casa del octubre rojo y otras— ya está en una
cuerda mucho más progresista. No sé si en el futuro será
así, pero por ahora, he podido trabajar como quiero.
—Tu obra resulta a
veces bien agresiva, ¿cuánto tiene que ver con el joven
cineasta Miguel Coyula?
—Siempre me han
gustado los días nublados más que los soleados, también
las ruinas. Mi vida no ha sido triste, todo lo
contrario, tal vez por eso me interesa ver y hacer otra
cosa diferente a la que he tenido.
— ¿Y el sueño de
filmar en 35 mm no te ha acechado nunca?
—No. Y creo que por
ahora no me interesa y quizás en el futuro tampoco. En
este momento tengo otra oferta de hacer una película y
el productor me preguntó si la haría en cine o digital.
Y rápido respondí, digital, porque es más barato y
puedo usar el dinero en otras áreas de la producción que
son más importantes. Hasta la última parte de La
Guerra de las Galaxias, El ataque de los clones,
fue filmada en digital y la calidad es excelente.
— ¿Son las nuevas
tecnologías y el cine independiente, una alternativa al
desarrollo del cine cubano?
–Ahora mismo lo están
siendo. Debería incluso tenerse más en cuenta lo que
sucede. Hay que pensar qué pasaría con el Instituto
Cubano de Arte e Industria Cinematográfica de aquí a
diez años. No se sabe si hasta cambie el nombre. En el
aspecto creativo, para mí la producción más interesante
que se está haciendo hoy es la independiente, pero se ve
en los festivales y no en la televisión y otros espacios
que creo debieran existir. Por supuesto, también está
quien dice, todavía, no filmo si no es en 35 mm y tienen
el purito ese de filmar solo en ese otro soporte y
subestima el alcance y la calidad que puede tener el
arte digital.
— ¿No estará eso
predeterminado por esa tesis tuya de que el cine va a
desaparecer?
–Quizá. La tecnología
de 35 mm se va a quedar ahí, no va a aportar nada nuevo,
mientras que la digital está evolucionando
constantemente y nadie sabe hasta dónde puede llegar.
– ¿Cómo crees que se
valoran estos nuevos soportes, ya no tan nuevos con
respecto al cine tradicional? ¿Es un asunto solo de
Cuba?
—En el mundo, la
gente mayor todavía se aferra al cine. Algunos todavía
no entienden la tecnología digital y por eso la rechazan
y dicen que no filman si no es en 35 mm. Lo que es
peor, rechazan la textura del video, afirmando que no
es tan buena como la del cine, pero existen millones de
filtros y de formas de hacer con el video una obra con
calidad. Por otro lado, está el Sundance, que en el 2001
premió como mejor película, la fotografía de un filme
hecho en video. Eso es un paso de avance.
También, mucha gente
cree que el video solo puede verse en televisión y que
una vez que se amplía en pantalla grande ya pierde todo
el impacto en sonido e imagen, pero creo que es una vía
tan válida como la otra. A veces la gente sueña con
filmar cine y lo hacen en video porque no tienen otra
opción, pero no es mi caso, yo siempre he preferido el
soporte digital como medio para expresarme. Sigo
pensando que el cine va a desaparecer.
— ¿Es fácil hacer
cine fuera de Cuba?
–Yo he tenido suerte,
pero no creo que sea fácil. Filmar en Nueva York,
después de lo de las torres, es tremendo lío, porque te
piden permiso para todo. Es mucho más difícil que en
Cuba. Hay muchos actores, hicimos un casting, y se
presentó cantidad de personas, profesionales, incluso, a
sabiendas de que no había dinero, pero, bueno, hacer
cine independiente siempre conlleva ciertas dificultades
porque filmas en casa de amigos, te prestan algunos
equipos por aquí, otras cosas se consiguen con gente que
conoces, pero es difícil.
— ¿Vives
definitivamente en Nueva York?
—De momento estoy
haciendo la película allá, solo eso. |