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LA VANGUARDIA INCOMPRENDIDA
 
Como estamos a las puertas del V Salón y el joven talentoso artista digital Eduardo Moltó ha sido premio en años anteriores, La Jiribilla quiso conocer de primera mano su opinión sobre el arte digital en la Isla a partir de su experiencia como jurado en el certamen  que se avecina. 


Estrella Díaz| La Habana
Fotos:
Alain Gutiérrez

 

Memoria y caché es el título que ha escogido el joven talentoso artista Eduardo Moltó para su próxima exposición personal a inaugurarse el venidero 19 de junio en el Museo de Bellas Artes y que forma parte del V Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital.
 

Moltó, que no quiso adelantar detalles acerca de la muestra, es un creador muy cercano al quehacer del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, institución que —con la colaboración de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, HIVOS, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, el Centro Cultural de España, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, la Empresa Cubana de Telecomunicaciones y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano— auspicia los Salones de Arte Digital cuya quinta edición comenzará el próximo 16.

Además de Memoria y caché, Moltó es el creador cubano elegido para participar durante los días del Salón en un proyecto de creación on line denominado El misterio de la mirada virtual que consiste en, durante tres horas, realizar una obra en la Red conjuntamente con Alicia Candiani (Argentina), Deena des Rioux (Estados Unidos)  y Guto Nóbrega (Brasil). Los cuatro artistas digitales estarán físicamente en sus países y a través de la Red concebirán de conjunto una obra que, de seguro, será el fruto de un intercambio cultural.

Como estamos a las puertas del V Salón y Eduardo Moltó ha sido premio en años anteriores, La Jiribilla quiso conocer de primera mano su opinión sobre el arte digital en la Isla a partir de su experiencia como jurado en el certamen  que se avecina. 

–El hecho de impartir justicia en el arte es siempre una injusticia, pero definitivamente hay que hacerlo. Este año es un paso más de avance, es un período más prometedor que el anterior y lo más importante es que en este V Salón se van definiendo nombres de artistas que, poco a poco, marcan una línea dentro del arte digital cubano. Lo que he descubierto es que existen  creadores perfectamente reconocibles por su obra, por su línea de trabajo.

El trabajo del jurado fue lo más justo posible. Había una representación  variada de tres generaciones lo que es importante porque son visiones de tres momentos históricos diferentes.  Fue muy lindo ponernos de acuerdo. No hubo grandes discusiones, todo fluyó apaciblemente. Considero el resultado  satisfactorio porque se unieron los criterios de maestros como Lesbia Vent Dumois, José Gómez Fresquet (Frémez), y gente joven como Yoel Almaguer, Orlando Galloso y Abel Casaus. El trabajo fue bello y a la vez agotador; analizamos obra por obra, no quedó nada por ver” 

–Cuando te refieres a sellos o líneas de trabajo en los artistas cubanos ¿te estás centrando en las temáticas? 

–Creo que hay una reconnotación del desnudo, como un redescubrir. Achaco esto a las cámaras digitales que te dan toda una intimidad.  Entre el  objetivo y tú solo media la cámara; es decir, no es como en la fotografía tradicional que tienes que enviar la película al laboratorio, someterla al revelado, las químicas…ese tipo de cosas que entorpecen el flujo espontáneo.

Por otro lado creo que se descubre dentro de las obras de los cubanos una gama de colores viva y alegre, pero no estridente. Eso tiene que ver con nuestra idiosincrasia y no se percibe en trabajos, por ejemplo, provenientes de Europa o de Estados Unidos donde, incluso, el elemento humano esta un poco marginado dentro de la obra. 

– ¿El ir al desnudo define el arte digital cubano?  

–Creo que lo que lo distingue es el uso de la persona como eje central, como protagonista. Diría que el ser humano en todas sus manifestaciones, en el desnudo, en contextos, en consignas. Esto es muy palpable cuando ves trabajos de europeos y estadounidenses;  la misma dinámica social y el alejamiento del roce entre los seres humanos generan este tipo de obra. Esto es un criterio muy personal. El arte latinoamericano es diferente; el ser humano está como centro.    

– ¿La incomunicación como fenómeno del mundo moderno? 

–En otras partes del mundo el delivery se hace a través de la Red, es decir, ya no se va siquiera a la tienda, ya no acudes al mercado, realizas un delivery desde tu computadora y es lo que usualmente se está imponiendo a nivel del primer mundo. Los latinos somos más sociales y no podemos vivir sin el contacto, sin el amigo, sin el vecino; esa interrelación personal nos es vital a los cubanos y a los latinos en sentido general.

Pienso que nosotros no podemos —al menos a mediano plazo—  meternos en eso de estar comprando por la Red —aunque tuviéramos los recursos, que no los tenemos—, nos sería más difícil, tal vez, por un problema sociológico. En un hogar coexisten varias generaciones y eso no se estila en el primer mundo. Hay una desvinculación muy temprana de este tipo de relación humana y se acostumbra a eso. 

–El  arte digital es una manifestación nueva. Como artista, ¿cuál es tu defensa?  

–La vanguardia siempre ha sido incomprendida en su tiempo. A lo largo de la historia del arte fue rechazada en el momento histórico en que le tocó nacer. Me refiero a corrientes, a grandes maestros y a tecnologías… Cuando surgió la máquina de vapor era la peste, las máquinas de combustión interna algo así como monstruos, la imprenta también. El ser humano se resiste a los cambios, a los nuevos campos y horizontes y creo que es un instinto de conservación.

En el caso —por ejemplo— de la plástica, primero se pintaba con pigmentos, después se compraban los tubos de acrílico que es material industrial; pienso también en el cine que está llamado a ser digital, eso es un proceso inevitable y siempre son los audaces los que tratan de utilizar en su obra, en su vida, estas nuevas tendencias y resortes que mueven al mundo.  

–Tienes una carrera muy intensa, ¿qué te has propuesto profesionalmente para este año? 

–En primer lugar consolidar mi obra; hacer todo lo que se me ocurra. El tiempo será el encargado de decantar lo que sirve y lo que no. No me limito, sencillamente las ideas que me vienen las  trato de hacer lo mejor posible. Estoy en un momento de euforia creativa y no quiero perderme nada, ningún medio, ninguna idea, quiero hacerlo todo y finalmente tratar de ir definiendo más mi perfil no en los soportes, pero sí en personalidad. 

–Has sido bastante osado al tratar en tu obra determinados temas. ¿Te has sentido limitado, algún pudor te ha detenido a la hora de asumir una determinada idea?     

–Afortunadamente, no. Estoy satisfecho en ese sentido. He hecho y reflejado lo que he querido y nunca nada ni nadie me ha limitado. En ese sentido soy una persona bastante liberal y pienso que para un creador ese poder de traspasar barreras sociológicas es muy importante. 

–Centro Pablo, ¿labor? 

–Soy y me siento parte de este Centro. Hasta me emociona hablar, porque todo lo que genera es de vanguardia en la plástica, la música, en opciones…el Centro Pablo es como el pulmón de la ciudad para la gente alternativa que no tiene un espacio, para las personas que les cuesta entrar en las galerías, en los circuitos del arte, en la radio. El Centro es un ejemplo para seguir y cada vez que me llamen estaré lo mismo para ser jurado, que para limpiar una escalera, que para mover un cajón…lo admiro mucho, sinceramente.

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