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LA SOCIEDAD CIVIL Y LOS DISIDENTES

La amenaza de guerra contra Cuba de parte de Bush y su círculo de cruzados  es real. Una campaña militar coincidiendo con las elecciones del 2004, ya iniciada, puede ser el único camino por el que Bush puede esperar que sea por fin elegido. El momento de movilizarse contra esa guerra es ahora, y no se puede perder un solo día.

 
Philip Agee | EE.UU.

Durante abril pasado, la condena de Cuba por el encarcelamiento de 75 disidentes políticos y por la ejecución sumaria de 3 secuestradores de una barca de pasaje, fue instantánea, fuerte y prácticamente global. Entre los críticos se destacaron antiguos amigos de Cuba de reconocido prestigio internacional.

Al leer los cientos de denuncias que llegaron a mi buzón de correo, me resultó fácil ver cómo los enemigos de la revolución aprovecharon esos temas para condenar a Cuba por violaciones de derechos humanos. Tuvieron su agosto. Una confusión deliberada o descuidada entre los disidentes políticos y los secuestradores; dos asuntos sin relación alguna, también fue fácil, ya que los eventos ocurrieron al mismo tiempo. Una publicación del Vaticano llegó a describir a los secuestradores como disidentes, cuando en realidad eran terroristas. Pero otros, generalmente de buena fe hacia Cuba, también se subieron al carro de la condena tratando los dos temas como si fuera uno solo. Las observaciones que siguen se refieren a los temas de derechos humanos en ambos casos.

En lo que se refiere al encarcelamiento de 75 activistas de la sociedad civil, la principal víctima ha sido la historia, porque esa gente jugaba un papel central en los esfuerzos del gobierno de EE.UU. por derrocar al gobierno cubano y por destruir la labor de la Revolución. Por cierto, el cambio de régimen, como últimamente se ha definido el derrocamiento de gobiernos, ha sido el continuo objetivo de EE.UU. en Cuba desde los primeros días del gobierno revolucionario. Los programas para lograr ese objetivo han incluido la propaganda para denigrar la revolución, el aislamiento diplomático y comercial, el embargo comercial, el terrorismo y el apoyo militar a los contrarrevolucionarios, la invasión de Playa Girón, los complots para asesinar a Fidel Castro y a otros dirigentes, la guerra biológica y química, y más recientemente, los esfuerzos por fomentar una oposición política interna disfrazada de sociedad civil independiente.

Terrorismo Warren Hinckle y William Turner, en The Fish is Red, que es sin duda el mejor libro sobre la guerra de la CIA contra Cuba durante los primeros 20 años de la revolución, relata la historia de los esfuerzos de la CIA por salvar la vida de uno de sus batistianos. Fue el 2 marzo de 1959, menos de tres meses después del triunfo del movimiento revolucionario. El subjefe de la principal policía secreta de Batista apoyada por la CIA, había sido capturado, juzgado y condenado a muerte por fusilamiento. La Agencia había establecido esta unidad policíaca en 1956 y la había llamado Buró de Represión de las Actividades Comunistas, o BRAC. Con entrenamiento, equipo y dinero de la CIA se convirtió en lo que se puede calificar como la peor de las organizaciones de tortura y asesinato de Batista, que despegaba su terror contra toda la oposición política, no sólo de los comunistas.

El subjefe del BRAC, un cierto José Castaño Quevedo, había sido entrenado en Estados Unidos y era el enlace del BRAC con la Estación de la CIA en la Embajada de EE.UU. Al conocer su sentencia, el Jefe de la Estación de la Agencia envió a un colaborador periodista llamado Andrew St. George al cuartel de Che Guevara, que estaba a cargo de los tribunales revolucionarios, a abogar por la vida de Castaño. Después de escuchar a St. George durante casi todo un día, Che le dijo que informara al jefe de la CIA que Castaño iba a morir, si no por haber sido un verdugo de Batista, entonces por ser un agente de la CIA. St. George partió del cuartel del Che en la fortaleza de La Cabaña a la Embajada de EE.UU., frente al Malecón, a entregar el mensaje. Al escuchar las palabras del Che, el jefe de la CIA respondió solemnemente: «Esta es una declaración de guerra». Por cierto, la CIA perdió muchos más de sus agentes cubanos durante esos primeros días y en los años de guerra inconvencional que siguieron.

En la actualidad, cuando conduzco por la avenida 31 en camino al aeropuerto, justo antes de doblar a la izquierda en el hospital militar de Marianao, paso a la izquierda una gran comisaría blanca de varios pisos que ocupa toda una manzana de la ciudad. El estilo se parece al de una mala imitación de castillo de los años 20 del siglo pasado, que resultó finalmente una especie de gigantesco negocio de hamburguesas Castillo Blanco. Altos muros rodean el edificio y sobre ellos hay puestos de guardia en las esquinas, desocupados ahora, como esos que hay sobre los patios de ejercicio en las prisiones. Al lado, separado del castillo por la calle 110, hay un anexo, una casa verde relativamente grande de dos pisos con ventanas enrejadas y otras medidas de seguridad. No sé para qué la usan actualmente, pero antes era el temido cuartel general del BRAC, uno de los legados más infames de la CIA en Cuba.

En el mismo mes en el que ejecutaron al subjefe del BRAC, el presidente Eisenhower, el 10 de marzo de 1959, presidió una reunión de su Consejo Nacional de Seguridad en el que discutieron cómo reemplazar el gobierno en Cuba. Fue el comienzo de una política continua de cambio de régimen que ha sido continuada por cada administración desde entonces.

Cuando leo sobre los arrestos de los 75 disidentes, el mismo mes, 44 años después de la ejecución del subjefe del BRAC, y veo la indignación del gobierno de EE.UU. ante sus juicios y condenas, me ocurre una frase sin duda pronunciada en Washington que relaciona las reacciones de EE.UU. en 1959 con los eventos en 2003: «¡Eh! ¡Los cabrones están cogiendo a NUESTROS MUCHACHOS!»

Un año más tarde me estaba entrenando en una base secreta en Virginia cuando, en marzo de 1960, Eisenhower aprobó el proyecto que llevaría a la invasión de Playa Girón.

Estábamos aprendiendo los trucos del oficio de espía incluyendo la intervención de teléfonos, micrófonos ocultos, manejo de armas, artes marciales, explosivos y sabotaje. Ese mismo mes la CIA, en su esfuerzo por privar a Cuba de armas antes de la próxima invasión de exiliados, hizo volar un buque de carga francés, Le Coubre, cuando estaba descargando un embarque de armas de Bélgica en un muelle de La Habana. Más de 100 personas murieron en la explosión y en la siguiente lucha contra el fuego. Veo el timón y otros despojos de Le Coubre, que ahora es un monumento a los que murieron, cada vez que conduzco por la avenida del puerto, pasando ante la principal estación de ferrocarril de La Habana.

En abril del año siguiente, dos días antes del comienzo de la invasión de Playa Girón, una operación de sabotaje de la CIA incendió El Encanto, la principal tienda por departamentos de La Habana donde había ido de compras en mi primera visita a La Habana en 1957.

Jamás fue reconstruida. Ahora, cada vez que voy por la calle Galiano en Centro Habana para ir a comer en el Barrio Chino, paso por el parque Fe del Valle, la manzana donde estaba El Encanto, bautizado con el nombre de una mujer que murió en el incendio.

Algunos de los que firmaron declaraciones condenando a Cuba por los juicios de los disidentes y las ejecuciones de los secuestradores conocen perfectamente la historia de la agresión de EE.UU. contra Cuba desde 1959: los asesinatos, el terrorismo, el sabotaje y la destrucción que han costado casi 3500 vidas y que han dejado a más de 2.000 lisiados. Los que no saben pueden encontrarla en la clásica cronología histórica de Jane Franklin, The Cuban Revolution and the United States.

Uno de los mejores resúmenes de la guerra terrorista de EE.UU. contra Cuba en los años 60 proviene de Richard Helms, el ex-director de la CIA, cuando testimonió en 1975 ante el Comité del Senado que investigó los intentos de la CIA de asesinar a Fidel Castro que «las invasiones de Cuba que realizamos constantemente bajo los auspicios del gobierno», y agregó:

«Teníamos equipos operativos que estaban atacando constantemente a Cuba. Tratamos de hacer volar plantas de electricidad. Tratamos de arruinar las centrales azucareras. Tratamos de hacer todo tipo de cosas en ese período. Era política gubernamental de EE.UU.»

Durante la misma audiencia, el senador Christopher Dodd comentó a Helms:

«Es probable que en el momento mismo en el que el presidente Kennedy fue asesinado, un funcionario de la CIA se haya estado reuniendo con un agente cubano en París para entregarle un artefacto asesino que fuera usado contra Castro. [Nótese que el funcionario trabajaba para Desmond Fitzgerald, amigo de Robert Kennedy y que en aquel entonces era jefe de todas las operaciones de la CIA contra Cuba, y que el agente era Rolando Cubela, un Comandante del ejército cubano con acceso regular a Fidel Castro, cuyo nombre de código en la CIA era AMLASH.]

Helms respondió: «Creo que lo que le dieron era una jeringa hipodérmica. Era algo llamado Blackleaf Number 40 y fue en respuesta al pedido de AMLASH de que se le diera alguna especie de instrumento que le permitiera matar a Castro… Lamento que no le haya dado una pistola. Hubiera simplificado considerablemente todo el asunto y hubiera sido menos exótico.»

Si se revisa la historia se descubrirá que ninguna administración de EE.UU. desde Eisenhower ha renunciado al uso del terrorismo de estado contra Cuba, y que el terrorismo contra Cuba jamás se ha detenido. Es verdad, Kennedy se comprometió con Khrushchev a que EE.UU. no invadiría a Cuba, lo que terminó la crisis de los misiles de 1962, y su compromiso fue ratificado por las siguientes administraciones. Pero la Unión Soviética desapareció en 1991 y con ella el compromiso.

Los grupos terroristas cubanos del exilio, basados en su mayoría en Miami y que deben su pericia a la CIA, han continuado con sus ataques a través de los años. Hayan o no estado operando por cuenta propia o bajo la dirección de la CIA, las autoridades de EE.UU. los han tolerado.

Sólo en abril de 2003 el Sun-Sentinel de Ft. Lauderdale informó con el apoyo de fotografías, que los exiliados realizaban entrenamiento de guerrilla en las afueras de Miami con los Comandos F4, uno de los grupos terroristas actualmente basados en el área, junto con observaciones de la portavoz del FBI de que las actividades de los exiliados cubanos en Miami no constituyen una prioridad para el FBI. Abundantes detalles sobre las actividades terroristas de los exiliados pueden obtenerse mediante una búsqueda en la red, junto con sus conexiones con el brazo paramilitar de la Fundación Nacional Cubano-Americana (CANF por sus siglas en inglés).

Existen numerosos informes sobre el arresto en Panamá en noviembre de 2000 de un grupo de 4 terroristas exiliados dirigidos por Luis Posada Carriles, un hombre de impecables credenciales de la CIA. Estaban urdiendo el asesinato de Fidel Castro que se encontraba en el país para una conferencia. El currículo de Posada incluye la planificación del atentado contra un avión de Cubana de Aviación en 1976 en el que murieron las 73 personas a bordo; el empleo por la CIA en las operaciones de reabastecimiento en El Salvador en 1980 para los terroristas «contras» en Nicaragua; y la organización en 1997 de 10 atentados en hoteles y otras instalaciones turísticas en La Habana, en uno de los cuales murió un turista italiano. Un año más tarde admitió ante el New York Times que los directores de la CANF en Miami habían financiado los atentados contra los hoteles. Todos estos años, Posada viajó libremente dentro y fuera de Estados Unidos.

Otro de los terroristas intocables de la CIA es Orlando Bosch, un pediatra convertido en terrorista. Como cerebro junto con Carriles del atentado de 1976 contra el avión de Cubana, Bosch fue arrestado junto con Carriles una semana después del atentado. Pasó 11 años en una prisión venezolana, sometido a 3 procesos por el crimen. Fue absuelto en cada uno de los juicios, liberado en agosto de 1987, y más tarde arrestado en su retorno a Miami en febrero de 1988 por violación de las condiciones de libertad condicional después de una condena previa por actos terroristas. En 1989, el Departamento de Justicia ordenó su deportación por terrorismo citando informes del FBI y de la CIA de que Bosch había realizado 30 actos de sabotaje desde 1961 a 1968 y que estuvo implicado en un atentado para asesinar al embajador cubano en Argentina en 1975. Después de cabildeo por parte de la congresista de Miami Ileana Ros-Lehtinen, una cubano-estadounidense con estrechos vínculos con la CANF, y por Jeb Bush, jefe de la campaña política de Ros-Lehtinen antes de su elección como gobernador de Florida, el presidente Bush padre, que era director de la CIA en la época del atentado contra el avión de Cubana, ordenó al Departamento de Justicia en 1990 que rescindiera la orden de deportación. Bosch fue liberado de la cárcel y desde entonces anda libremente por las calles de Miami.

Viendo lo obvio, que el gobierno de EE.UU. no actuaba para poner fin al terrorismo basado en Miami, los cubanos optaron en los años 90 a enviar sus propios operativos de inteligencia a la Florida haciéndose pasar por exiliados para que dieran la alarma ante futuras acciones terroristas. Allí infiltraron a algunos de los grupos de exiliados e informaban a La Habana, incluyendo información sobre los planes para vuelos ilegales sobre Cuba de los Hermanos al Rescate.

A pesar de todo, el gobierno cubano esperaba que EE.UU. pudiese ser llevado a actuar contra los terroristas que residían en Miami. Por ello, Cuba entregó en 1998 una voluminosa información que habían reunido sobre las actividades terroristas contra Cuba desde EE.UU. Pero, en lugar de actuar contra los terroristas, el FBI pasó a arrestar a 10 miembros de una red de inteligencia cubana cuya labor era infiltrar las organizaciones terroristas. Más adelante, los 5 funcionarios de la inteligencia cubana que dirigían la red fueron juzgados en Miami, donde una condena era segura, por conspiración de espionaje y por no haberse registrado como agentes de una potencia extranjeras. Nunca solicitaron u obtuvieron un documento confidencial del gobierno o información reservada de cualquier tipo, pero recibieron sentencias draconianas, uno de ellos a dos cadenas perpetuas. El trato inhumano de esos prisioneros indomables ordenado por Washington para destruirlos mental y físicamente y volverlos contra Cuba no tiene precedentes en el mundo en cuanto a castigo infame, desquiciado. El logro de su libertad es el principal tópico político en la Cuba de hoy.

Más recientemente, al declarar una guerra interminable contra el terrorismo después de los atentados de septiembre de 2001 de Al Qaeda y antes de la guerra contra Irak, el presidente Bush declaró que no sería prohibido el uso de armas en EE.UU., incluyendo presumiblemente el terrorismo. Pero en lugar de comenzar su guerra contra el terrorismo en Miami, donde se aseguró su robo de la Casa Blanca y de donde puede depender su elección por un segundo período, comenzó la serie de guerras preventivas que hemos visto en televisión, primero Afganistán y luego Irak, y ahora amenaza a Siria, Irán y a otros en su lista de naciones que EE.UU. acusa de promover el terrorismo. Cuba, desde luego, está colocada injustamente en esa lista, pero la gente aquí lo toma en serio, como un pretexto preliminar para una acción militar de EE.UU. contra este país.

La Sociedad Civil y los Disidentes

Volviendo a la administración Reagan de principios de los años 80, en aquel entonces se tomó la decisión de que se requería más que las operaciones terroristas para imponer un cambio de régimen en Cuba. El terrorismo no había funcionado, ni la invasión de Playa Girón, ni el aislamiento diplomático de Cuba que había disminuido de a poco, ni el embargo económico. Ahora Cuba sería incluida en un nuevo programa mundial para financiar y desarrollar organizaciones no-gubernamentales y voluntarias, de lo que llegaría a ser conocido como la sociedad civil dentro del contexto de las políticas neoliberales globales de EE.UU. La CIA y la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) jugarían un rol crucial en este programa así como una nueva organización establecida en 1983: The National Endowment for Democracy (NED) (Fundación Nacional por la Democracia).

En realidad el nuevo programa no era tan nuevo. Desde su fundación en 1947, la CIA había estado profundamente implicada en el financiamiento secreto y en la manipulación de organizaciones voluntarias no-gubernamentales extranjeras. Esas vastas operaciones cubrían el globo y apuntaban a partidos políticos, sindicatos y asociaciones empresariales, organizaciones juveniles y estudiantiles, grupos femeninos, organizaciones cívicas, comunidades religiosas, sociedades profesionales, intelectuales y culturales a nivel global.

Por ejemplo, se realizaban continuamente operaciones mediáticas en prácticamente todos los países, a través de las cuales la CIA pagaba a periodistas para que publicaran sus materiales como si hubieran sido escritos por ellos. En el Directorio de Operaciones de la jefatura de la CIA, esas operaciones eran coordinadas con las divisiones de operaciones regionales por la División de Organizaciones Internacionales (IOD, por sus siglas en inglés), ya que muchas de sus operaciones eran de naturaleza regional o continental, incluyendo a numerosos países, y algunas eran incluso de alcance mundial.

A través de los años la CIA ejerció una inmensa influencia entre bastidores en numerosos países, utilizando a estos poderosos elementos de la sociedad civil para penetrar, dividir, debilitar y destruir las correspondientes organizaciones enemigas en la izquierda y, por cierto, para imponer cambios de régimen derrocando gobiernos indeseables. Tal fue el caso, entre muchos otros, en Guayana donde en 1964, después de 10 años de esfuerzos, fue derrocado el gobierno de Cheddi Jagan mediante huelgas, terrorismo, violencia e incendios perpetrados por agentes sindicalistas internacionales de la CIA. Aproximadamente al mismo tiempo, mientras yo estaba asignado en Ecuador, nuestros agentes en la sociedad civil, a través de manifestaciones de masas y disturbios civiles, provocaron dos golpes militares en tres años contra gobiernos civiles elegidos. Y en Brasil, a principios de los años 60, las mismas operaciones sindicales de la CIA se combinaron con otras operaciones en la sociedad civil en oposición al gobierno, y esas acciones de masas provocaron con el paso del tiempo el golpe militar de 1964 contra el presidente Joao Goulart, iniciando 20 años de represión política indescriptiblemente brutal. Pero el 26 de febrero de 1967, el cielo se vino abajo sobre el IOD y sus redes de la sociedad civil global. En esos días yo estaba de visita en la jefatura en Langley, Virginia, cerca de Washington, habiendo terminado 3 años en Ecuador y al punto de trasladarme al Uruguay.

Ese día el Washington Post publicó un amplio informe revelando un grandioso equipo de fundaciones, algunas fingidas, otras reales, que la CIA estaba utilizando para financiar sus redes globales no-gubernamentales. Esos arreglos financieros eran conocidos como «conductos de financiamiento». Junto con las fundaciones, se identificó a numerosas organizaciones receptoras, incluyendo algunas conocidas revistas intelectuales, sindicatos, e institutos de investigaciones políticas. Pronto los periodistas en todo el mundo completaron el cuadro con informes con los nombres y las operaciones en sus países que estaban afiliados a la red. Fueron los días más sombríos de la CIA desde el fiasco de Playa Girón.

El presidente Johnson ordenó una investigación y dijo que semejantes operaciones de la CIA debían terminar, pero en realidad nunca lo hicieron. La prueba son las exitosas operaciones de la CIA en Chile para provocar el golpe de Pinochet en 1973 contra el gobierno elegido de Salvador Allende. Allí combinaron las fuerzas de los partidos políticos de oposición, de sindicatos, de grupos empresariales, de organizaciones cívicas, de asociaciones de amas de casa y de los medios de información para crear el caos y el desorden, sabiendo que tarde o temprano los militares chilenos, fieles a la tradicional doctrina militar fascista en América Latina, utilizarían esa agitación para justificar la usurpación del poder gubernamental para restaurar el orden y eliminar a la izquierda. Las operaciones fueron casi una copia exacta de la desestabilización y del programa del golpe en Brasil 10 años antes. Todos recordamos el horror que siguió durante los años siguientes en Chile.

Saltamos al presente. Cualquiera que haya visto cómo se desarrolló la oposición de la sociedad civil al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela puede estar seguro de que las agencias del gobierno de EE.UU., incluyendo a la CIA, junto con la Agencia de Desarrollo Internacional (AID) y la NED, están coordinando la desestabilización y estuvieron detrás del golpe fracasado en abril de 2002, así como en la «huelga cívica» fracasada de diciembre y enero pasados. El Instituto Republicano Internacional (IRI, por sus siglas en inglés) del Partido Republicano, incluso abrió una oficina en Caracas. Véase abajo más información sobre la NED, el AID y el IRI en operaciones de la sociedad civil.

Para comprender cómo se manejan esas operaciones de la sociedad civil, lancemos un vistazo al lado burocrático. Cuando ingresé al curso de entrenamiento de la CIA, las dos primeras palabras que aprendí fueron disciplina y control. El gobierno de EE.UU. no era una institución caritativa, dijeron, y todo el dinero debe ser gastado para su propósito exacto, definido. El oficial de operaciones de la CIA, que yo iba a ser, es responsable por asegurar esta disciplina a través del control estricto del dinero y de los agentes a lo largo de toda la línea que hace los gastos. Las órdenes a los agentes en sus deberes y obligaciones deben ser claras e inequívocas, y el oficial debe impedir la malversación de dinero por un agente, más allá del salario acordado con el agente, exigiendo recibos por todos los gastos y todos los pagos a terceros. Las excepciones a esta regla requerían autorización especial.

En la CIA, las actividades para penetrar y manipular la sociedad civil son conocidas como Operaciones Encubiertas, y son regidas por reglamentos detallados. Requieren una solicitud de dinero en un proyecto conocido como Resumen de Proyecto, si la actividad es nueva, o una Solicitud de Renovación de Proyecto, si se va a continuar una actividad existente. El documento se origina sea en una estación en el extranjero o en la jefatura, y describe una situación existente; las actividades a realizar para mejorar o cambiar la situación ante los intereses de EE.UU.; un calendario para lograr objetivos intermedios y finales; los riesgos y la posibilidad de crisis (daños si es descubierta); y un presupuesto detallado con información sobre todas las organizaciones e individuos participantes, y las cantidades de dinero destinadas a cada cual. El documento también contiene un resumen de la situación de todo el personal de agentes que será involucrado, con referencias a sus procedimientos de aprobación de seguridad operativa y a la historia de su servicio a la Agencia. Toda la gente involucrada es incluida, desde las pretendidas agencias de financiamiento, como ser los funcionarios de una fundación, hasta cada intermediario y receptor del dinero. Además de estos detalles presupuestarios, una cierta cantidad de dinero sin receptores identificados es incluida bajo la rúbrica D&TO, [sigla en inglés] que significa Desarrollo y Objetivos de Oportunidad. El dinero de este fondo es utilizado para financiar nuevas actividades que se presenten durante el período de aprobación del proyecto pero, desde luego, siempre se requiere información detallada y aprobación de seguridad para todos los individuos que recibirían los fondos. También se exige una declaración sobre el subproducto de información de inteligencia que será obtenido a través de la operación propuesta. Así, se espera que el apoyo financiero a un partido político produzca información de inteligencia sobre la política interna del país anfitrión.

Los Resúmenes y Renovaciones de Proyectos pasan por un proceso de aprobación en varias oficinas, tales como la División de Organizaciones Internacionales, y según su grado de riesgo y costo, pueden necesitar aprobación fuera de la CIA, en los departamentos de Estado, Defensa, o Trabajo, o por el Consejo Nacional de Seguridad o por el presidente mismo. Cuando son finalmente aprobados, la División de Finanzas de la CIA adjudica el dinero y la operación comienza, o continúa si está siendo renovada. El período de aprobación y renovación es usualmente de un año.

Tanto la Agencia de Desarrollo Internacional como la NED tienen indudablemente requerimientos de documentación y procesos de aprobación similares a los de la CIA para el financiamiento de proyectos en las sociedades civiles de otros países. Todas las personas involucradas deben recibir aprobación previa a través de un proceso de investigación, y cada persona tiene tareas claramente definidas. Una comisión inter-agencias determina cuál de las tres agencias, la CIA, la AID, o la NED, o una combinación de las tres, debe realizar tareas específicas en las sociedades civiles de países específicos y cuánto dinero debe contribuir cada una. Todas las tres han estado obviamente trabajando para desarrollar una sociedad civil opositora en Cuba.

Hay que señalar que la altisonante Fundación Nacional por la Democracia, se originó en las operaciones clandestinas de la CIA y fue concebida después de las desastrosas revelaciones mencionadas anteriormente que se iniciaron el 26 de febrero de 1967. Dos meses más tarde, en abril de ese año, Dante Fascell, miembro de la Cámara de Representantes por Miami y muy amigo de la CIA y de los cubanos de Miami, junto con otros representantes, presentó un proyecto de ley que crearían una fundación “abierta” para realizar lo que había sido un financiamiento secreto de la CIA de los programas de la sociedad civil de organizaciones de EE.UU. (por ejemplo la Asociación Nacional de Estudiantes) o directamente de organizaciones extranjeras (por ejemplo el Congreso por la Libertad de la Cultura en París).

La idea de Fascell no prosperó, sin embargo, porque se rompió el enfoque conjunto de los dos partidos ante la política exterior que había prevalecido desde la administración de Harry Truman después de la II Guerra Mundial. Diferencias desde fines de los años 60 dentro y entre los dos partidos sobre la guerra en el sudeste asiático, luego en los años 70 respecto a Watergate y la pérdida de la guerra de Vietnam, y finalmente por las revelaciones de los complots de asesinato y otras operaciones de la CIA por comités de investigación del Senado y de la Cámara de Representantes, impidieron acuerdos y resultaron en varios años de aislacionismo. Sólo los éxitos de los movimientos revolucionarios en Etiopía, Angola, Namibia. Zimbabwe, Grenada, Nicaragua y otros sitios unieron a los “guerreros de la Guerra Fría” demócratas y a los “internacionalistas” republicanos para establecer en 1979 la Fundación Política Americana (APF, por sus siglas en inglés). La tarea de la fundación era estudiar la factibilidad del establecimiento a través de la legislación de una fundación financiada por el gobierno para subvencionar operaciones en el extranjero en las sociedades civiles a través de organizaciones no gubernamentales de EE.UU.

Dentro de la APF se establecieron cuatro grupos operativos para realizar el estudio, uno por los demócratas, otro por los republicanos, uno por la Cámara de Comercio de EE.UU., y uno por la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO). En su conjunto su trabajo fue conocido como el Programa Democracia. Consultaron a una vasta gama de organizaciones nacionales y extranjeras, y lo que consideraron más interesante fueron las fundaciones de los principales partidos políticos alemanes occidentales financiadas por el gobierno: la Friedrich Ebert Stiftung de los socialdemócratas y la Konrad Adenauer Stiftung de los democristianos. Cuando se establecieron esas fundaciones en los años 50, su tarea era edificar un nuevo orden democrático alemán, una sociedad civil basada en el modelo parlamentario occidental, mientras apoyaban la represión de los movimientos comunistas y de izquierda.

Desde el principio la CIA canalizó dinero a través de estas fundaciones a organizaciones y grupos no-gubernamentales en Alemania. Luego, en los años 60, las fundaciones comenzaron a apoyar a partidos políticos hermanos y otras organizaciones en el extranjero, y también canalizaron dinero de la CIA con el mismo fin. Al llegar los años 80 las dos fundaciones tenían programas activos en unos 60 países y gastaban unos 150 millones de dólares por año. Y lo más interesante era que operaban en un secreto casi total.

Una operación de la Friedrich Ebert Stiftung muestra lo efectivo que podían ser. En 1974, cuando el gobierno fascista de cincuenta años fue depuesto en Portugal, miembro de la OTAN, oficiales militares izquierdistas y comunistas se hicieron cargo del gobierno. En aquel entonces los socialdemócratas portugueses, conocidos como Partido Socialista, apenas pudieran haber reunido suficientes militantes para una partida de póquer, y todos vivían en París, sin seguidores en Portugal. Gracias a por lo menos 10 millones de dólares de la Ebert Stiftung, más fondos de la CIA, los socialdemócratas volvieron a Portugal, edificaron un partido de un día al otro, lo vieron crecer, y dentro de unos pocos años, el Partido Socialista se convirtió en el partido gobernante en Portugal. La izquierda se quedó marginada y desorganizada.

Ronald Reagan fue un partidario inicial e entusiasta del Programa Democracia, describiendo sus planes en un discurso ante el parlamento británico en junio de 1982. El nuevo programa, dijo, construiría una “infraestructura democrática” en todo el mundo siguiendo el ejemplo europeo de apoyo “abierto”, impulsando “la marcha de la libertad y la democracia...” Desde luego los programas alemanes eran cualquier cosa salvo “abiertos”, ni lo serían los programas de EE.UU. una vez que se iniciaran. En realidad, incluso antes de que el Congreso estableciera la NED, Reagan estableció lo que se llamó el Proyecto Democracia en la Agencia de Información de EE.UU. bajo la dirección del Departamento de Estado. Una Orden Ejecutiva secreta de aquel entonces, que pronto fue filtrada a la prensa, aseguró la participación clandestina de la CIA en el programa. Un subsidio inicial de 170.000 dólares fue aprobado para entrenar a funcionarios de los medios en El Salvador y en otros regímenes autoritarios derechistas sobre cómo tratar a la prensa de EE.UU. El programa salvadoreño sería realizado por la firma de relaciones públicas de Washington que había representado a la dictadura de Somoza.

En noviembre de 1983 el sueño de Dante Fascell terminó por hacerse realidad. El Congreso creó la Fundación Nacional por la Democracia y le dio para comenzar 18,8 millones de dólares para fomentar sociedades civiles en el exterior durante el año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 1984. Fascell se convirtió en miembro del primer Consejo de Directores de la NED. Mientras la CIA había canalizado originalmente dinero a través de una compleja red de “conductos”, la NED se convertiría ahora en un “mega-conducto” para que el dinero del gobierno de EE.UU. llegara a la misma sarta de organizaciones nogubernamentales que la CIA había estado financiando en secreto.

La Fundación Nacional Cubano-Americana fue, por supuesto, una de las primeras beneficiadas por los fondos de la NED. Desde 1983 a 1988, la CANF recibió 390.000 dólares para sus actividades anti-castristas. Durante el mismo período el comité de acción político especial (PAC) controlado por los directores de la CANF para financiar campañas políticas, dio una suma casi idéntica a las campañas de Dante Fascell y otros políticos amigos, una evidente compensación por fondos recibidos de la NED.

Legalmente, la NED es una fundación privada, sin fines de lucro, una ONG, y recibe una asignación anual del Congreso. El dinero es canalizado a través de cuatro «fundaciones centrales» establecidas siguiendo las líneas de los cuatro grupos de trabajo del Programa Democracia. Son el Instituto Nacional Democrático de Asuntos Internacionales (Partido Demócrata); el Instituto Republicano Internacional (Partido Republicano); el Centro Estadounidense de Solidaridad Laboral Internacional (AFL-CIO); y el Centro de Empresa Privada Internacional (Cámara de Comercio de EE.UU.). La NED también entrega dinero directamente a «grupos en el extranjero que trabajan por los derechos humanos, los medios independientes, la vigencia del derecho, y una amplia gama de iniciativas de la sociedad civil», (Cita del portal de la NED en la red, mayo de 2003.)

La categoría no-gubernamental de la NED presenta la ficción de que los receptores de dineros de la NED están recibiendo fondos «privados» en lugar de provenientes del gobierno de EE.UU. Es muy importante porque tantos países, incluyendo tanto EE.UU. como Cuba, tienen leyes relativas a sus ciudadanos pagados para realizar actividades para gobiernos extranjeros. EE.UU. especifica que un individuo u organización «sometidos al control extranjero», es decir, que reciben dinero e instrucciones de un gobierno extranjero, deben registrarse en el Ministerio de Justicia y presentar informes detallados de sus actividades, incluyendo sus finanzas, cada seis meses. Los cinco funcionarios de la inteligencia cubana fueron condenados por no registrarse según esta ley. Cuba tiene sus propias leyes que criminalizan las acciones que tiendan a poner en peligro su soberanía o su integridad territorial, así como toda acción que apoye los objetivos de la Ley Helms-Burton de EE.UU. de 1996, es decir, que reúna información para apoyar el embargo o para subvertir el gobierno, o para diseminar información gubernamental de EE.UU. para debilitar al gobierno cubano.

Los nuevos programas de Reagan en la sociedad civil comenzaron con un inmenso éxito en Polonia. Durante los años 80, la NED y la CIA, en operaciones conjuntas con el Vaticano, mantuvieron vivo y creciendo al sindicato Solidarnost cuando fue ilegalizado durante el período de ley marcial que comenzó en 1981. El programa fue acordado entre Reagan y el Papa Juan Pablo II cuando Reagan visitó el Vaticano en junio de 1982. Lo hicieron con información de inteligencia, dinero en efectivo, máquinas de fax, ordenadores, equipos de impresión y de copiado de documentos, grabadoras, televisores y vídeos, insumos y equipos de todos los tipos, incluso transmisores de radio y televisión. El sindicato se transformó en un partido político, y en 1989, alentados por el dirigente soviético Mikhail Gorbachov, Solidarnost tomó control del gobierno. Años más tarde, en mayo de 2001, el senador Jesse Helms presentó un proyecto de ley para asignar 100 millones de dólares para repetir en Cuba, dijo, los éxitos de la CIA, de la NED y del Vaticano en Polonia.

Esfuerzos semejantes para desarrollar una sociedad civil de oposición en Cuba ya habían comenzado en 1985, con los primeros subsidios de la NED a la CANF. Esos esfuerzos recibieron un refuerzo importante cuando se aprobó en 1992 la Ley de Democracia Cubana, mejor conocida como Ley Torricelli, que impulsó el apoyo a través de ONGs estadounidenses a individuos y organizaciones para programas que produzcan «un cambio democrático no-violento en Cuba». Una intensificación aún mayor vino con la aprobación en 1996 de la Ley de Libertad y Solidaridad Cubana, más conocida como la Ley Helms-Burton. Como resultado de estas leyes, la NED, la AID y la CIA, esta última no mencionada en público pero indudablemente participante, intensificaron sus programas coordinados orientados a la sociedad civil cubana. Uno se puede preguntar por qué se precisó de la CIA en estos programas. Hubo varias razones. Una razón, desde el comienzo, fue la larga experiencia y el inmenso equipo de agentes y de contactos en las sociedades civiles de países en todo el mundo de la CIA.

Al unirse con la CIA, la NED y la AID participarían en un continuo complejo de operaciones que podrían financiar, mientras dejan la dirección del trabajo secreto diario a los oficiales de la CIA. Además, alguien tenía que controlar e informar sobre la efectividad de las actividades de los receptores locales. La NED no tenía gente en el terreno para hacerlo, ni tampoco la tenían normalmente sus principales fundaciones. Y ya que el dinero de la NED era aparentemente privado, sólo la CIA tenía el personal y las técnicas para realizar un control discreto a fin de evitar que se comprometiera a los receptores de la sociedad civil, especialmente si eran opositores a sus gobiernos. Finalmente, la CIA tenía amplios fondos propios que podía transferir silenciosamente cuando las condiciones lo exigieran. En Cuba, la participación de oficiales de la CIA bajo cobertura en la Sección de Intereses de EE.UU. sería particularmente útil, ya que los fondos de la NED y de la AID irían a ONGs de EE.UU. que tendrían que encontrar caminos discretos, si fuera posible, para hacer llegar equipos y dinero a los beneficiados dentro de Cuba. La CIA podía ayudar bastante al respecto.

La evidencia sobre la cantidad de dinero que estas agencias han estado gastando en sus proyectos en Cuba es fragmentaria. Nada existe en público sobre los gastos de la CIA, pero lo que se encuentra fácilmente sobre las otras dos es interesante. El sitio en la red de la AID menciona 12 millones gastados en programas cubanos durante 1996-2001 (promedio por año 2 millones de dólares), pero para 2002 el presupuesto, ahora de Bush hijo, saltó a 5 millones de dólares más fondos no comprometidos de 3 millones de dólares de 2001, un total de 8 millones de dólares. Su presupuesto en 2003 para Cuba es de 6 millones de dólares, mostrando una triplicación de los fondos desde que la junta de Bush tomó el poder.

No es ninguna sorpresa considerando la cantidad de cubanos de Miami que Bush ha nombrado a puestos importantes en su administración. El dinero, según la AID, fue gastado «en la promoción de una transición pacífica a la democracia en Cuba». Desde 1996 a 2001 entregaron los 12 millones de dólares a 22 ONGs, todas aparentemente basadas en EE.UU., la mayoría en Miami. En 2002, la cantidad de ONGs de primera línea había disminuido a 12: The University of Miami, Center for a Free Cuba, Pan-American Development Foundation, Florida International University, Freedom House, Grupo de Apoyo a la Disidencia, Cuba On-Line, CubaNet, National Policy Association, Acción Democrática Cubana, y Carta de Cuba. Además, el Instituto Republicano Internacional del Partido Republicano recibió dinero de AID para un subsubvencionado, el Directorio Revolucionario Democrático Cubano, también de Miami.

Estas ONGs tienen un doble propósito: uno orientado a sus grupos equivalentes en Cuba y el otro dirigido al mundo, sobre todo a través de sus sitios en la red. Mientras por un lado llevan fondos y equipos a Cuba, por el otro lado difunden en el mundo las actividades y la producción de los grupos en Cuba. Cubanet en Miami, por ejemplo, publica los escritos de los «periodistas independientes» de la Asociación Independiente de Prensa de Cuba basado en La Habana, y envía dinero a los autores.

Es interesante que la AID afirma en su sitio en la red que sus «subvencionados no están autorizados a utilizar los fondos del subsidio para suministrar ayuda en efectivo a ninguna persona u organización en Cuba». Es difícil creer esa afirmación, pero si fuera verdad, todos esos millones son utilizados sólo para apoyar a la infraestructura de ONGs basada en EE.UU., una especie de industria ligera anti-castrista subvencionada, excepto por lo que puede ser entregado a Cuba en especie: ordenadores, faxes, máquinas copiadoras, teléfonos móviles, radios, televisores y grabadoras de vídeo, libros, revistas, etc.

En su sitio en la red la AID menciona 7 objetivos para el dinero: solidaridad con los activistas de los derechos humanos, difusión del trabajo de periodistas independientes, desarrollo de ONGs independientes, promoción de los derechos de los trabajadores, gestiones hacia el pueblo cubano, planificación de una futura ayuda a un gobierno de transición, y evaluación del programa. Cualquiera que quiera ver qué ONGs están recibiendo cuánto de los millones en cada uno de los programas puede verlo en http://www.usaid.gov/regions/lac/cu/upd-cub.htm.

La afirmación de AID de que sus ONGs subvencionados no pueden suministrar dinero a cubanos en Cuba, lleva a que uno se pregunte sobre los más de 100.000 dólares que los investigadores cubanos encontraron en posesión de los 75 disidentes juzgados, en su mayoría desocupados. Una pista puede encontrarse en la declaración de la AID de que «la política de EE.UU. alienta a las ONGs y a los individuos de EE.UU. a emprender actividades humanitarias, informativas y de edificación de la sociedad civil en Cuba con fondos privados…» ¿Podría ser que esos «fondos privados» sean dinero de la Fundación Nacional de la Democracia?

Recordemos la ficción de que la NED es una fundación «privada», una ONG. No tiene restricciones que limiten que sus fondos sean utilizados en pagos en efectivo al extranjero, y por casualidad financia la NED algunas de las mismas ONGs que la AID. Podemos estar seguros de que esto no resulta de una rivalidad o de falta de coordinación en Washington.

La razón es probablemente que los fondos de la NED pueden ser utilizados para salarios y otra compensación material para personas en el terreno en Cuba. Existe, después de todo, el nivel de organizaciones cubanas bajo las ONGs de EE.UU. en la cadena de mando y dinero, y estos son los individuos y los grupos en Cuba que corresponden en sus objetivos a los de las ONGs de EE.UU. Son cerca de 100 y tienen nombres [retraducidos del inglés al español] como Bibliotecas Independientes de Cuba, Todos Unidos, Sociedad de Periodistas Márquez Sterling, Asociación Independiente de Prensa de Cuba, Asamblea para la Promoción de la Sociedad Civil, y el Partido de los Derechos Humanos de Cuba.

Cada uno de los cubanos en estas organizaciones será totalmente identificado con sus tareas asignadas en la documentación de proyecto de AID, NED o la CIA que cubre la actividad, probablemente en un anexo confidencial, estén clasificados como activistas de los derechos humanos, periodistas independientes, bibliotecarios independientes, o distribuidores de material de información. El dinero, después de todo, no se entrega a fantasmas o espíritus, incluso al nivel más bajo. Ni se da a las ONGs de EE.UU. libertad para entregar el dinero a cualquier descontento que encuentren para que la reciba. Los usuarios finales (receptores finales) son beneficiarios designados por escrito igual como lo son las fundaciones centrales y las ONGs intermediarias estadounidenses.

El sitio en la red de la NED está convenientemente atrasado, y muestra sólo su programa para Cuba en 2001. Pero es instructivo. Sus fondos para actividades cubanas en 2001 totalizaron sólo 765.000 dólares si uno va a creer lo que dicen. Ese dinero se lo dieron a 8 ONGs en 2001 con un promedio de cerca de 52.000 dólares, mientras una 9ª ONG, el Instituto Republicano Internacional (IRI) del Partido Republicano recibió 350.000 dólares para el Directorio Revolucionario Democrático Cubano, basado en Miami como señaláramos anteriormente, para «fortalecer la sociedad civil y los derechos humanos» en Cuba. En contraste, esta ONG va a recibir $2,174,462 en 2003 de AID a través del mismo IRI. ¿Por qué iba a otorgarse la NED los montos inferiores y AID sumas tan inmensas, ambas canalizadas a través del IRI? La respuesta, aparte de la tajada del IRI, es probablemente que el dinero de la NED es destinado a los bolsillos de personas en Cuba, mientras que el dinero de la AID apoya las infraestructuras de las ONGs de EE.UU.

Según el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, en una conferencia de prensa del 7 de abril, y los agentes de la seguridad cubana que trabajaron dentro de los grupos disidentes que el Ministro mostró en imágenes cinematográficas, el dinero de EE.UU. llegó a los beneficiarios en Cuba disimulado como remesas telegráficas de familiares, en efectivo, mezclado con muchas remesas llevadas por correos conocidos como «mulas», y mediante pagos con el sistema Transcard de tarjetas de débito en Canadá para acreditarlo a tarjetas en posesión de los disidentes en Cuba. (Las tarjetas sirven para retirar fondos de los bancos cubanos.) Aunque el Ministro dijo que el Banco Central de Cuba ha seguido cuidadosamente el flujo de dinero a los disidentes, no reveló el monto total en un período dado, ni montos específicos a grupos o individuos  beneficiados.

Sean cuales sean los montos de dinero que llegaron a Cuba, todos los que trabajan en Cuba en los varios proyectos de disidentes saben que los auspicia y los financia el gobierno de EE.UU. y que su propósito es: el cambio de régimen. Lejos de ser periodistas «independientes», activistas «idealistas» de los derechos humanos, abogados «legítimos» del cambio, o «bibliotecarios privados», cada uno de los 75 detenidos y condenados fue a sabiendas un participante en las operaciones del gobierno de EE.UU. para derrocar al gobierno e instalar un orden político, económico y social diferente, favorecido por EE.UU.

Sabían que lo que estaban haciendo era ilegal, fueron descubiertos, y están pagando el precio. Todo el que piense que son prisioneros de conciencia, perseguidos por sus ideas o su expresión, o víctimas de la represión, simplemente no los ve como lo que son: instrumentos de un gobierno de EE.UU. que ha declarado que Cuba revolucionaria es su enemiga. No fueron condenados por ideas sino por acciones pagadas por cuenta de una potencia extranjera que ha mantenido una guerra de 44 años en diferentes grados de intensidad contra este país.

Pensar que los disidentes estaban creando una sociedad civil libre e independiente es absurdo, porque estaban financiados y controlados por una potencia extranjera hostil, y de manera total, y no eran libres o independientes en lo más mínimo. La sociedad civil que querían crear no era sólo su sociedad civil normal, de jardín, de fanáticos de las motos Harley o criadores de cachorros boxer, sino un movimiento político de oposición fomentado abiertamente por el gobierno de EE.UU. ¿Qué gobierno del mundo será tan autodestructivo como para permanecer simplemente pasivo mientras sucede algo semejante?

Los que estén interesados en comprender cómo funciona la promoción por EE.UU. de una «sociedad civil independiente» en un sector en particular, las bibliotecas privadas, puede encontrar un excelente informe presentado en noviembre de 2002 por Rhonda L. Neugebauer, bibliógrafa, Estudios Latinoamericanos, Universidad de California, Riverside, en el Consejo de la Costa del Pacífico sobre Estudios Latinoamericanos, East Los Angeles College. El estudio es el resultado de una amplia investigación, de visitas a bibliotecas privadas en Cuba y de entrevistas con sus propietarios, y un estudio del sistema estatal de bibliotecas en Cuba. Se incluyen descripciones del sistema de ONGs de EE.UU. que apoyan las bibliotecas privadas, su financiamiento por AID, y la información engañosa que presenta este sistema. [El informe será publicado por Rebelión separadamente.]

El Ministro del Exterior Pérez Roque, en su conferencia de prensa, dio un ejemplo de cómo trabajaban diversas operaciones. Mostró una secuencia filmada del juicio de Oswaldo Alfonso Valdés, presidente del Partido Liberal Democrático de Cuba, en el que Alfonso describió una reunión que tuvo con un funcionario de la AID y Vickie Huddleston, hasta mediados de 2002 jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, en la que discutieron cómo mejorar la manera como estaba recibiendo «recursos» para ocultar mejor que procedían del gobierno de EE.UU. En el film, Alfonso también reconoció haber recibido dinero y recursos materiales del gobierno de EE.UU. a través de organizaciones basadas en Miami.

Según la ley cubana, es ilegal ser pagado para ejecutar una política de EE.UU. hacia Cuba, y es en sí suficiente para ser condenado. El grupo mayoritario dentro de los 75, los 37 «periodistas independientes», escribían comentarios sobre Cuba para su publicación fuera del país utilizando Internet para su divulgación. Una de sus organizaciones en Cuba era la Asociación Independiente de Prensa en la que su presidente, Néstor Baguer, era un agente de la seguridad cubana que testimonió ante el tribunal. Miembros del grupo, dijo en testimonio presentado por el Ministro, escribían para el portal en la red Cubanet, basado en Miami, y se les pagaba a través del sistema de tarjetas de débito Transcard en Canadá, con la excepción de sumas mayores que eran llevadas por correo. Cubanet, a propósito, recibió 35.000 dólares de la NED en 2001 y va a recibir 833.000 dólares de AID en 2003. Baguer también testimonió que en visitas a la Sección de Intereses de EE.UU., él y sus colegas recibieron instrucciones sobre los tópicos a cubrir en sus materiales, tales como la escasez de medicinas, el tratamiento de pacientes en los hospitales, y el trato dado a los reclusos en las prisiones. Hablando en general, los «periodistas independientes» debían mostrar a Cuba en una perspectiva negativa en el exterior y justificar la continuación del embargo comercial. El Ministro Pérez Roque también mostró tres cartas fechadas en enero y marzo de 2001 dirigidas a Oswaldo Alfonso, el dirigente del Partido Liberal, de Carlos Alberto Montaner, un periodista exiliado que vive en Madrid y es presidente de la Unión Liberal de Cuba (miembro de la Internacional Liberal). Montaner es también miembro fundador de la Fundación Hispano-Cubana, un proyecto del partido gobernante conservador de España. Montaner está también estrechamente asociado con el trimestral cultural/político del exilio Encuentro de la Cultura Cubana basado en Madrid y financiado en parte por la NED (80.000 dólares en 2001).

Leyendo algunas cartas, Pérez Roque reveló que cada una de las tres cartas mencionaba dinero adjunto: 200 dólares, 30.000 pesetas y 200 dólares, estas últimas dos aparentemente de gente que Montaner y Alfonso conocen mutuamente. En la carta con las pesetas, Montaner escribió: “Muy pronto dos amigos españoles importantes te llamarán para hablar sobre el Proyecto Varela. Sugerí cinco nombres para fundar la nueva idea: Payá, Alfonso, Arcos, Raúl Rivero y Tania Quintero.” [retraducido del inglés]

Los lectores podrán sacar sus propias conclusiones sobre una posible influencia extranjera en el Proyecto Varela. Oswaldo Payá, por supuesto, es el disidente honrado por la Unión Europea con el Premio Sakharov de Derechos Humanos, por su dirección del Proyecto Varela.

Destacados en la indignación por la acción de Cuba contra los disidentes fueron los comentarios de lo buenas que se habían ido poniendo las cosas en los últimos años con la suavización de Fidel y su tolerancia de la comunidad disidente, y ¡de repente viene ESTO!

En realidad, el 20 de mayo de 2002 fue la encrucijada en la que en discursos en Washington y en Miami, Bush anunció su “Iniciativa para una Nueva Cuba”. Central en su “nuevo” plan, citando a Polonia como un pasado éxito, fue el anuncio de una ayuda aumentada y directa para “ayudar a construir la sociedad civil cubana”, conduciendo a un “nuevo gobierno” en Cuba. Me pregunto: ¿Sería ir demasiado lejos si digo que Bush estaba abogando por un cambio de régimen a través de los disidentes? Los cubanos no guardaron silencio sobre su interpretación.

El toque de difuntos para “nuestros muchachos” vino con la llegada en septiembre de 2002 de un nuevo Jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, el equivalente de un Embajador si Cuba y EE.UU. tuvieran plenas relaciones diplomáticos. James Cason es un diplomático de carrera del Departamento de Estado que ha servido sobre todo en países latinoamericanos; no parece amenazante al verlo, su cara rotunda es sólo un poco demasiado inflada, su papada lo hace parecerse a un cerdo Porky de algo más de 50 años de edad, con amplias gafas redondas sobre sus ojos semi-cerrados. Como si se hubiera permitido demasiados almuerzos de dos horas y no suficiente jogging. Otto Reich, fanático cubano-estadounidense y uno de los criminales no-acusados por Irán-Contra, que estaba sirviendo un nombramiento limitado al receso (léase: sin posibilidad de ser confirmado por el Senado) como Secretario Adjunto de Estado para América Latina de Bush, le dio el puesto a Cason y al parecer refregó mucha salsa picante en el trasero de su elegido.

Cason se abatió sobre La Habana como un super-inspirado agente policíaco federal del elenco de Gangbusters, con una tremenda actitud de prepotencia. Pero hay que reconocer su hazaña. Corrió por todo el ancho y largo de esta isla quemando a sus amigos disidentes, «nuestros muchachos», y sellando su suerte mientras lo hacía. Su descarado apoyo a la sociedad civil de Washington en Cuba pareció a todo el mundo como si quisiera que lo expulsaran como persona non grata en lenguaje diplomático. Hizo un show de unidad con los grupos en las provincias así como en La Habana; dio pases de 24 horas a la Sección de Intereses a sus favoritos, incluyendo a agentes de penetración cubanos, de libre acceso a Internet y otras instalaciones; asistió a reuniones en las casas de disidentes donde presentó el equivalente de conferencias de prensa a periodistas extranjeros; lanzó personalmente el ala juvenil del Partido Liberal; agasajó a disidentes en su residencia oficial, incluso acogió en su casa un taller de periodistas independientes durante un día sábado. Su conducta fue tanto más allá del protocolo diplomático aceptado que se podría decir que fue la madre de todas las provocaciones.

Pero la expulsión de Cason habría llevado a una nueva crisis con EE.UU. y los cubanos no cayeron en la trampa. Durante seis meses esperaron y vigilaron a través de sus infiltraciones altamente colocadas en la comunidad disidente de Cason. Y entonces decidieron actuar. Tenían la evidencia de las actividades criminales en apoyo de Helms-Burton y en violación de otras leyes contra la sedición, así que finalmente decidieron barrer de un golpe a toda la caterva de Cason. Y ahí se quedó en marzo, solito como jefe desnudo de una pandilla que desapareció. Por cierto, no ha habido ni un solo chillido de su parte desde la detención de sus acólitos.

No es difícil imaginarse la amargura en la prisión de los 75 «muchachos nuestros» que reflexionan sobre lo estúpido que fue dejarse llevar por los aspavientos de Cason. Así que ahora Cason y su personal, incluyendo a los oficiales de la CIA y de AID tienen que comenzar de nuevo, prácticamente por el principio. Pero ¡eh!, compinche, cuidadito con el que reclutas. Puedes estar enorgulleciéndote mañana por otro miembro de los fieles de Fidel. Nunca se sabe, ¿no es cierto? Piensa en eso la próxima vez que presentes las solicitudes de aprobación de seguridad de tu próxima generación de disidentes.

Sin duda alguna, los cubanos ponderaron el precio que tendrían que pagar con amigos y enemigos antes de tomar la decisión de actuar. Y sabían que tenían mucho que perder. El movimiento en EE.UU. para terminar el embargo y la prohibición de viajes, en el Congreso y en la calle, haría una rápida marcha atrás por todas las deformaciones mediáticas. El ingreso de Cuba al Acuerdo de Cotonou para el comercio preferencial y la ayuda con la UE seguramente sería congelado, lo que así sucedió. Además, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU se estaba reuniendo en ese momento en Ginebra, y EE.UU. estaba haciendo lo posible, con amenazas y sobornos, por lograr la aprobación de una moción de condena a Cuba por violaciones de los derechos humanos. Al final, no la  obtuvieron, pero el gobierno cubano también estaba dispuesto a tomar ese riesgo.

Con tanto en juego, el momento decidido por la dirección cubana para tomar acción provocó una intensa especulación. En realidad, la comunidad disidente, incluyendo a los encarcelados, nunca ha constituido una amenaza para la revolución, y Cuba podría haber continuado indefinidamente tolerando, infiltrando y controlando las actividades ordenadas por el gobierno de EE.UU. Pero ese gobierno podría haberlo considerado como un signo de debilidad, y eso es lo último que uno quiere que piense un Grendel. Además, había una dimensión política interna importante en la tolerancia de las insultantes provocaciones de Cason porque eran tan ampliamente conocidas aquí. Había ido tan lejos que la gente en general se sorprendía de la tolerancia del gobierno. Esto también podría ser visto como debilidad por los partidarios de la revolución. Así que decidieron pararlo en seco de una vez por todas y enviar un mensaje a sus demás protegidos, para extender algo la connotación protectiva en el contexto cubano. En 1996 el gobierno había detenido los vuelos sumamente notorios de los Hermanos al Rescate al derribarlos, sobre todo por razones políticas internas, sabiendo perfectamente bien que habría que pagar un precio internacional. Así que también en 2003 decidieron utilizar la firmeza ante el Gran Teatro de Cason a pesar de la opinión internacional. Como en los derribos, es muy probable que la política interna cubana, no las reacciones internacionales, determinaron la oportunidad.

Las Tres Ejecuciones El secuestro del ferry del puerto de La Habana, el Baraguá, no podría haber ocurrido en un peor momento. Fue el 7º secuestro en 7 meses y ocurrió el 2 de abril, un día antes del comienzo de los juicios de los disidentes, facilitando la tarea de los enemigos de Cuba, y de no pocos de sus amigos, de asociar los dos eventos dispares en una sola «ola de represión».

El ferry no era más que una barcaza autopropulsada de bajo calado, con una cabina, segura sólo para las aguas calmas del puerto, y esa noche había a bordo unas 50 personas, incluyendo niños y turistas extranjeros. Los secuestradores armados la llevaron a alta mar con un peligrosísimo viento de fuerza 4, se les acabó el combustible, y amenazaron por radio con comenzar a echar a sus rehenes al agua si no se les daba suficiente combustible para llegar a la Florida. Lo extraordinario es cómo los guardacostas cubanos convencieron a los secuestradores para que aceptaran que se remolcara al ferry, que iba a la deriva, al puerto de Mariel donde las fuerzas especiales montaron una trampa y los buzos se prepararon para el rescate. Después de muchas horas de enfrentamiento, todo terminó en menos de un minuto cuando una francesa repentinamente se lanzó al agua seguida masivamente por los demás rehenes y los secuestradores. Los rehenes fueron todos rescatados y los secuestradores fueron rápidamente detenidos.

En el juicio el estado solicitó, y obtuvo, la pena de muerte para los tres cabecillas del secuestro, decisión confirmada por una corte de apelaciones, porque se trataba de un acto terrorista de extrema gravedad, aunque nadie fue herido. Luego, el Consejo de Estado tenía que ratificar o conmutar la pena. ¿Debía Cuba terminar su moratoria de casi tres años de ejecuciones? ¿Debían provocar la condena del movimiento mundial contra la pena de muerte? ¿Debían demorar su decisión y dejar a esos individuos esperando en el corredor de la muerte durante un tiempo –no 15 a 20 años como en EE.UU., sino por lo menos unas pocas semanas para no demostrar demasiada prisa? ¿O debían conmutar a prisión perpetua y mostrar clemencia?

Francamente, por oponerme a la pena de muerte, pensé que una combinación de las últimas dos alternativas sería lo mejor: esperar y conmutar. Pero yo no sabía que en ese momento las fuerzas de seguridad cubanas estaban investigando otros 29 complots de secuestro.

Desde el punto de vista del Consejo de Estado seguramente parecía constituir el comienzo de una ola de secuestros alentados como siempre por la Ley de Ajuste Cubano de 1966 y la política que discrimina contra todos los inmigrantes ilegales no-cubanos. Particularmente insultante para Cuba es el tratamiento de héroes que han recibido los secuestradores en Florida y el hecho que si un piloto lleva allí intencionalmente un avión y pasajeros, no es considerado como secuestrador y no es culpable de otra cosa que malversación de propiedad.

Si hay un principio al que Cuba siempre ha adherido, por lo menos desde la crisis de los misiles de 1962, es el de no dar jamás a EE.UU. un pretexto para la acción militar. Otro éxodo de Mariel o una crisis de balseros, podría Cuba evitar. Pero una ola de secuestros constituiría precisamente un pretexto semejante, como razonó Fidel más adelante, para imponer un bloqueo naval de EE.UU., una campaña generalizada de bombardeos, y una invasión directa. Tenían que detener de inmediato los secuestros, y tenía razón. El 25 de abril el jefe del Buró Cubano del Departamento de Estado informó al Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington que Estados Unidos considera que cualquier nuevo secuestro constituiría una amenaza seria a la seguridad nacional de EE.UU. Entender que «uno más y tomamos una acción militar» no sería paranoia.

Pero el Consejo de Estado no tuvo que esperar esas noticias. Ya lo sabía.. Ratificó las sentencias el 10 de abril, y fueron llevados a cabo a la mañana siguiente. Se puede encontrar defectos en la decisión cubana por el principio de «no a la pena de muerte bajo cualquier circunstancia», pero el hecho es que Cuba es uno de los más de 100 países que la contemplan en su legislación. Acababan de ver lo que las bombas y misiles de EE.UU. habían hecho con Bagdad, vieron que el meticuloso trabajo de dos generaciones de cubanos estaba en peligro, incluyendo sus centros de ciencia y tecnología, sus instituciones educacionales, hospitales y clínicas, su patrimonio cultural histórico, pero lo más importante era que miles de cubanos serían muertos o lisiados. Y no confundieron a los secuestradores con los disidentes. Eran delincuentes que se habían convertido en terroristas y que habían amenazado muchísimo más que a sus 50 rehenes.

No fue ninguna sorpresa para Cuba cuando, al ocurrir las ejecuciones y la condena de los disidentes casi al mismo tiempo, se desató el huracán en todo el mundo. Parecían estar preparados hasta cierto punto, pero se pudo sentir un cierto impacto cuando antiguos amigos de la revolución como Eduardo Galeano y José Saramago se unieron al coro de condena. Se les agregaron Chomsky, Zinn, Albert, Davis, Dorfman y otros, cuyas obras son tesoros en mi biblioteca, que firmaron la superficial declaración del grupo estadounidense Campaña por la Paz y la Democracia: «Nosotros los abajo firmantes protestamos enérgicamente contra la actual ola de represión en Cuba… [contra los disidentes]… por sus actividades políticas no-violentas…» Como si los disidentes no son lo mismo que el terrorismo, el embargo, y la guerra psicológica como instrumentos en la interminable campaña de Washington para convertir a Cuba en otro vasallo de EE.UU. Si eso es lo que quieren para Cuba, allá ellos. Pero sería una lástima si hubieran firmado sin  pensar.

Unas pocas semanas después de las ejecuciones y los juicios de los disidentes, en la concentración del 1 de mayo de más de un millón de personas en la Plaza de la Revolución en La Habana, el reverendo Lucius Walter, uno de los activistas más efectivos y dedicados de la solidaridad con Cuba en EE.UU., hizo un elegante llamado para que Cuba aboliera la pena de muerte. Fidel respondió con aprecio, diciendo sólo que se estaba estudiando una tal acción. Pero menos de 3 semanas más tarde, otro grupo de 8 secuestradores armados, detenidos antes de que se apoderaran de un vuelo el 10 de abril, fueron juzgados y sentenciados. A pesar de su condena por terrorismo y violencia, los cabecillas fueron sentenciados a cadena perpetua y los demás a entre 20 y 30 años.

Los lectores notarán que no hemos considerado el importante aspecto legal y de derechos humanos del debido proceso en estas páginas. Entre las críticas tanto del caso de los disidentes como del de los secuestradores hubo imputaciones de que los acusados fueron condenados injustamente sin darles la oportunidad de una defensa legal adecuada. El problema al confrontar este aspecto no ha sido facilitado por la falta de información publicada sobre los procesos. Por ejemplo, no he encontrado una cronología pública en ninguno de los 75 casos desde el momento del arresto hasta la apertura del proceso, que incluya fechas y horas para eventos tales como el arresto, la presentación de acusaciones, y las sesiones pasadas por el acusado con un abogado defensor en preparación para el juicio.

Tampoco han sido publicadas las acusaciones escritas ni la respuesta de los acusados y sus declaraciones, ni las decisiones de los jueces, con la excepción de las sentencias. Esta falta de información impide la evaluación del debido proceso.

Sin embargo, el Ministro de Relaciones Exteriores se esforzó por tratar esas críticas en su conferencia de prensa de más de tres horas el 7 de abril, subrayando los orígenes en la colonia española de los procedimientos del juicio sumario y su amplio uso en el mundo actual. También dijo que en los 29 juicios (algunos procesos tuvieron más de un acusado) participaron 54 abogados, de los cuales 44 fueron escogidos por los acusados y 10 nombrados como defensores públicos por los tribunales, agregando que varios abogados defendieron a más de un acusado. Lo más importante es que dijo que los acusados pudieron testimoniar ante el tribunal, respondiendo a las acusaciones y participando en las repreguntas. Recalcó la cantidad de personas que pudieron asistir a los juicios, sobre todo familiares, con un promedio de 100 observadores por juicio. A pesar de ello, la falta de información completa sobre los procedimientos de la acusación y del juicio ha dejado la puerta abierta para las acusaciones de falta de un proceso debido, acusaciones que no podrán ser aclaradas hasta que los tribunales suministren más detalles.

Epílogo

En Washington, a pesar del ojo morado que piensan que Cuba se ha dado, los partidarios en el Congreso de la legislación para terminar o aligerar el embargo y abolir la prohibición de viajes se están movilizando nuevamente con la introducción de nueva legislación con ese fin. Aunque la mayoría condenó los eventos de abril, se están ateniendo a sus principios, sobre todo en la creencia de que los estadounidenses que vayan a Cuba van a cambiar a los cubanos. A través de los años he visto que ocurre exactamente lo contrario, pero el fin de la prohibición de viajar es ciertamente valioso, sea cual sea la razón.

La administración Bush, llena como está de cubano-estadounidenses de la línea dura, continúa aumentando la presión con la expulsión de 14 diplomáticos cubanos en Washington y Nueva York por vagas acusaciones de espionaje. Evidentemente es una decisión política, no de seguridad nacional: alguien en el FBI dejó filtrar la información que la Casa Blanca parece haber dicho al Departamento de Estado que expulse cubanos, y que el Departamento de Estado le pidió algunos nombres al FBI. La fuente del FBI agregó que ninguno de los cubanos había sido objeto de una investigación actual por espionaje. A la inversa, los representantes cubano-estadounidenses de Miami en el Congreso, Ros Lehtinen y Díaz Balart, se quejan abiertamente de que Bush no atiende sus llamados exigiendo un rápido fin del problema de Cuba de una vez por todas.

En Miami, todas esas ONGs que están chupando las tetillas de AID y de la NED para mantener funcionando su industria anticastrista, junto con su confortable modo de vida, tendrán que volver a sus ordenadores y preparar nuevos planes para la sociedad civil en Cuba. Tendrán que buscar la manera de salvar sus frentes equivalentes en la isla y más cubanos con pocos escrúpulos y suficientes instintos autodestructivos como para aceptar su dinero.

Aquí en La Habana, James Cason haría bien si se fuera disimuladamente para consultas de vuelta al Departamento de Estado y se jubilara silenciosamente. Después de todo, llevó a que 75 de «nuestros muchachos» fueran encerrados, algunos por bastante tiempo, y todo el dividendo propagandístico que resultó de su servicio a Reich no compensa de ninguna manera este hecho. Está liquidado en el Servicio Exterior, aunque estaba realizando las órdenes de Reich, porque Cason, no Reich, es el que va a pagar el precio. Pero, claro, podría ser que encontrara una jugosa nueva carrera anticubana con una de las ONGs de Miami.

En la Sección de Intereses de EE.UU., los funcionarios del Departamento de Estado, de AID y de la CIA tendrán que comenzar ahora la búsqueda de sangre fresca, enviando nombres y antecedentes para aprobación de seguridad sobre personas dispuestas a trabajar con las ONGs de Miami siguiendo los pasos de los 75, y el servicio de seguridad cubano seguramente les ayudará con candidatos prometedores, como siempre lo ha hecho en el pasado.

¿Y nosotros?

La amenaza de guerra contra Cuba de parte de Bush y su círculo de cruzados, todos ellos enloquecidos de pretensiones después de Irak, es real. Una campaña militar contra Cuba, coincidiendo con la campaña electoral de 2004, ya iniciada, puede ser el único camino por el que Bush puede esperar que sea por fin elegido, aunque sólo sea para su segundo período. Y cada día que pasa la economía trabaja en su contra, sin indicios de que vaya a mejorar para 2004. Sabe que la economía arruinó la campaña de reelección de su padre en 1992, y bien puede llegar a la conclusión de que el logro de su misión divina de extender el control militar de EE.UU. al mundo entero requerirá una crisis muy cerca de casa.

El momento de movilizarse contra esa guerra es ahora, y no se puede perder un solo día.

La Habana, mayo de 2003.
Traducido para Rebelión por Germán Leyens.
(Adaptado de las conferencias de Agee para los Talleres Internacionales por la Paz que serán realizados por el Movimiento Cubano por la Paz, junio a octubre de 2003 –véase
www.cubalinda.com).

Tomado de Rebelión.

 

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© La Jiribilla. La Habana. 2003
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