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CUBA:
TIERRA SANTA DE LOS ORISHAS
Del
7 al 13 de julio de 2003 tuvo lugar en el palacio de las
Convenciones de La Habana el Octavo Congreso Mundial de
la Tradición y Cultura Orisha. En esta labor de
resistencia cultural, las religiones hicieron la función
de núcleos duros, permitiendo la pervivencia de la
lengua, la música, los bailes, los cantos...
Mirta Fernández Martínez
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La Habana
Del 7 al 13 de julio de 2003 tuvo lugar en el palacio de
las Convenciones de La Habana el Octavo Congreso Mundial
de la Tradición y Cultura Orisha. El mismo estuvo
presidido por el reconocido escritor, profesor
universitario, y destacado babalawo, Dr. Wande Abimbola,
presidente de la Asociación Internacional Yorubá; por el
jefe yorubá y también babalawo de alta jerarquía, Dr.
Omotoso Eluyemi, vicepresidente de la Asociación
Internacional yorubá, y por Antonio Castañeda,
presidente de la Asociación Cultural Yorubá de Cuba.
Estuvieron presentes en la inauguración los miembros del
gobierno cubano Ricardo Alarcón de Quesada, presidente
de la Asamblea Nacional del Poder Popular y Juan Contino
Aznar, presidente de la Asamblea Provincial quien
realizó el discurso de bienvenida. La clausura del
Congreso fue realizada por Abel Prieto, Ministro de
Cultura de Cuba, quien destacó la importancia de la
presencia de África en Cuba, en la base misma de nuestra
cultura.
En este
encuentro tuvieron la oportunidad de exponer y discutir
aspectos de la cultura y la religión de los orishas un
elevado número de babalawo, oriaté, padres y madres de
santo y creyentes procedentes de Nigeria, Benin,
Estados Unidos, Canadá, España, Brasil, Colombia,
Venezuela, México, República Dominicana y Haití.
Cuba
tuvo el honor de ser la sede del Octavo Congreso Mundial
porque es una de las plazas fuertes de la Santería o
Regla de Osha, religión cubana de antecedentes yorubás.
La
religión de los orishas vive en Cuba desde hace siglos.
Con la entrada de esclavizados de origen lukumí,
llamados más tarde yorubá, entraron también su
pensamiento, su visión del mundo, sus formas de vivir y
sus creencias religiosas. Estos hombres y mujeres
llegados entre cadenas defendieron su identidad agredida
por las normas establecidas por el sistema colonial
esclavista: cosificación del hombre y la mujer africanos
que se convirtieron en una mercancía objeto del
comercio, un instrumento de trabajo al cual les estaba
prohibido hablar en su idioma, practicar su religión,
reproducir su sociedad.
No
obstante, supieron transgredir estas prohibiciones
mediante estrategias de enmascaramiento que les
permitieron la conservación y la práctica de elementos
esenciales identitarios. En el secreto de los barracones
y los montes cantaron sus canciones, adoraron a sus
dioses, hablaron en sus idiomas cuando les era posible.
En esta
labor de resistencia cultural, las religiones hicieron
la función de núcleos duros, permitiendo la pervivencia
de la lengua, la música, los bailes, los cantos, las
plegarias, los proverbios, los relatos, cuentos, fábulas
y poemas cantados, de los instrumentos musicales y
también el uso de hierbas y «palos» del monte en
medicinas y usos religiosos, así como comidas y bebidas.
Gracias
a la transmisión y conservación de los conceptos del
pensamiento mítico‑mágico‑religioso lucumí, de sus
formas de simbolismo religioso, a que sus mitos,
leyendas, concepciones cosmogónicas, ceremonias y
rituales conservan una gran fidelidad a sus orígenes,
podemos afirmar que hoy, en el siglo XXI, la Santería o
Regla de Osha posee un alto grado de «yorubidad». Sin
embargo, consideramos que ya es una religión cubana
debido a que los africanos tuvieron que recrear lo que
habían dejado atrás transculturando muchos elementos,
adaptando otros y porque su práctica cotidiana por
muchas generaciones de cubanos las han hecho nuestras.
La Regla de Osha o Santería es un complejo
socio-cultural-religioso, porque al igual que otras
religiones de origen africano, desbordan los límites de
la religión para formar parte de nuestra sociedad,
nuestra cultura y por ende de nuestra identidad
nacional.
En
encuentros, talleres y congresos anteriores celebrados
en Cuba lo que ha centrado la atención de los
especialistas y participantes es el grado mayor o menor
de sincretismos con la religión católica y si estos
existen o no en las estructuras profundas de la
religión y en los ritos de iniciación. Un amplio sector
de los especialistas rebautizó a la Regla de Osha o
Santería y a otras religiones de origen africano en
Cuba con el nombre de religiones sincréticas. Se ha
objetado por parte de los religiosos que a pesar de que
existan sincretismos producto de las condiciones
históricas concretas en las que en el pasado tuvieron
que practicar su religión bajo el disfraz del
catolicismo, en realidad este tipo de sincretismos se
queda en la superficie y cuando se producía, lo que
ocurría en la mayoría de los casos era una nueva lectura
de símbolos y rituales católicos y en otros una
superposición estructural o una imbricación de
creencias. No obstante, se sabe que en los rituales de
iniciación se conservan las formas africanas y los
dioses que van a la cabeza de los creyentes no son los
católicos, sino los orishas africanos.
En los
últimos años se han intensificado los contactos entre
los creyentes y dignatarios de la Santería cubana con
los yorubá y, poco a poco, se ha ido conociendo la
evolución de la religión en Nigeria y se ha producido
la comparación con la evolución en Cuba después de
siglos de haberse producido su entrada en la Isla.
En la
actualidad, el debate entre los creyentes y los
sacerdotes de esta religión se encuentra en otro nivel.
Muchos se interrogan sobre la relación que existe entre
la Regla de Osha o Santería cubana y la práctica actual
de la religión de los orishas entre los yorubá en
Nigeria; otros religiosos consideran necesario
actualizar la Santería efectuando una vuelta a las
raíces, yorubizándola, mientras que otro pequeño sector
va más lejos: pretende borrar el pasado y todo lo que
tenemos y comenzar de nuevo creando una nueva tierra
religiosa yorubá en Cuba. Sin embargo, la inmensa
mayoría de los creyentes, babaloshas, iyaloshas, oriatés
y babalawos siguen considerando a la Santería o religión
criolla de los orisha como una religión sagrada, plena
del ashé de los dioses africanos que por tantos siglos
han mantenido su presencia entre nosotros, defendiendo
el legado que con inmenso amor nos dejaron nuestros
antepasados ancestrales africanos y considerando a Cuba
como una tierra santa de los orishas.
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