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HISTORIA EN LINÓLEO, CON CREATIVIDAD
La serie de grabados en linóleo que reúne el libro
Fidel y el Moncada vistos por Canet, constituye un
hermoso homenaje al aniversario 50 del asalto al
cuartel Moncada. Más de medio siglo de historia de
Cuba podemos «leer» en los grabados que los conforman.
Marta
Rojas
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La Habana
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«Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de
su centenario [...].»
Fidel Castro Ruz
(La historia me absolverá) |
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La serie de grabados en linóleo que reúne el libro
Fidel y el Moncada vistos por Canet, constituye un
hermoso homenaje al aniversario 50 del asalto al
cuartel Moncada, ocurrido el 26 de julio de 1953, en
Santiago de Cuba.
Al proyecto original,
concebido para una exposición, se sumaron otras estampas
que lo enriquecieron como creación artística y documento
para la historia. Con el mismo título el artista Antonio
Canet había expuesto el tema en la Casa de Cultura de la
Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), en
Tlalpan, México D.F. en el 2002.
Grabador por
excelencia y pintor, Canet escogió esta manifestación
plástica para trazar las imágenes dedicadas al presente
y la posteridad. Su obra resume ese segmento fundamental
de la memoria histórica de Cuba y la organiza en varios
tiempos: los años antes del Moncada, la república
mediatizada y turbulenta, basada en lo que él llama «mi
lectura gráfica de lo que dice Fidel Castro en La
historia me absolverá; el golpe de Estado perpetrado
por Fulgencio Batista; la respuesta inmediata de Fidel
en 1953, año del Centenario del Apóstol de la
Independencia, José Martí, y el asalto al cuartel
Moncada. Sigue la secuencia con la expedición del
Granma (1956), emprendida desde el puerto de Tuxpan,
en Veracruz, México; la lucha insurreccional en la
Sierra Maestra, y aspectos trascendentes de la gesta y
de las transformaciones radicales, propiciadas por la
Revolución cubana. No escapan otras figuras-símbolo de
la epopeya.
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Canet
reproduce con pulso certero, haciendo gala de su estilo
artístico, escenas del juicio que culmina con el alegato
La historia de absolverá; y con precisa línea
muestra en sus grabados al joven abogado Fidel Castro
ejerciendo su doble condición de acusado y acusador, de
modo tal que revierte a favor de los revolucionarios la
aparente victoria de la tiranía, lograda «gracias» al
número de prisioneros asesinados. Un Fidel que obligó al
tribunal a romper las esposas que ataban sus muñecas y
demostró, con tal gesto de protesta, que la represalia
enemiga había sido quebrantada.
Aunque el asalto al Moncada resultó —desde el punto de
vista militar— un revés táctico o un fracaso militar,
muy pronto su líder y los compañeros sobrevivientes de
la acción lo habrían de convertir en un triunfo
estratégico sin precedentes. El momento crucial de ese
cambio de situación lo encontramos en ese juicio, el 16
de octubre del propio año, cuando el doctor Fidel Castro
pronunció su alegato de autodefensa, conocido como La
historia me absolverá: las denuncias de las torturas
horrendas y los asesinatos de los prisioneros en las
mazmorras del Moncada, hechas por los que lograron
conservar la vida con la solidaridad del pueblo en la
ciudad y las montañas cercanas —entre ellos Fidel–, y
los cuestionamientos planteados por este, en su
condición de abogado, alcanzaron la victoria
estratégica. La lucha futura contaría, a partir de ese
momento, con un instrumento teórico-político que se
convirtió de hecho y derecho cívico en el Programa del
Moncada o Programa de la Revolución. En realidad estaba
comenzando un verdadero proceso revolucionario, se
trataba del impulso inicial, indetenible.
El
alegato también presentaba una panorámica nítida de lo
que era la Cuba neocolonial, y esbozaba cuáles serían
las leyes que pondría en vigor una revolución
triunfante. Desde el punto de vista jurídico se trata de
una pieza antológica en la historia de Cuba, y Canet la
asume, recrea y sintetiza en sus grabados.
Sus obras han sido expuestas en países tanto de América
Latina como de Europa y Asia,
y, desde luego, Cuba, la nutricia Cuba, en
especial el pueblo habanero de Casablanca, donde nació.
Canet ama la Historia y su personalidad lo llevó a
sumergirse en ella. Después de estar en un apartamento
situado en plena urbe habanera, optó por vivir en el
ultramarino pueblo de Regla. Para él el summum
era irse a «saborear» el ambiente de la casa y ciudad
donde vivía el impresor Eduardo Facciolo, considerado el
primer mártir de la prensa cubana, a principios del siglo XIX, porque «un lugar así
era a lo que había aspirado siempre», dice a sus amigos
más cercanos, como si fuera demasiado privilegio para
él. La casa de Facciolo, él y su obra, se funden en un
solo proyecto cultural cubano.
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