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¿LA SANTERÍA: AFRICANA,
CUBANA, AFROCUBANA?:
ELEMENTOS PARA EL
DEBATE
Tomás Fernández Robaina|
La
Habana
I
A modo
de introducción: En el presente capítulo se analiza la
valoración de las culturas y religiones africanas
efectuadas por Juan René Betancourt, Gustavo Urrutia, y
Fernando Ortiz, entre otros, con la finalidad de hallar
semejanzas, diferencias y la vigencia de algunas de esas
consideraciones. Para ello he rastreado fuentes
documentográficas: periódicas, libros, folletos y
realizado encuestas e investigaciones de terreno entre
santeros, babalaos y aleyos para intentar precisar la
africanidad o cubanidad de la santería, o al menos
determinar los elementos característicos que la pueden
calificar como un fenómeno eminentemente cubano. Con ese
propósito arribamos a conclusiones que permitirán
enjuiciar mis puntos de vista sobre este apasionante y
debatible tema.
II
En 1955
Juan René Betancourt publicó su "Doctrina Negra"(1),
el cual no es mencionado en la mayoría de los libros que
estudian los movimientos sociales como tampoco aparece
en los que tratan sobre la cultura y la historia del
negro en Cuba(2).
En 1959
circuló su "El negro: ciudadano del futuro"(3)
en donde consolida su pensamiento y señala la estrategia
que debía seguirse para lograr el tan necesario
desarrollo del sector de la población cubana más urgido
de reivindicaciones sociales, políticas y culturales. En
este título incluyó algunos artículos escritos en las
primeras semanas de ese año; en ellos expresaba su apoyo
a la Revolución triunfante; a la vez llamaba la atención
sobre la necesidad de que el nuevo gobierno hiciera
saber la posición que asumiría para combatir la
discriminación y los prejuicios raciales(4).
La
omisión de tales obras, tanto como de análisis de su
pensamiento en los textos que han abordado el estudio de
las relaciones raciales en Cuba, ha obedecido a su
doctrina, clasificada de racista por Elías Entralgo(5)
en el prólogo de la edición de 1959; También ha
contribuido a este general desconocimiento de sus ideas,
el haberse radicado en el extranjero y no haber
continuado, aparentemente, con la misma intensidad que
en la Isla, su lucha en pro de los derechos del negro(6).
III
Un caso
similar, en cuanto al desconocimiento que existe acerca
de su obra y pensamiento, lo tenemos con Gustavo
Urrutia(1881-1958)(7),
a pesar que El Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén
(1902-1989?) declaró en cierta ocasión que él le debía
mucho a Urrutia en cuanto a su formación y a la
divulgación de su obra(8).
Urrutia ejerció el periodismo por más de treinta años y
fue el creador de la columna y de la página dominical
"Ideales de una Raza" que apareció desde abril de 1928
hasta 1931(9);
a partir de entonces continuó sus colaboraciones desde
la columna "Armonías", una de las secciones dominicales
de los "Ideales de una raza".
A
diferencia de Betancourt, Urrutia no publicó un libro
con sus ideas en los que expresaba sus conceptos para
encauzar la lucha social del negro cubano. Solo se
cuenta con los folletos: "Cuatro charlas radiofónicas"(10)
(1935), "Puntos de Vista del Nuevo Negro"(11)(1937)
y el" Problema Negro en Cuba"(1936?)(12),
los cuales son una rareza bibliográfica. Después de su
muerte, Gastón Baquero(13)
comenzó a preparar la publicación de los escritos más
importantes de Urrutia, pero el triunfo revolucionario,
y la salida también del país de Baquero ocasionaron que
Urrutia fuera olvidado, y apenas conocido entre los que
se han interesado en la investigación de la historia
del negro en Cuba. Pero a él sí se le cita en algunos
textos, como los de: Rosalie Schwarz(14),
Isabel y Jorge Castellano(15),
entre otros, pero no se abordan sus ideas esenciales,
sobre todo en cuanto al fenómeno de la cultura
afrocubana, expresados de manera muy clara en sus
"Cuatro Charlas Radiofónicas", en donde señala que:
Y puesto
que a la rama negra del pueblo de Cuba es a quien se le
suele imputar insidiosamente un ancestro salvaje y
bárbaro; y como es al afrocubano a quien se pretende
abochornar, coaccionar, con supuestas herencias de
inferioridad, con taras raciales denigrantes, por lo
mismo, es al afrocubano a quien más perentoriamente le
incumbe conocer a ciencia cierta, dar a conocer y
explicar los valores religiosos, morales y artísticos
de sus abuelos negros, que nada tienen que envidiar en
moralidad ni en refinamiento espiritual a los de sus
abuelos blancos, y que , por lo contrario, viene
nutriendo muy generosamente la cultura blanca sin que el
blanco se haya dignado a enterarse, reconocerlo y
agradecerlo hasta fecha bien reciente y en los países
más avanzados del mundo.(16)
Por
supuesto, la posición de Urrutia hay que analizarla en
el momento en el cual él la formula; entre la mayoría de
los negros ilustrados prevalecía el criterio de que
había que integrarse completamente en la sociedad
cubana, y una de las condiciones para esa integración
radicaba en aprehender, e interiorizar los códigos
culturales y sociales impuestos por los colonizadores
durante los siglos anteriores y heredados por la
República nacida en 1902. El olvidarse de la herencia
africana, enterrar el tambor, eran frases pronunciadas
que reflejaban la actitud de determinados negros y
mulatos que en su afán por avanzar dentro de las
estructuras sociales de aquellos tiempos, habían
decidido asumir tal posición para barrer los esquemas
discriminatorios. Urrutia tiene a su favor el reconocer
la herencia africana, su importancia y por eso dice:
Trabajamos para que la mayoría de los negros recobre su
propia estimación. El afrocubano que vive sinceramente
avergonzado de una herencia racial africana que, en
realidad merece tanta consideración como la española, es
más esclavo, más ignorante y más infeliz que sus
progenitores africanos. ...no puede considerarse
perfectamente instruido el ciudadano de un país negroide
que solo conoce la rama blanca de su pueblo
(17).
Pero él consideraba que con el tiempo, y a medida que el
negro avanzara culturalmente, las manifestaciones de la
cultura tradicional africana y afrocubana se irían
reduciendo poco a poco, conservadas como fenómenos
puramente folklóricos de suma importancia. Por eso
rebate la acusación de que hacía propaganda nociva del
siguiente modo:
No
fomentamos ni extirpamos el ñañiguismo y la santería
africanos. Nos limitamos a presentarlos y explicarlos
como fenómenos sociales y religiosos existentes entre
nosotros, que no son denigrantes, sino morales, y que no
se pueden desarraigar de nuestras costumbres y nuestros
hábitos por decretos.
No hay
ambiente para reanimar esas instituciones y esas ideas,
pero queremos decir a los que todavía las practican, que
no tienen por qué abochornarse de ellas. Y a los
coloreados que no las conocen, les decimos que tampoco
tienen de qué abochornarse, puesto que son instituciones
tan cultas y morales como las de sus abuelos blancos.
Solo que son distintas.
(18)
Lo más
importante para mí de la posición de Urrutia en este
sentido es que plantea la relevancia de esa huella, de
tanto valor, como la europea, y de la cual, todos los
negros y cubanos en general debían sentirse orgullosos.
Pero él no vio la dinámica, no vislumbró que lejos de
disminuir, se sumaban cada vez más personas a las
prácticas de esas creencias. Pero este hecho tampoco fue
visto por Rómulo Lachatañeré
(19),
ni por el propio Fernando Ortiz(20)
y otros que continuaron esta línea investigativa con la
aparente convicción que a medida que todos los cubanos
se superaran dentro de los esquemas de la enseñanza y
educación eurocéntrica las nuevas generaciones se irían
apartando de tales creencias, y que serían cultivadas
solo por aquellos, blancos y negros, que seguirían
apegados a esas tradiciones, los que irían disminuyendo
paulatinamente.
En este punto radica una de las diferencias entre las
actitudes de Urrutia y Betancourt. Quince años después
de las cuatro charlas de Urrutia en defensa de la
cultura afrocubana, Betancourt escribió sobre la cultura
y la religión de origen africano, en su: “Doctrina
Negra":
"Los
hombres de color conocen su religión tradicional muy
superficialmente y sin razón se avergüenzan de ella,
cuando la complejidad de su dogma, el sentimiento de su
música y el lenguaje de sus símbolos y su mimetismo
denotan que es el producto de un pueblo altamente
cultivado y excepcionalmente dotado. En estos aspectos
los griegos no superaron los lucumíes"
(21)
IV
Justamente, el mérito indiscutible de Fernando Ortiz
radica en haber llamado la atención sobre los valores de
la cultura de origen africana, de su importancia en la
historia y en la formación de algunas de las
características de Cuba como nación. Como bien lo señala
en su conferencia "Por la integración cubana de blancos
y negros"(22)
al expresar que:
Apenas regresé de mis años universitarios en el
extranjero, me puse a escudriñar la vida cubana y
enseguida me salió al paso el negro. Era natural que así
fuera. Sin el negro Cuba no sería Cuba. No podía, pues,
ser ignorado. Era preciso estudiar ese factor integrante
de Cuba; pues nadie lo había estudiado y hasta parecía
como si nadie lo quisiera estudiar. Para unos, ello no
merecía la pena; para otros era evocar culpas
inconfesadas y castigar la conciencia; cuando menos, el
estudio del negro era tarea harto trabajosa, propicia a
las burlas y no daba dinero. Había literatura abundante
acerca de la esclavitud y de su abolición y mucha
polémica en torno a ese trágico tema, pero embebida de
odios, mitos, políticas, cálculos y romanticismos; había
también algunos escritos de encomio acerca de Aponte1,
de Manzano2, de Plácido 3, de
Maceo4 y de otros hombres de color que habían
logrado gran relieve nacional en las letras o en las
luchas por la libertad; pero del negro como ser humano,
de su espíritu, de su historia, de sus antepasados, de
sus lenguajes, de sus artes, de sus valores positivos y
de sus posibilidades sociales… nada. Hasta hablar en
público del negro era cosa peligrosa, que solo podía
hacerse a hurtadillas y con rebozo, como tratar de la
sífilis o de un nefando pecado de familia. Hasta parecía
que el mismo negro, especialmente el mulato, quería
olvidarse de sí mismo y renegar de su raza, para no
recordar sus martirios y frustraciones, como a veces el
leproso oculta a todos la desgracia de sus lacerías.
(22)
En esa misma conferencia, pronunciada en diciembre de
1942, Ortiz comentó las diferentes fases por las cuales
había pasado esa integración, destacando entonces que
dicha integración se hallaba en la fase en la cual ya el
negro no se sentía avergonzado de su pasado histórico y
cultural. Ortiz hacía una afirmación de modo muy
absoluto, partiendo de la actitud intelectual de un muy
reducido número de negros ilustrados, que compartían la
postura de Gustavo Urrutia; no se tomaba en cuenta la
política oficial existente en cuanto a la consideración
de la herencia africana en nuestra cultura. En aquellos
tiempos no se estudiaba la historia de África del mismo
modo que la historia de Cuba, o de España. De la cultura
africana o afrocubana nada aparecía en nuestros
programas de enseñanza primaria y secundaria, aunque se
estudiaba la civilización griega y romana.
V
Trece
años después de las palabras de Fernando Ortiz
Betancourt expresaba que:
Modernamente se está hablando mucho de "integración" y
sería bueno plantearnos qué cosa se entiende por tal.
Parece que la sola palabra todo lo explica: integración
de integrar, formar parte o pasar a formar parte de
algo. La idea no es mala en sí misma y daría magníficos
resultados si se buscaran los puntos comunes, la
identificación de intereses entre los dos núcleos que
forman nuestra nacionalidad. Pero si en vez de esto se
trata de disolver un núcleo en otro, haciéndole perder a
aquel todos los aristas que le dieron su historia y su
tradición; huyendo con espanto de todo lo negrista"
hasta el punto de no atreverse a conmemorar solos
sus muertos ni a honrar con dignidad a sus dioses,
entonces no estamos en presencia de una integración,
sino de un suicidio colectivo: de una raza que renuncia
a ser para dejarle el campo a su antagonista.y esto es
traición o cobardía. La ciencia está en armonizar cuanto
haya de armonizable entre ambos grupos sin desfigurar a
ninguno de ellos y menos hacerlo desaparecer.(23)
1.
Evidentemente la actitud de Betancourt es
totalmente en contra de la política de deculturación
impuesta en Cuba durante tres siglos por el colonialismo
español, política que sobrevivió, consciente o no con el
advenimiento de la República en 1902.
Sus
palabras son un alerta a la pretendida integración si la
misma no tiene la finalidad de buscar:
"...los
puntos comunes, la identificación de intereses entre los
dos núcleos que forman nuestra nacionalidad."(24)
Estimo
muy conveniente recordar sus palabras, sobre todo en
estos momentos en que tiene lugar un interesante debate,
no solo en Cuba, sino también en el extranjero acerca de
la africanización, más concretamente, de la yorubización
de las religiones traídas al continente americano por
los esclavos denominados anagós o lucumíes, nombres con
los cuales fueron conocidos los procedentes de los
territorios yorubás que en la actualidad integran parte
de los Estados de Nigeria y de Benin, antiguo Dahomey.
Considero que Betancourt es el primer intelectual cubano
y negro de la Cuba prerrevolucionaria que asume una
posición consciente y de plena identificación con las
culturas traídas por los bisabuelos y abuelos africanos.
Él expresó ideas que parecen escritas en el presente,
pues dijo en su ya citada "Doctrina negra”.
"En el
trasplante la religión ha perdido, convirtiéndose en lo
que llaman santería, donde una serie de divinidades
católicas tratan en vano de representar los primitivos
orichas de la africanía, pero de todos modos, aunque
adulterada y desfigurada, algo se conserva de las
sagradas tradiciones negras, y algo es algo, que mucho
peor sería nada.(25)
En este
punto parece que Betancourt no vio o no conocía que ese
sincretismo, en cierta medida, operaba solamente a un
nivel muy superficial, epidérmico. Además, la distancia,
el tiempo contribuyeron a cambios en las tradiciones, en
los rituales, no obstante, se tratara de realizarse
dentro de una ortodoxia y de un respeto a la tradición
de las formas como eran ejecutadas en los primeros
tiempos.
Es
necesario subrayar algunas consideraciones para una
mejor comprensión del llamado fenómeno del sincretismo
afrorreligioso. La denominación de los santos africanos,
de los orishas, no se operó como parte de una política
de deculturación planificada, aunque algunos puedan
considerarla, independientemente de este hecho, como uno
de sus resultados. Más bien, en mi opinión, formó parte
de una respuesta espontánea, popular, por parte de los
primeros africanos que se enfrentaron a ese fenómeno,
para preservar sus creencias; fue, en buena medida, el
surgimiento de la doble moral, de la que era impuesta
por la fuerza del conquistador, del colonizador, y de la
que aparentemente asumía el conquistado, el colonizado,
como un modo de salvar, preservar y continuar adorando a
sus orishas detrás de las imágenes de los santos y
vírgenes católicos.
Los que
defienden las posiciones ortodoxas, de una pureza total,
no se percatan que con el tiempo, y al no estar las
prácticas religiosas de los africanos en contacto
directo con las fuentes nutricias originales, no
obstante, los buenos deseos, y el mantenerse en la
liturgia de iniciación de la Regla de Ocha la lengua
yoruba, esta tuvo que sufrir cambios fonéticos, entre
otros posibles, como en los materiales, donde no siempre
podían usarse las mismas yerbas que se empleaban en
África. El tiempo y la expansión de la santería,
primeramente entre los sectores de los esclavos y los
negros libres apegados a estas tradiciones, sobre todo,
entre los negros criollos, pudo haber ocasionado el
identificar como uno solo al santo católico y al orisha.
Este fenómeno se palpa en la actualidad, aún entre
babalochas e iyalochas, que intelectualmente saben que
no existe conexión entre uno y otro, pero que en
determinados rituales y miradas, consultas de
adivinación, se refieren a los orishas como la virgen de
la Caridad, de Regla, Santa Bárbara, San Lázaro, entre
otros.
VI
En 1992,
durante el primer Taller Internacional Sobre los
Problemas de la Cultura Yoruba en Cuba
(26)
el cual fue patrocinado por la Asociación de la Cultural
Yoruba de Cuba y la Academia de Ciencias de Cuba, se
plantearon ideas que desde hacía mucho se venían
discutiendo entre algunos santeros, entre los babalaos y
entre santeros y babalaos, acerca de la conveniencia de
lograr cierto consenso con la finalidad de intentar una
practica religiosa más uniforme, al menos en aquello
rituales en los cuales su implantación no lesionaba las
formas ritualísticas peculiares de cada casa de santo.
Con ese objetivo se informó que habría una reunión
especial de los santeros y babalaos con el propósito de
debatirse esas cuestiones, pero dicha reunión no se dio,
al menos no se informó a todos los santeros y babalaos
de su celebración. Sin embargo, algunas de esas ideas se
dieron como resoluciones que el Taller sugería debían
aplicarse por los babalaos, iyalochas y babalochas.
Entre ellas estaban: a) no denominar a los orishas con
los nombres de los santos católicos. b) tratar de usar
los nombres de babalochas e iyalochas en lugar de
santeros o santeras c) no referirse a la religión con el
término de santería, sino de. Regla de Ocha. d) mantener
la tradición de que todo iniciado debe dar un tambor de
reglamento al orisha del padrino para poder tocar
después en su propia casa.
Los
comentarios fueron muchos, a nivel de pasillo, acerca de
las incidencias del congreso, de la asistencia de los
religiosos cubanos y extranjeros, de los resultados y de
los trabajos presentados. Realmente el Taller tuvo un
saldo, para mí altamente, positivo, pues por primera vez
profesionales blancos y negros, mayoritariamente
babalaos y santeros, se reunían para hablar sobre la
santería y se presentaban como tales en el evento,
independientemente de sus títulos universitarios, de los
cuales hicieron gala aquellos que los mencionaron.
¿Fueron
esas resoluciones o sugerencias las más importantes o
las que debieron hacerse? Las respuestas pueden
abordarse desde diferentes perspectivas, dando como
resultado diversos debates, acerca de lo que se dijo, de
lo que no se dijo, de lo que debió decirse, pero lo que
afloró en ese primer taller fue la existencia de una
tendencia, posible movimiento entre nosotros, de un
fenómeno, que desde hace ya años se viene operando en
los Estados Unidos y en otros países de América y del
Caribe en cuanto a la africanización no solo de la
santería, sino de aquellas religiones traídas por los
africanos y que en virtud de las nuevas condiciones
sociales, económicas, geográficas, lingüísticas y
culturales impuestas a los esclavos sufrieron reformas,
adaptaciones, para poder perdurar y sobrevivir bajo los
nuevos contextos a que el sistema esclavista sumió a los
africanos y a sus descendientes, independiente de la
condición de esclavo o negro libre.
Me
parece lógico, que en virtud de la expansión de las
religiones africanas, y del contacto de los babalochas,
iyalochas y babalaos con algunos de sus homólogos en
África, exista cierto interés entre ellos por rescatar
cierta pureza, cierta ortodoxia, en la manera de
efectuarse determinados rituales; por supuesto, dicha
pureza posee un valor relativo, pues ni en África ni en
las Américas las religiones africanas se mantuvieron
estáticas; también fueron influenciadas por la
condiciones materiales y espirituales de las sociedades
a las cuales sus practicantes, fueron forzados a vivir.
Por esas
razones no estoy muy convencido de la afirmación de mi
amiga y colega, la profesora Lázara Menéndez en su
artículo "¿Un cake para Obatala!?(27),
cuando en una de sus partes afirma:
"El
discurso de la yorubización de la santería se inscribe
en lo que un segmento reducido de esta población opina
que debiera hacerse, porque lo que ellos creen que en
realidad se hace es favorecer la distorsión y con ella
el descrédito del ejercicio santero.
Obviamente el anterior criterio se produce como una
respuesta ante las invenciones y modificaciones que han
sido creadas por personas pocas escrupulosas, quienes
por lucrar, han llevado las practicas y rituales de la
santería a unos niveles de comercialización
sorprendentes. Algunos creyentes o religiosos han
considerado la búsqueda de una ortodoxia, como una forma
de salir al paso de dicha tendencia, de detenerla. Por
supuesto, esa actitud provoca una muy variada y múltiple
reacción asumida por babalochas, iyalochas y babalaos.
Ante tantas irregularidades, ¿qué es lo más correcto?
¿Volver a una supuesta práctica ortodoxa africana, o
retomar las formas autóctonas surgidas en Cuba como
consecuencias de los cambios lógicos que toda religión o
cultura sufre al ser trasplantadas de sus fuentes
originales? Por otra parte es casi imposible que algunos
de sus practicantes no se sientan atraídos por el
rescate de ciertos rituales, de orishas, de valores que
se perdieron en Cuba y se mantuvieron en otras regiones;
fenómeno este que se palpa también en otros países
caribeños y de América y que motiva la llegada a Cuba de
religiosos deseosos de estudiar y de rescatar los
rituales y los orishas que no llegaron a ellos, e
incluso en el caso contrario, con el fin de comparar y
analizar las formas divergentes y convergentes de
manifestarse tales rituales.
Más
adelante señala:
"El
énfasis en el eje africano, por encima de los rasgos que
cualifican el fenómeno como cubano, tiende a agudizar el
distanciamiento, desde la perspectiva sociocultural con
el universo santero, a entorpecer la asunción
intelectual de dicho fenómeno más allá de las relaciones
modales y volitivas que individualmente se establezcan
con él, y a dificultar su reconocimiento como
expresión cultural autónoma, bien diferenciada de sus
antecedentes y de otras prácticas contemporáneas a ella.
(28)
Me
parece muy interesante la asunción de la santería como
un fenómeno religioso eminentemente cubano ¿no podría
decirse lo mismo del candomblé, entre muchas otras
manifestaciones religiosas de origen africano? Es
innegable que todas estas influencias, todo este tomar y
dar elementos materiales y espirituales de diferentes
culturas han producido nuevos fenómenos, no podría
decirse esto del vodú y de la umbanda(29)
en particular, no se ha expresado de manera(30)
muy clara por Jesús Fuentes los aportes cubanos en
la creación de deidades en la Regla de Palo, no se
manifiestan estas incorporaciones también en el
candomblé(31),
entre otras expresiones religiosas de origen africano.
Del mismo modo que tenemos que aceptar como hechos
objetivos esas realidades, tenemos que apreciar en igual
medida la posibilidad del surgimiento de tendencias
ortodoxas; calificables de fundamentalistas por las
ideas que propugnan, similar a la forma de manifestarse
estas tendencias en otras religiones. Características de
ese fenómeno entre otras creencias. No es menos cierto
que este hecho puede ser manipulado con intenciones
extrarreligiosas, pero no podemos considerarla como la
verdadera causa que origina esa posición; es más bien un
objetivo superpuesto, una manipulación, sin duda alguna
de un fenómeno que se proyecta y tiene lugar no solo en
Cuba(32).
Por eso considero que se debe ser muy cauteloso a la
hora de analizar y estudiar dichas manifestaciones para
no caer en errores que sí podrían acarrear tristes
experiencias.
VII
Ya se ha
visto las posiciones de Urrutia ante la existencia y
valoración de la herencia africana en la cultura y la
historia de Cuba; Juan René Betancourt, aparentemente
con una posición más intuitiva y empírica, que la
asumida como el resultado de un análisis de fuentes
documentográficas o testimoniales señaló en la década
del cincuenta una actitud, sin duda alguna ortodoxa, que
bien puede ser considerado como un antecedente, de la
actual tendencia promovida por la Sociedad Cultural
Yoruba. Pero no es solo esta sociedad la que promueve
esta línea de acción ritual; otros grupos(33),
que no siempre aceptan la autoridad de dicha sociedad,
asumen posiciones similares o diferentes; las
divergencias se basan en regresar a una ortoxia, o
pureza al viejo estilo cubano o a introducir variantes
no conocidas o no practicadas ampliamente en Cuba; una
de las características esenciales, si no es realmente la
fundamental, radica en el papel y relevancia de los
babalaos; en los intentos de recuperar viejas practicas
y rituales que por muy diversas razones los babalaos
dejaron de hacer y fueron asumidas por los santeros. No
cuesta mucho adivinar que detrás de estas
contradicciones, se perfila una lucha por el poder, por
el intento de controlar las actividades religiosas por
parte de los babalaos o de los santeros, incentivadas
estas contradicciones por las causas de origen
económicos que se han acentuado y que están
indisolublemente unidas al poder o control que se quiere
ejercer de las actividades de la santería o Regla de
Ocha.
No es
difícil pensar en la probabilidad que este fenómeno o
alguno similar también aflore en la Regla de Palo y en
otras religiones afrocubanas, pero no se hace tan
visible por no ser las tensiones tan fuertes como ocurre
en la Regla de Ocha.
Segunda parte
VIII
Teniendo
presente el ya debatido asunto de la yorubización de la
santería, me enfrasqué en la realización de una encuesta
encaminada a precisar la cubanía o africanía de la
santería mediante entrevistas a babalochas, iyalochas,
babalaos y aleyos. (ver nota no.(40))
Para mi empeño seleccioné una muestra de cien personas,
aunque en realidad, entrevisté o hablé con muchos más.
Estuve en contactos con ellos, asistiendo a fiestas de
diferentes clases, por más de un año, desde abril de
1995 hasta mayo de 1996, cuando comencé a procesar la
información.
La
muestra se divide en: 50 santeros, 30 babalaos, y 20
aleyos, pero creyentes en la santería. De ellos 64 eran
hombres y 36 mujeres. De los treinta babalaos 16
aparecen comprendidos entre los 40 y 60 años de edad; el
resto están entre los 20 y l0as 39 años. De ellos seis
habían sido iniciados antes de 1959; el resto se inició
entre los sesenta y los noventa. Se observa un
incremento gradual a partir de la década del setenta,
con seis, nueve en la del ochenta y siete en la del
noventa que aún no ha concluido. Desde el punto vista
racial se observa un cierto equilibrio en la muestra
escogida, pues hay 11 negros, 9 blancos y 10 mulatos.
De los
cincuenta santeros, 11 habían sido consagrados antes de
1959, siendo el mayor uno consagrado en l943; de los
restantes, 6 habían sido coronados en los sesenta, 15 en
la del setenta, 9 en la del ochenta y 9 también en la
del noventa, aún no finalizada. 1969 y la década del
setenta; 6 en la del ochenta y los demás en la década de
los noventa. Por las edades, 13 tenían más de sesenta
años de edad, 10 estaban entre los 40 y los 59 y 27
entre los 20 y los 39. Desde el punto de vista racial
la muestra refleja cierta similitud entre las cantidades
de negros y blancos, no así la cantidad de los mulatos
que aparece con la mitad de la cifra de los blancos e
inferior en 3 unidades a la mitad del total de los
negros.
De los
veinte aleyos 11 eran hombres y 9 mujeres; de ellos 18
presentaban edades entre 20 y 39; solo dos tenían más de
40 años. Racialmente la mayoría eran negros, 9 estando
bastante equilibrada la representatividad de la muestra
entre blancos y mulatos, 5 y 6, respectivamente. Llama
la atención que el acercamiento a la santería en ellos
se produce de manera gradual desde finales de la década
del setenta, observándose un aumento en la del noventa.
Es conveniente señalar la ausencia de niños y de jóvenes
menores de 20 años. No fue que se hubiera programado su
omisión, sino que se piensa escribir un estudio
específicamente sobre la iniciación de los menores de
edad en la santería, como un fenómeno que se hace cada
vez más visible en el presente, pero que siempre se
mantuvo durante todos estos años, no obstante las
prohibiciones legales de iniciar a los muchachos en
estos cultos.
La
interrogante sobre la manifestación de elementos
católicos en los rituales de iniciación, de preparación
de los omieros, entre otros, obtuvo una respuesta
unánime entre santeros y babalaos: todo el ritual se
hace mayoritariamente en lengua en sus aspectos
fundamentales; en ninguna coronación se hacen las
evocaciones nombrando los nombres de los santos
católicos sincretizados con los de los orishas. Tampoco
dijeron observar características que les hicieran pensar
que estaban en ceremonias religiosas no africanas.
Ante la
conveniencia de llamar a los orishas solo por sus
nombres africanos, hubo una mayoría entre santeros y
babalaos que coincidieron que eso era lo más deseable
(100% de los babalaos, 95%
de los santeros, 75% de los aleyos); un buen número de
ellos plantearon que no sería una tarea fácil la de
convencer a los creyentes para que no designen a los
orishas con otros nombres que no sean los africanos,
pues estaba muy enraizado en la mente popular ese uso, e
incluso, babalochas que sabían perfectamente que nada
había de sincretismo en las esencias de la santería, se
referían a los orishas con los otros nombres; algunos
subrayaron la necesidad de precisar, que aunque los
santeros muy frecuentemente utilizaban los nombre
católico, se iba a la iglesia y se hacían altares con
las imágenes del santoral romano, lo que prevalecía en
la mente de los babalochas no era tanto las virtudes de
las deidades católicas sino las de los orishas.
En
cuanto a la costumbre de llevar a los iyawós a la
iglesia más del 80% reconoció que era una muestra de la
imposición de códigos de la sociedad durante la colonia,
donde todos los practicantes de las religiones
afrocubanas tenían que asistir a misa. Algunos
expresaron que por primera vez pensaban en ese acto, que
en realidad nada tenia que ver con la Ocha. Hubo
criterios acerca de lo difícil de erradicar esa
costumbre, como otras ya mencionadas; también se
manifestó que este acto era uno de los que podría
erradicarse más fácilmente.
Todos
estuvieron de acuerdo en que era correcto que se diera a
conocer estas peculiaridades de la santería, porque con
ellas no se estaban divulgando ningún secreto, sino por
el contrario, se elevaba también el conocimiento de los
creyentes de la Regla de Ocha y el de todos los
interesados en el estudio de las religiones de origen
africano.
Donde
hubo reacciones diferentes fue en cuanto a la forma
tradicional de iniciación. No cabe duda que, en Cuba, la
pretendida tierra de los orishas en el Nuevo Mundo, se
operó un cambio fundamental, no en la esencia del ritual
de la coronación, pero sí en cuanto al número de orishas
que se entregan conjuntamente con el asentamiento del
orisha principal. En este sentido, el candomblé está más
cerca de la forma africana que la santería, porque sólo
acompañan al principal, aquellos que según la tradición
deben recibirse.
Por
supuesto, lo anterior no significa que siempre haya sido
así en Cuba; realmente han coexistido estas dos formas,
pero la más arcaica, la más tradicional no gozó de la
popularidad y de la expansión del modo o estilo cubano.
Los santeros y babalaos mayores dijeron conocer casas en
La Habana y en Matanzas donde los santos se hacían de
esa manera; otros solo conocían de tales casas por
referencias. Se mencionó la existencia de un babalocha
que argumentaba que sólo un orisha podía ser coronado y
presentado a la cabeza, al ori de cada individuo. Cuando
se trató de precisar detalles de este ritual, nada más
que se obtuvieron palabras evasivas. De nada valió
explicar que había libros que enseñaban o describían
como era que se hacía un santo. Ante esta fundamentación
alegaban: bien, utilízalo en tu investigación.
Acerca
de las críticas que se hacían a los que en Cuba se
estaban iniciando únicamente con "pata y cabeza" el 80%
de los santeros, incluyendo a los babalaos dijeron que
había que precisar cuándo se hacía "pata y cabeza" por
razones económicas, o por la urgencia del iniciado en
coronarse ante una situación crítica de salud o de otra
índole. En este caso el iyawó está obligado a entrar los
otros orishas sacrificando las aves, "animales de
pluma", como se dice comúnmente, pero una vez que su
situación mejore desde el punto de vista financiero,
debe pagar la deuda contraída, es decir sacrificar los
animales reglamentarios de los orishas recibidos. Todos
coincidieron que no era una práctica muy usual; parece
que este fenómeno se hizo algo más visible, como
consecuencia de la crisis económica que sufrió el país y
que llevó a algunos santeros a buscar fórmulas para que
la iniciación no fuera tan costosa, sobre todo para los
que no tenían suficientes recursos monetarios para
sufragar todos los gastos. Una de estas medidas
consistió en hacer más de una iniciación, pues de este
modo, aunque hay que entrar con los animales
reglamentarios para cada iniciado, los costos de la
comida se reducen considerablemente.
La otra
"pata y cabeza", la preconizaba por los que desean
volver a las formas más antiguas de la religión
recibieron los siguientes calificativos: es una
"invención de los babalaos", "no conozco a nadie que se
haya iniciado de esa forma", hay que ir a Matanzas para
encontrar santeros iniciados de esa manera", si en
Brasil se hace así, bien para los brasileños, pero
nosotros tenemos una forma distinta", "hasta ahora la
santería ha funcionado así, ¿por qué cambiar?"
En este
punto, todos se mostraron muy cautelosos, para no dar
detalles del ritual de la coronación, del sacrificio de
los animales para cada orisha, pero sí dijeron que la
cantidad de orisha a recibir dependía de la tradición de
la casa. Aquí citaron ejemplos, de casas donde al
hacerse Changó se entrega también a Oyá, o en otras en
las cuales al coronarse a un iniciado con uno de los
orichas conocidos como los guerreros: Ogún, Eleguá y
Ochosi, deben recibirse con animales de cuatro patas a
los otros.
El 80%
de los santeros y de los aleyos (50+20=70x80=56)
consideraron que la causa general de esas reformas, de
la tendencia general de volver a las formas antiguas,
más ortodoxas, se debía al interés de los babalaos por
tener una posición de mayor poder y control sobre los
creyentes; por desear recuperar el espacio que por muy
diversas razones habían dejado de hacer, como matar los
animales. El 20% se mostró cauteloso. Algunos hicieron
referencias a que en tiempos muy antiguos los hijos de
Ogún podían hacer la matanza.
IX
Todos
opinaron que este fenómeno se había hecho más evidente
algunos años después del éxodo de cientos de santeros y
babalaos por el Mariel; sobre todo en la Isla con la
llegada de muchos de ellos acompañados de sus ahijados
quienes contaron sus experiencias y el contacto directo
con otros babalochas e iyalochas, cubanos,
estadounidenses, y africanos. Algunos afirmaron de
manera muy generalizada que por ese medio fue que los
babalaos comenzaron a ser más populares; sobre todo por
venir extranjeros a hacerse santos o a iniciarse en Ifá,
tanto como recibir santos que no suelen ser muy
conocidos en los Estados Unidos. La mayoría de los que
han venido a Cuba, a La Habana, y Matanzas por los
anteriores motivos, practican la santería al estilo
cubano. El conocer formas más apegadas a la religión
yoruba que se cultivan en tierras africanas, provocó la
aparición de interrogantes en muchos de los babalochas,
iyalochas y babalaos, que determinaron actitudes como la
del Oba Oesijeman Adefunmi I , que fundó el pueblo
yoruba Oyontunji, en Carolina de Sur, EE.UU.(34)...
Este
redescubrimiento, o búsqueda de la africanidad de las
religiones afrolatinoamericanas, particularmente de la
santería, ganó un buen espacio en los Estados Unidos y
en otros países , como un afán e interés por conocer más
profundamente la religión y tratar de profesarla de la
forma más pura u ortodoxa, tanto como ampliar y adquirir
el conocimiento sobre determinados rituales y otros que
fueron practicados, pero que se perdieron por no haberse
transmitido la forma de hacerlo, así como los
especificidades o peculiares de algunos orishas que
fueron traídos pero que no fueron muy cultivados y al
morirse los que dominaban ese conocimiento, se perdió el
contacto ritualístico con ellos. Ejemplos de lo
expresado los tenemos con Yewá, Olokun, Agayú, entre
otros, que en algunas partes se reciben, en otras se
hacen directamente, de forma principal en el primer caso
por no haberse divulgado entre los propios santeros las
formas de hacerlos, mientras que en algunas regiones
donde la religión yorubá se asentó ocurrió el mismo
proceso, pero conservándose algunos orishas de los que
no llegaron a otros territorios, o haciéndose más
populares cultos que no alcanzaron ese nivel en Cuba. En
el caso específico de Cuba, de acuerdo con algunos de
nuestros testimoniantes, hay muchos nombres de santos
que se mencionan en las letras u odun a través de los
cuales hablan los orishas y que no se sabe cómo
recibirlos. Observándose, en este sentido una tendencia
que parece nueva entre nosotros, y por supuesto, dentro
de esta línea de búsqueda, no tanto de una ortoxia,
porque me parece imposible que todos esos cultos se
hayan mantenido inalterables un ciento por ciento, pero
sí de un completamiento, de una profundización y
ampliación del potencial cognoscitivo de la religión
yorubá, santería o Regla de Ocha.
Este
último aspecto tiene una singular relevancia para la
praxis de la santería en Cuba y que está reñida con lo
que parece ser una característica propia de la religión
de origen yorubá: su dialéctica interna, su estrategia
de lucha, sin duda alguna dictada por la necesidad de
sobrevivencia.
Ayer, en
el pasado horrendo, monstruoso que significó la
esclavitud, la religión se cultivó de manera
clandestina, secreta; al hacerse pública, se adaptó a
las exigencias de las culturas eurocéntricas de las
metrópolis y ha luchado de forma ejemplificante contra
los intentos de los que han pretendido destruirla con
medidas represivas judiciales o educativas como partes
de la política de deculturación impuesta a los africanos
en todos los territorios de nuestro continente donde
fueron forzados a vivir.
Por eso
me parece oportuno llamar la atención sobre el hecho de
considerar a la santería como una religión eminentemente
cubana, divorciada y ajena a la propia dialéctica que la
ha hecho sobrevivir hasta el presente.
Los
elementos africanos son los predominantes en el culto,
en los rituales básicos: cantos, evocaciones,
coronación, entre otros. Lo no africano puede definirse
como el idioma que se utiliza entre los creyentes para
su comunicación social y con los orishas mediante la
interpretación del dilogún, del ekuele o del coco. No
africanos son también los receptáculos donde viven los
orishas(35),
algunos de sus símbolos, o los sitios donde se le suele
guardar, como el canastillero. Creo más justo hablar de
la santería como religión afrocubana, que como religión
puramente africana o cubana, pues no hay duda que en
ella están presentes elementos de ambas, probablemente
una en mayor numero que otra, pero no exenta la primera
de influencias no solo debido a los contextos materiales
en los cuales tuvo que sobrevivir, sino por las
influencias, débiles o fuertes, de otras culturas
africanas asentadas también en Cuba.
X
Fernando
Ortiz, Lidia Cabrera, Rómulo Lachatañeré, Gustavo
Urrutia fueron los que primero abrieron el camino
intelectual para la comprensión y valoración objetiva de
la importancia de los africanos y de sus descendientes
en la formación de nuestra nación, de nuestra historia,
de nuestra cultura, señalando los aportes históricos,
musicales, danzarios y religiosos de las diferentes
culturas africanas existentes entre nosotros. No importa
que la mayoría de ellos asumieran esa valoración con una
perspectiva prejuiciada y la consideración generalizada
que a medida que el negro cubano se educara, se iría
apartando de esas manifestaciones, relevantes en cuanto
a que habían contribuido a nuestra formación, y que, por
lo tanto, había que estudiarlas como fenómenos
folklóricos, para mantener vivo el recuerdo de algo que
con el tiempo desaparecería, de lo cual todos, pero en
particular los negros, debían sentirse orgulloso.
Juan
René Betancourt, Walterio Carbonell y Carlos Moore,
entre otros, abordaron la defensa de la cultura y de los
derechos sociales y políticos de los negros desde otras
perspectivas, posiciones, y en momentos históricos
diferentes. La asunción de una conciencia negra, de la
identificación primaria con el fenómeno racial no se
había proyectado objetivamente en forma de programa o
doctrina y menos aun asumiendo de manera desenfadada la
existencia y los valores de una cultura negra o
afrocubanas, que a pesar de todos los esfuerzos de
Fernando Ortiz, Lidia Cabrera, Rómulo Lachatañeré, y de
Gustavo Urrutia seguían negadas por la cultura
eurocéntrica dominante en la Isla, la cual era asumida
también por los negros asimilados total o parcialmente
por esa cultura. Por ello es tan importante el estudio
objetivo de los textos de Juan René Betancourt: Doctrina
Negra, EL Negro Ciudadano del Futuro y el de Carbonell,
su interesante: "Crítica: como surgió la cultura
nacional".
A la
vez, hay que ir al estudio de nuestra historia
afrocubana libre de paternalismo, pero si reconociendo
de modo objetivo el papel y la contribución de los
negros a nuestra historia y a la lucha social, desde las
propias filas del movimiento negro o desde los otros
movimientos en los cuales tuvieron un lugar destacado de
forma colectiva o de manera individual; empezando ese
estudio e historia desde el cimarronaje, los
apalencamientos, las sublevaciones y conspiraciones de
los negros libres y esclavos contra el sistema colonial.
Hay que explicar diáfanamente como el sentido de
pertenencia a un país, a una nación, fue un proceso
mucho más complejo entre los negros que entre la
población blanca. No puede pasarse por alto que para los
negros, el blanco, criollo o español, era el amo, el
poseedor de las riquezas más importantes del país, y
quienes frenaban el desarrollo de los negros libres
mediante las leyes y estructuras coloniales. Eso explica
la incorporación de los esclavos a las guerras
sostenidas en Cuba desde las filas mambisas como entre
las españolas, atraídos por el deseo y la posibilidad de
emanciparse, de acuerdo con las promesas de los bandos
beligerantes.
Por
supuesto lo anterior no niega la existencia de un
sentimiento patriótico, nacionalista, entre algunos
negros libres, como los que integraban la familia Maceo
y Grajales, entre muchas más, y el papel de las gestas
mambisas: La Guerra de los Diez Años, la Guerra
Chiquita, y la Guerra de Independencia de 1895. Pero
como bien dice Betancourt:
"Negarle
toda eficacia a las guerras independentistas en su
aspecto reivindicador de los negros es un error tan
grande como concederle más de la debida."
(36)
Sin embargo, de la aparentemente sorda, pero pertinaz y
perdurable resistencia de los negros que no se plegaron
totalmente a la política de deculturación muy poco se ha
escrito, no solo descriptivamente, sin que se subraye el
hecho del modo debido, que gracias a ellos, en Cuba y en
Brasil, principalmente, hoy las versiones o adaptaciones
de las originales religiones africanas, en particular,
las de origen yorubá, son una fuerza dinámica de las
sociedades en donde ellas han sido preservadas. La
defensa de esas culturas, por parte de los negros
ilustrados, aculturados, no la vamos a encontrar en la
colonia; y en la república, Gustavo Urrutia es el primer
negro que aborda la cultura de origen africano de forma
excepcional, como ya hemos visto en las citas de su
pensamiento y acción divulgativa en este sentido. Son
varias las referencias acerca de los enjuiciamientos de
los negros deculturados, asimilados a la cultura del
colonizador, los que de acuerdo con la valoración que
Fran Fanon(37)
hacía de ellos, no eran otra cosa que negros alienados
de su propia cultural. Recordemos el debate que se
produjo a favor y en contra en 1937, cuando se planteó
la posibilidad de autorizar el desfile en los paseos
carnavalescos de La Habana de las tradicionales
comparsas. En consideración de algunas sociedades
negras, porque era algo denigrante para la raza de color(38).
Algo similar provocó, muchos años antes, la salida de:
Vergonzante caravana que hacía sonar por todos los
lugares, los malditos y punibles tambores que tanto
desdicen de la cultura y de la moral de este nación(39).
XI
Por todo
lo expresado considero que se debe tomar una posición
más objetiva, desapasionada; ver los fenómenos, sin
dejar de ser creyentes, sin dejar de ser científicos,
sin dejar de ser cubanos, negros, blancos o mulatos.
La
yorubización o africanización de la santería es un
fenómeno lógico. Coherente con ese movimiento que ocurre
en otros países y al cual los santeros y babalaos
cubanos no pueden estar de espalda. Es necesario
destacar como este fenómeno alcanza proporciones
sorprendente después de la diáspora de la santería
cubana, porque esta es la que llega a países donde esa
religión y otras de origen también afrocubanas no eran
conocidas. Este hecho hizo considerar a Cuba como la
tierra de los orishas, y convertirse el venir a Cuba,
entrar en contacto con nuestros ancestros, en algo muy
importante. En cierta medida el ir a África y a Brasil o
a cualquier otro sitio donde la religión yoruba ha
sobrevivido con diferentes nombres, con la finalidad de
buscar lo común, y lo que por razones muy concretas,
algunas ya explicadas, fueron olvidadas, o no se
reprodujeron en todas las regiones, se ha convertido en
casi una obsesión, entre los que buscan revivir la
religión de la forma idílicamente considerada o pura,
sin percatarse que la huella del tiempo es inalterable,
y aún más en esta clase de procesos religiosos,
culturales e ideológicos cultivados por hombres y
mujeres que fueron sometidos a una despiadada política
de deculturación. La lucha en contra de ella, por lograr
sobrevivir y mantener sus culturas tradicionales, los
llevó a ciertas concesiones, a pérdidas de costumbres, o
readaptación de ellas, teniendo en cuenta los nuevos
contextos impuestos por los conquistadores.
No es el
momento de cerrar los ojos ante esta nueva realidad
internacional que esta presentando la religión yorubá en
todos los países donde se cultiva, no importa el nombre
que se le dé; debemos subrayar la importancia y
movilidad de la santería como factor influyente en este
movimiento.
Independientemente de las posiciones ortodoxas, de la
mayor o menor comercialización de las prácticas
religiosas, considero que la santería, el candomblé, el
culto a Shangó en Trinidad, son exponentes de la fuerza
y riqueza de la religión yorubá, que ha sobrevivido a
pesar de todas las represiones a las cuales se vio
sometida; pruebas también elocuentes de su poder de
comprensión, de entender y ayudar a solucionar los
problemas espirituales y materiales, y por lo tanto, su
alto nivel de convencimiento, de captar adeptos, aún en
los momentos de mayor hostigamiento. Todos esos
elementos inciden, para que la santería o regla de Ocha,
en el caso particular nuestro, se continúe expandiendo
en la propia Isla y allende los mares.
XI
CONCLUSIONES: No cabe duda que son muchas las
conclusiones a las que se podrían arribar, pero solo
destacaremos las que consideramos más interesantes de
apuntar:
1.- La
consideración de la santería como una religión
afrocubana permite acentuar precisamente las
peculiaridades que hacen que esta religión de origen
africano no pueda ser consideradamente totalmente
africana
2.- En
Cuba han coexistido formas muy antiguas de iniciación y
de rituales que se han mantenido cultivadas en círculos
muy cerrados, familiares. La iniciación, coronándose
solo el orisha fundamental, o dueño de la cabeza del
iniciado no es un fenómeno nuevo en nuestro país.
3.-No es
posible ignorar el movimiento que pretende volver a una
supuesta ortodoxia, la cual parece que nunca existió
totalmente en Cuba, teniendo en cuenta las reformas
sufridas por las religiones africanas, y en particular,
la readaptación a los nuevos contextos geográficos,
económicos y sociales del culto a los orishas. Esto
último conllevó a diferencias, probablemente no en las
esencias, pero sí en las formas, de practicarse dicho
culto en las casas de santos, acordes, con las ramas de
las cuales estos ilés de ochá pertenecían.
4.- El resultado de la encuesta evidencia, además, del
análisis efectuado de muchas más entrevistas,
conversaciones, investigación directa en las casas de
santos, mediante convivencia con santeros, asistencias a
iniciaciones, bembés, que no hay muchos santeros que
simpatizan con la idea de abandonar la forma tradicional
de practicarse la santería a la cubana, sobre todo en
aquellos que llevan más de veinte años de iniciados; tal
vez, en el futuro, y dictado por la propia dinámica de
las prácticas santeras, esta tendencia vaya ganando un
espacio mayor que el que tiene en la actualidad.
5.- Este
fenómeno hay que ubicarlo dentro del contexto
internacional en el cual tiene lugar, y no sobrevalorar
o subvalorar los propósitos extrarreligiosos que pueden
acompañar o yuxtaponerse a este movimiento que en sus
esencias es religioso y económico.
6.- Ha
quedado demostrado que el movimiento por la autoestima
del negro desde el punto de vista histórico, artístico,
musical, cultural, en ese sentido más amplio, tuvo en la
figura de Gustavo Urrutia su figura pionera, sobre todo,
en una época en la cual la historia del negro y de su
cultura se abordaba desde posiciones muy intelectuales,
a veces, puramente filantrópicas.
7.- No
cabe duda de que Juan René Betancourt fue el primer
negro que planteó la necesidad de una ortodoxia en las
prácticas de la santería.
8.- La
mayoría de los que se acercaron al fenómeno de la
santería no vieron que era una religión en constante
crecimiento, con una dinámica muy propia, pero existente
también en buena medida en las prácticas religiosas de
la Regla de Palo Monte o la Sociedad Secreta Abakuá. Lo
anterior es una de las causas que explican la vigencia
de las creencias afrocubanas.
XII
RECOMENDACIONES: Sería muy conveniente impartir
seminarios o cursos sobre las historias de las
religiones africanas asentadas en América, en particular
en Cuba, debiendo subrayarse las reformas, las
adaptaciones que sufrieron, así como las influencias
sufridas entre ellas, y entre cada una de esas creencias
y la Iglesia Católica.
Notas
y Bibliografía:
1.-Doctrina negra. La única teoría
certera contra la discriminación racial en Cuba. Juan
René Betancourt.-- La Habana: P. Fernández, 1955 .-- ix,
80 p..
F.323,17291 Bet D (BNJM)
2.- Ejemplo de lo que se plantea se
tiene en el siguiente título: Procesos etnoculturales de
Cuba/ Jesús Guanche. --La Habana : Editorial Letras
Cubanas, 1983.-- 503 p.
3.- Estudios Afrocubanos: Selección de
Lecturas./comp. Lázara Menéndez. -- La Habana:
Universidad de la Habana: Facultad de Arte y Letras,
1990. -- tomos, 1,2.
Estos dos tomos recogen artículos y ensayos sobre
aspectos teóricos, metodológicos prácticos de los
estudios afrocubanos.
El negro: el ciudadano del futuro/ Juan René Betancourt.
-- La Habana: Cárdenas, 1960. -- F.323.17291 Bet N (BNJM)
4.- Fidel Castro y la integración
nacional/Juan René Betancourt. BOHEMIA (La Habana)
51(7) Ñ66, 122-123;17 en. 1959.
5. - Prólogo/Elías Entralgo.-- En: El
negro ciudadano del futuro /Juan René Betancourt.-- La
Habana : Cárdenas, 1960.--
6. - En la Biblioteca del Centro
Schomburg de New York existe un microfilm que parece ser
la edición aumentada y corregida de sus ideas acerca del
problema racial que publicó en forma de libro en la
Argentina.
7.- Sobre esta figura cimera del
periodismo y del movimiento negro en Cuba existe poco
conocimiento por parte de las generaciones nacidas
después de 1959. No se estudia su obra ni siquiera en la
Facultad de ciencias de la comunicación de nuestra
Universidad de La Habana.
8.- Entrevista a Nicolás Guillén. En :
Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén./ Nancy
Morejón, comp.-- La Habana : Casa de las Américas, 1974.
pp. 42-44
9.-Comenzó a publicarse el 8 de abril de
1928. La historia de como inició sus colaboraciones en
el Diario de La marina fue escrita por él como prólogo
del folleto que contenía las cuatro charlas
radiofónicas. Ver nota:10
10.- Cuarto(sic) charlas
radiofónicas/Gustavo G.Urrutia.-- La Habana : <s.n.>,
1935.-- 20 p.
11.- Punto de vista del nuevo negro
Gustavo G. Urrutia. -- La Habana : El Score,1937.-- 38
p.
Conferencia inaugural del ciclo de conferencias de
carácter social, científico y educacional. Ofrecido por
el Instituto Nacional de Previsión y Reformas Sociales
de la República de Cuba en su Centro de Estudios,
pronunciada el día 8 de julio de 1937.
12.- El problema del negro en Cuba/
Gustavo G. Urrutia CUADERNOS DE LA UNIVERSIDAD DEL AIRE
(La Habana) (27): <193>-200; 22 jul. 1933.
1936.
13.- Gastón Baquero, poeta, periodista
y escritor recientemente fallecido en España; se marchó
del país por no simpatizar con la ideología abrazada por
la Revolución Cubana. En los últimos años efectuó un
acercamiento a escritores y figuras jóvenes surgidas con
la Revolución. Se llegó a comentar la posibilidad de su
visita a Cuba. Es considerado una de las voces más
importantes de la lírica cubana.
14.- El movimiento intelectual en Cuba
en la década del veinte Rosalie Schwarz.--
San Diego : University of California,
1977.--
272 hojas.
Se trata de su trabajo para el doctorado. El texto en
inglés. El ejemplar consultado carece de la hoja título.
En los capítulos VII.
Black Cuba, a challenge to National
Consolidation, p.165. VIII. Afrocuban identity: forging
a collective conscience, p. 190 y en el IX, The Dilemma
of color and class, cita y menciona ampliamente a
Gustavo Urrutia.
15.- Cultura afrocubana Jorge e Isabel
Castellanos.-- Miami: Ediciones Universal, 1988-1994.--
4 tomos. En el tomo 2 se menciona de manera destacada la
figura de Urrutia.
16.- Cuatro charlas radiofónicas p.20
17.- Op.cit.p.20
18.- Op.cit.p.20
19.- Rómulo Lachatañeré, uno de los
seguidores de la labor emprendida por Fernando Ortiz;
poseía una formación comunista y se aproximó con esa
concepción a los estudios afrocubanos; realizó
significativas investigaciones, no exentas de
limitaciones y errores teniendo en cuenta que en
ocasiones los propios testimoniantes o entrevistados no
decían realmente todo lo que sabían. Corrigió el error
de considerar brujeros a los santeros y a la santería
brujería. Tuvo que salir de Cuba por sus ideas
comunistas a finales de la década del treinta. Se radicó
en los Estados Unidos donde continuó escribiendo sobre
nuestra cultura afrocubana. Toda su producción publicada
en Cuba y en los Estados Unidos fue recogida en el
libro: Los orígenes de los afrocubanos. Murió en un
accidente de aviación en 1951.
20.- Fernando Ortiz, llamado el tercer
descubridor de Cuba. La
relevancia de su labor en pro del rescate
de la huella africana crece con el tiempo; se concentró
más en los aspectos musicales y teatrales de la herencia
africana, así como de la historia de la esclavitud y de
los abakuás que en los problemas sociales, económicos y
culturales ante los cuales los afrocubanos se tenían que
enfrentar.
21.- Doctrina Negra. p.71
22.- Por la integración cubana de
blancos y negros/Fernando Ortiz. REVISTA BIMESTRE CUBANA
(2): 256-272; mar-abr.1942. ESTUDIOS AFROCUBANOS (La
Habana) 5: 216-229: 1945-1946. También en: Etnia y
sociedad/Fernando Ortiz. --La Habana : Editorial
Ciencias Sociales, 1993.-- pp.136-143.
23.- Doctrina negra, p.71
24.- op. cit. p.71
25.- op.cit. p.71
26.- Taller Internacional sobre los
Problemas de la Cultura Yorubá en Cuba, auspiciado por
la Sociedad de la Cultura Yorubá de Cuba y la Academia
de Ciencias de Cuba. Esta sociedad es un buen intento
para la organización de los babalaos y santeros, pero no
goza del apoyo de todos los babalochas e iyalochas, y
los paleros y creyentes de otras religiones de origen
africano se sintieron marginados, pues en lugar de
organizarse una sociedad que la representara a todos, el
propio nombre de la que se había fundado excluía la
participación de las otras. En este sentido considero
que los abakuás eran realmente los únicos que si estaban
en condiciones de fundar una sociedad o unión de las
tierras abakúas que fuera realmente el representante de
todos ellos; lo anterior era y es posible gracias a la
organización histórica que los diferentes juegos abakúas
han tenido desde la colonia hasta el presente.
27.- ¿¡un cake para Obatalá?¡/ Lázara
Menéndez.TEMAS (La Habana) (4):29; oct.-dic.1995.
28.- op. cit.
29.- En este sentido me parece muy
conveniente recordar las palabras que utiliza Robert
Farris Thompson para
describir el vodu: " ...is one of the
signal achievements of people of African descent in the
western hemisphere: a vibrant, sophisticated synthesis
of the traditional religions of Dahomey, Yorubaland, and
Kongo with an infusion of roman catholicism. En
su:Flash of the spiri:African & Afro-American Art &
Philosophy. Robert Farris Thompson--New York : Vintage
Books, 1984.--p.163.
30.-Cultos afrocubanos:
un estudio etnolinguísitico/ Jesús Fuentes y Grisel
Gómez.-- La Habana : Editorial de Ciencias
Sociales,1994.
De Jesús Fuentes es también el título: Raíces bantú en
la Regla de Palo Monte: una aproximación histórica,
religiosa y linguística./Jesús Fuentes Guerra. --
Cienfuegos : Ediciones Mecenas, 1996.80 p.
31.- Para ampliar sobre estos aspectos
pueden consultarse los siguientes textos:
Las Américas negras./Roger Bastide.-- Madrid : Alianza,
1969. -- 207 p.
Religioes africanas no Brasil./Roger Bastide. -- Sao
Paulo : Pioneira, 1971.
Umbanda: uma religiao brasileira./Maria Helena Vilas
Boas Concone. --Sao Paulo : Universidad de Sao Paulo.
Facultad de Filosofía, Letras e Ciencias Humanas, --
1987. --156 p.
The faces of the god : vodu and roman
catholiicism in Haiti./
Leslie G. Desmangles.--
Chapel Hil & London : The Univiersity of
North Carolina Press, 1992. -- 218 p.
Vodú./Alfred Mertraux.--
Buenos Aires : SUR, 1963.-- 341 p.
Es el vodú religión? El vodú dominicano./Manuel Marino
Miniño M.L.-- Santo Domingo, Rep. Dom. : Editora Libros
y Textos, 1985.-- 74 p.
Se trata de un folleto interesante que permite apreciar
la influencia o presencia del vudú fuera de Haití.
32.- La historia de las religiones nos
ofrece los cismas, las . divisiones ocurridas, dentro de
una religión debido a diferencias en cuanto a la
interpretación y aceptación de determinados principios o
dogmas. Lo anterior originó, en el cristianismo, la
aparición de las diferentes iglesias que no aceptan al
Papa de Roma como representante de todos los cristianos.
Dentro de estos abundan grupos o sectas que pretenden o
proclaman llevar la religión del modo más puro,
ortodoxo, llegando algunas de ellas a posiciones
verdaderamente extremistas y muy peligrosas. Este mismo
fenómeno aflora en otras religiones, como en el
islamismo.
33.- Pueden señalarse que
históricamente han habido grupos de santeros y paleros
que se han nucleado en sociedades como la Asociación o
Sociedad de San Antonio, fundada por el difunto Arcadio
o por la de Enriquito Armenteros, la Sociedad San
Lázaro.
Más recientemente otros babalaos o santeros se han
agrupados y han solicitado sus inscripciones en el
registro de asociaciones. Una de ellas es la dirigida
por el babalao Víctor Betancourt, uno, si no el
principal promotor de las practicas de los cultos a los
orishas de una forma más ortodoxa y tradicional a partir
de los presupuestos que él enarbola.
34.- El Oba Oseijema Adefunmi,
destacado activista del movimiento por los derechos
civiles, conocido entonces con el nombre de Walter Serge
King, se inició en el culto de las creencias afrocubana;
tiempo después al conocer las formas africanas de la
religión y compararlas con las practicadas en Cuba,
abandonó el estilo afrocubano y comenzó las prácticas
ortodoxas del culto a los orishas. ver entre otros:
Black critics & kings: the hermenutics of power in
Yoruba society|Andrew Apter. -- Chicago : The University
of Chicago Press, 1992. -- p.2
35.- No he oído preconizar el abandono
de las soperas y de los otros receptáculos en los cuales
modernamente se depositan las piedras de los orishas, o
de los canastilleros, para volver a las antiguas jícaras
y colocarlas sobre esteras en el suelo.
36.- Doctrina negra. p.
37.-Fanon dice al respecto: "Este
acontecimiento llamado comúnmente enajenación es desde
luego muy importante. Se le encuentra en los textos
oficiales bajo el nombre de asimilación.
"Racismo y cultura" En su: Por la Revolución Africana.
Franz Fanon.-- La Habana : Edición Revolucionaria, 1965.
p.46
38.- El editorial de la entrega no.
22.de la revista ADELANTE, órgano de la sociedad de
igual nombre, que representaba los intereses de algunos
sectores de la poblaciòn negra de Cuba, manifestaba el
criterio de no ver como provechoso para la comunidad
negra la solicitud presentada al gobierno para que se
autorizara el desfile de las comparsas.
Las comparsas. ADELANTE 2(22): 3-4 mar.1937.
Otros expresaron sus criterios a favor y en contra como
en los siguientes artículos:
Un ¡hurra¡ para Adelante. Alberto Arredondo. ADELANTE
224): 7-8; mayo 1937.
Apoya la posición asumida por la revista y a la sociedad
Atenas y a la Sociedad de Estudios Afrocubanos por ser
promotoras de la reaparición de las comparsas.
Las comparsas/Salvador García Aguero. JUVENTUD 1(1):20;
mar. 1937.
Señala la actitud en contra de las comparsas como una
huella de los prejuicios existentes en la Cuba de
entonces.
39.- Corromper a los negros. LA
ANTORCHA 9 nov.1919:1
* Lidia Cabrera (1902-1994). Realizó una obra
investigativa en Cuba y desde los Estados Unidos sobre
las religiones y culturas afrocubanas, que en cierta
manera llega a niveles a los cuales no llegó el propio
Fernando Ortiz. Profundizó y amplió áreas que ya había
abordado en sus investigaciones en la Isla. Al morir
dejó su herencia para sufragar y estimular
investigaciones sobre nuestra historia y cultura desde
el descubrimiento hasta el inicio de la guerra de 1868.
** Walterio Carbonell. Fue miembro de la Juventud
Socialista de Cuba, de la cual fue expulsado por
demostrar su solidaridad y simpatía con Fidel Castro al
salir ileso del Asalto al cuartel Moncada. Se asiló en
Francia desde donde regresó cuando la Revolución Cubana
triunfó en 1959.Publicó el libro ya citado Ñ Crítica :
cómo surgió la cultura nacional.-- La Habana: s.n.,
1960.-- Posteriormente publicó un texto que empleaba en
sus clases de filosofía marxista, así como artículos
sobre la política contemporánea africana, aparecidos
principalmente en el diario Revolución. Más
recientemente estuvo dedicado al estudio de la
Conspiración de la Escalera y al estudio de la filosofía
de la Regla de Palo. Actualmente se encuentra laborando
en la Biblioteca Nacional José Martí.
*** Carlos Moore. Fue el autor del polémico artículo:
Le peuple noir a-t-il sa place dans la révolution
cubaine?
PRESENCE AFRICAINE (Paris) 52: 1964.
En dicho texto se preguntaba acerca del
verdadero lugar que tenían los negros en Cuba. Fue,
después de Juan René Betancourt el primero que dejó
constancia escrita sobre la problemática racial en los
primeros años de la Revolución. Se considera alumno de
Walterio Carbonell, a quién conoció al regresar a Cuba
después de haber residido desde 1957 en los Estados
Unidos, a donde retornó años después. En 1988 dio a
conocer su libro: Castro, the blacks and Africa. Ha
mantenido una posición coherente ante el racismo, y la
presencia de ese prejuicio tanto en Cuba, en los Estados
Unidos o en cualquier sitio donde exista; ha reconocido
en la actualidad los avances que el negro cubano ha
tenido en nuestro país y ha alertado sobre lo que
ocurriría si la derecha de Miami llegara a radicarse en
nuestra islas. Recientemente visitó La Habana con un
grupo de estudiantes de la Universidad de las Indias
Occidentales, donde labora como profesor.
40.- Algunos datos de la encuesta:
|
SANTEROS |
50 |
50% |
25 H |
25 M |
|
BABALAOS |
30 |
30% |
30 H |
- |
|
ALEYOS |
20 |
20% |
09 H |
11 M |
|
SANTEROS: FECHAS DE INICIACIÓN |
| |
Antes
del
59 |
1960-1969 |
1970-1979 |
1980-1989 |
1990-1996 |
|
MUJERES |
05 |
02 |
07 |
06 |
05 |
|
HOMBRES |
06 |
04 |
08 |
03 |
04 |
|
SANTEROS: EDADES APROXIMADAS ENTRE: |
| |
20-39 |
40-59 |
+DE 60 |
|
HOMBRES |
14 |
05 |
06 |
|
MUJERES |
13 |
05 |
07 |
|
SANTEROS: RAZA |
| |
NEGROS |
BLANCOS |
MULATOS |
|
HOMBRES |
11 |
10 |
04 |
|
MUJERES |
12 |
08 |
05 |
|
BABALAOS: FECHAS DE INICIACIÓN |
|
Antes
del
59 |
1960-1969 |
1970-1979 |
1980-1989 |
1990-1996 |
|
06 |
02 |
06 |
09 |
07 |
| |
|
BABALAOS: RAZA |
|
NEGROS |
BLANCOS |
MULATOS |
|
11 |
09 |
10 |
| |
|
BABALAOS: EDADES APROXIMADAS ENTRE: |
|
20-39 |
40-59 |
+ DE 60 |
|
14 |
10 |
06 |
|
ALEYOS: FECHAS APROXIMADAS EN LAS
CUALES SE ACERCARON A LA SANTERIA: |
| |
Antes
del
59 |
1960-1969 |
1970-1979 |
1980-1989 |
1990-1996 |
|
MUJERES |
00 |
01 |
02 |
01 |
05 |
|
HOMBRES |
00 |
00 |
03 |
02 |
06 |
|
ALEYOS: EDADES APROXIMADAS ENTRE: |
| |
20-39 |
40-59 |
+DE 60 |
|
HOMBRES |
07 |
02 |
00 |
|
MUJERES |
11 |
00 |
00 |
|
ALEYOS:
RAZA |
| |
NEGROS |
BLANCOS |
MULATOS |
|
HOMBRES |
03 |
04 |
02 |
|
MUJERES |
06 |
01 |
04 |
|