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EL
SIMBOLISMO DE LAS FECHAS
Max Lesnik|
Miami
Las
fechas en el almanaque están marcadas con una cruz para
señalar algún acontecimiento histórico que merece ser
recordado por su significación muy especial. Sin
embargo, hay fechas que solo tienen una connotación
local en un país dado mientras que otras ―aniversarios
de acontecimientos que trascienden las fronteras
nacionales― se convierten en aniversarios de carácter
mundial.
Un 20 de
mayo del año 1506 murió en Valladolid, España, Cristóbal
Colón el descubridor del Nuevo Mundo. Varios siglos más
tarde otro 20 de mayo, en 1902, la isla de Cuba se
inauguraba como una nueva república, aunque atada al
poderoso vecino del norte con la cláusula de la onerosa
Enmienda Platt.
Un 26 de
julio de 1953 se producía en la ciudad de Santiago de
Cuba el asalto al cuartel Moncada bajo la jefatura de
Fidel Castro y un grupo de jóvenes de su generación
marcando con esa acción un cambio de rumbo en la
historia de Cuba. En la Argentina, sin embargo, el 26 de
julio es el aniversario de la muerte de Eva Perón
Duarte, «Evita» la mujer más relevante de la historia de
su país, reverenciada por los humildes hasta el delirio
y odiada como nadie por las clases adineradas más allá
de su muerte.
De
manera que una misma fecha en el almanaque puede tener
un significado distinto según el país de referencia. En
nuestro mundo occidental hay días como el primero de
enero que son de fiesta para todos los pueblos, porque
marca el comienzo de un nuevo año. Pero para los
cubanos, como para los venezolanos, el primero de enero
significa también algo más. Es el aniversario del
derrocamiento de dos dictadores, Batista en la isla de
José Martí y Marcos Pérez Jiménez en la patria de Simón
Bolívar.
De igual
manera el 11 de septiembre marca para Estados Unidos una
fecha de luto nacional solo comparable con la del 7 de
diciembre, el día que los japoneses atacaron Pearl
Harbour. Este 11 de septiembre los americanos recordaron
y el mundo con ellos, el artero acto terrorista a Nueva
York y Washington que costara tantas vidas inocentes. El
luto por esas víctimas trasciende las fronteras de esta
nación para llegar con lágrimas de impotencia a la
conciencia de toda la humanidad.
Pero
hubo otro 11 de septiembre. Fue en Chile y también es
fecha de luto. Un día como hoy murió en el Palacio de La
Moneda en la capital de ese hermano país, el presidente
constitucional de Chile Salvador Allende derrocado por
un golpe militar traicionero perpetrado por el general
Augusto Pinochet. El 11 de septiembre, para los chilenos
es también fecha de muerte porque fueron miles las
víctimas de la dictadura militar las que pagaron con sus
vidas por la defensa de la Constitución de esa nación.
Al
conmemorar en el día de hoy el aniversario luctuoso de
este 11 de septiembre, día de luto para el pueblo
americano, queremos extender nuestra solidaridad con el
pueblo chileno, víctima también de otro ataque artero:
un golpe de Estado al que no fue ajeno el gobierno
norteamericano de entonces, una puñalada a la
Constitución y la ley que tanta sangre costó a Chile a
lo largo de la dictadura militar del General Pinochet.
La fecha
del 11 de septiembre deja una marca profunda de dolor
para todos los norteamericanos. Estamos con ellos en
este día. Pero no olvidamos a Chile que también llora su
11 de septiembre.
¿Por
quién doblan las campañas? Doblan a muerte. Y mañana
puede ser que doblen por otro pueblo cualquiera, víctima
también de una traición como la del 11 de septiembre, ya
sea en Chile como en New York.
La
muerte no tiene fronteras. Y tampoco la traición.
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