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NO HACEMOS FÁBRICAS DE REPENTISTAS
 
Estamos creando improvisadores, pero también escritores, receptores e investigadores potenciales de una tradición tan rica como la creación de décima en Cuba.

Paquita Armas Fonseca| La Habana
Fotos:  Eduardo Cubas
 

Alexis Díaz Pimienta

Hemos impartido tres cursos metodológicos formando repentistas desde el punto de vista docente, estos artistas devenidos profesores están al frente en distintos municipios y provincias. Han hecho la selección de cuatro niños por taller, de unos 20 por aula. Por primera vez se cumple el objetivo de que la enseñanza de la improvisación avance en todo el país y que todos los estudiantes intercambien acerca de lo que se está haciendo en cada lugar. Es un seminario puramente docente, artístico lúdico y participativo en el que se van a poner en práctica la mayoría de los juegos diseñados para la enseñanza de la improvisación. El curso prácticamente empieza ahora, porque es cuando ha estado toda la documentación; los profesores y alumnos se van a enfrentar, por primera vez al proyecto pedagógico con todas las herramientas metodológicas necesarias. Creemos que este es un salto cuantitativo y cualitativo que es la enseñanza del canto improvisado.

¿Hay competencia?

Nunca hay parte competitiva, la improvisación es un arte concursivo y ya esa competencia está latente dentro de las reglas propias de ese arte, por tanto, no fomentamos la competencia entre los niños en su proceso formativo, sino que lo que aprendan les sirva como camino para llegar a realizarse intelectualmente. El festival se hace en los años que no hay seminario y tampoco es competitivo, sirve para que los niños muestren y demuestren las habilidades adquiridas a lo  largo del curso. Terminan con un espectáculo, el año pasado se hizo en el Teatro Nacional y el próximo, en el 2004 contaremos con la colaboración de La Colmenita.

¿El improvisador nace o se hace?

Estoy convencido de que se puede hacer porque lo hemos demostrado en la cátedra. Tengo niños que nunca habían escuchado una décima, que no pertenecen a la tradición y que, sin embargo, en pocos meses han aprendido a improvisar. Hay otros que se han creado dentro de la tradición y no es que nazcan con eso, sino que están insertos en ella, entonces les es más fácil.

Posibilitar que los niños que tengan vocación o talento para cualquier rama de la cultura no solo para la décima puedan encontrar otras formas de potenciar su inteligencia, es uno de los objetivos de la cátedra más que formar repentistas. Siempre se puede confundir la gente pensando que estamos creando una fábrica de repentistas como si el arte se pudiera concertar en conceptos tan fríos. Estamos creando improvisadores, pero también escritores, receptores e investigadores potenciales de una tradición tan rica como la creación de décima en Cuba. Yo siempre digo que el improvisador nace haciéndose, al hacerse va naciendo. Siempre partía de que si había escuelas de danza, de plástica, de música, en las que determina la voluntad y la predisposición del educando por qué no podían crearse escuelas de improvisación.

¿Es novedoso este método?

Tampoco hemos inventado el agua tibia, ya desde la época griega, y sobre todo en la época andalusí, en España, hay noticias de que existían escuelas de improvisación. El arte de la improvisación siempre les ha preocupado a quienes les gustaba trasmitir su enseñanza, para los retóricos era muy importante. La retórica pasó como un arte y una ciencia. La improvisación era mucho más que un divertimento de los reyes moriscos, era un arte que se defendía, ponderaba y trasmitía a través de escuelas, sobre todo en Córdoba, la del siglo IX y X. Entonces, en casi todas las tradiciones te encuentras pequeñas experiencias docentes que distan mucho de la teoría del innatismo. No se deja al libre albedrío, sino que se puedan trasmitir sus técnicas y sus mecanismos. ¿Qué pasó? Que sobre todo desde el advenimiento del neoclasicismo en el siglo XVIII y la exaltación de los prejuicios cultistas contra las artes populares y los prejuicios escriturares contra la oralidad, todas estas manifestaciones, no solo la improvisación, también el romancero popular, el cancionero viejo, todas las demás manifestaciones de la oralidad, todas estas artes se fueron arrinconando y dejando de la mano de Dios y cayendo en el olvido una, en la inobservancia otras y en el mayor ostracismo la mayoría. La improvisación fue la más víctima de todas, encima de oral, era espontánea, inmediata y se perdía. Las últimas cepas de poesía improvisada quedaron entre los campesinos, la oralidad era su mayor vehículo de comunicación y a pesar del ser ágrafos analfabetos, seguían teniendo el «don» de la palabra viva, y al quedar reducida la improvisación a este sector, se creó una gran confusión, se ponderó la teoría del buen salvaje, de que el campesino tenia el «don» de improvisar y lo que en principio se veía como un halago no es más que un arma de doble filo, una posición clasista de aplaudir al campesino por ese «don» pero a la vez no potenciarle las posibilidades de crecer desde el punto de vista lingüístico, de academizarse.

Pienso que con toda esta etapa de la enseñanza de la improvisación estamos acabando con muchos años de traición a la memoria histórica de la cultura popular y de olvido injusto hacia una de las manifestaciones más ricas e enriquecedora de los pueblos

EL REPENTISMO SE PUEDE ENSEÑAR

David Mitrani, narrador, poeta, premio Alejo Carpentier, 2003

La improvisación en Cuba es una tradición muy vieja, sus raíces se pierden entre los siglos XVIII y XIX, tiene sus admiradores, seguidores y su público y de alguna manera ha sido muy menospreciada por nosotros: la teníamos ahí y no sabíamos lo que significaba. Enseñar fue una idea que nació en 1995, comandada por Alexis Díaz Pimienta, no surgió en Cuba: lo empezó en España con pequeños grupos de niños. Hizo un trabajo comunitario también en el municipio de Diez de Octubre y hace cuatro años empezamos a trabajar en la metodología del repentismo: si todo en la vida se puede aprender, el repentismo igual, es enseñar la técnica al niño: el poeta lo lleva o no dentro. Es una manera de rescatar la improvisación pero partiendo del ser humano, hemos concentrado las mayores fuerzas en los niños y un poco menos en los jóvenes. Ya tenemos una primera generación de improvisadores infantiles, niños de 6, 8, 10 años. Y una cosa muy importante que faltaba en nuestra tradición: Cuba ha tenido muchas intérpretes femeninas de décimas, pero improvisadoras no teníamos y ya hay unas cuantas niñas, no que escriban porque en Cuba hay muchas mujeres que escriben décima, pero ahora hay niñas que cantan e improvisan.

Algo muy bueno es extender a todo el país la tradición porque era fuerte en la zona occidental: Matanzas, La Habana y Pinar del Río. Ahora, por ejemplo, en Las Tunas se está haciendo un trabajo muy importante, en esa zona no hay tradición de décima cantada a pesar de que haya sido la cuna del Cucalambé. En el primer seminario yo impartí clases de décima, en este estoy más especializado: hago un taller literario, porque algunos están interesados en escribir décimas. A ellos les enseñamos los códigos de la décima oral y la escrita, qué diferencias hay entre una y otra, entre el consumo de la literatura y la oralidad. Les recomiendo libros de poesía en general, les enseñamos recursos literarios. Los resultados que se van obteniendo pienso que ayudarán a que se tome conciencia de la importancia de este trabajo.

UNO DE LOS SIGNOS DE LA CULTURA POPULAR CUBANA

(Waldo Leyva, poeta ensayista, director del Centro Iberoamericano de la décima)

La importancia del seminario radica, en primer lugar, en la garantía de la continuidad de una tradición que para mí constituye uno de los signos de la cultura popular cubana más importante, y digo cubana por no decirte de la lengua, pero creo que efectivamente la poesía oral improvisada no solo la décima para nuestros pueblos tiene una particularidad: se ha conservado prácticamente intocada. Ha resistido los embates de la modernidad, con la que incluso se ha enriquecido, lo que me parece estupendo. Con este género se identifica ya no solo el sector campesino del país, me parece algo bien interesante, sino que se identifica el cubano como identidad, como ser nacional. Dejar eso a las viejas generaciones, no procurar que esa tradición tan esencial para nosotros tuviera continuidad hubiera sido un crimen. El seminario no es más que la confirmación de que esa proyección forma parte del gusto popular, incluso desde las edades más tempranas, y la certeza de que se les puede enseñar. No es un seminario para hacer repentistas, es un seminario para enseñar la décima, los mecanismos de la poesía oral improvisada, para enseñar cómo se escribe la décima, qué es la poesía. También para enseñar cuál es la música de esta tradición a aquellos que tienen facultades. Después, si de esos muchachos sale un repentista, un decimista o un poeta importante de cierta trascendencia, ya esa sería una ganancia. Lo que será significativo es que todos de una manera u otra salen enriquecidos, conociendo más la tradición, y no van a ser ajenos a lo que constituye un símbolo de su propia identidad.

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