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W. BUSH CON LOS FINANCISTAS
DE ENCUENTRO
 
Además de financiar a la terrorista Fundación Nacional Cubana Americana, la NED ha sido la principal fuente de dinero de las publicaciones fabricadas para la campaña de subversión contra Cuba, privilegiando entre ellas a la revista Encuentro, a la cual la «cuasi gubernamental agencia» beneficia con 83 000 dólares anuales, según consta en su página web.

M. H. Lagarde | La Habana

Devenido paladín de la democracia mundial, el presidente George W. Bush dio a conocer el jueves 6 de noviembre lo que algunos medios de prensa han calificado como la nueva doctrina de una «revolución democrática global». 

La repercusión que ha tenido el discurso del mandatario estadounidense era de esperar si se tiene en cuenta que la «nueva política», considerada  como «una estrategia de avanzada en favor de la libertad en el Oriente Medio», puede servir para justificar —en vísperas de las elecciones de 2004, o después de estas, si es que la actual crisis de Iraq se lo permite—, alguna que otra nueva incursión preventiva en algún oscuro lugar de este mundo.  

No hay que olvidar que después de la mentira de las armas de destrucción masiva con que se justificó la invasión a Iraq, el derrocamiento de Sadam Hussein —la llamada «liberación» del pueblo iraquí—, ha sido el único argumento de los invasores para tratar de ocultar, ante la opinión pública mundial, el verdadero motivo de una guerra realizada para apoderarse de las segundas reservas petroleras del orbe.  

Pero lo que más nos ha llamado la atención sobre el discurso pronunciado por el mandatario norteamericano, es el lugar escogido por él para anunciar su «liberadora revolución global». 

El discurso fue pronunciado en ocasión del  aniversario 20 del Fondo Nacional para la Democracia, «un foro —que según las agencias de noticias—,  es una agencia cuasi gubernamental creada durante la presidencia de Reagan con el objeto de financiar actividades políticas en el extranjero».

Quizás por falta de espacio o de tiempo, o por el hecho de que, en algunos lugares, de determinados temas mejor no se habla, los grandes medios han pasado por alto algunos datos imprescindibles sobre la tribuna escogida por Bush para dar a conocer al mundo su «revolucionaria» propuesta.

La National Endowment for Democracy, surgió en el año 1983, bajo la etapa fundamentalista de Reagan, en plena guerra sucia contra Nicaragua y tuvo entre sus principales creadores a Oliver North, el artífice del escándalo Irán-contras. La agencia, que se autodefine en su página Web como «una fundación bipartidista no lucrativa que ayuda al soporte y desarrollo de la democracia en el exterior a través de organizaciones no gubernamentales y sus cuatro institutos afiliados: el American Center for International Labor Solidarity (ACILS), el Center for International Private Enterprise (CIPE), el International Republican Institute (IRI), y el National Democratic Institute for International Affairs (NDI) y que además «recibe una consignación anual del Congreso de EE.UU.», se ha dedicado, desde su fundación hasta hoy, a financiar la subversión en aquellas naciones que no clasifican dentro del concepto de la llamada «democracia» occidental que EE.UU. pretende imponerle al mundo.

The New York Times la definió de este modo el 31 de marzo de 1997: «la Nacional Endowment for Democracy (Fundación Nacional para la Democracia), fue creada hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Agencia Central de Inteligencia durante décadas, gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios noticiosos en docenas de países…»

Según publicó el periodista mexicano, Carlos Fazio en La Jornada: «En los años 80 se formó una trama organizativa inédita que el instituto Resource Center llamó «red de intervención democrática». La red cuenta con una infraestructura nacional e internacional de organismos privados, financiados directa o indirectamente por el Gobierno estadounidense. La institución medular de ese proyecto hegemónico es el Fondo Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED), que recogió y sintetizó la vasta experiencia de condicionamientos ideológico, político y económico desplegada por grandes fundaciones como Ford, Rand, Rockefeller y Carnegie durante la guerra fría. Abundante literatura revela cómo dichas fundaciones realizaron labores de infiltración y reclutamiento para la «comunidad de inteligencia» en instituciones oficiales, servicios de seguridad, partidos políticos, sindicatos, universidades y organizaciones no gubernamentales de América Latina, México incluido».  

Entre esos países, los señalados como antidemocráticos en el reciente discurso de Bush en la NED, se encuentra, por supuesto, Cuba. En cuanto al caso cubano, de acuerdo con el ex agente de la CIA, Philip Agee: «a principios de los años 80, se tomó la decisión de que se requería más que las operaciones terroristas para imponer un cambio de régimen en Cuba. El terrorismo no había funcionado, ni la invasión de Playa Girón, ni el aislamiento diplomático de Cuba que había disminuido de a poco, ni el embargo económico. Ahora Cuba sería incluida en un nuevo programa mundial para financiar y desarrollar organizaciones no gubernamentales y voluntarias, de lo que llegaría a ser conocido como la sociedad civil dentro del contexto de las políticas neoliberales globales de EE.UU. La CIA y la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) jugarían un rol crucial en este programa así como una nueva organización establecida en 1983: The National Endowment for Democracy (NED) (Fundación Nacional por la Democracia)».

Además de financiar a la terrorista Fundación Nacional Cubana Americana, la NED ha sido la principal fuente de dinero de las publicaciones fabricadas para la campaña de subversión contra Cuba, privilegiando entre ellas a la revista Encuentro, a la cual la «cuasi gubernamental agencia» beneficia con 83 000 dólares anuales, según consta en su página web.

Los dirigentes de esta última, en más de una ocasión han tratado de hacerse los desentendidos respecto a su relación con la National Endowment for Democracy. Tal es el caso de Rafael Rojas, uno de sus codirectores, quien en la más reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara, trató de defenderse de una acusación que lo señalaba como empleado a sueldo del Gobierno estadounidense, otorgándole un carácter cultural y humanitario a dicha entidad.

El financiamiento de esa publicación —declaró entonces a El Nuevo Herald— «es plural y diverso, e incluye tanto entidades y fundaciones norteamericanas como la National Endowment for Democracy (NED) y la Fundación Ford, como la Comisión Europea y partidos socialdemócratas. (…) la NED promueve en la actualidad numerosos proyectos democráticos en el continente».

Refiriéndose a esta Fundación, hija de Reagan e instrumento democratizador de W. Bush, Rojas ha afirmado: «Si bien esta organización privada quizás hubiera apoyado algún tiempo las peores causas de América Latina, en la actualidad fomenta proyectos culturales y sociales».

No sé qué dirá ahora el director de Encuentro después de este discurso de Bush en la Nacional Endowment for Democracy. Probablemente apele a la condición de «verdadero poeta» que le ha conferido recientemente la primera dama, para hallarle algún sentido cultural o humanitario a sus palabras.   Lo que sí está claro es que la forma que EE.UU. tiene de imponer la libertad y la democracia en países como los del Medio Oriente, mediante el exterminio masivo de personas inocentes, no son precisamente un happening para ser contemplado en las pantallas de los televisores, ni mucho menos, algo que pueda catalogarse como una acción humanitaria.

Por lo demás, solo queda esperar que este discurso de Bush sirva para hacerles comprender a muchos de los que firmaron en abril la carta contra Cuba a instancias  de la revistilla de marras, la trampa en que cayeron. Resulta que el patrocinador de Encuentro es «El poeta de la Casa Blanca», autor de ese magnífico «verso» escuchado en la sede de la NED: «Es la práctica de la democracia la que hace que una nación esté lista para la democracia».

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