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CHANO Y MIGUELITO:
HERMANOS DE RUMBA
Siendo ya un consagrado del tambor, a Chano solo
se le reconocía como intérprete, cuando en realidad en
el ejercicio constante de la rumba, siempre andaba
tarareando estribillos de su autoría, a los cuales todo
parece indicar que el mismo no daba especial
importancia. Es Miguelito Valdés, dando prueba de su
mantenida amistad, quien le advirtió de ello.
Bladimir Zamora Céspedes
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La Habana
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Chano actuando con la Orquesta de Miguelito en Nueva
York en 1947 |
La mayor
parte de los testimonios que se han podido recoger sobre
la trayectoria de Chano Pozo son contradictorios entre
sí, por las naturales variantes que se originan cuando
la principal fuente es la tradición oral y la
empedernida vocación de aquel que llamaran El tambor de
Cuba de moverse en los brumosos terrenos de la
marginalidad. Hay, sin embargo, algunos aspectos,
algunos hechos o situaciones, que están muy claros.
Entre ellos está su larga y fecunda amistad con
Miguelito Valdés.
Aunque
Chano había nacido en un solar del Vedado llamado Pan
con Timba, desde los ocho años comenzó a vivir en el
solar África del barrio de Pueblo Nuevo, situado entre
las calles Zanja, Soledad, San José y Oquendo. Este
barrio linda con Cayo Hueso, donde había venido a vivir
la familia de Miguelito Valdés, procedente de Belén.
Miguelito vivía en el pasaje Aurora, entre las calles
Oquendo y Soledad, a solo cuatro cuadras del solar
África, razón por la cual no fue difícil que los dos
muchachos caminadores de todos los rincones de Centro
Habana se conocieran. Otra cosa bien diferente fue que
tuvieran mucha empatía — como la tuvieron— y no
tardaran en ser muy amigos.
Hicieron
un dúo de rumbeadores. Miguelito cantaba y Chano le
acompañaba con el tambor. Y al estilo de tantos y tantos
músicos populares de aquella época, iban por bares y
cafeterías haciendo su música con la aspiración de poder
traer algunas monedas de regreso a la casa. Así
estuvieron bastante tiempo, hasta que Miguelito fundó en
1928, el Septeto Jóvenes del Cayo y Chano tuvo que
buscarse otras parejas para rumbear. Hay quien dice que
en ese momento se fracturó la amistad entre ellos. En mi
opinión Miguelito no lo incorporó a esa agrupación por
la manera intranquila y al margen de la ley, que Chano
manifestaba de continuo. Tanto es así que no tardó el
adolescente en ser confinado en un reformatorio llamado
Torrent, allá por Guanajay.
A los
dieciocho años salió Chano del reformatorio y se puso a
trabajar en lo que apareciera, lo mismo repartía
periódicos que limpiaba zapatos como su padre, pero su
obsesión seguía siendo la rumba.
Eran los
inicios de la década del 30 del siglo pasado y su figura
comenzó a hacerse legendaria tocando su tambor quinto,
al frente de las más connotadas comparsas de la capital
cubana: la de su propio barrio Pueblo Nuevo, llamada El
Barracón; La Sultana, de Colón; El Alacrán, del Cerro y
La Jardinera, de Jesús María. También tocaba en solares
y fiestas particulares. Tal fama había conseguido, que
en 1937 fue llamado por el compositor y director
Gilberto Valdés, para que se integrara a una orquesta
sinfónica con la cual ofrecería unos conciertos en el
Anfiteatro de La Habana. Poco después lo llamó Obdulio
Morales para que formara parte de su orquesta Los
Melódicos, que se presentaba en el Hotel Presidente y
este mismo compositor y director lo llamó para que en
1938 fuera uno de los tamboreros de su revista musical
llamada Batamú, presentada con mucho éxito en el Teatro
Martí.
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Chano, Miguelito y Olga Guillot |
Siendo
ya un consagrado del tambor, a él solo se le reconocía
como intérprete, cuando en realidad en el ejercicio
constante de la rumba, siempre andaba tarareando
estribillos de su autoría, a los cuales todo parece
indicar que el mismo no daba especial importancia. Es
Miguelito Valdés, dando prueba de su mantenida amistad,
quien le advirtió de ello. Estaba el joven cantante en
ese momento, formando parte de la Orquesta Casino de la
Playa, en la cual también figuraba el pianista Anselmo
Sacasas. Miguelito llevó a Chano a casa de este, para
que cantara varias de esas piezas que le habían brotado
entre la calle y el tambor y el pianista las
transcribiera.
Una vez
listas las partes de piano, Miguelito llevó a Chano ante
Ernesto Roca, representante de la Editorial Peer
Internacional, para registrar sus obras y en octubre de
1939, grabó la primera rumba de Chano con la Casino de
la Playa: «Blen, Blen, Blen». Lo más natural hubiera
sido que el soberbio tamborero participara de la
grabación, pero por ser muy negro no lo llamaron, toda
vez que al salir la grabación al mercado, habría que
incluirla en el repertorio y en los salones
aristocráticos en los que se presentaba con frecuencia
la agrupación, no estaba bien visto un negro como Chano.
El autor de esta ya emblemática pieza de nuestra música
tendría todavía que seguir limpiando zapatos, aunque muy
pronto Miguelito le grabaría otras piezas con esta
orquesta: «Arriñañara», «Guagüina Yerabo» y «Sangafimba».
Y después de salir de la Casino y poco antes de partir
hacia EE.UU., en 1940, Miguelito aprovechó para grabar
con la Orquesta Riverside otra rumba de Pozo: «Anana
Boroco Tinde».
Mientras
Chano era contratado como conserje de la emisora RHC-
Cadena Azul y luego era llamado por Leonardo Timor
(padre), para que participara en la Orquesta Havana
Casino, llegando a componerle piezas especialmente para
él; Miguelito Valdés parte para EE.UU. y el 12 de mayo
de 1940 hizo su debut con la Havana Royal Orquesta de
Xavier Cugat, en el Sert Room del Hotel Waldorf Astoria.
El 27 de mayo realiza las primeras grabaciones con Cugat
y no dudó en incluir «Blen, Blen, Blen». Haciendo
entonces una versión menos radical, más al alcance de
los oídos de los bailadores norteamericanos.
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La
Orquesta de Dizzy Gillespie con Chano Pozo en
el Club El Sino de Detroit en noviembre de 1947 |
La
primera mitad de la década del 40 fue de gran éxito y
reconocimiento para Chano en los medios capitalinos,
llamado de nuevo por Gilberto Valdés para participar en
otro espectáculo en el Anfiteatro de La Habana, que se
denominó «Tambó en Negro Mayor». Integró la banda que
acompañó a Miguelito Valdés en un concierto en la RHC-
Cadena Azul, a fines de 1941, cuando el cantante estuvo
de visita en La Habana. Tocó el tambor en grabaciones de
Osvaldo Estívil con la Orquesta del Hotel Nacional. En
1943 formó parte del elenco que ofreció un homenaje a
Rita Montaner en el Teatro Campoamor. En el 1944 el
tresero Humberto Cané lo llamó a un Conjunto Todos
Estrellas que por tres meses actuó en el Casino
Nacional y luego Chano se quedó con la agrupación,
llamándole Conjunto Azul para actuar en la RHC. Pero en
noviembre de 1945 Chano fue gravemente herido en un
pleito que él armó en la Sociedad de Autores y quedó con
vida gracias a una eficaz operación del médico Benigno
Souza, y no tuvo problemas con la justicia por el apoyo
de amigos poderosos. Aunque incluso en 1946 grabó
números con el Conjunto Azul y llegó a tener éxito, las
cosas no le funcionaban bien. El año anterior se había
encontrado con Mario Bauzá y todo indicaba que de esa
conversación saldría la idea de que Chano podría tener
ventura entre la colonia de músicos cubanos de Nueva
York, «para lo que Miguelito Valdés y yo, ayudaremos en
lo posible», le llegó a decir Bauzá.
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Miguelito Valdés junto al cadáver de Chano Pozo |
En
diciembre de 1946 Miguelito volvió a La Habana,
participando en grabaciones, emisiones de la Mil Diez,
el show de Tropicana y a todos esos sitios se hizo
acompañar por su amigo Chano Pozo. Antes de volver a
marcharse le aconsejó que se fuera a Nueva York, donde
él podría ayudarlo más. Todo parece indicar que el autor
de «Manteca» llegó a esa ciudad norteamericana en enero
de 1947. Entre las primeras agrupaciones en las que pudo
trabajar, fue la orquesta del propio Miguelito, aunque
el colmo de su repercusión fuera su introducción en la
banda de Gillespie, llevando a ella la percusión cubana
para forjar los perfiles definitivos del Latin Jazz.
Pero ni en esos momentos el importante compositor,
instrumentista y cantante Miguelito Valdés, dejó de ser
el fraterno amigo de Chano Pozo, a quien siguió cantando
sus rumbas incluso después de que le mataran en
diciembre de 1948.
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