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el akpwon* cubano.
Lázaro Ros ha sido una de las seis personalidades
cubanas que han recibido este año el Premio Nacional de
Música. La humildad no es precisamente una de las
virtudes que abunda en nuestros días, pero en Lázaro Ros
es la esencia de su ser. Nada consigue perturbar su
tranquila apariencia.
Yimel Díaz Malmierca
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La Habana
La humildad no es
precisamente una de las virtudes que abunda en nuestros
días, pero en Lázaro Ros es la esencia de su ser. Nada
consigue perturbar su tranquila apariencia. Ni el premio otorgado por la Fundación Fernando
Ortiz, ni las tres nominaciones a los
Grammy Latinos
por sus discos: Yemayá (1999), Oshún
(2001) y Shangó (2002).
Ocha Niwe, como lo
llaman en los ritos afrocubanos, nació en la barriada
capitalina de Santos Suárez el 11 de mayo de 1925 y
desde niño sucumbió al embrujo de los cantos y tambores
que sonaban al fondo de su casa. No fueron pocos los
castigos y regaños, pero el componente africano salió
triunfante frente a las creencias y prohibiciones
familiares.
A los 13 años comenzó
a cantar en las fiestas de santos, y más de una vez el
dinerito ahorrado como repartidor de leche fue empleado
en sus constantes viajes a Matanzas, donde los más
respetados templos comenzaron a identificar la voz de
quien ha trascendido como el más grande akpwon
(cantante) cubano.
Afortunadamente,
Lázaro, portador del exclusivo don de convertir «las
tradiciones de los negros» en hechos artísticos,
consiguió «colarse» en el mundo radial cubano y en 1949
comenzó a presentarse en un programa dominical de música
folclórica en la emisora Cadena Azul.
Diez años más tarde
integró el colectivo que llevó, por primera vez, un
espectáculo afrocubano al teatro, suceso que tuvo lugar
en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional en el año
1959.
Su labor demostrativa
y como informante de estos cantos y bailes fue esencial
en las primeras investigaciones de carácter folclórico
estimuladas por el gobierno revolucionario, recién
instaurado.
Prestigiosos
investigadores cubanos como Argeliers León, Miguel
Barnet, Isaac Barreal, Alberto Pedro y Rogelio Martínez
Furé, bebieron de su inagotable saber, cultivado primero
por curiosidad, y luego con paciente profesionalidad.
Lázaro, dotado con
unos registros de voz exclusivos y con una profunda
vocación artística y pedagógica, fue uno de los
fundadores del Conjunto Folclórico Nacional (CFN) en
1962, institución con la que ha recorrido el mundo.
El CFN creció con sus
aportes, y también contribuyó mucho a que el artista
alcanzara la estatura profesional que tiene hoy. Con él
realizó numerosas giras internacionales y grabó música
folclórica para la radio y la televisión de Bélgica,
Argelia y España, para la colección discográfica
Chant du Monde, en Francia, y para la cadena BBC,
de Londres.
Varias veces a la
semana, su apartamento de Infanta y Manglar se llena de
gente joven. Son los aprendices de canto que prefieren
beber en la «mata».
Lázaro es exigente y
justo como pocos.
Sin dudas, su obra más
trascendente ya está por concluir, y es la colección de
discos sobre cantos yorubas Orisha Ayé, proyecto
realizado en los estudios de grabación Abdala, del cual
han sido presentados once CD, y quedan dos en
preparación.
Lázaro sabe que
atesora una joya, enriquecida y cultivada con humildad y
paciencia como recomienda Obatalá.
Esta vez, Shangó, batallador, discute el Grammy, pero
estar allí ya es un triunfo: «Ese premio quizás no me dé
dinerito, jovencita, me comentó un día, pero para mí lo
más importante es que mis cantos lleguen a la gente».
NOTAS:
*Akpwon:
Solista
de los
tambores batá, es el que «levanta» los
cantos. Se sitúa al lado de los tamboreros en las
ceremonias religiosas. En una ceremonia de varias horas
los tamboreros y el apwon alternan y los asistentes
responden el coro y bailan.
Tomado de:
http://www.soycubano.com/bijirita/musica/lazaro_ros.asp |