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EL NIÑO DE LA BOTA INFORTUNADA:
MITOS Y REALIDADES

Ariel Lemes Batista 
|  Santa Clara


¿Cómo es posible que una escultura perteneciente a una civilización tan opuesta y distante a la cubana haya llegado a convertirse, junto al Complejo Monumentario Ernesto Che Guevara y al teatro La Caridad, en símbolo de la ciudad de Santa Clara, en el centro de la Isla de Cuba?

La obra es conocida como "El Niño de la Bota Infortunada", hermosa efigie que en 1925 fuera colocada en la fuente existente en el parque Leoncio Vidal, y que con el paso de los años devino en una representación de los santaclareños, apreciada y admirada por sus visitantes, tanto nacionales como extranjeros.                           

Mas... ¿cuál es la verdadera historia que envuelve a dicha obra de arte? ¿Por qué a su alrededor se han tejido tantas leyendas?

Este episodio comienza con el proyecto de construcción de la plaza, presentado al ayuntamiento local en 1904 por el escritor y licenciado villaclareño José Berenguer Sed y que, después de varios proyectos, fuera aprobado el 18 de abril de 1921, tras petición del gobernador Juan Jiménez. La figura del Niño de la bota infortunada apareció en un catálogo de sugerencias de una famosa casa de venta de objetos de artes, la J. L. Mott Company, de New York.

Allí, entre sus páginas, la encontró y seleccionó el coronel Francisco López Leiva para que se instalara en la fontana diseñada por él, y la hizo transportar a Cuba. La hermosa escultura comenzó a surtir el 15 de julio de 1927 cuando se inauguró el parque Vidal, en homenaje al aniversario 238 de la fundación de la villa, por el gobernador de turno, Roberto Méndez Peñate.

Entre los componentes de la plazoleta sobresalía la llamativa fuente de líneas clásicas, en cuyo centro figuraba, en mezcla de calamina, el infante de humilde gorra, uniforme militar y una bota calzada a un pie, y la otra la sostiene en una de sus pequeñas manos para contemplar el manantial de agua cristalina que cae por su suela agujereada.

Han sido varias anécdotas alrededor de esta estatua. Unos plantean que representa un golfillo con rasgos afrancesados; otros, un chico harapiento jugando con su botica rota. Pero, la realidad es muy diferente: el monolito reproduce a los chicos que acompañaban las tropas del ejército norteño en la guerra civil entre el norte y el sur de los Estados Unidos. Estos chicuelos marchaban tocando tambores, por lo que se les llamaba "drummer boys", o sea, niños tamborileros.

Al terminar las batallas, llevaban el preciado líquido a los heridos. La mayoría de las veces, en sus botines. En recordación a ellos se manda a fabricar una estatuilla a Italia y a partir de ella la ya mencionada casa J. L. Mott hace alrededor de 23 copias a una escala mayor y las comercializa.

Posiblemente, según su procedencia, "El niño" no sea el único que exista actualmente en el mundo, aunque los hijos de esta ciudad lo han aceptado como suyo. Lo corrobora el hecho de que sobre él se han inspirado pintores y poetas, como Fabio Martínez Ramírez, cuando en sus versos expresó:

"Con un gesto de pillete de lejanos arrabales
hay un niño encaramado en la fuente del Vidal,
que sujeta en su manita ignorante de los males
una bota que derrama tenues hilos de cristal.
“Es el ‘Chico de la Bota’, que alejado de la vida
Y de tanto drama burdo que se trama junto a él,
Sonriente y resignado, tiene siempre suspendido
La botica remendada que le dio el destino cruel.
Cuando cruza la negrura de la noche pueblerina
De la luna un rayo leve, vaporoso, hasta fugaz,
Tal parece que es la novia, que entre gasas y neblina
Manda un beso, enamorada, a su cándido rapaz.
Y es feliz este “Chico de la Bota Infortunada”,
Porque su alma —que es de bronce— permanece acariciada
Por las cálidas ternuras de su novia: la Ilusión
Mientras cerca de su dicha, “¡cuántas penas hay escondida
En las fibras tormentosas del humano corazón”

Por otra parte, el abogado e intelectual villaclareño José Antonio Pascual escribió, a finales de la década de los años 20 del siglo pasado el poema “El parque provinciano”, en el que cita:

“El parque provincial en noche de retreta
lo mismo visto siempre, los mismos decorados
El Niño de la Bota, la fuente, la glorieta,
Conyedo y Marta, broces y mármoles sagrados”.

A principios de 1959 se traslada la estatua unos metros más al oeste, frente al teatro La Caridad, y se colocó en un botecito de granito gris y verde que para ese efecto se construyó.

En 1969 desaparece aquel lindo manadero y su primorosa imagen central: el niño tamborilero, tras serle arrancado y perdido el botín y poco después, destruido ambos pies. Así, al no poder sostenerse y quedar yacente, sin funciones como magnífico ornamento público, fue retirado del lugar.

Sus restos fueron donados al Museo Provincial, el 7 de octubre de 1970, por el ciudadano Jesús Velazco Fernández.

En realidad, esta escultura no tiene mayor significado para nosotros que la de haber estado instalada en nuestro parque durante más de 43 años hasta finales de la década de los 60, cuando fue remodelado.

No obstante, los santaclareños nunca olvidaron la estatua querida. El Niño de la Bota Infortunada volvió a su parque, a su fuente, en una réplica de bronce fundido, copia de admirable fidelidad al original, ahora ocupa el lugar exacto donde estuvo colocado antes, incluso sobre igual base en línea recta con el Obelisco a los Presbíteros Conyedo y Hurtado de Mendoza, la Glorieta y la Estatua a Marta Abreu de Estévez.

Nuevamente se erigió como símbolo de amor y de respeto que sienten los habitantes de la capital villaclareña por sus valores culturales, sus tradiciones e historia.

Hoy se otorga, en forma de medalla, dicha figurilla a los artistas destacados de la nación que hayan contribuido al desarrollo cultural de la ciudad del Che.
 

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