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¿DÓNDE ESTÁN LAS FOTOGRAFÍAS
DE GUANTÁNAMO?
Félix López
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La Habana
Abigail Hassan pregunta al periodista dónde está
Guantánamo, mientras el camarógrafo de Al Jazeera sigue
el movimiento del dedo índice del niño sobre el
mapamundi. Hace más de dos años su padre fue sacado de
casa con las manos atadas y los ojos tapados... Su madre
y hermanos lloran inconsolablemente, mientras ven las
imágenes de los prisioneros que han sido vejados y
torturados en una cárcel norteamericana en Bagdad.
La
familia afgana, como otras británicas, árabes, alemanas,
españolas o suecas, saben que sus hijos o esposos
confinados en Guantánamo están en igual o peores
condiciones. En estos días, fotografías de prisioneros
iraquíes encapuchados torturados, vejados y obligados a
simular actos sexuales han dado la vuelta al mundo. Son
la prueba de la doble moral de un imperio que lanza a su
ejército en defensa de los "derechos humanos" de un
pueblo al que tortura, mancilla y destruye.
Lo
ocurrido en la cárcel de Abu Ghraib, en Iraq, no dista
del tratamiento que reciben los supuestos prisioneros de
Al-Qaeda y del Talibán en el campo de concentración de
Guantánamo, hoy eclipsado por el escándalo de las
fotografías, pero convertido también en centro de una
controversia a nivel internacional.
Cuba llevó recientemente el tema ante la Comisión de
Derechos Humanos de Ginebra, pero ante las presiones
ejercidas por EE.UU. para eludir una condena en esa
instancia internacional y las evidencias de actitudes
serviles, la representación de la Isla optó por
postergar el pedido de una votación. Al propio tiempo,
el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano hizo saber
que la nación antillana se reservaba el derecho de
persistir en la denuncia de este hecho en todos los
foros internacionales que considere oportuno.
Organizaciones de derechos humanos han denunciado que
los cautivos están encerrados en jaulas de alambre a la
intemperie, con dimensiones de 1,8 por 2,4 metros. Pero
el Gobierno estadounidense se ha defendido de las
acusaciones, explicando que los prisioneros viven en
mejores condiciones de las que experimentaban antes de
ser capturados, y que reciben tres comidas al día,
asistencia médica y útiles para escribir a sus familias.
Nada de eso puede ser confirmado, porque la prensa
internacional sigue sin tener acceso a la improvisada
prisión de la base norteamericana en Guantánamo. Semanas
atrás, los norteamericanos invitaron a un grupo de
periodistas británicos a recorrer el llamado Campo
Delta, pero la visita finalizó abruptamente, cuando uno
de los periodistas grabó las denuncias de uno de los
arrestados.
Los comandantes de la prisión, contó John Manel, de BBC
Mundo, nos acusaron de atentar contra las normas de
seguridad, y ordenaron a los periodistas borrar la
conversación grabada con el prisionero. Así las cosas,
muy poco se ha sabido públicamente de los 680 reclusos
que se encuentran en Guantánamo, sin que ninguno de
ellos haya sido siquiera acusado.
SOLO IMAGINE
Del colega Miguel Molina, columnista de BBC Mundo, nos
llega por Internet esta invitación a imaginar cuál ha
sido el calvario de los prisioneros en Guantánamo y de
qué manera tan desvergonzada comienzan a terminar
algunas historias:
Imagine que lo detienen, lo echan boca abajo en el
suelo, le ponen una bota en la espalda mientras le
apuntan con rifles automáticos y le gritan órdenes en un
idioma que no comprende... Imagine que le amarran las
manos con un pedazo de plástico que se le clava en la
carne, y le ponen una capucha y lo levantan y a
empujones lo echan dentro de un vehículo, y se van con
usted sin decir adónde, ni por qué, ni cuándo volverá...
Imagine que lo encierran, lo interrogan, le preguntan
cosas que no comprende o que no sabe, no lo dejan dormir
y no sabe por qué está ahí, y le da miedo, le da mucho
miedo. Una noche, un amanecer, una tarde, una mañana lo
sacan de la celda y le dicen que se ponga un traje
anaranjado.
Imagine que no sabe adónde lo llevan porque le pusieron
unas gafas que no lo dejan ver. Las cadenas de los pies
hacen que camine torpemente. Va con otros que lo halan y
lo empujan porque tampoco pueden ver... Se oye como si
lo llevaran a un avión... Imagine que la nave despega, y
que trece mil kilómetros después, aunque usted no lo
sepa, desciende en una tierra caliente que huele a mar y
a combustible.
Bien apertrechado el yanki
para tratar a los prisioneros.
Imagine que lo bajan del avión, lo suben a otro
vehículo, lo bajan, lo arrodillan en la grava para que
alguien le tome una fotografía que no ha visto ni verá
aunque le haya dado la vuelta al mundo, y lo ponen en
una jaula rodeada de alambradas... Imagine que con usted
hay británicos, franceses, belgas, daneses, suecos,
alemanes, españoles, y que —como usted— nadie sabe dónde
está hasta que alguien les dice que el cielo y el aire y
el mar son de la Base Naval de Guantánamo, en Cuba.
Imagine que pasa el tiempo y se cumplen dos años. Un día
se entera de que lo acusan de terrorismo, de que lo
consideran combatiente ilegal, de que tal vez lo
procesen aunque nadie sepa cuándo, y de que su abogado,
si es que lo tiene, no puede hablar con usted ni ver
detalles de la acusación... Imagine que una mañana, una
tarde, una noche, abren su jaula, lo esposan, lo suben a
un avión, lo llevan a su país, y lo entregan a la
policía, que poco después se ve obligada a dejarlo en
libertad porque no hay pruebas de que usted sea el
criminal que dicen...
Imagine que quienes lo detuvieron en esas condiciones
siguen diciendo cada vez que pueden que representan todo
lo bueno que hay en el mundo, y que invadieron su país
para que hubiera democracia y se respetaran los derechos
humanos.
PONER EL PARCHE...
En
estos días de escándalo, cuando la moral del ejército
norteamericano y de su Gobierno se reduce una vez más a
cero, el diario The Washington Post anunció que
EE.UU. inauguraba esta semana una nueva prisión en
Guantánamo: un edificio de acero y hormigón cuyo costo
es de 31 millones de dólares y con capacidad para 100
presos...
Llama la atención que en medio del creciente descrédito
internacional por la violación de los derechos humanos
de los prisioneros, el Pentágono anuncie la creación de
la cárcel Campo 5, en la que dicen haber invertido 310
000 dólares por cada prisionero vinculado a Al-Qaeda.
¿Será cierto? ¿Y qué pasará con los más de 500 reclusos
que permanecerán en las jaulas, donde ya llevan más de
dos años?
El
cautiverio de esos hombres —reconoció el Post—, se ha
convertido también en un problema para el Gobierno del
presidente George W. Bush, que ahora no sabe cómo salir
de la situación y es cuestionado por grupos defensores
de los derechos humanos. EE.UU. ya ha enviado a 140
detenidos de retorno a sus países de origen, pero solo
un puñado de ellos ha visto un abogado, y solo dos han
sido acusados formalmente por un crimen, indicó el
rotativo.
También en un reciente artículo, Robert Burns,
periodista de AP, denunció que desde finales del 2003,
el alto mando militar estadounidense tenía información
sobre el maltrato a que eran sometidos los prisioneros.
El resultado de las investigaciones, sin embargo, parece
no haber pasado del despacho del secretario de Defensa,
Donald H. Rumsfeld, ahora encargado de castigar
ejemplarmente a los culpables.
En unos días, a no
dudar, el escándalo será opacado en los grandes medios
por una nueva historia. Mientras, quedarán pendientes
cientos de interrogantes sobre lo que ha estado
ocurriendo con los prisioneros de Guantánamo. Y como en
la cárcel de Abu Ghraib, en Iraq, cientos de hombres
estarán al parecer en espera de que algún día alguien
—entre los propios soldados— denuncie a sus compañeros
de armas por el maltrato hacia los prisioneros y devele
el porqué 17 personas han tratado de quitarse la vida en
Guantánamo.
Tomado de: Granma |