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El silencio de los corderos
Los
charlatanes del imperio no solo callan ante el burdo
chantaje político que trata de ponerle precio a la
dignidad de toda una nación. También lo hacen ante la
publicación de las fotos que reflejan las crueles
torturas a las que son sometidos los llamados
“combatientes enemigos” en Iraq. Al silencio, tendido
hasta ahora alrededor del hecho de que miles de personas
hayan sido arrestadas sin proceso judicial alguno, se
suma el mutismo respecto al “democrático y humano” trato
a que son sometidos los presos iraquíes.
M. H.
Lagarde |
La Habana
Ante la evidencia de
los últimos denuestos de la actual administración
norteamericana algunos intelectuales han optado por el
más rotundo silencio. Llama la atención que ahora,
cuando el gobierno de Bush incrementa su política de
agresión a Cuba, esos sempiternos defensores de los
derechos humanos anden de vacaciones.
Dónde están ahora los
incondicionales voceros oficiales del imperio que
durante años han culpado al gobierno cubano de ser el
principal obstáculo para lograr la reconciliación
familiar entre los cubanos de dentro y fuera de la Isla.
Mientras Cuba disminuye las restricciones migratorias y
alienta una nueva edición de la Conferencia de la Nación
y la Emigración, las nuevas medidas redactadas por la
mafia de Miami y aplaudidas por Bush, limitan la
frecuencia de los viajes de los cubanos residentes en el
exterior de un año a tres. De acuerdo con esos planes,
los cubanos que deseen viajar a su patria solo podrán
hacerlo si tienen familiares de primera línea, o sea,
padres, hijos, hermanos y cónyuges. Los demás lazos
familiares o sentimentales poco importan. No puede haber
un ápice de humanidad en una administración que ha
convertido a la criminal Ley de Ajuste Cubano en una de
sus principales armas de agresión contra Cuba.
Dónde están los que
afirmaban que el bloqueo era una coartada del gobierno
cubano para justificar su inoperancia económica. Dónde,
aquellos para quienes la agresión a Cuba era tan solo un
mero pretexto para mantener la “represión” en la Isla.
La sola existencia de la llamada Comisión de Asistencia
para una Cuba Libre deja al desnudo cuáles son las
verdaderas intenciones del gobierno de EE.UU. respecto a
Cuba.
El carácter
provocador de dichas medidas no deja lugar a dudas. Con
la mira de crear un conflicto armado entre ambas
naciones, un avión C-130 de las fuerzas armadas
estadounidenses sobrevolará las fronteras de la Isla
presuntamente para hacer factibles las transmisiones de
radio y TV Martí.
Como acaba de señalar
el embajador de Cuba ante las Naciones Unidas, Orlando
Requeijo, cualquier eventual accidente, o incidente
fabricado, puede ser manipulado por un presidente tan
irresponsable como George W. Bush para crear una crisis
y promover una agresión contra la Isla.
No hay que olvidar la
explosión del navío Maine en la costa habanera en 1898,
el pretexto utilizado por EE.UU. para intervenir en la
guerra que libraban los independentistas cubanos contra
el colonialismo español.
Con su habitual
estupidez, el propio presidente George W. Bush no pudo
ser más sincero cuando declaró que dichas medidas
estaban: “diseñadas para utilizar fondos a fin de ayudar
a las organizaciones para proteger a los disidentes
cubanos e impulsar los derechos humanos”.
Otra vez la vieja
estrategia “humanitaria” norteamericana, tantas veces
implementada en todo el mundo, mediante la cual se
pretende abogar a favor de los derechos humanos mientras
se estrangula por hambre o se somete a los pueblos
a las
más despiadadas masacres. El ejemplo más elocuente es,
sin duda, el “libertador” genocidio que padecen hoy los
civiles iraquíes.
Después de leer el
capítulo 1 de dichas medidas, quedará alguna duda de
para quién realmente trabajan los “disidentes” cubanos.
Qué dirán ahora esos que tanta tinta han gastado
afirmando que los supuestos “periodistas”, nada tienen
que ver con el gobierno de EE.UU.
En la implementación
de su política fascista contra la Isla, la arrogancia
estadounidense ha sido tan cínica que, hasta algunos de
los presuntos principales beneficiados con los 36
millones no les ha quedado más remedio que renegar del
nuevo proyecto.
Por lo visto
—descubierto su papel servil ante la opinión pública
mundial por sus propios empleadores— ni los mercenarios
al servicio de la Oficina de Intereses de La Habana
tienen mucha fe en que el dinero, desembolsado por Bush
para sufragar la reedición de su fraude electoral en la
Florida, llegue a sus bolsillos.
Pero los charlatanes
del imperio no solo callan ante el burdo chantaje
político que trata de ponerle precio a la dignidad de
toda una nación. También lo hacen ante la publicación de
las fotos que reflejan las crueles torturas a las que
son sometidos los llamados “combatientes enemigos” en
Iraq. Al silencio, tendido hasta ahora alrededor del
hecho de que miles de personas hayan sido arrestadas sin
proceso judicial alguno, se suma el mutismo respecto al
“democrático y humano” trato a que son sometidos los
presos iraquíes.
Qué esperan para
pronunciarse los Vargas Llosa, los Montaner y demás
epígonos que cuentan con todo el espacio en los grandes
medios, especialmente cuando se trata de allanar el
camino de las bombas inteligentes. ¿La revelación de
fotos en las que aparezcan montañas de huesos o el
descubrimiento de las cámaras de gas?
Estos “democráticos y
humanitarios” voceros del nuevo orden mundial nada han
dicho jamás —evidentemente no les pagan para ello— de
los 10 mil prisioneros que EE.UU. mantiene en prisiones
secretas en varios países del mundo y que son tratados
con los mismos métodos utilizados por la inteligencia
norteamericana en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.
De
qué modo esconderán la vergüenza de su connivencia los
países que en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra
se negaron a apoyar la resolución de denuncia cubana
respecto a la situación ilegal de los prisioneros de la
Base Naval de Guantánamo. ¿Justificarán su complicidad
argumentando que las fotos hechas públicas por
televisoras norteamericanas son otra venganza política
de la Isla?
¿Dictará próximamente la Unión Europea fuertes sanciones
contra los EE.UU.? ¿Se escribirán cartas de protesta?
¿Premiará la UNESCO al Pentágono por censurar las fotos
de los ataúdes y las torturas?
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