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EL PALACIO DEL SEGUNDO CABO

Josefina Ortega
| La Habana

 

Una imagen de la Plaza de Armas de La Habana recoge el instante lleno de simbolismo.

Al mediodía del 20 de mayo de 1902 se producía el cambio de banderas que significaba el “término” de la primera ocupación norteamericana en Cuba. Mientras la de EE.UU. permanecía unos minutos sobre lo que hoy es el Museo de la ciudad —y entonces Casa de Gobierno— a su derecha, en el edificio llamado Palacio del Segundo Cabo, ya tremolaba la enseña nacional.

Le cabe a este majestuoso edifico el haber servido de sostén, por primera vez, de manera “oficial”, a la bandera de la estrella solitaria.

Pero el Palacio del Segundo Cabo tiene muchas otras razones para mostrar su hidalguía

Aunque se ha dicho que tuvo siempre fines menos importante —y es más pequeño— que su vecino, el Palacio de los Capitanes Generales, lo cierto es que es más antiguo, pues según recogen varios historiadores, el Gobernador, marqués de La Torre, había propuesto levantar cuatro majestuosas edificaciones en torno a la Plaza de Armas para dar realce al lugar: un Palacio de gobierno, un cuartel de infantería, una aduana y una dependencia de correos.

En la orden para edificar el palacio del gobernador se decía que se diseñara imitando “la Real Casa de Correos que se está construyendo magnífica en el lado norte.”

La elaboración y ejecución de los proyectos se iniciaron a partir de 1772, con las obras de la casa de correos, lo que luego sería el “Segundo Cabo” —pero avanzaron muy lentos por el retardo del permiso oficial del Rey—; de las restantes obras solo se terminó el palacio del gobernador, ¡en 1792!

Los trabajos se encomendaron fundamentalmente al ingeniero Antonio Fernández de Trebejo —o Manuel Trebejo, que el mismísimo historiador de La Pezuela no se pone de acuerdo— y se realizaron usando “los dineros” de la Sisa de la Zanja Real, que en 1776 se seguía cobrando por el uso de sus servicios en el abasto de agua. Pero igual las obras continuaron no todo lo rápidas que se hubiera querido.

Concluida la residencia para correos la misma se presentaba como “un edifico regular, de fachada sobre sillares, de la cual la principal, separada sobre arcos por su entrada, mira a la Plaza de Armas”...escribía de La Pezuela.

Para el arquitecto Silvio Acosta su “fachada sencillísima tiene un poder estético formidable.”

En cambio Joaquín Weiss señala que “aunque poco movido, posee una gran personalidad.”

“Nadie imaginaría —escribe Weiss— que bajo las sombra del soportal, se oculta esta mayestática portada, el fondo de la cual, a través de sus arcos mixtilíneos del zaguán, se alista el patio, en una composición de puro sabor andaluz.”

Fue entonces primeramente Casa Real de Correos, pero poco antes de 1820 se instaló también allí el Intendente de la Real Hacienda.

Tiempo después, esta última instancia colonial, que incluía intendencia, contaduría y tesorería general del ejército, tomó mando sobre toda la edificación, hasta 1853 en que fue anexada a la capitanía general y se decidió que el Subinspector Segundo Cabo se instalase allí con sus oficinas.

Y de ahí se le quedó el nombre por el que todos lo conocen.

Luego del cambio de banderas se posesionó allí el senado de la “república”, otorgándose un crédito para una restauración capital en 1926, llevada a cabo por los arquitectos Govantes y Cabarrocas.

Al construirse el Capitolio Nacional, los senadores se fueron hacia allá y el Tribunal Supremo tomó el inmueble, hasta que se edificó una sede para estos últimos en la Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución.

Entonces la vetusta casa sirvió para las academias... de la Historia...Nacional de Artes y Letras... Correspondiente Cubana de la Lengua...y la Sociedad Geográfica de Cuba.

Cuando todas las anteriores se fusionaron en una sola y se mudaron para otra sede, tomó la instalación el Museo Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos Nacionales, hasta que el mismo se fuera para el reparado convento de Santa Clara.

Finalmente —¿y definitivamente?— se ha radicado en el Palacio del Segundo Cabo el Instituto Cubano del Libro, varias importantes editoriales cubanas... y en un rinconcito del primer piso de su ala derecha, está, amigo lector, su revista digital de Cultura cubana La Jiribilla.

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