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TRAMAS DEL MAYO TEATRAL
EN LA HABANA (I)
Omar Valiño
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La Habana
Con su ya estable frecuencia bienal en los años pares,
la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo
Teatral se constituye en límpido oasis para el disfrute
del panorama escénico de la región enunciada en su
nombre, tan cara ella a los cubanos, pero cuyo mejor
arte teatral no siempre conocemos mediante el contacto
directo.
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La
chica que quería ser Dios |
Precisamente al más importante vehículo de ese
conocimiento entre nosotros, la revista Conjunto,
está dedicada esta edición del 2004. La publicación
guarda cual verdadero tesoro a lo largo de sus cuarenta
años, que ahora celebra, todo el quehacer del teatro de
América Latina, acompañando y estimulando desde su
fundación el despertar, crecimiento y toma de conciencia
de sí del teatro de nuestros países. El mismo que se dio
cita desde los sesenta en la Casa de las Américas
aupado por la propia revista, responsable por derecho y
perfil dentro de la gran institución creada hace
cuarenta y cinco años por la Revolución y Haydée
Santamaría de la relación con el teatro latinoamericano.
Hace
bien entonces el Mayo Teatral en rendir homenaje a su
más cercana progenitora con un Encuentro de Revisteros
(que pudo centrarse más en especificidades del mundo
editorial), así como días antes la Casa recordó por su
mencionado aniversario al guatemalteco Manuel Galich,
fundador en ella de “Conjunto” y del Departamento de
Teatro, y ahora nos hace rememorar, también a través del
evento, a Don Atahualpa del Cioppo en su centenario, una
figura cenital en este vital entramado.
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La
chica que quería ser Dios |
Mayo
Teatral 2004 no opera partiendo de un lema que organice
de antemano un sentido. Nos coloca frente a un panorama
donde cada presencia significa la punta de un iceberg o
mejor el extremo de un hilo que, de poder recorrerse
completo, nos guiaría por distintos senderos del teatro
latinoamericano y caribeño. Distintos en cuanto a
modalidades, visiones, estéticas, concepciones de
trabajo… Claro que no todos los senderos, cuestión
imposible. Ni siquiera obligatoriamente los mejores, si
es que esto fuera posible de determinar. Pero sí frente
a núcleos artísticos representativos y de calidad, cuya
presencia, decía, responde en cada caso y en su relación
con la totalidad, efectivamente, a un sentido: el de
“abarcar” o “apresar” mediante extrema selectividad la
vida del teatro hoy en el continente.
También
se infiere cierto interés en mostrar a público y
teatristas cubanos, receptores esenciales de la
Temporada, ángulos poco explorados en la escena insular.
De ahí el cabaret de Las Patronas (México), las
búsquedas “antiteatrales” de Eduardo Pavlovsky
(Argentina) y Macunaíma (Brasil), el “musical” de
Matacandelas (Colombia) y el performance según Elia Arce
(Costa Rica-EE.UU.). El mismo propósito de los varios
talleres o encuentros realizados por los maestros
líderes de estos grupos.
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Flores de papel |
Se nos
revela así Mayo Teatral como un evento bien concebido,
ejecutado con perfección por la poderosa maquinaria de
la Casa de las Américas, profusamente promocionado y, a
fin de cuentas, muy eficaz. Algunos insisten en
compararlo con el Festival de Teatro de La Habana, con
el cual ha logrado una feliz alternancia anual que
debería redundar en un contraste mayor entre ellos en
cuanto a la participación extranjera. Si el Mayo es
latinoamericano por esencia, el Festival debería
insistir más en la escena internacional de otras partes
del mundo. Añadiría que la diferencia de magnitudes los
hace incomparables, excepto en la búsqueda de sentido y
eficacia global que urge al Festival de Teatro de La
Habana.
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Arquetipas |
Por su
parte al Mayo Teatral conviene revisar las bases de la
participación nacional. Con el bien ganado prestigio
desde donde es convocado, vale la pena arriesgar más a
la hora de invitar a los grupos cubanos porque, entre
otras cosas, el evento es un espacio singular para dar a
conocer a nuestros colegas de Latinoamérica y de otras
partes lo mejor del quehacer insular. Aunque entendible
en el marco institucional, la base “contenidista” de
partir de alguna obra del repertorio latinoamericano
como requisito para ser seleccionado es en primer lugar
asimétrica, pues no se aplica tal rasero para los
participantes no cubanos; no contiene, obviamente,
ninguna garantía de calidad y niega la mismísima
condición latinoamericana de cualquier puesta en escena
cubana parta de donde parta.
Por
supuesto, lo mejor del Mayo son los espectáculos. En la
retina guardo las imágenes de ellos y los estaré
comentando la semana próxima.
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