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VIVIR Y MORIR POR CAMPO ADENTRO
 
 Un magnífico ensayo fotográfico realizado por la norteamericana Susan Bank, proyecto que realiza desde el 2002 y que tras su elogiada exposición en la Fototeca de Cuba debió abandonar para su regreso a EE.UU. forzada por las nuevas restricciones impuestas por el gobierno de  Bush a los viajeros a Cuba y al intercambio cultural con la Isla.


Andrés D. Abreu | La Habana
 

“Oh Dios, por este lugar cualquier fotógrafo moriría”. Con estas palabras celebró el renombrado artista norteamericano de origen griego Costa Manos (fotógrafo de la agencia Magnus) la serie Campo adentro, un magnífico ensayo fotográfico realizado por la norteamericana Susan Bank en una comunidad rural de la provincia cubana de Pinar del Río, proyecto que realiza desde el 2002 y que tras su elogiada exposición en la Fototeca de Cuba debió abandonar para su regreso a EE.UU. forzada por las nuevas restricciones impuestas por el gobierno de Georges W. Bush a los viajeros a Cuba y al intercambio cultural con la Isla.

Confiada en la belleza, la sinceridad y el humanismo de su obra, la Bank marchó segura de volver a Cuajaní para continuar el recorrido de su camino descubierto y visitar una y otra vez a sus familias campesinas. Campo adentro es para la artista un suceso de un inconmensurable valor artístico y social capaz de superar toda posición o confrontación política, una suerte única de creación universal que ha defendido de todo obstáculo y por la que está dispuesta incluso a morir.

“Yo era una vendedora de casas usadas en Filadelfia, cuenta Susan, una mujer que se sentía inmensamente sola y que necesitaba una manera de conectarse al Mundo. Entonces descubrí en la fotografía la posibilidad de romper mi aislamiento. Por eso el sujeto de mi trabajo comenzó a ser la gente que lleva consigo el sufrimiento. Ocho años estuve fotografiando un lugar cerca de la playa en Salisbur Beach, Massachusetts, EE.UU., un sitio al que acuden personas enajenadas y donde nada sucede. Fueron estas las primeras fotos que enseñé a mi profesor Costa Manos y al verlas comenzó a reír porque él también había estado tomando fotos allí. Una feliz coincidencia.”

¿Y por qué Cuba como destino posterior?

En 1999 se organizó el Maine Photo Workshop que tuvo a La Habana como destino. Un gran grupo de fotógrafos norteamericanos viajamos acompañados de profesores como Amy Arbus, Alex Webb y Costa Manos, personalmente me interesé por trabajar una serie sobre los bares y cantinas, pero fotografiar la capital cubana es difícil, el medio es muy fuerte, me sentí incómoda e incluso llegué a deprimirme y paré. Un amigo cubano me recomendó entonces viajar a Viñales y descansar allí unos días. Así fue como encontré el campo cubano y la posibilidad de un trabajo a profundidad.

¿Cuáles particularidades de ese entorno facilitaron su indagación fotográfica?  

En el campo vi a la familia defendiendo ideales como el amor a la tierra, al trabajo y la cercanía entre los seres humanos. Aunque al principio no fue fácil establecer una comunicación natural porque muchos no habían visto jamás una cámara y yo necesitaba que ellos se olvidaran de la existencia del aparato, por otro lado tampoco encontré a nadie que me viera como una rica extranjera norteamericana a la que pedir ayuda para salir de aquel lugar.

Hubo algunos que me cuestionaron el porqué de tomar fotos de casas pobres y guajiros con tantos edificios lindos y lugares lujosos que existían en otros parajes del mundo y yo les prometí traerles al regreso esas fotos hermosas que querían ver. Cuando regresé mi regalo fueron sus propias imágenes y entonces ellos comprendieron que la belleza puede existir en cualquier lugar del mundo. Ahora tienen un libro completo de grandes fotos que guardan como un tesoro.

¿A pesar de sus 19 viajes a Cuba, de haber expuesto en la Fototeca de Cuba una extensa colección de las instantáneas tomadas en Campo adentro y de las dificultades que implica este tipo de trabajo,  por qué insiste en regresar y proseguir el proyecto?

El campo ha cambiado mi manera de ser y de ver la vida, incluso mi forma de hacer la fotografía, ahora mucho más abierta. Allí he descubierto que el espacio es muy importante y por primera vez he llegado tan cerca del ser humano. Aunque no me está permitido convivir con ellos diariamente a las 5:00 p.m. tomo el caminito que separa el motel donde me hospedo de la comunidad y comienzo una nueva sesión de trabajo. Siempre encuentro algo que fotografiar y solo dejaré de hacerlo cuando ya no sienta pasión por ellos. Por ahora este sigue siendo mi lugar, mi gran familia y mi gran descubrimiento y si alguien llegara a allí con un cámara, yo estaría dispuesta a cualquier cosa por impedir que me los roben.
 


 

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