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ENTREVISTA CON EL
POLITÓLOGO ALEMÁN ULRICH BRAND
NO SE PUEDEN DESARROLLAR
ALTERNATIVAS DESDE UN ESCRITORIO
"Considero
necesario un pensamiento alternativo para criticar el
capitalismo y para fomentar un proceso que piensa y
realiza un desarrollo hacia una sociedad más justa,
libre y sustentable, que es necesariamente una forma de
socialización global y poscapitalista". Afirmó el
politólogo alemán, uno de los ganadores de la primera
convocatoria del Premio Pensar a Contracorriente.
Pedro de
la Hoz |
La Habana
A pesar de la distancia que media entre La Habana y
Kassel, el diálogo con Ulrich Brand, vía electrónica,
pareció desarrollarse cara a cara. Ayudó a ello su
dominio del español, pero sobre todo, la cordial
sintonía que se estableció prontamente entre un
periodista ávido por registrar algunas de las
coordenadas que llevaron a su entrevistado a escribir el
ensayo “Hegemonía y espacio para la resistencia: Neo
Gramsci, Neo Poulantzas y un perfil de la teoría crítica
de las políticas internacionales”, trabajo premiado en
la primera convocatoria del concurso Pensar a
Contracorriente, y la pasión de un joven politólogo que
piensa que la práctica revolucionaria es, quizás como
nunca antes, una urgente necesidad para afrontar los
imperativos del cambio.
Variado e intenso fue el intercambio con el profesor de
la Universidad de Kassel. He aquí el núcleo del
sostenido y fructífero diálogo.
¿Qué lo motivó a participar en el premio Pensar a
Contracorriente? ¿Considera necesario un pensamiento
alternativo en el mundo contemporáneo?
Sí, es exactamente esto último. En general, considero
necesario un pensamiento alternativo para criticar el
capitalismo y para fomentar un proceso que piensa y
realiza un desarrollo hacia una sociedad más justa,
libre y sustentable, que es necesariamente una forma de
socialización global y poscapitalista. La teoría y el
pensamiento críticos tienen como una tarea principal
analizar las estructuras de dominación, de actuar, de
vivir de la sociedad contemporánea. Por qué ciertos
actores tienen más capacidad de actuar, de poder
formular y realizar sus estrategias, de tener mejor
acceso al Estado. El capitalismo se desarrolla, es muy
dinámico y por eso el pensamiento crítico tiene que
analizar la fase actual del capitalismo, como lo es hoy
el imperialismo neoliberal.
Pero quiero destacar un límite muy importante de la
teoría, cuando desarrolla de manera aislada los
elementos de una nueva sociedad. Fue siempre el deseo de
muchos intelectuales diseñar la alternativa desde sus
escritorios. Eso no funciona porque la emancipación se
desarrolla en las luchas, en procesos de búsqueda, de
trial and error, mediante la creatividad y el
aprendizaje.
¿Cuál es el registro de esta búsqueda de alternativas al
sistema imperante en el medio alemán?
En Alemania los debates sobre alternativas estuvieron
muy marginados en los últimos años, especialmente en el
mundo académico. En Economía hoy la teoría neoclásica
domina casi todas las universidades y el debate público;
en Sociología y otras Ciencias Sociales se mantuvo
cierto pluralismo, pero esto no significa para nada un
pensamiento crítico. Más bien, la diversidad se
convierte muchas veces en la creación consciente de
modas.
Sin embargo, actualmente y hablando desde Alemania la
discusión sobre alternativas está ganando fuerza. Tanto
la crisis del neoliberalismo como la crítica de
movimientos sociales y de algunos intelectuales causaron
una crisis de legitimidad. Pero hay que decir que la
crisis hasta ahora no da lugar a un cambio emancipatorio,
sino a más violencia a nivel internacional y más
represión en Alemania.
También la derecha trata de aprovechar la crisis de
legitimidad proponiendo alternativas racistas,
exclusivas y violentas. En la izquierda, hasta ahora
dominan propuestas que están muy vinculadas con el
Keynesianismo de la posguerra, o sea una intervención
del Estado más fuerte en la economía y un
fortalecimiento de las funciones de distribución del
Estado. Eso es importante y politiza a mucha gente. Sin
embargo, esta posición intenta promover un capitalismo
más igualitario y tiene como punto de referencia el
Estado-nación. La integración bastante productiva de la
sociedad alemana en el mercado mundial neoliberal, que
causa pobreza y violencia en otras partes del mundo,
queda afuera de esta perspectiva que no es muy
internacionalista.
Cabría preguntar, a partir de lo que acaba usted de
referir, ¿qué clase de recepción tiene el pensamiento
marxista hoy en Alemania?
Buena pregunta. En general, pienso que la
marginalización del marxismo tiene que ver con el auge
del neoliberalismo y el pensamiento único. En los 70
había un debate muy vivo acerca del marxismo en
Alemania. En los 80, sin embargo, hubo una pérdida de
interés y puedo dar solamente algunas razones.
Alemania, será bueno recordarlo, no es solamente la
parte occidental sino también la oriental. Allá el
marxismo-leninismo había sido instaurado como ideología
del Estado, pero también se registraron ciertos
desarrollos teóricos marxistas en las márgenes del
sistema. Después de la caída del muro, las fuerzas
dominantes se consagraron a delegitimizar cualquier
marxismo, también lo no-dogmático, vivo, en pleno
desarrollo.
Hablo de Alemania occidental. Pero creo también que
muchos marxistas eran parte de la marginalización. Por
un lado había una dogmatización de ciertas corrientes
que no veían la necesidad de argumentar y demostrar,
porque daban por sentado que este tipo de análisis es a
ultranza superior, de modo que se convirtió en una cosa
de creerlo o no. Estas corrientes tampoco querían ver
que a partir de los 80 se desarrolló una nueva fase del
capitalismo y un nuevo ritmo de movimientos de
emancipación. Por ejemplo, el movimiento feminista no
era fácilmente reducible a la lucha de clase.
Por otro lado, debido el crecimiento de las
universidades en los 70 muchos jóvenes profesores,
también marxistas, accedieron a estos centros de
estudio. A lo largo de estos últimos treinta años, esto
aseguró la presencia de un mínimo de pensamiento
marxista que todavía existe. En los 80, la teoría de la
regulación tuvo cierta influencia porque era capaz de
entender la nueva fase del capitalismo como una especie
de posfordismo. En los 90, le recepción de Gramsci se
intensificó. La traducción de los Cuadernos de la
cárcel fue importante. Elmar Altvater analizó la
crisis medioambiental desde una perspectiva marxista y
logró una buena recepción. Enfoques teóricos feministas,
la psicología crítica, el análisis de la cambiante
estructura de clases y de relaciones de producción,
trabajos sobre las relaciones Norte-Sur: siempre hubo
contribuciones importantes desde una perspectiva
marxista.
Finalmente, esta generación de profesores cometió
algunos errores, puesto que en muchos casos no lucharon
en favor de una nueva generación que desde las
universidades fuera continuidad a esa producción teórica
con fines prácticos. Tiene que ver con falta de
estrategias, con falta de discusiones vivas.
¿Quiere decir con ello que existe una especie de
orfandad de pensamiento transformador en las
universidades alemanas?
Hoy pienso que las universidades en Alemania están
perdiendo su posición privilegiada de desarrollar un
pensamiento marxista o crítico en general. Las
universidades en Alemania fueron siempre muy
conservadoras; se puede decir que la fase de los 70 fue
una excepción. Hoy en día como marxista en la mayoría de
las universidades te quedas marginado. Por eso, desde
hace un año estamos creando una red para discutir los
problemas actuales y estrategias para mantener un
pensamiento marxista no-dogmático y renovado.
Sin embargo, en los últimos años el pensamiento marxista
está ganando influencia en los movimientos sociales.
Esto tiene que ver con una percepción más grande que se
llamó globalización. De repente una cita del Manifiesto
Comunista explicó algo. Los libros de Holloway o de
Negri y Hardt son muy discutidos, la primera reedición
de la Teoría del Estado, de Nicos Poulantzas
(2002) se agotó en poco menos de un año. El libro
Límites a la globalización, de Altvater y Mahnkopf,
es uno de los clásicos del debate más allá de la
discusión marxista.
Pero hay que decir que muchos otros trabajos marxistas
corren el peligro de centrarse en “lo fundamental” de la
globalización neoliberal que es para ellos lo económico,
el Estado y las relaciones con los asalariados. Así se
tiende a perder una perspectiva de la diversidad de
relaciones de dominación y se devalúan importantes
contribuciones como las feministas o socioambientales.
Me
gustaría saber cómo aprecia la actual situación mundial,
con el delirio bélico expansionista de EE.UU. bajo el
pretexto de la guerra contra el terrorismo.
Es muy difícil de predecir algo. Pienso que los EE.UU.
tienen enormes problemas en Iraq y lo saben bien. Pero
por las elecciones y por los intereses económicos, Bush
no puede retirar el ejército. Y Kerry tampoco lo haría.
Si se analiza bien el programa de Kerry, no existen
tantas diferencias en comparación con Bush. Una victoria
de Kerry es solamente deseable para frenar las fuerzas
neoconservadoras y ultradogmáticas cerca de Bush y abrir
espacios para fuerzas más progresistas dentro del
Partido Democrático (que no son representados por Kerry)
y al nivel de la sociedad.
Es importante que los EE.UU. y sus aliados no ganen esta
batalla. Un último aspecto: desde mi perspectiva y
partiendo de las contribuciones de Gramsci, no existe
una “hegemonía imperial norteamericana” precisamente por
el hecho de que los pueblos de los países del Sur no
aceptan más la forma actual de dominación global, como
fue el caso en la posguerra en que se mantuvo viva la
promesa de un “progreso” global. Y si la hegemonía tiene
que ver con la capacidad de las fuerzas dominantes de
estructurar los terrenos en los cuales los intereses
conflictivos pueden negociar, esto puede tener sus
límites. Lo vimos en Cancún hace un año ante la reunión
de la Organización Mundial de Comercio, se ve en las
contradicciones internas en el seno de la OMC y el
acuerdo TRIP sobre propiedad intelectual. Además, los
EE.UU. no son capaces ni quieren tomar el liderazgo
global, sino confían en su poder militar. Podemos
observar cómo más y más gobiernos del Sur critican los
procesos. Por eso, yo hablaría de una hegemonía
fragmentada: en el Norte sí existe, pero no con respecto
al Sur global. |