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LA NOVIA DEL FEELING
 
Elisabet Hernández Valdés| La Habana


Una de las figuras más representativas de la cancionística popular cubana es la intérprete Omara Portuondo (29 de octubre de 1930), cultivadora del feeling ha  integrado múltiples agrupaciones de reconocida fama y distinto formato instrumental. Con su timbre inconfundible aún sigue representado nuestra cultura por todo el mundo. 

Inició su vida artística en el año 1947 con el conjunto Loquibambia dirigido por José Antonio Méndez, actuando en emisoras radiales como la Mil Diez que perteneció al Partido Socialista Popular. Dicha agrupación interpretaba jazz, e incluía en su formato algunos instrumentos de la percusión cubana utilizando ciertos ritmos. Por todo lo cual, se le puede considerar como parte del germen de lo que es en la actualidad la descarga cubana del jazz. Esta influencia jazzística incrementó su afición por el feeling, movimiento continuador de la vieja trova ―Sindo Garay, Manuel Corona, María Teresa Vera y otros ―pero con una manera de “cantar con sentimiento”, proporcionándole un sentido más poético e innovador que dio lugar a la evolución de la canción cubana y latinoamericana.  

Omara Portuondo enriqueció su universo musical al participar en reuniones y descargas con otros seguidores de esta corriente ―el feeling― como: Ñico Rojas, Leonardo Morales, Eligio Valera, Jorge Mazón, Aida Diestro, Elena Burke, Tania Castellanos y Lázaro Peña. Estas veladas ayudaron en cierta medida a su formación artística, a conocer figuras nuevas y esclarecer inquietudes del momento. 

En el año 1950 no solo centró su atención en el canto, sino también en el ámbito bailable al integrar distintos cuerpos de bailes como: el de las coristas del cabaret Tropicana, “las mulatas de fuego” y el conjunto de Alberto Alonso, con el que realizó presentaciones en el cine-teatro Radiocentro ―actual cine Yara. Esta vocación danzaria la desarrolló  gracias a la preparación recibida en su niñez en la escuela “Alfredo María Aguayo” ―situada en la Víbora― que le sirvió como base artística elemental para su posterior  desenvolvimiento. 

En la década del 50 sustituye a la cantante Elena Burke, en el cuarteto de Orlando de la Rosa, del mismo Omara afirma: “Con esta agrupación comencé a cantar profesionalmente y realicé un importante trabajo, el cual me ha sido útil a través de toda mi carrera artística posterior, aprendí mucho…”[1]. Junto a sus miembros realizó una gira por las Vegas, Cincinati, New York y otras ciudades de EE.UU.

Para ella fue de gran significación: “…ocupamos el primer lugar en popularidad, en ese tiempo esto constituía un importante récord… me adiestraron en cosas importantes como la forma de utilizar un micrófono, la gesticulación de las manos, el enfrentar el continuo rigor de una actividad tras otra, el montaje de coreografías…, la elección del vestuario de cada ocasión y sus transformaciones; en fin gran cantidad de detalles que contribuyen a mejorar o arruinar cualquier actuación.”[2] Al concluir este viaje abandona el cuarteto.  

Su ingreso a la orquesta femenina Las Anacaonas se debió a la necesidad de una integrante para efectuar un viaje por Haití. En la misma se desempeñó no solo como cantante, conjuntamente tocó la batería y las tumbadoras; además conoció y compartió el trabajo vocal con Moraima Secada.

 

A su regreso, volvió a integrar el conjunto de Alberto Alonso, hasta que se le ocurrió a ella y a su hermana Haydée formar un dúo vocal que habían iniciado en la década del 40. La idea central consistió en adaptar a las condiciones musicales del momento la esencia de aquel dúo, con el que comenzamos a vincularnos con el feeling…[3]”. Al sentirse listas, se dirigieron a los estudios de la CMQ, pero antes de presentarse coincidieron con Elena Burke y de ese encuentro casual, surgió la idea de formar un cuarteto vocal. Este proyecto se consumó en 1953 nombrándose Las D´Aida, integrado por las cantantes  Moraima Secada, Elena Burke, Haydée y Omara Portuondo; bajo la dirección de la arreglista Aida Diestro. 
 

Elena Burke, Moraima Secada y Omara Portuondo

Todas las agrupaciones anteriores a este cuarteto representaron escalones en la vida artística  profesional de esta cantante, por lo que en cada uno de ellos ―unos más altos que otros― superó y extrajo vivencias útiles para su interpretación, técnica vocal, proyección escénica y dominio de un repertorio. 

Las D´Aida debutaron en el programa televisivo “Carrusel de la sorpresa”, luego le prosiguieron otros como: “El Show del mediodía”, “Cabaret Regalías” y “Jueves de Partagás”. Del mismo modo actuaron en casi todos los teatros de la capital  formando parte de espectáculos o en conciertos propios. Otros escenarios de presentación fueron los cabarets: “La Campana”, “Club 21”, “Tropicana”, “Sans-Souci”, “Montmartre”, el show del cabaret Parisién del Hotel Nacional, la revista musical en el night club del hotel Capri, entre otros.

 

De manera análoga con todo el extenso trabajo que realizaban, grabaron varios discos de corta y larga duración con la firma norteamericana RCA Víctor, al respecto Omara comentó: “ …Después vinieron otras grabaciones con esa firma y con otras de origen cubano o acreditadas en Cuba, de modo que el cuarteto acumuló una notable discografía…”[4]

 

Con el cuarteto vocal recorrieron varias naciones de Europa del Este y América Latina entre ellas: México, Puerto Rico y Venezuela, país en el que durante algunos años participaron en los carnavales de Caracas. Como parte del  elenco del show del cabaret Tropicana viajaron a la Florida y trabajaron en el programa popular de la época “Steve Allen Show”.

 

Esta agrupación vocal creó un sello interpretativo reconocido por varias personalidades como Luis Yáñez y Rey Montesinos los cuales consideraron:


Luis Yáñez:

“Yo considero, que en Cuba y en Latinoamérica, no ha existido un cuarteto mejor. Las D´Aida tuvo un fenomenal trabajo de voces muy moderno (…) Esta agrupación marcó una época en la música popular cubana.”[5]


Rey Montesinos:

 “El cuarteto Las D´Aida ha sido una de las mejores agrupaciones de su tipo en Cuba, con una afinación y un montaje de voces magnífico. (…) Todas sus integrantes hacían solos, eso siempre me sorprendió. (…)” [6]
 

Por otro lado la propia Omara reflexionó:

“(…) creamos una forma muy peculiar de expresar las obras de nuestro repertorio,  en el cual primaba la música de autores cubanos, por lo que la manera en que la interpretábamos resultó ser muy cubana. (…) creamos una forma de movimientos escénicos que lo caracterizó, es decir, que siempre tuvimos muy presentes, aspectos fundamentales de nuestra identidad cultural. No obstante también recogimos lo mejor de la música latinoamericana y general, del repertorio internacional.”[7].

  

Estas citas nos confirman el trabajo minucioso y técnico realizado a partir de variados géneros nacionales e internacionales, mostrando nuestra identidad cultural a partir de su sello.
 

Esta agrupación le brindó más experiencias para su posterior carrera como solista, esto se debe a que en ocasiones asumía solos que le ayudaron indirectamente a tener una idea de este rol, además obtuvo un mejor dominio técnico e interpretativo que recibió al lado de Aida Diestro, la principal guía en este empeño.

“ … De ella aprendí mucho. Exigía que además de memorizar fríamente los textos de las canciones que interpretábamos debíamos analizarlos, extraerles su esencia, la causa que motivó al compositor o al autor a escribirlo para poder transmitir  mejor  su mensaje. … También nos insistía que había que sentir para poder hacer sentir a los demás, nos enseñó a interiorizar cada letra e incorporarle a las canciones nuestras vivencias, como medio de lograr autenticidad.”[8]

 

A pesar de continuar con esta línea de trabajo a mediados de la década del 50 grabó con la firma Gema su primer disco como solista: Magia Negra dirigido por Guillermo Álvarez Guedes y el segundo en 1967: Esa es Omara, bajo la dirección, producción y orquestación de  Juanito Márquez.

 

Su carrera como solista la desempeña cuando el entonces director de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) Gerardo Piloto le propuso motivado por el segundo disco de ella a participar como representante de la firma discográfica Areíto en el Festival Internacional de Sopot en Polonia. Oportunidad que supo aprovechar para lanzarse como solista en un escenario internacional.
 

Omara Portuondo, bailarina


Para iniciar esta nueva fase de su vida era necesario que abandonara a Las D´Aida, hecho que en buena medida la alegró por el futuro que se le avecinaba pero por otro lado la entristeció al saber que tenía que apartarse del conjunto que tanto tiempo la había acompañado y al que tanto le debía.

 

Omara nunca pensó seriamente en ser solista, no concebía su voz para ese desempeño, no obstante la suerte le sonrió. Esta fue una etapa difícil en la que debía proyectar una nueva imagen escénica, e ir encontrando poco a poco su sello personal, buscar un nuevo repertorio y un estilo propio que la identificara. 

 

En este nuevo camino la invitan a participar en el Encuentro de la Canción Política de 1967 efectuado en la Casa de las Américas, donde comienza a incursionar en la Nueva Trova. Relacionándose con este movimiento a través de las canciones: “Mis veintidós años”, de Pablo Milanés y “La era”, de Silvio Rodríguez.

 

Al respecto ella opinó: “Considero que la Nueva Trova es muy importante desde el punto de vista cultural y social. Cultural porque representa para la canción cubana una nueva forma de decir, con un novedoso lenguaje y letras muy poéticas, acompañadas de excelentes elaboraciones musicales y, desde el punto de vista social, tanto en Cuba como en Latinoamérica, desempeña un importante papel junto a la vanguardia progresista, donde no dejan de estar presentes, unidos al amor de la pareja,  el amor por la vida… el sentimiento patriótico y los hermosos ideales de paz e igualdad (…)”[9]     

 

Como solista formó parte de numerosas giras, por ejemplo: en 1970 actuó en diversas actividades artísticas de la Expo’70 efectuada en Japón, al año siguiente visitó Bulgaria y asistió al Festival Internacional “Orfeo de Oro” en el que ganó el primer premio por la mejor interpretación. Posteriormente en el Festival “Lira de Oro” celebrado en Checoslovaquia ganó premio con la canción “Evocación” de la compositora Tania Castellanos. Estos premios fueron el inicio de una larga lista de reconocimientos que se le ofrecieron dentro y fuera del país. Entre sus múltiples actividades en el ámbito nacional se pueden citar los festivales: del Creador Musical, “Benny Moré In Memoriam,” concursos “Adolfo Guzmán”; además de otros dedicados a la nueva trova y a encuentros de música latinoamericana auspiciados por la Casa de las Américas.
 

En 1996 se vincula al proyecto Buena Vista Social Club, el que la lanza nuevamente a planos internacionales y motiva a una mayor actividad discográfica; para los sellos EGREM, Nube Negra en España y World Circuit en Inglaterra, con los que grabó como se puede  apreciar en su catálogo.

 

Esta relación de toda su vida artística ha servido para observar las múltiples influencias que convergieron en su personalidad. De esta fuerte actividad se destaca su trabajo como bailarina, el cual marcó la gestualidad que la caracteriza, su contacto con la música norteamericana vinculada a los “muchachos del feeling” influyeron en la libertad con que aborda ritmo y melodía.
 

Sus interpretaciones se caracterizan por una variabilidad a nivel de metrorritmo de la relación relieve ―melodía con texto―   y fondo ―acompañamiento armónico. En la agógica predomina el empleo del rubato y la dinámica está en función del clímax y en vocablos finales; donde además varía el sentido de la melodía ―en algunas secciones- usando en su lugar terminaciones melódicas ascendentes. Es costumbre que en la sección intermedia o sea el puente, la melodía este a cargo del acompañante, pero en Omara es característico que la melodía de toda la obra este a cargo de su voz. 

En cuanto a la respiración, está supeditada a la interpretación, en ocasiones es usada antes de concluir una idea lógica del texto, con la finalidad de enfatizar la palabra anterior. Conjuntamente en su cierta libertad de interpretación resulta curioso como reitera y añade algunos vocablos, proponiéndose resaltar aún más el sentido del texto. El fraseo le sirve de apoyo para conducir la melodía en dependencia del carácter de esta.

La novia del feeling ―como la tildó el locutor Manolo Ortega―  con sus cualidades musicales excepcionales ha marcado con sello propio  sus disímiles interpretaciones de arraigo popular que siempre conquistarán la atención del público y de artistas como Luis Carbonell, amigo de profesión del cual vale la pena tomar su comentario en el que la valora como intérprete:
 

 “…Después de conocer a casi todas las cantantes, considero que es la cancionera más dotada de la naturaleza. Posee una magnífica facultad física, gran fiato, musicalidad muy desarrollada, gran sensibilidad y facilidad para todo género de la canción cubana y latinoamericana; timbre inconfundible y personalidad propia; además de estar por encima de todo el mundo por su adaptación a diferentes timbres de voz, cosa muy difícil…” [10]         Luis Carbonell 

BIBLIOGRAFÍA:

GÓMEZ IZQUIERDO, Mariela. Omara Portuondo. Tesis de la Escuela Nacional de Música. 2004.

 OROVIO, Helio. Diccionario de la música cubana. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1981

PALACIOS, Eliseo, Omara Portuondo, la novia del feeling. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1995.

RODRÍGUEZ ESPLUGAS, Lucía. Consideraciones teóricas acerca de la nueva canción. Tesis del ISA. La Habana, 1995

NOTAS:

[1] Palacios, Eliseo. (1995) Omara Portuondo, la novia del feeling. Editorial Letras Cubanas. La Habana p59

[2] Idem. p 61

[3] Idem.p 65

[4] Palacios, Eliseo. Omara Portuondo, la novia del feeling. Editorial Letras Cubanas. La Habana p 73.

[5] Idem. p 74.

[6] Idem p 76

[7] Idem. p 78.

[8] Idem. p 79

[9] Palacios, Eliseo. Omara Portuondo, la novia del feeling. Editorial Letras Cubanas. La Habana. p88

[10] Gómez Izquierdo, Mariela. (2004). Omara Portuondo. Tesis de la Escuela Nacional de Arte. p 13

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