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EL REGALO QUE LA ARAGÓN SE MERECÍA
Pedro de
la Hoz |
La Habana
El 30 de septiembre de 1939 ocho músicos cienfuegueros
llegaron a los reducidos estudios de la planta CMHU,
ubicada detrás del teatro Terry, e interpretaron un
danzón de moda: “La bella cubana”, de José Wite. El
locutor de la emisora, un hombre alto y corpulento,
narrador deportivo e imitador de voces, Humberto Duarte
Jiménez, más conocido como el Capitán Duarte, dijo con
su voz de bajo profundo: “Aquí, con ustedes, la Rítmica
Aragón”.
Sesenta y cinco años después, el 30 de septiembre de
2004, con la fama bien llevada a cuestas por mucho más
de medio mundo, los legítimos herederos de aquel legado,
disfrutan con júbilo la puesta en circulación en Cuba
del libro Orquesta Aragón, del médico colombiano
Héctor Ulloque Germán, la más completa monografía sobre
una agrupación que ha conquistado merecidamente el
título de Charanga Eterna.
Con ese fervor que anima el espíritu de los verdaderos
aficionados y una paciencia a prueba de obstáculos, este
médico de la costa atlántica colombiana, y contando con
experiencia de años en la radio como promotor musical,
dedicó varios años a rastrear datos, entrevistas a
testimoniantes excepcionales, revisar recortes de prensa
y consultar a especialistas, para armar un libro que
llena un vacío en la musicografía latinoamericana.
Es necesario ubicar esta obra en esa precisa categoría:
se trata de un aporte musicográfico, es decir, de un
registro de la génesis, evolución histórica, trayectoria
discográfica, premios, estímulos y reconocimientos, y
trascendencia internacional de la Orquesta Aragón.
Impresa para Cuba por la Editorial Pablo de la Torriente,
de la Unión de Periodistas de Cuba, Orquesta Aragón
despeja algunas incógnitas de los inicios de la
formación cienfueguera —la reunión de varios músicos
liderados por el contrabajista Orestes Aragón, secundado
por el siempre emprendedor flautista Efraín Loyola bajo
el nombre Rítmica del 39 y su nacimiento oficial en el
programa del Capitán Duarte; sus primeras funciones
públicas, sus vínculos con el Partido Socialista Popular
y el Sindicato Tabacalero; sus presentaciones en el club
Minerva, de Cienfuegos; la introducción de una fórmula
cooperativa para la retribución de sus integrantes—,
recoge puntualmente los cambios de integración— los más
significativos fueron la entrada en 1940 de quien sería
luego su director, Rafael Lay Apesteguía, y en 1955 del
flautista y arreglista Richard Egües, binomio que
consagró el estilo que identifica a la orquesta hasta
nuestros días—, y argumenta cómo y por qué resultó la
charanga de mayor reconocimiento social y musical en la
historia insular.
En esta labor minuciosa fueron imprescindibles los
aportes de Celso Valdés, violinista y hoy día el más
antiguo miembro de la orquesta, y del aficionado
norteamericano Charles A. Piñeiro, seguidor de la Aragón
desde la niñez y acucioso coleccionista de sus éxitos.
Los elementos reunidos y expuestos por Ulloque
constituyen una base ineludible para el necesario
estudio musicológico que se impone para verificar, bajo
el prisma del mayor rigor conceptual, el peso de la
Aragón en el desarrollo de una de las líneas principales
de la evolución sonera en la segunda mitad del siglo XX.
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