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EL TRES, UN CORDÓFONO CUBANO
Raúl
Martínez Rodríguez|
La Habana
Al igual que en casi
toda nuestra América, desde los primeros años de la
colonización por parte de España, nos llegan tañedores
de varios tipos de cordófonos de cuerdas dobles y plecto
como el laúd, la bandurria, la vihuela, el tiple, y por
supuesto la guitarra antigua de doble cuerda y la de
seis. Se tienen referencias desde el siglo XVII de la
existencia en Cuba de bandurrias ejecutadas por
emigrantes de Islas Canarias (isleños) que venían a
laborar en la agricultura (cultivo del café y frutos
menores). Los “canarios” y los conjuntos compuestos por
estos instrumentos, organizados desde mediados del siglo
XIX en las grandes ciudades por las distintas sociedades
regionales españolas, contribuyeron notablemente por su
forma peculiar de cantar y de ejecutar estos
instrumentos de “pulso y púa” a perfilar definitivamente
nuestras agrupaciones acompañantes de música campesina,
especialmente en las que interviene la décima como
poesía y una tonada improvisada cantada, y el Son
de tierra adentro.
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Muchos de estos
instrumentos de cuerdas venidos de península en el
transcurso de los años van sufriendo, en nuestra música
popular y folclórica, un complejo proceso de descarte
cayendo muchos de ellos en desuso y surgiendo otros con
características muy propias, que aunque derivan de los
precedentes, responden a peculiaridades de la inventiva
y la acción empírica de los hombres sencillos del
pueblo. Este es el caso del Tres criollo cubano, pero
también pudiera ser el de Cuatro, venezolano, el
Charangó, que se toca en el Perú, Bolivia, Chile o la
Argentina.
El laúd, la guitarra,
de origen europea, y de nuestro Tres, en la organología
musical popular cubana, son la base armónica y melódica
de nuestros conjuntos de sones y del punto guajiro. Del
Tres se tienen referencias desde el siglo pasado. Hay
datos sobre un ejemplar fabricado de forma muy
rudimentaria, con tablas de cajas usadas para envasar el
bacalao y un mástil hecho de madera dura y clavijas de
madera, y cuerdas de curricán encerado. Existió un
personaje, hoy legendario en nuestra música, el trovador
oriental Nené Manfugás, que ejecutaba uno de estos
instrumentos en 1892 por las calles de Santiago de Cuba,
traído ese instrumento de Baracoa, primera villa fundada
por los españoles en el siglo XVI.
Su afinación se logra
con tres cuerdas dobles (de ahí su nombre) de acero, al
unísono, dos en octava alta y la otra en octava baja. Se
toca como el laúd con una púa de tarro, carey o más
recientemente de plástico.
Las encordaduras con
cuerdas de acero más frecuentes, según la afinación
empleada, son las siguientes:
Tercera cuerda, 1
prima con 1 cuarta entorchada.
Segunda cuerda, 2
segunda o tercera lisa.
Primera cuerda, 1
entorchada y 1 prima lisa.
Algunas de las formas
más generalizadas de afinarse el Tres son las
siguientes:
En C
Sol (3), do (2) y mi
(1) (afinación muy emparentada a la guitarra)
Ejemplo 1
En D
La (3), re (2) y fa #
(1)
Ejemplo 2
Los campesinos
cubanos, afinan de la manera siguiente:
La (3), do # (2), y
fa # (1)
Ejemplo 3
En cualquiera de las
tres maneras el ejecutante puede transportar utilizando
una cejilla metálica.
Por muchos años
prevaleció la costumbre de convertir una pequeña
guitarra en Tres, encordándola a la manera de este, pero
con el tiempo estos instrumentos se quebraban, por la
fuerte tensión que tiene la afinación del Tres
campesino. Con el tiempo los luthieres cubanos fueron
diseñando distintos modelos con una caja de resonancia
más sólida, generalmente en forma de “pera” con fondo
ligeramente redondeado, mástil con trastes divididos en
semitonos y un clavijero de metal de seis llaves.
Algunos constituyen verdaderos trabajos de marquetería,
utilizando para la construcción de sus distintas partes,
y maderas como la caoba, el roble, la teca, el ácana, el
sabicú, y el ébano y la majagua.
También algunos
historiadores ubican el posible surgimiento de este
cordófono cubano en Maisí, población que también
pertenece a la región oriental del país. El tres cubano
surgió por una necesidad socio-cultural, y por la
búsqueda de un instrumento de mayor tesitura en los
registros agudos y un novedoso timbre, nuevas
necesidades acústicas y expresivas del campesino cubano.
Los grandes virtuosos de este instrumento, generalmente
empíricos, pueden lograr admirablemente con el tres
funciones melódicas, rítmicas e improvisar y acompañar
mediante acordes disueltos o en bloques, trémolos,
ligados, portamentos, arpegios y arrastres, todos muy
característicos de este instrumento.
Con el impulso dado
por el gran auge del Son oriental y su extensión desde
el campo a pueblos y ciudades, a finales del siglo XIX y
principios del XIX el Tres se va dando a
conocer paulatinamente en las provincias más
occidentales. A partir de la década de los años veinte,
en la ciudad de La Habana se organizan varias
agrupaciones que cultivan ese estilo, entre ellos el
Sexteto-Habanero, con su tresero Carlos Godínez, y el
Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, con el tresero
Francisco Solares. Estos grupos de música bailable se
hacen famosos por el novedoso ritmo y el alto nivel
musical, efectuando numerosas grabaciones discográficas
para las firmas norteamericanas Victor y la Columbia, lo
que posibilitó que el sonido peculiar del Tres criollo
se hiciera conocido internacionalmente.
Con la evolución de
los sextetos y septetos de sones, surgen los denominados
conjuntos, en los cuales se sigue manteniendo como
principal conductor el Tres. El que fue dirigido por el
famoso tresero y compositor Arsenio Rodríguez
(1911-1972) llamado “El ciego maravilloso”, parece ser
el que más ha influido, sobre todo con su instrumento,
desde la década de los años 40 hasta nuestros días, en
los músicos y grupos que cultivan la llamada “salsa” en
toda el área del Caribe. Otro músico muy significativo
es el excelente arreglista y tresero Niño Rivera
(1919), quien incorporó su Tres eléctrico a las modernas
bandas de jazz latino y a la canción moderna cubana.
Otros treseros y soneros mayores son: Faustino Oramas
(1911) llamado “El Guayabero”, Chicho Ibáñez (1875),
Oscar Pelegrín, Viviano Silveira, e Isaac Oviedo (1902),
todos grandes virtuosos de este instrumento.
En la actualidad el
Tres se encuentra en plena vigencia. Junto a los viejos
maestros, un grupo de jóvenes intérpretes le aportan al
tradicional instrumento formas novedosas, destacándose
con su ejecución desde sus respectivas agrupaciones:
Francisco “Pancho” Amat, talentoso tresero el que fue
integrante y orquestador del Conjunto de Adalberto y su
Son, y actual director de su propia agrupación , Juan
de la Cruz Antomarchi, el peculiar gran Totó, y su Eco
del Caribe, Juan D’ Marcos González del Grupo Sierra
Maestra; Alexis Milán del Septeto Nacional; y Orbe
Ormide Ortiz Perera el que fue integrante del Grupo
Campesino de Albita Rodríguez, entre otros.
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Pancho Amat |
Desde la década del
treinta, existe la preocupación por parte de nuestros
profesores de música de crear un método para la
enseñanza del Tres cubano. El primero que fue editado se
debe al profesor Félix Guerrero (padre), y en él este
maestro aporta los primeros ejercicios y bases
metodológicas para el aprendizaje de este instrumento
con base en la técnica musical.
El segundo método
creado con ese objetivo fue la Escuela del tres cubano
(Premio de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de
Cuba, 1987), que pertenece a dos músicos y excelentes
profesores cubanos: Efraín Amador Piñera (guitarrista-tresero)
y Doris Oropesa Saavedra (pianista). Este último método
en la actualidad se encuentra incorporado a los planes
de estudios de las Escuelas de Música de Nivel medio de
Cuba y el propio maestro Efraín Amador, ha incluido
obras de música de cámara para Tres y Laúd en la
programación de los pasados Concurso y Festival
Internacional de Guitarra de La Habana, con gran
aceptación por parte de cubanos y extranjeros. |