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conversación con Lourdes Prieto
Un atajo posible
Idania
Trujillo |
La Habana
Fotos: Idania Trujillo
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Lourdes Prieto, junto al fotógrafo
Raúl Rodríguez en la filmación del documental
Daniel Santos: para gozar La Habana |
Lourdes Prieto,
inquiera realizadora, con una larga trayectoria como
asistente de dirección en filmes cubanos de ficción como
Fresa y chocolate, por solo citar uno, además de
su reconocido desempeño como documentalista: Bajo la
noche lunar y Conversando con Ruth, sobre la
vida de Pablo de la Torriente Brau; Rumor del tiempo,
un lúcido y bien estructurado material que revela la
sensibilidad humana y profesional de Julio Girona, uno
de nuestros más destacados pintores vanguardistas, acaba
de recibir en el recién concluido XXI Festival Cine
Plaza 2004, el Premio Documental por Daniel Santos:
para gozar La Habana, que dirigió junto a José
Galiño, y el del Círculo de Cultura de la UPEC.
Perspicaz en sus
opiniones, Lourdes reflexiona sobre el género
documental: un tipo de cine irreverente, cuestionador,
que rescata la historia y pone en evidencia las
contradicciones más contemporáneas, deja abiertas las
ventanas de la vida para meterse en la piel del
continente, en la masa anónima y tremendamente humana
que lo habita...
Alternativa
disonante frente al modelo de banalización cultural,
¿consideras que el documental sigue siendo ese pequeño,
y a veces, soslayado atajo para buscar en la vida, y no
fuera de ella, la belleza estremecedora de nuestra
identidad americana?
Es indiscutible que el documental como género
cinematográfico tiene y seguirá teniendo un impacto
tremendo en la sociedad. De hecho y por naturaleza
propia es muy cuestionador; como dices, penetra en las
esencias humanas e intenta sacar en dependencia del
talento y la capacidad de sus realizadores lo más
auténtico de nuestras realidades. Para mí sigue siendo
fascinante y enriquecedor, precisamente porque no trata
de embellecer con falsas miradas la vida, sino que nos
la devuelve con todas sus contradicciones,
frustraciones, sueños y esperanzas.
Sobre el documental cubano en particular, consideras
que ha cambiado su estética en relación con aquellos que
se hicieron en los años 60 y 70 y que sentaron
escuela... ¿por qué?
El documental cubano
de estos tiempos no puede negar que es heredero directo
de la escuela documentalística de los 60 y 70. Si bien
es cierto que ha cambiado, en tanto ha cambiado también
la sociedad cubana, en tanto nuevos contenidos requieren
nuevas formas, nuevas maneras de aprehender una
realidad que siempre está en constante movimiento y en
cine la dinámica formal como estructura artística varía.
¿Cuáles constantes formales consideras inherentes al
género?
Mira, el documental
tiene su propio lenguaje. Hay elementos formales por
supuesto, dentro de la época actual, como las
disolvencias, los cortes, los movimientos de cámara,
incluyendo los efectos que se pueden lograr con los
lentes de cámara; la incorporación de la computadora en
los procesos de edición, en especial el AVIC y otros
sistemas, que han contribuido a enriquecer el lenguaje
formal cinematográfico; pero lo que más importa, en
última instancia, no son ni siquiera esos “efectos”,
sino el tema, la profundidad en la investigación, el
modo en que se organiza el material y la mirada que el
propio realizador hace de ese tema.
¿Crees, entonces,
en la mirada objetiva?
El documental siempre
está muy ligado al testimonio, forma parte de la memoria
histórica de una época y lo demás es cuestión de estilo
y de sensibilidad.
¿Y qué importancia le concedes a la mirada subjetiva?
Cuando voy a hacer un
documental sobre determinado asunto trato siempre de
buscar qué otros acercamientos existen, e incluso si hay
otras formas de arte afines a él, como puede ser las
artes plásticas, pues eso me revela muchas claves
estéticas, pero es innegable que la mirada subjetiva de
una siempre está presente en la obra que realiza, que
pasa por la sensibilidad y la agudeza con que sea capaz
de acercarse al tema desde el punto de vista de cine.
¿Qué problemas objetivos y subjetivos conspiran
contra el género en estos momentos?
Un primer problema es
de carácter material: no hay presupuestos para elaborar
documentales; no hay interés en hacerlos porque,
hablando claro, muchas veces no hay interés en que se
refleje la realidad tal cual es, y esto ocurre en
cualquier sitio del mundo, no solamente en Cuba. Además,
el documental está subvalorado; siempre se ha visto como
un género menor, un poco relegado de las pantallas. A
veces es tan crudo, tan efectivo, tan directo, tan
inmediato que esos valores intrínsecos que posee
conspiran contra su posible exhibición y
comercialización. Es un género demasiado peculiar. Otra
cosa, encuentro grandes dificultades no solo en el
sentido del presupuesto, sino en los plazos, a veces
prolongados, que tiene que recorrer el realizador para
poder filmar, editar o producir una obra. Es un género
bastante complicado aunque al propio tiempo
infinitamente maravilloso.
Pero con todo, ¿crees en su futuro?
Siempre he creído en
su futuro. Es más, lo que muchos no toman en cuenta es
que cuando el documental se relega como género se pierde
parte de la memoria histórica de una nación.
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