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“La realidad
siempre nos traiciona”
Soldados de Salamina./J.Cercas
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El siglo XX de la
literatura en España comienza cuando la escena de los
teatros la toman los obreros, el año 1885. Un
acontecimiento, en el dominio ideológico literario,
paralelo al que se producirá también en otros iguales
dominios de clase burguesa, en el dominio político y en
el dominio jurídico legislativo, el año 1890, con la
aprobación legal y la puesta en circulación social del
sufragio universal masculino.
Estos hechos, que
constituyen una respuesta inmediata y dominante por
parte del bloque histórico burgués al movimiento obrero,
al peligro de clase que el proletariado organizaba,
abren el más complejo proceso de producción de ideología
que la burguesía haya tenido que afrontar: no solo son
sus propios aparatos de clase, sino con todo el poder
material y de gobierno que le da el control del Estado.
Hablo de la producción de ideología populista, cuyo
proceso productivo dura desde esos tiempos de finales
del siglo XIX hasta después de hoy con la victoria
"democrática" del populismo, 1996-2000, con el Partido
Popular en el poder del Estado y la extensión social de
la represión institucionalizada.
Aunque hoy solo hable
de algunos casos prácticos dentro del sector literario,
sectorialidad de la literatura en la producción de
ideología. Entendiéndose: en primer lugar, las
propuestas que tomo, los productos que considero, no
están aislados ni quedan reducidos al opus mirabilis
con que el revisionismo socialidealista camufla el
servicio de clase que el intelectualismo orgánico y el
funcionariado ideológico en general le prestan al bloque
burgués para fundamentación de su dominancia histórica y
legitimación de clase. En segundo lugar, tampoco ha de
olvidarse que las condiciones sociales y relaciones de
producción económica determinan la ideología y máxime la
ideología dominante, para nada algo aparte ni autónoma e
independiente, sino vinculada a ese bloque de clase al
que le da base y organización, su propio reconocimiento
de dominio y hegemonía, de homogeneidad y legitimidad
históricas.
Coyuntura de 1900.
Concentración de crisis del sistema, de Estado y de
clase dirigente: fracasos de la política exterior del
gobierno, en la guerra y pérdida de las últimas
colonias. Hundimiento y cierre del mercado colonial,
pero regreso de capitales, que refluyen en negocios y en
bancos, en la sectorialidad industrial de la economía.
Inyección de capitales extranjeros. Derrumbe de los
viejos negocios familiares. Entra en fase última, entre
ajustes y reajustes, el proceso de transformación de las
viejas burguesías (de negocios, financiera y propietaria
de la tierra), en la nueva burguesía de acumulación
monopolista del capital, dueña de la explotación de las
nuevas energías: en compañías eléctricas, compañías
petrolíferas, etc. Pero en España: antes que un
capitalismo de monopolios, actúa un neocapitalismo
fuerte, ante el que se atrincheran las viejas burguesías
en la defensa a ultranza de sus más tradicionales
intereses en bloque. Una defensa, que encuadra en el
Estado las últimas posiciones. Así como también en la
ideología: por lo que la gente nueva tendrá que
encontrar sitio y acomodo en lugares extremos, límites y
aun disfuncionales (pero, con todo) dentro del dominio
ideológico de clase.
Sobreproducción: no
tanto de ideólogos jefes de filas y fracciones de clase,
arriba, que se alternan en la dirección del poder
material y de gobierno, sino desde la base, esto es, de
funcionarios ideológicos de clase. Que acceden a ejercer
sus funciones, para las que los aparatos de extracción y
formación los han ido preparando, y no encuentran un
lugar de trabajo. Que, provenientes de la burguesía (no
hay ninguna otra clase social en España que surta de
capital humano y de fuerza intelectual el funcionariado
y escalafones de servicios), empobrecen y proletarizan
su vida, esto es, sus condiciones de trabajo y de vida.
Mientras la gente vieja preserva sus prerrogativas de
dirección y mando, la gente nueva ha de atender a las
quiebras internas y a las resquebrajaduras del dominio.
No hay otra salida para ellos: el servicio de reformas.
Reformismo. Al que se le reconocerá bajo el nombre común
y colectivo de intelectuales.
Pero, los
intelectuales bifurcarán sus actividades reformistas.
Unos, puestos manos y obra a las críticas internas.
Otros, a los envites del frente externo de la lucha de
clases: atentos a la cuestión social, al enorme problema
del proletariado. Los unos y los otros, sin embargo,
entrecruzan esfuerzos. No van por separado sus
propuestas. Aunque, en su unidad de acción sobre la
cuestión social y el proletariado: el mercado establece
las diferencias. Esto es: el mercado de valores
ideológicos y la rentabilidad de la inversión de capital
ideológico, para su uso y su consumo por las clases
subalternas, y como objetivo primero y último por los
obreros, por el proletariado. Por lo que: si el trabajo
intelectual y la inversión ideológica se hace
perentoriamente, urgidos los intereses por la necesidad
de recoger beneficios inmediatos, a corto plazo queda
impuesto el capital intelectual, la obra, en la que
predomina pues su valor de cambio. Pero también puede
estarlo a más largo plazo: entonces, sobre el valor de
cambio de los productos y las mercancías ideológicas
puestas al consumo público predominará su valor de uso.
A corto plazo, de inmediata y perentoria rentabilidad:
intervienen en la realidad dura y material de la lucha
de clases los discursos populistas, el populismo y sus
subsidiarias ideologías en la sectorialidad de la
literatura. Si a más largo plazo de intereses e
imposiciones del capital ideológico está pensado el
proceso de producción e intervención en la lucha de
clases: aparecen en la historia las propuestas del
intelectualismo del espíritu, con toda su enorme caterva
de ectoplasmas y fantasmagorias, idealismos y
esencias incluidas, agrupadas todas bajo la bandera
de la modernidad.
Pero, la modernidad
también existe en el populismo duro y simple,
inmediato y directo: atento a las circunstancias
de la lucha de clases, al enorme frente del
proletariado. Ese populismo que para la literatura
comienza en 1885, con el teatro tomado por los obreros
en Juan José, la vida y obra de obreros, escrita
y hecha pública por el intelectual (de origen
y posiciones burguesas; de militancia socialista)
,"alias" Joaquín Dicenta. Cuya acción directa para la
modernidad consiste en elevar como entera y
única, directa materia prima literaria la vida del
obrero del gremio más huelguístico en el Madrid (España)
de expansión inmobiliaria burguesa, a saber, los
albañiles, y quedar hecho añicos, encerrado en sí
mismo ese obrero revolucionario, ocupado con sus razones
en rechazar el clientelismo histórico obrero, aunque
acepta el revolucionarismo de la izquierda burguesa al
tiempo que espera su revolución, nuestra, obrera. Entre
tal acumulación de contradicciones: no hay más
politiquerías; y el vacío político lo llenan razones
sentimentales, pasionales, amorosas, y las
correspondientes estrategias familiares y morales. De
resultas: ahí queda, más que destruido, inexistente, el
enemigo de clase, el pobre y sentimental proletario, sin
conciencia de clase, solo preocupado en su vida por
asuntos de amor y de faldas, de sexo y pasión, que madre
no hay más que una, esposa y madre la mujer buena,
mientras la mujer mala va y hace la calle y la perdición
de los hombres, que a ti te encontré en la calle,
huérfano de todo, como Juan José, carne de cárcel, por
ladrón y criminal pero pasional. De carne de cañón, a
carne criminal, el obrero, que ni siquiera proletario.
El objetivo de clase,
cubierto: contra el proletariado, que usa y consume como
suya esta ideología pasional (sentimental, familiar,
moral) en el vacío de la desideologización proletaria
efectuada. El Juan José representará en las casas del
pueblo socialistas, en la primera década del siglo XX,
el vacío de conciencia de clase proletaria. Que
mantendrá sus propuestas (de obreros solo preocupados
por bailar en las verbenas populares; ideología
verbenera, ideología zarzuelesca) en un ámbito que
pretenderá sustraerse al cambio de circunstancias que
las produjo con el burdo subterfugio de elevar a clásico
(a permanente, a eterno su valor de uso) el género chico
del populismo ya acartonado, ya fuera del tiempo pero
activo y válido para la lucha de clases.
Coyunturas sucesivas
de agudización de la lucha de clases, por la presión
revolucionaria del proletariado y campesinado con
conciencia de clase. Años de 1917, 1923, 1931, 1936.
Hacía falta un reajuste fuerte en la acción directa de
los discursos populistas: revitalizar, reactualizar la
estrategia mediante un cambio de táctica. Lo que se
consigue en los servicios ad hoc del
funcionariado ideológico: con la modernidad que da el
intelectualismo del espíritu, en sus propuestas de
funciones nuevas, esto es, renovadas, rehechas, de
poeta, e incluso en la fachada moderna que presta su
lenguaje, sus palabras, el nombre exacto de las cosas
que hace derivar directa e imperativamente de la
inteligencia. El manifiesto lo proclamaba el tercer
poema de un intelectual que así conseguía lugar y nombre
en el intelectualismo orgánico de clase: "¡lntelijencia,
dame / el nombre esacto de las cosas!". Con el camino
expedito para trabajar a destajo sobre la enorme
cuestión social: proponer por escrito público la "elejía
andaluza" del moderno "poeta lírico" (Platero y yo)
allí donde había (vacío ideológico; pero la
contumacia de los hechos sigue diciendo que allí no hay
sino) unas agitaciones campesinas imparables, anarquismo
y bolchevismo en Andalucía.
Ese vacío
(ideológico): no hay agitaciones campesinas en Andalucía
ni en España, donde no hay tampoco agitaciones
proletarias, sino la pax burguesa. Ese vacío
(ideológico), sobre la realidad histórico material: ni
proletarios ni campesinos revolucionarios, sino buenos
hombres, sino el buen salvaje, el pueblo honrado, el
pueblo trabajador, cantado a base de símbolos y de
metáforas, de imágenes y mil formas de lenguaje sublime
elaborado por las vanguardias. En discursos que cruzan
el intelectualismo del espíritu con el populismo. En
discursos neopopulistas. Neopopulismo.
De entre los
funcionarios ideológicos de clase llamados a ejercer de
neopopulistas: pese a sus torpezas y errores, pero
predominará en su trabajo el ocio y la contumacia, el
orgullo y la soberbia de elite, de señorito andaluz,
metido en un proceso ascendente a intelectual orgánico
de la burguesía en bloque (nada de fracciones) para
ejercer funciones de poeta neopopulista, destacará
Federico García Lorca.
La propia obra de
García Lorca describirá el fracaso mismo de los
discursos populistas. Las masas rebeldes de obreros y
proletarios, así como de campesinos (pero, no de Galicia
ni de Castilla: residuos activos del fascismo agrario),
no caerán en la trampa. Y así como el populismo político
topará con su aporía (los mercenarios militares
ejecutarán sus planes de clase), la aporía del populismo
(neopopulismo) literario igual la escribe García Larca:
el espíritu del pueblo español que anida allí donde se
abre la desconcienciación de clase, el aideologismo,
aclasismo y servilismo de clase, permite la exultación
de los valores y principios fundamentales que la
ideología fascista, que el fascismo y solo, solo el
fascismo organiza, propugna, defiende y eleva a
categoría del espíritu del pueblo español. García Larca
exalta: la ideología de la madre, la ideología de la
sangre, la ideología de la tierra, la ideología del alma
del pueblo, la ideología de la raza, la ideología de la
familia, la ideología patriarcal autoritaria, la
ideología de la jerarquía social natural, la ideología
de la sexualidad reproductora, la ideología del
matrimonio, la ideología tradicionalista, la ideología
liberticida, la ideología de la inhibición sublimadora,
la ideología del irracionalismo, la ideología de la
violencia, la ideología de la fuerza, y cuantas demás
estrategias e ideologías subsidiarias a cuya sombra y
fantasmagoría se pudieran desarrollar, como por ejemplo
a la sombra y fantasmagoría de la ideología de la Norma
y el Estilo, de la ideología de la dialéctica de los
puños y las pistolas, de la ideología de la Cruzada de
Salvación, etc.
Coyuntura de guerra
de clases. 1936-1939. No hay escapatoria: en los dos
bandos contendientes en el frente, la lucha entre las
tácticas no puede ocultar la fundamental coincidencia
entre las estrategias para defensa y legitimidad de la
dominancia histórica de la burguesía. En el bando
republicano, la unidad de acción del frentepopulismo
defiende una única, grande y libre república burguesa: a
estos objetivos se presta, bajo la dirección del Partido
Comunista de España, la confusión que hace difundir como
poesía del pueblo y del pueblo en armas (por ejemplo)
los romances del Romancero gitano, cuya autoría
sufragaba el intelectual orgánico burgués en funciones
de poeta neopopulista, Federico García Larca, a quien
acababan de fusilar los católicos en armas y no, antes
al contrario, los fascistas, las milicias y jerarquía
fascistas, compañeros todos sin embargo de filas
contrarrevolucionarias. Romances (lorquianos, y no solo
del Romancero gitano) neopopulistas donde no hay
proletarios, ni jornaleros ni campesinos con ninguna
conciencia de clase y aun menos siquiera con una
conciencia revolucionaria, sino pueblo bueno, honrado,
el buen salvaje originario del pueblo andaluz, esto es,
el gitano, etc.
El fascismo sí tiene
claro y decidido tanto el imperativo de clase como el
enemigo de clase: hay que matar, hay que destruir hasta
eliminar material e ideológicamente tanto al
proletariado como a la conjunción de sus compañeros de
viaje. Para ello lucha. Para ello hace la guerra. Para
ello la gana. Para ello, la victoria del fascismo en
España.
Importa por ello
comprobar la acción directa contrarrevolucionaria
institucionaliza: el terror de Estado, en su propaganda,
en los aparatos de Estado, escrita a la literaria
manera. Esto es: la literatura puesta al servicio de
prensa y propaganda. De resultas: uno de tantos
panfletos literarios lanzados por el fascismo de Estado,
discutido y decidido en tertulias y reuniones al efecto,
reproducido por cuantos productos de la Prensa del
Movimiento se ajustaron al objetivo propuesto: destruido
y hecho añicos el proletariado uno a uno, proletario a
proletario, obrero a obrero. Y levantar acta de ello por
los jurisconsultos que fundamentan la legitimidad del
fascismo: notario, médico y escritor literario; y más en
concreto: escritor literario novelista.
Hablo del panfleto de
legitimación fascista que el funcionario de turno,
jerarca destacado del intelectualismo orgánico del
fascismo, "el camarada Camilo José Cela", intituló La
familia de Pascual Duarte.
Hablo de su
socialización, de su función y efecto de socialización
del fascismo, por la eficacia de la máscara de
aideologismo y literatura con que se ofertan sus
valores, se producen en el mercado, se reproducen
todavía hoy, y todavía hoy se usan y se consumen.
Desde aquí y
entonces, 1942, el proletariado no solo queda para los
restos escriturados (¡portadores de valores eternos y
universales, los de la literatura, nada menos!) reducido
al más brutal y natural de los asesinos pasionales en
serie, sino además: sin sombra siquiera de conciencia de
clase histórica, pura piltrafa humana, carne de cárcel y
de garrote vil, criminal convicto y confeso ante la
magnánima justicia del fascismo victorioso en España,
ejemplo donde los haya y sacado, muy precisamente sacado
de ahí donde, material e históricamente, el fascismo
ejecutó en masa al campesinado. Esto es: Extremadura,
Cárcel de Badajoz, Plaza de Toros de Badajoz. Esto es:
el lugar, junto con Guernica, sobre el que la propaganda
del fascismo en España no para de oponer mitología, tipo
burdo heroico guerrero como "el Alcázar de Toledo", tipo
más eficaz y eterno, más socializable y socializado,
como digo, por aideológico y por literario, como el caso
de gloria y fama de La familia de Pascual Duarte.
Coyuntura de
1996-2000. Victoria democrático-parlamentaria del
populismo. Los directos herederos políticos del fascismo
toman el poder, tienen el control de los aparatos de
Estado y de gobierno. Queda abierta "una restauración
violenta [que] se afana por borrar lo pasado,
deshaciendo leyes, resucitando privilegios, organizando
persecuciones". Queda institucionalizado el
reaccionarismo: en su extensión social, en su
consentimiento espontáneo, en su espontaneísmo y su
naturalización ideológicas.
Objetivo conseguido:
uno de los principales méritos de que hacen alarde
cuantos funcionarios ideológicos ascienden en la cadena
orgánica de cuadros, mandos y jerarquías, está
establecido, a saber, escribir la Guerra Civil española.
Y dentro de ella: dejar explícito el grado máximo de
inocencia y corderismo del pueblo español. Y aún más
todavía: hacer gloria y loa de la absoluta ausencia
(vacío ideológico) de conciencia de clase cualquiera, y
ello hasta el paroxismo en lo tocante a proletarios,
campesinos y masa de obreros en general.
Repásense las listas
de famosos y miembros todos del gran Parnaso Patrio,
celebérrimos Números de la Real, por supuesto, Academia
Española, y batiburrillo también de noveles y
meritorios. Ténganse, y apúntese el escalafón que ocupa
en irresistible ascenso el autor cualquiera con su
carrera de méritos: los premios mayores están en
estricto reservados a los que traten la Guerra Civil en
términos políticamente correctos.
El modelo hoy vigente
quedó a su vez establecido en la coyuntura de 1975 a
1982, los tiempos oficiales de la transición política.
Tiempos de traición y camuflaje. Tiempos de pactos: la
socialdemocracia obtuvo el premio mayor de usufructuar
los aparatos del poder del Estado, por su entreguismo,
complicidad, y puesta al día de la política populista.
De ahí que, en consecuencia, entre las filas prietas de
sus intelectuales, del intelectualismo orgánico
socialdemócrata, salgan los más famosos y gloriosos
escritores españoles de hoy y del siglo XXI. y por sus
obras les conoceréis: todos tienen en su haber uno y más
de cuantos discursos guerracivilistas fijan el vacío
ideológico (ausencia absoluta de razones de clase en la
materialidad de la lucha de clases, en la historia), y
lo rellenan de sentimentalismos y criminologías
pasionales, de cuentos y de leyendas para contar al
calor del hogar, de inconsciencias e ignorancias
pertinaces, de irresponsabilidades, de irrealidades y
asaltos a la razón (y no solo a la razón histórica) en
definitiva. Materiales de pactos y de traiciones de
clase permanentes urdidas como penúltimo programa para
la reconciliación nacional todavía hoy pendiente, tal
como la revolución fascista se proclamaba de sí misma,
una permanente revolución pendiente, y tal como la
obsesiva insistencia guerracivilista lo indica:
irresoluto el pasado, nido y cubil de fantasmas bajo
esta memoria cómplice y ciega, servil y entregada,
facinerosa y socialdemócrata.
Materiales que, en
manos de diestros manipuladores, se aprietan un grado
más las tuercas. Nunca van solos ni aislados, pues el
meritaje en la irresistible ascensión por la jerarquía
del intelectualismo orgánico, en todas las instancia del
proceso, bordea el gran vacío ideológico de la
desconcienciación de clase y lo apuntilla mediante la
exaltación del fascista que todos llevamos dentro,
mediante la glorificación social de nuestros adorables
reaccionarios, nuestros adorables fascistas mucho más en
concreto.
La lista de textos
principales, socialdemócratas en los objetivos y en la
práctica, superan los cuarenta, por supuesto. Durante el
dominio y usufructo del Estado (1982-1996) por parte de
los cuadros y delegados de la socialdemocracia. Pero, en
los últimos años, luego de la victoria populista
(1996-2000), con más claridad y alevosía, a las claras y
a las bravas. Controlan el mercado. Los discursos del
populismo elaborado por la fracción del servilismo de
clase de la socialdemocracia, cuya máscara pública
proclama los disfraces sinónimos de "progresía",
"progresistas", "de izquierdas" e "izquierda
socialista", hasta con "un poeta comunista" metido entre
sus filas prietas, para asuntos intelectuales e
ideológico literarios. Milicianos de la cultura, que
diríanse parafraseando a don Antonio Machado. Militantes
del servilismo de clase sin embargo que la
socialdemocracia avala con las razones ideológicas del
aideologismo de la literatura, del apoliticismo del
trabajo y servicio literarios.
Con alevosía y a las
bravas, entre los cuarenta principales hechos desde las
filas de la "progresía" y "de izquierdas"
socialdemócratas: La lengua de las mariposas,
El lápiz del carpintero. Y el que destaca, el no va
más hoy por hoy (marzo 2001, septiembre 2002; 19. a
edición) entre estos productos y mercancías ideológicas
para la socialización de los principios fundamentales de
la traición, la complicidad y el entreguismo históricos
de la socialdemocracia en España: Soldados de
Salamina.
Sí. Léase el panfleto
Soldados de Salamina. No importa su verbo y
escritura pedestre, de picapedreros, a trompicones.
Vénzase la torpeza, la impericia brutal en el manejo
parvulario de las palabras escritas. Y acéptese la burda
ignorancia de jugar a cartas marcadas entre realidad y
ficción literaria: "esto no es una novela, sino una
historia real. Como un relato real" [¿!], ¡como si
hubiera o hubiese habido en algún tiempo y lugar de la
historia material de la literatura una sola, mera
¡palabra escrita que no formara parte de la realidad
histórica!
El montaje lo
descubre el agente de ventas de turno y oficio: "En
principio, la novela se nutre de un hecho histórico, el
probable [sic] fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas y su
milagrosa supervivencia gracias al instantáneo perdón de
un soldado republicano [sic]".
Por lo demás, las
anotaciones que conforman la novela se caen aún más que
ese diario de huido, ideólogo y jerarca del fascismo que
no sabe escribir sin faltas de ortografía ni la palabra
"Falange". La supuesta investigación hace aguas: ¡con la
de facilidades que le daría el manejo del manual Cómo
fui ejecutado en Madrid, escrito por J.
Miquelarena (El Fugitivo) sin tener ni que mencionar esa
antigualla de J. Pascual, Yo fui asesinado por los
rojos!
Por aligerar la
pesadez del asunto. Sobre la complicidad, y para nada
asepsia investigadora: ¿en qué suerte de periódico o de
revista de la Falange, anterior a la primavera del 39,
habrían visto los comunistas de la Columna Líster alguna
fotografía de Rafael Sánchez Mazas, sí, como para
"conocerlo. Lo conocíamos todos" (191)? ¡A ver, vamos,
que lo diga el investigador novelista!
Por aligerar la burda
pesadez del asunto. Las razones y principios
fundamentales que denuncio, encuéntranse en un camino de
senderos que se bifurcan.
A) El proletariado.
Está escrito sin conciencia de clase, sin una conciencia
política de clase. Miliciano "encuadrado en un batallón
de la Primera Brigada Mixta del Ejército de la
República, que estaba al mando de Enrique Líster", pero
que "se hizo comunista" por mera simpatía entre "sus
compañeros y sus mandos". Y no hay más: sino gruesos
retratos de ¿individualidades?, tipos tópicos para
hablar de fugitivos y desertores también entre las filas
de los milicianos más "crueles", la horda roja, vamos,
los rojos.
Solo que al vacío
ideológico las tuercas se le pasan de rosca. Por todas
partes y ocasiones, estos milicianos escupen ideología
fascista. La escupen, porque la mastican y la hacen
suya. ¡Hacen suya la ideología del fascismo! "Entonces
recordé a Sánchez Mazas y a José Antonio [¡sic!; no hace
falta apellidado, lo conoce familiarmente por su nombre
propio, como sus camaradas y amigos; ¡y los ha leído!
¡los ha asumido!] y se me ocurrió que quizás no andaban
equivocados y que a última hora siempre ha sido un
pelotón de soldados el que ha salvado la civilización"
(195).
B) El fascismo.
Teoricismo socialdemócrata cómplice: 81-89; (127-137).
En la práctica, también el texto desprecia, con igual
complicidad, novelar la historia real de la "brutal
responsabilidad" de esos nuestros adorables fascistas
"en una matanza brutal" ejecutada también por ellos
entre iguales camaradas contrarrevolucionarios,
responsables históricos de crímenes de clase y crímenes
de Estado, en la: guerra de clases, 1936-1939, y durante
el dominio fascista en España. Novelar, sin ambigüedades
que valgan ni cartas marcadas, la realidad material e
histórica "de la poesía y el lenguaje revolucionario de
la Falange" responsable también de la "matanza brutal"
ejecutada. Novelar "los motivos que indujeron al puñado
de hombres cultos y refinados [sic] que fundaron Falange
a lanzar al país a una furiosa orgía de sangre" tanto en
la guerra como en la pax fascista. Y en el vacío
real e ideológico, doblemente cómplice, que deja la
novela ¡hasta los milicianos comunistas de Líster se
ponen a caer más que rendidos, vencidos, convencidos,
integrados (como ya lo pregonaba el ideólogo en jefe del
fascismo en España, Pedro Laín Entralgo y compañía,
encuadrados en el Servicio de Prensa y Propaganda),
ante, bajo y cabe el poderío, el señorío del fascismo,
el verbo y fuerza de gestos, palabra y obra de la
ideología del fascismo, de su intelectualismo y su
política, de su revolución pendiente, de su utopía, ¡oh,
la utopía revolucionaria de nuestros adorables
fascistas, los señoritos, los señores de España!
He ahí, a las claras
y a las bravas "la pieza que faltaba para que el
mecanismo del libro funcionara" (167): la asimilación,
la integración del proletariado y comunistas (y todavía
más en concreto, los de Líster; los de las Milicias
Antifascistas Obreras, los del Quinto Regimiento y de la
Primera Brigada Mixta, los de la 11a
División; pero vacíos, pero vaciados de toda conciencia
de clase, incluso de conciencia histórica), al fascismo.
Su integración al fascismo. El seno materno de clase. En
donde, todos, fascistas: todos unidos y reconciliados,
todos asimilados e integrados bajo y cabe la ideología
del fascismo.
C) La brutalidad de
tales principios fundamentales de traición de clase
(contra el proletariado y campesinado) y de complicidad
histórica con el fascismo, propugnados por la
socialdemocracia y sus intelectuales orgánicos. Jamás
nunca podrían ni escribirse ni menos conjugar con ellos
el proselitismo social que ejecutan, sin el cemento que
los consolida y les da fuerzas. A saber: el
humanitarismo y el populismo. Sus ideologías de base y
fundamento, que reduplican y llenan de máscaras sus
discursos y sus acciones, que posibilitan y viabilizan
socialmente en las clases subalternas y populares el
igualitarismo entre los hombres y mujeres por encima de
las diferencias sociales y aun culturales, por encima de
las diferencias de extracción y formación, de función y
aun destino personal incluso. Por encima de las clases
sociales. Por encima del espacio y el tiempo,
históricos. Por encima de las ideologías. Esto es. El
aclasismo, el ahistoricismo, el aideologísmo: como
partes indivisibles entre otras tantas ideologías
subsidiarias, que tanto montan, montan tanto, dentro del
organigrama con que el intelectualismo orgánico
socialdemócrata va a falsificar la historia, la
tergiversa, y la camufla para su aceptación social
popular.
Pese a "la orgía de
sangre":' no hay "guerra" ni "responsables". No hay
"responsabilidades". Solo queda, la única realidad real
relatada que de principio y al fin queda, en esta suerte
de perogrullesca tautología escrita: la fuerza
espontánea e inconsciente de la mirada entre esos dos
hombres buenos que se perdonan la vida, que no matan,
que se entienden y comprenden, conocidos, iguales,
humanos, los fascistas y los comunistas, los que en
"orgía de sangre" estuvieron hasta ayer mismo y hoy
ex aequo quedan propuestos por la socialdemocracia
para el Premio Nobel de la Paz y de los Luchadores por
la Libertad, "pelotón de soldados que ha salvado la
civilización" ya en la Cruzada de Salvación Nacional en
España, ya en Europa, en el mundo universo global.
Fascistas y comunistas, miembros de pleno derecho en la
reconciliación nacional.
Fascistas y
comunista, hombres, pues, e iguales. Que espontaneízan
pese a las circunstancias [sic] la esencia que los une:
la raza a la que pertenecen, la naturaleza de que están
hechos, el temperamento y temple de la especie de la que
forman parte, el espíritu del pueblo español que les
recorre y mueve, que les fenomenologiza e identifica. He
ahí: no hay más, sino la esencia. Sino: el espíritu del
pueblo español. No hay más, sino: los Suspiros de
España!
"La música alegre de
un pasodoble tristísimo". Ni tan siquiera el
neopopulismo. Sino la acción directa de un duro y
antiguo populismo. Un "pasodoble famosísimo", "muy
triste y muy antiguo". Nuestra bandera de enganche y
salvación históricos. Nuestro himno nacional, el
espíritu del pueblo español, que hermana en la Vieja
Guardia de Hermandad y Destino, bajo la noche clara,
arma al brazo y en lo alto, las estrellas, a todos los
españoles que no hayan dimitido por entero de tal
condición. He aquí la reconciliación nacional, en
efecto. He aquí la convocatoria, que la socialdemocracia
enarbola: que en todas las plazas públicas de todos los
pueblos de España, al unísono toquen los sanes de
Suspiros de España, y que todos bailen, abrazados, como
en su día bailaron en plena y brutal" orgía de sangre"
el fascista y su mujer, también la italiana fascista,
igual que el comunista, que "un soldado de Líster" en
"el jardín de la improvisada prisión del Collell", más
"prisioneros y vigilantes, todos". Como están bailando,
todavía hoy, un intelectual socialdemócrata y "una
monja", "junto a la tumba de un viejo comunista
catalán".
¡Qué vivan los
Suspiros de España! ¡Por siempre vivan! ¡Qué viva
España! ¡Arriba España! ¡Arriba!
Tomado de El nudo de la red, no 2.
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