Año III
La Habana
Semana 29 ENERO -
4 FEBRERO
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Derechos Humanos Imperiales
Mumia Abu-Jamal EE.UU.

Un imperio fundado por la guerra tiene que mantenerse a sí mismo mediante la guerra.
Montesquieu

Mumia Abu-Jama

Pocas naciones hablan tan alto y tan a menudo de los derechos humanos como Estados Unidos. Algunas administraciones presidenciales norteamericanas se han dedicado a la “promoción y preservación” de los derechos humanos.

Resulta común para nosotros escuchar a las elites nacionales hablar sobre derechos humanos, ¿pero qué significa ello en el mundo verdadero? Para la mayoría de los miembros de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, evidentemente esa palabrería en realidad no significa mucho, si tenemos en cuenta que la Comisión recientemente expulsó a Estados Unidos de su membresía mediante el voto secreto, aunque las razones sean menos conocidas. Quizás fue ira internacional contra la constante prédica de Estados Unidos sobre la cuestión; quizás una reacción global hacia cómo Estados Unidos actúa a nivel internacional; quizás el reconocimiento de la evidente contradicción entre lo que una nación dice y lo que un imperio realmente hace. Pues, las naciones tienen que reconocer algún límite a lo que pueden hacer más allá de sus fronteras, en tanto que los imperios, por su propia definición, dominan a otras naciones Estados a través de medios económicos o militares, para satisfacer sus intereses.

El historiador británico Arnold J. Toynbee comparó a Estados Unidos con el antiguo imperio romano: “Estados Unidos es hoy día el líder de un movimiento mundial contrarrevolucionario en defensa de intereses creados. Representa ahora lo que Roma representó. Roma apoyó consecuentemente a los ricos contra los pobres en todas las comunidades extranjeras que cayeron bajo su égida, y dado que los pobres, hasta ahora, han sido siempre y en todas partes mucho más numerosos que los ricos, la política de Roma fue hecha para la desigualdad, la injusticia v la menor felicidad posible de la mayoría”.

Dentro del imperio se da mucha importancia a los derechos humanos, pero no se hace igual reclamo para aquellos que están en otras tierras. Al igual que la antigua Roma, Estados Unidos ve a la gente en el extranjero más como sujetos que como personas. Se supone que ellos trabajen en sus territorios por menos dinero para las corporaciones norteamericanas, sin protección ambiental e incluso con menos derechos laborales. En épocas de conflicto armado  (provocados por intereses corporativos), las poblaciones civiles son el blanco. ¿Quién puede negar esto después de Hiroshima o Nagasaki, después de la masacre de Vietnam, después de la devastación que actualmente se lleva a cabo contra Iraq?

Dentro del imperio, ¿dónde está el derecho humano a una vivienda? ¿Dónde está el derecho humano a un trabajo? ¿Dónde está el derecho humano a una educación? En Estados Unidos, con más riqueza que ningún otro imperio anterior, el tema de los derechos humanos resuena en medio de la agobiante falta de vivienda, la amarga pobreza y escuelas que no son, sino campos de entrenamiento para prisiones.

¿Cómo puede una nación que se enorgullece de “respetar” derechos humanos ser la mayor traficante de armas en el mundo y patrocinadora de la mayoría de las dictaduras y torturadores del mundo? De Sudáfrica a Chile, de Camboya a Colombia, Estados Unidos ha entrenado, financiado, apoyado e instigado a algunos de los gobiernos más represivos del mundo contra sus propios pueblos.

En cuanto a la ley internacional, al imperio norteamericano no pudiera importarle menos, según apunta el especialista en política C. Douglas Lummis: “Es un escándalo en la ley internacional contemporánea, no lo olvide, el hecho de que mientras la destrucción sin motivo de pueblos, ciudades y aldeas es un crimen de guerra existente desde hace mucho tiempo, el bombardeo de ciudades desde aviones no solo queda sin castigo, sino virtualmente sin acusación. El bombardeo aéreo es terrorismo de Estado. El terrorismo de los ricos, que ha quemado y hecho estallar en pedazos a más inocentes en las últimas seis décadas que todo el terrorismo de Estado que jamás haya existido. Algo ha nublado nuestra conciencia ante esa realidad”.

La sola noción del imperio se rebela contra cualquier limitante impuesta por fuerzas externas. Él es una ley en sí mismo. Es una manifestación de los poderosos y los ricos contra los débiles y los pobres. Para los derechos humanos es una versión actualizada del antiguo "derecho divino de los reyes", ya que no es sino el derecho a explotar. Ser un imperio significa no tener que pedir excusas jamás.

Tomado de: TRIcontinental No 148
 

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