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El
poder de los media para condicionar las conciencias es
inmenso. Solo con pronunciar, por poner un ejemplo, una
palabra como "terror", un flujo de imágenes cruzan la
mente, como una fila de piezas de dominó cayendo una
después de otra, resonando como una dura y seca marea:
terror, terrorismo, las torres gemelas de Manhattan,
aviones circulando como buitres metálicos,
precipitándose sobre rocas y acero, llamas, humo y seres
humanos precipitándose en el polvo seco. Osama Bin-Laden,
Mullah Omar, Saddam Hussein. (Sigue añadiendo). Estas
son las ideas sobre las que hemos sido condicionados
para pensar por los media. No tenemos virtualmente
ninguna elección sobre el tema.
Existe,
sin embargo, otro terror que asola el país. Afecta no a
miles, sino a millones. Afecta a los blancos, negros,
anglosajones, latinos, ciudadanos, inmigrantes, hombres,
mujeres, gays, judíos, gentiles, norteños, sureños,
desde Maine a Mississipi. Es el terror de la quiebra
financiera. El terror de no recibir el salario de la
próxima semana. El terror de ser despedido, de ser
incapaz de pagar la renta (o la hipoteca); de contemplar
a los propios hijos destrozados por el hambre. Este es
el terror silencioso, el terror oculto. Realmente es el
terror invisible que, sin embargo, es demasiado real. Es
un terror que el Estado no solo se niega a combatir,
sino ni siquiera a reconocer.
Después
del 11 de septiembre, al menos 800 000 personas han
perdido sus trabajos. Lavaplatos, camareras,
trabajadores de hostelería, informáticos, agentes de
viaje, vendedores de libros y similares. Pero aunque el
número sea tan impresionante como parece, no es más que
un porcentaje de un gran problema. Antes del 11 de
septiembre, incluso de acuerdo con los indicadores de
marzo de 2001, al menos ocho millones de personas
estaban sin trabajo debido a la recesión. ¡ocho millones
de personas!, ocho millones de almas invisibles,
desempleados, sumidos en un terror que casi desafía la
descripción. ¿Por qué esto no constituye una emergencia
nacional? ¿Por qué no constituye una movilización de
masas, ni una atrocidad difundida por los media? ¿Es
porque afecta a los pobres, y los pobres son
prescindibles?
Los
medios de comunicación, posesiones e instrumentos de los
ricos, no tienen ningún interés (y no ven ningún
beneficio) en educar a los pobres, o a los trabajadores
pobres, en los fallos de la teoría económica y el
sistema que trabaja para ellos, traicionando así a los
pobres. No interesa al establishment mostrar los
agujeros del "milagro económico". Los globalizadores
desean ignorar esta fea realidad.
¿Qué
significa el índice Dow Jones, o el ratio S&P, o el
último índice Nasdaq para ocho millones de desempleados?
En unos tiempos en los que los pobres son tratados como
leprosos, cuando sus sueños están rotos, un terror
diario reina.
8 de diciembre de 2001
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