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Señor Mumia:
Le adscribo a nombre de los hombres, mujeres, niños y
ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
para felicitarlo por el 24 de abril, que es el día de su
cumpleaños.
Tal vez usted ha
escuchado hablar de nosotros. Somos mexicanos,
mayoritariamente indígenas, y nos alzamos en armas el
primero de enero de 1994 demandando voz, rostro y nombre
para los olvidados de la Tierra.
Desde entonces, el
gobierno mexicano nos hace la guerra y nos persigue y
acosa buscando nuestra muerte, nuestra desaparición o
nuestro silencio definitivo. ¿La razón?: estos suelos
son ricos en petróleo, uranio y maderas preciosas. El
gobierno las quiere para las empresas transnacionales.
Nosotros las queremos para todos los mexicanos. El
gobierno ve en nuestras tierras un negocio. Nosotros
vemos la historia escrita en nuestro suelo. Para
defender nuestro derecho (y el de todos lo mexicanos) a
vivir con libertad, democracia, justicia y dignidad nos
hicimos ejército y tomamos así nombre, voz y rostro.
Tal vez usted se
pregunte cómo nos hemos enterado de usted, de su
cumpleaños, y el por qué tratamos de tenderle este largo
puente que va desde las montañas del sureste mexicano
hasta la prisión de Pennsylvania que lo tiene encerrado
injustamente. De usted nos han hablado gentes buenas de
varias partes del mundo, por ellas nos hemos enterado de
la emboscada que le tendió la policía norteamericana en
diciembre de 1981, de las mentiras que construyeron en
el proceso en contra suya, y de la sentencia de muerte
1982. De su cumpleaños nos supimos por las
movilizaciones internacionales que, con el nombre de "Millons
for Mumia", se prepara para este 24 de abril.
Del puente que ahora
proponen estas líneas que le escribo es más complicado
hablar. Podía decirle que, para el gobierno y los
poderosos de México, el ser indígena (o parecerlo) es
motivo de desprecio, de asco, de desconfianza y de
odio. El racismo que puebla hoy los palacios del Poder
en México llega al extremo de llevar adelante una guerra
de exterminio, un etnocidio, en contra de millones de
indígenas. Estoy seguro de que usted encontrara
semejanzas con lo que el Poder en Estados Unidos hace
con la llamada "gente de color" (africano-americano,
chicanos, puertorriqueño, asiáticos, indios
norteamericanos y cualquier otra raza que no tenga el
color insípido del dinero).
Nosotros somos
también "gente de color" (justo como de nuestros
hermanos de sangre mexicana que viven y luchan en la
Unión Americana). Somos de color "café" porque es el
color de la tierra y de ella tomamos historia, fuerza,
sabiduría y esperanza. Pero para luchar sumamos otro
color a nuestro color café: el negro. Nosotros usamos
pasamontañas negros para mostrarnos, solo así somos
vistos y escuchados. El color negro de nuestras máscaras
fue escogido pro consejo de un anciano indígena maya que
nos explicó lo que el color negro representaba.
El nombre de este
sabio indígena es el Viejo Antonio. Él murió en tierras
rebeldes zapatistas en marzo de 1994, víctima de una
tuberculosis que le mordió los pulmones y el aliento.
Nos dijo el Viejo Antonio que el negro se hace luz y
que de él nacieron las luces que pueblan los cielos del
mundo. Nos contó la historia de que, hace mucho tiempo
(en los tiempos en los que el tiempo no se contaba), los
más primeros dioses se dieron a la tarea de nacer el
mundo. En una de sus reuniones vieron que era necesario
que el mundo tuviera vida y movimiento, y que para eso
se necesitaba la luz. Entonces pensaron de hacer el sol
para que así se movieran los días y hubiera día y
hubiera noche y hubiera tiempo para la lucha y tiempo
para el amor y, caminando con los días y las noches, se
caminaría el mundo. Hicieron los dioses su reunión de
acuerdo, en torno a una fogata muy grande, y supieron
que era necesario que uno de ellos se sacrificara
arrojándose al fuego para así convertirse en el fuego
mismo y volarse hasta el cielo. Pensando los dioses que
el trabajo de ser sol era de color negro, dijo que él sí
estaba dispuesto y se arrojó al fuego y se hizo sol. Y
el mundo tuvo entonces luz y movimiento, y hubo tiempo
para la lucha y tiempo para el amor, y en el día los
cuerpos se trabajaban para hacer el mundo y en la noche
los cuerpos se amaban para sacarle destellos a la
oscuridad.
Así nos dijo el Viejo
Antonio y esa es la razón por la que usamos el
pasamontañas de color negro. Así que somos de color café
y de color negro. Pero también somos de color amarillo,
porque nos contaron que los primeros hombres que
anduvieron estas tierras fueron hechos de maíz para que
así fueran verdaderos. Y somos también rojos porque así
manda la sangre digna, y somos azules también por el
cielo que volamos, y verdes por la montaña que es
nuestra casa y fortaleza. Y somos blancos también porque
papel somos para que mañana escriba su historia.
Así que somos los 7
colores porque 7 fueron los primeros dioses que se
nacieron el mundo.
Esto nos lo platicó
el Viejo Antonio hace tiempo y ahora yo se lo cuento
para que usted pueda entender el porqué de este puente
de papel y tinta que le llega a usted desde las montanas
del sureste mexicano.
Y también para que
usted comprenda por qué en este puente también van
pedacitos de saludos y abrazos para Leonard Peltier (que
está en la prisión de Leavenworth, Kansas), y para los
más de 100 presos políticos en USA que son víctimas de
la injusticia, la estupidez y el autoritarismo.
Y camina también en
esta carta-puente un saludo a los indios Dine´ (Navajo)
que, en Big Mountain, Arizona, luchan en contra de las
violaciones que sufre la religión tradicional Dine´ por
parte de quienes prefieren los grandes negocios en lugar
del respeto a la libertad religiosa de los pueblos
indios, y que quieren destruir las tierras sagradas y
los sitios ceremoniales (como es el caso de la Peadbody
Western Coal Company que quiere apropiarse de tierras
que por razón, historia y derecho pertenecen al pueblo
Dine´ y sus generaciones futuras).
Pero no solo van en
este puente-carta historias de resistencia en contra de
la injusticia norteamericana. También indígenas, pero
en el extremo sur de nuestro continente, en Chile, las
mujeres Mapuches del Centro Pewenche del Alto Bio-Bio
resisten en contra de la estupidez. Dos mujeres
indígenas, Berta y Nicolasa Quintreman están acusadas de
"maltratar" a elementos de los fuerzas armadas
gubernamentales de Chile. Y ahí tiene usted que una
unidad militar armada con rifles, palos y bombas
lacrimógenas, y protegida con chalecos antibalas, cascos
y escudos, acusa a dos mujeres indígenas de "maltrato".
Pero Berta tiene 74 años de edad y Nicolasa tiene 60.
¿Cómo es posible que dos personas mayores de edad se
enfrenten a un "heroico" grupo de militares fuertemente
armados? Por la razón que asiste a las Mapuches. La
historia aquí es parecida a la de los hermanos Dine´ de
Arizona, y es la misma que se repite en toda América:
una empresa (ENDESA) quiere las tierras de los Mapuches
y, a pesar de que la ley protege a los indígenas, el
gobierno está del lado de los empresarios. Los
estudiantes Mapuches han señalado que el gobierno y la
empresa hicieron un "estudio" de inteligencia militar
sobre las comunidades indígenas Mapuches y llegaron a la
conclusión de que eran incapaces de pensar, de
defenderse, de resistir y de construirse un futuro
mejor. Parece que ese estudio se equivocó.
Y ahora se me ocurre
que, tal vez, los poderosos de Norteamérica también
mandaron hacer un estudio de "inteligencia militar" (lo
que es una franca contradicción ya que los militares no
somos inteligentes, si lo fuéramos no seríamos
militares) sobre el caso de los indios Dine´ de Arizona,
sobre el caso de Leonard Peltier, sobre el caso de los
otros presos políticos, y sobre su caso, señor Mumia.
Tal vez hicieron ese
estudio y llegaron a la conclusión de que podrían
hacerlo y nadie diría nada. Los indios Dine´ verían
impávidos la destrucción de las cosas más sagradas de su
historia, Leonard Peltier quedaría solo, y usted, señor
Mumia, sería silenciado (ahora recuerdo que usted dijo
"No solo quieren mi muerte, quieren mi silencio").
Pero parece que esos
estudios se equivocaron. ¡Feliz equivocación! Los indios
Dine´ resisten en contra de quienes quieren matarles la
memoria, Leonard Peltier está acompañado por todos los
que demandamos su libertad, y usted, señor Mumia, habla
y grita ahora con todas las voces que celebran su
cumpleaños como deben celebrarse los cumpleaños, es
decir, luchando.
No conozco bien el
sistema judicial norteamericano, pero anexa a este
puente va una carta dirigida a la Corte Suprema de
Pennsylvania y al gobernador Tom Ridge. En ella les
demando justicia, no perdón ni misericordia. Porque los
hombres que viven con dignidad no necesitan ni el perdón
ni la misericordia de ninguna autoridad, solo necesitan
justicia y por ella luchan. Espero en verdad que esa
carta no complique su situación judicial, así que usted
vea si es conveniente o no que se hagan públicas o se
hagan llegar o no a sus destinatarios. Incluso le estoy
mandando otra copia de este puente-carta sin este
párrafo para que usted decida lo que más le convenga.
Señor Mumia: No
tenemos nada grande que regalarle en su cumpleaños, pues
es poco y pobre lo que tenemos, pero todos le mandamos
un abrazo. Esperamos que, cuando usted salga libre,
pueda venir a visitarnos. Entonces le haremos una fiesta
de cumpleaños y, si no es un 24 de abril, pues entonces
será una fiesta de "no-cumpleaños".
Habrá música, baile y palabras, que son los
medios con los que los hombres de todos los colores se
entienden, se conocen y hacen los puentes sobre los
cuales caminan, juntos, la historia y el mañana.
¡Feliz Cumpleaños!
Vale. Salud y que la
justicia y la verdad encuentren su lugar.
Desde las montanas
del Sureste Mexicano.
Subcomandante
Insurgente Marcos. México, Abril de 1999.
P.D.- He leído en
alguna parte que usted es padre y abuelo. Así que aquí
le mando un regalo para sus hijos o nietos. Es un
cochecito de madera con zapatistas que llevan
pasamontañas color negro. Dígales usted a sus nietos o
hijos que es un regalo que les mandamos nosotros, los
zapatistas, y explíqueles, por favor, que hay gentes de
todos los colores que, como usted, quieren la justicia,
la libertad y la democracia para todos los colores.
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