Año III
La Habana
29 ENERO -
4 FEBRERO
de 2005

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desde el corredor de la muerte
¿QUÉ TIPO DE ‘DEMOCRACIA’ ES ESTA?
Mumia Abu-Jamal
EE.UU.

“La autoridad no va nunca con el odio.”
-- Eurípides (480-406 a. J. C.), poeta griego.

What kind of 'democracy' is this?

Vivimos en un reino de desprecio político casi universal. Sin importar de qué partido sean, los políticos son empleados de otros, y no se trata ni remotamente de aquellos que les dieron su voto, sin de aquellos que pueden financiarlos.

Ah, pero no salen a decirlo en público (casi nunca); pero mire usted cómo tratan los políticos a quienes se dicen ser sus votantes. El denominador común es la traición. El antiguo presidente, Bill Clinton perfeccionó esta actitud hasta convertirla en un gran arte. Más tarde o más temprano, virtualmente todos los que votaron por él fueron traicionados. Y en realidad no se trata de algo personal: ésa es la forma en que fue diseñado y se ha desarrollado el sistema.

Para muchos de los hombres que acostumbramos a llamar “los padres que fundaron la nación”, la palabra “democracia” era una mala palabra. Odiaban y temían idea de la democracia. El delegado de Nueva York a Convención Constitucional de 1789, Alexander Hamilton, admiraba la monarquía, y buscaba maneras de controlar “la sorprendente violencia y turbulencia del espíritu democrático” [ver Jerry Fresia: “Towards an American Revolution: Exposing the Constitution & Other Illusions* (Boston: South End Press, 1988), p. 16]. El historiador Brian Price lo ha expresado claramente durante una conferencia en el Evergreen College de Olimpia, Washington, al preguntar:

¿Es posible para una clase que extermina a los pueblos nativos de las Américas y los sustituye por gentes arrancadas por la fuerza de África, gentes que luego denigra y deshumaniza al convertirlos en esclavos, mientras abarata y degrada su propia clase obrera - es posible para esa clase crear la democracia y la igualdad, y proponer la causa de la libertad humana?  (Fresia, p. 5)

Le ha tomado siglos de lucha a los africanos, los obreros, las mujeres, y otros, comenzar a erigir algo parecido a la democracia. Sin embargo, como en un péndulo, las cosas oscilan de un extremo al otro, nada permanece inmóvil. Cuando los amigos dejan de luchar, otros intereses aparecen y recomienzan la lucha.

En la estructura política actual, los acaudalados elementos anti-democráticos continúan sufragando guerras mediante la compra (o el alquiler) de los políticos, quienes a su vez usan sus posiciones para proteger los intereses económicos de sus benefactores. De tal modo, sin ruido, casi invisiblemente, a través de ambos partidos -los Demócratas y los Republicanos-, la silente marcha del globalismo ha llegado a dominar casi todas las áreas de nuestras vidas. La WTO, el FMI, y otros pactos internacionales, al apoyar los esfuerzos del comercio internacional, trinchan los espacios donde alguna vez existió un pequeño vestigio de democracia y se comen el corazón de las comunidades locales.

Y la guerra, puesto que los Estados la usan para movilizar al pueblo en sentidos que de otro modo nunca hubiese aceptado, no es sino un instrumento en esta guerra comercial global. Es decir, hablando en serio: ¿Cree en realidad alguien que el propósito de la guerra de Iraq es instaurar la democracia?

La gran líder socialista, Emma Goldman, en su juicio anti-belicista (por oponerse a la Primera Guerra Mundial), dijo:

“¿Siendo en verdad tan pobres en materia de democracia, cómo podemos compartirla con el mundo?” [Howard Zinn & Anthony Arnove, “Voices of a People's History of the United States”. (NY: Seven Stories Press, 2004), p. 23].

E incluso si aceptamos la estructura política actual, ¿cómo podemos reconciliar este sistema en que “el ganador toma todo” con una idea de democracia? Incluso en los parlamentos de Europa, en Inglaterra, o Francia, o Alemania, los partidos minoritarios obtienen una representación proporcional a la cantidad de sus votos. Aquí, el 51% de los votos significa el 100% del poder. ¿Y el 49%? Nada.

Realmente, en América no creemos en la democracia, ni hemos creído jamás. América cree en la dominación. Y punto.

Es la dominación lo que se exporta al Medio Oriente, del mismo modo que se exportó hace 100 años a los Países Indios; a Ocklahoma, y a los territorios de Méjico. “Democracia” era entonces una mala palabra, y es una mala palabra hoy, que se usa sólo como una máscara para ocultar otra cosa.

¿De qué otro modo, si no es en nombre de la democracia, podemos estar tan dominados, tan controlados, tan aquiescentes? ¿De qué otro modo podemos estar tan impotentes, frente a una represión cada vez mayor?
 

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