Año III
La Habana
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El impacto de la Ley para la Pena de Muerte
Efectiva en el caso de Mumia


The impact of the Effective Death Penalty Act on Mumia's case

Aunque los abogados de Mumia trabajan heroicamente a través de los medios legales para lograr que se le haga un nuevo juicio, las recientes leyes represivas tornan virtualmente imposible para los condenados a muerte el recurso de apelar. Por esta razón, los abogados de Mumia están pidiendo al movimiento popular que aumente el nivel de actividad para la liberación de Mumia. Con la inminente apelación federal de Habeas Corpus, los simpatizantes de Mumia Abu-Jamal abrigan ahora la esperanza de que por fin se haga justicia en las cortes federales. Desde 1978, los jueces federales han sido responsables de la cancelación del 40% de las penas de muerte en los EE.UU. Estas cifras son incitantes, especialmente dada la falta de justicia y el espantoso récord de maltratos sufridos por Mumia Abu-Jamal en las racistas cortes estatales de Pensilvania. Los jueces federales existen más allá de la vieja y amañada red de las cortes de Pensilvania, y no están expuestos a las influencias externas del mismo modo en que lo están los jueces estatales. Con todo esto en mente, fácilmente podríamos estar complacidos  con nuestro esfuerzo de ver a Mumia libre, y sentirnos optimistas respecto al papel de las cortes federales en la administración de justicia. Sin embargo, nunca será superfluo enfatizar que estas actitudes son peligrosas y pueden traer como consecuencia la muerte de Mumia, si nos cruzamos de brazos. La idea de que es posible encontrar justicia en las cortes federales, especialmente en casos de pena capital, nos viene de un tiempo ya pasado. El proceso de apelación federal ha sufrido en los últimos años el ataque de las fuerzas que apoyan la pena de muerte, cuyo propósito es ver un número mayor de ejecuciones en un período de tiempo cada vez más corto. La erosión del proceso de apelaciones puede rastrearse hasta abril de 1996, cuando a raíz del bombardeo de la ciudad de Ocklahoma el Congreso aprobó la “Ley de 1996 sobre el Anti-Terrorismo y la Pena de Muerte Efectiva” (EDPA). Aunque ha sido aplaudida como un intento de luchar contra el terrorismo doméstico mediante la expansión del poder represivo del gobierno, las cortes y las autoridades policiales, uno de los elementos centrales de esta ley fue la medida que establece restricciones históricas al habeas corpus -el derecho de los prisioneros a apelar sus condenas y sentencias en las cortes federales. Aunque los defensores de esta ley pretenden definir las restricciones como meras reformas, en realidad el habeas corpus fue destruido, así como la capacidad de los jueces federales para revocar las penas de muerte dictadas por las cortes estatales. Históricamente, las protecciones del habeas corpus surgieron en el período de reconstruccción después de la Guerra Civil. La Ley de Habeas Corpus, aprobada en 1867, tenía como objetivo otorgar protección federal a los afroamericanos recién liberados frente a la manipulación y la coacción de los estados, que utilizaban el sistema de justicia criminal para traerlos de vuelta a las plantaciones que habían abandonado. Estas protecciones jugaron un importante papel durante la pasada década, y permitieron que muchos prisioneros falsamente sentenciados probaran su inocencia, o ilustraran las violaciones de sus derechos constitucionales. La historia está llena de ejemplos de ciudadanos que han sido condenados a muerte por error. El 21 de octubre de 1993, el diario The Dallas Morning News publicó un artículo sobre el informe del Subcomité de la Cámara donde se afirmaba que en Texas y otros 16 estados se condenaba a muerte a personas inocentes. El informe incluía una lista de cinco prisioneros de Texas que habían sido apresados y condenados a muerte erróneamente. “Randell Dale Adams fue erróneamente encarcelado por el asesinato de un agente de la policía en Dallas, pero fue liberado en 1989 cuando salieron a la luz documentos donde se demostraba que los demandantes ocultaron evidencias útiles para su defensa. Clarence Brandley fue erróneamente condenado por la muerte de un adolescente blanco en Conroe. La Corte de Apelaciones Criminales revocó su condena al descubrirse que los Rangers de Texas instruyeron a los testigos para que cometieran perjurio.” Años después, otro hombre confesó haber asesinado al adolescente. “Vernon McManus fue condenado como asesino a sueldo. Se le liberó cuando se descubrió que su abogado defensor mantenía una relación íntima con la Sra. Manus durante el juicio y posteriormente se casó con ella... John Skelton fue liberado en 1990 cuando la Corte de Apelaciones Criminales determinó que las evidencias en su contra eran insuficientes.” (Jerry Lee Hogue, http://www.lampofhope.org/tdrj7k.html) El informe cita entre los factores asociados a las condenas inadecuadas el prejuicio racial, la mala conducta de los funcionarios, la retención de evidencias favorables para el acusado, representaciones legales espurias, revisión inadecuada de las reclamaciones posteriores al juicio donde se alega la inocencia de los condenados, así como la politización del proceso de clemencia. El informe llega incluso a afirmar que “un número significativo de prisioneros condenados a muerte son de hecho inocentes.” La EDPA alteró el proceso de apelaciones federales en varias formas. Primero, limitó el plazo en que los condenados pueden realizar sus apelaciones en las cortes federales a 180 días después de que la corte estatal dicte su sentencia. Puesto que con frecuencia toma años reunir los elementos de una apelación exitosa, esta nueva ley crea una situación en la que los prisioneros condenados por error mueren sin tener la oportunidad de que se investigue sificientemente o se obtenga la evidencia necesaria para probar su inocencia. En el caso de Andrew Mitchell, los abogados demoraron 11 años en encontrar la evidencia que demostró su inocencia. A los abogados de Clarence Brandley les tomó 9 años demostrar su inocencia. Si la EDPA hubiese existido entonces, Mitchell y Brandley estarían muertos. La EDPA estipula también que las cortes federales asuman que los hechos expuestos por las cortes estatales sean considerados verdaderos. Este es el elemento más peligroso de la EDPA en relación con el caso de Mumia. En el proceso de la corte estatal conducido por el juez Albert Sabo, se le impidió a Mumia presentar evidencias significativas de la mala conducta de los agentes policiales y los demandantes, así como el testimonio de testigos presenciales, y evidencias forenses. Estas evidencias son absolutamente cruciales para demostrar la inocencia de Mumia, tanto como para ilustrar la conspiración entre la Orden Fraternal de Policía y el estado de Filadelfia para condenar a muerte a Mumia. Aunque en el pasado las cortes federales podían reconsiderar la evidencia de un caso mientras evaluaban su apelación, bajo la EDPA se supone que no juzguen la evidencia y asuman que los hechos admitidos por la corte estatal son verdaderos. Para que una corte federal pueda cuestionar la “supuesta validez” de una corte estatal, el acusado tiene ahora que “refutar la suposición de validez mediante evidencias claras y convincentes.” Esta solicitud de evidencias claras y convincentes coloca la carga de encontrar pruebas sobre los hombros del acusado. Para que a Mumia se le otorgue ahora una audiencia sobre la violación de sus derechos en la corte estatal, tendrá primero que demostrar su inocencia. La EDPA estipula que los acusados podrán acceder a sólo una revisión de la sentencia dictada por la corte federal, y exige que la corte federal de menor rango emita un “certificado de apelabilidad” antes de que el acusado pueda apelar a una corte federal de rango mayor. Este mecanismo está diseñado para acelerar el proceso de apelaciones de los condenados a muerte y llevarlos lo más pronto posible a la cámara de ejecución. Actualmente otro condenado a muerte, Bobby Joe Williams, desafía en la Corte Suprema las reformas al habeas corpus introducidas por la Ley de Pena de Muerte Efectiva. Su caso se discutió el 4 de octubre de 1999. Aunque es difícil predecir cuándo la Corte Suprema dará a conocer su decisión sobre este caso, se espera que sea antes de que termine el año y con seguridad tendrá un profundo efecto en el caso de Mumia. Sus abogados han declarado que tienen esperanza, pues las preguntas hechas por varios jueces, incluidos el juez Ginsberg y el juez Kennedy, indican que la Corte Suprema no toma muy en cuenta los argumentos con que se intenta destruir la protección del habeas corpus federal. En el caso de que la Corte Suprema apoye las reformas de la EDPA, es muy poco probable que Mumia encuentre justicia en las cortes federales. Tal decisión haría que las apelaciones a la corte federal se convirtieran en simples cuestionamientos. La conspiración para ejecutar a Mumia Abu-Jamal es de tan grande escala, que confiar en que la misma maquinaria política corrupta y racista que lo mantiene cautivo desde hace 18 años pueda liberarlo, es como sentenciarlo a muerte. La Orden Fraternal de Policía (FOP) ha puesto su mano dadivosa en cada bolsillo y trabaja horas extra para silenciar la voz de Mumia, para impedir que la verdad salga a la luz, y, sobre todo, para asegurarse de que Mumia no sobreviva. La FOP ha sido el centro del caso de Mumia desde el principio, y sigue empujando a Mumia hacia la cámara de ejecuciones a una velocidad alarmante. Los agentes de la policía que inventaron la confesión de Mumia estaban vinculados a la FOP. Los agentes que intimidaron, amenazaron y usaron medios coercitivos con los testigos para que guardaran silencio o dieran un falso testimonio, estaban asociados a la FOP. El juez Sabo, que presidió la corte estatal durante casi todas las comparecencias de Mumia, era miembro de la FOP. Cinco de los siete jueces de la Corte Suprema de Pensilvania que rechazaron la petición de un nuevo juicio en las cortes estatales han sido apoyados por la FOP en sus campañas para lograr posiciones en la Corte Suprema. Un artículo publicado el 10 de noviembre de 1999 en el diario Village Voice, informa que el senado del estado de Pensilvania rechazó una moratoria sobre las ejecuciones en Pensilvania. Más sorprendente aún fue la negación del senado a ordenar un estudio sobre la posibilidad de que la pena de muerte se estuviese administrando injustamente. Esto es especialmente escandaloso dado el hecho de que las Asociaciones de Juristas de Filadelfia y Pensilvania han llamado a moratorias sobre la pena capital hasta tanto la sentencia “pueda ser administrada de una forma justa e imparcial”. La Asociación de Juristas de Pensilvania advirtió que “las estadísticas del Departamento Correccional de Pensilvania producen una seria preocupación sobre si las personas de color y los hombres son condenados a muerte en un rango que excede substancialmente el rango en que las personas de raza caucásica y las mujeres son condenadas a muerte.” El diario Village Voice llega incluso a afirmar que cinco abolicionistas se reunieron con el Líder de la Mayoría Republicana en el senado, Joseph Loeper, para reunir más información acerca del rechazo de la enmienda encabezado por los republicanos. Al preguntársele sobre su vito, el reverendo Jeffrey Garis, ministro de la Iglesia Cristiana de Brethren, citó la siguiente frase de Loeper: “El segundo factor fue Mumia. El gobernador Ridge acaba de firmar una orden, y su caso es un asunto de interés para muchos de nosotros en los barrios residenciales de Filadelfia.” “Las observaciones de Loeper acobardaron a Garis, que había visto una gran placa adornando una pared de la oficina del senador. Era un reconocimiento de la Orden Fraternal de Policía.” (Village Voice) Como movimiento, debemos saber que esas fuerzas luchan en contra nuestra, controlando los medios masivos y saboteando nuestros esfuerzos. Sin una amplia campaña popular a gran escala, Mumia nunca encontrará justicia en las cortes y nunca será liberado. Debemos continuar organizando, manifestando, y alzando nuestras voces de protesta por la injusticia que se ha cometido contra Mumia. Si les permitimos ejecutar a nuestro hermano, nuestro amigo y aliado, este hecho tendrá ramificaciones de muy largo alcance que nos afectarán a todos y a cada asunto por el que luchamos. Fortalecerá y solidificará lo que ya sabemos: que la verdad no tiene lugar en este país, que la justicia no existe, y mediante la represión, la tiranía y la violencia, el estado tratará de ignorar y silenciar nuestras voces. Mumia ha luchado siempre por los oprimidos, los que no tienen poder ni voz. Está en el corredor de la muerte por todos nosotros. Y los que estamos afuera debemos luchar por él del mismo modo. ¡¡¡No podemos permitir que maten a Mumia Abu-Jamal!!!

Publicado por la Campaña Popular Nacional.

En la costa oeste:
2489 Mission St., Room 28, San Francisco, CA 94110 (415) 821-6545
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En la ciudad de Seattle:
1218 E. Cherry St., Seattle 98122 (206) 325-0085
Investigación y análisis por Josh Trentor
http://www.mumia2000.org/background/dpa.html
 

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