Año III
La Habana
29 ENERO -
4 FEBRERO
de 2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

La inocencia tiene una sola voz
Leonard Peltier EE.UU.


La inocencia es la defensa más débil. La inocencia tiene una sola voz que sólo puede repetir una y otra vez: “Yo no lo hice”. La culpa tiene mil voces, todas ellas mentirosas.

He defendido mi inocencia desde hace tanto tiempo, en tantos tribunales de justicia, en tantas declaraciones públicas emitidas por el Comité de Defensa de Leonard Peltier, que no hablaré de eso aquí. Tampoco voy a hablar en estas páginas de los detalles aparentemente infinitos de mi “caso”. Eso lo ha hecho magistralmente Pieter Mathiessen en más de seiscientas páginas minuciosamente pormenorizadas en su libro In the Spirit of Crazy Horse: The Story of Leonard Peltier and the FBI’s War on the American Indian Movement. Me agrada poder decir que ese valiente libro está de nuevo en librería, después que procesos finalmente sobreseídos obligaron a retirarlo de los mostradores durante unos ocho años. La nueva edición de 1991 de Viking/Penguin explica la historia de estos procesos. Tampoco me extenderé en ellos aquí, pero sí lamento que mantuvieran el libro alejado de la vista y la conciencia  del público precisamente en un período crítico de mis apelaciones posteriores al juicio. Supongo que esa fue la intención.

En los últimos veinte años, he emitido literalmente millares de declaraciones a mis partidarios, muchos de ellas en Spirit of Crazy Horse, la publicación bimensual del Comité de Defensa de Leonard Peltier. Me enorgullece que esa publicación alternativa se haya convertido en instrumento de justicia no solo para mí, sino también para otras muchas personas injustamente encarceladas.

De inicio pensé en reimprimir simplemente una selección de mis primeras declaraciones para conformar este libro. Pero, al releerlas, comprendí que la mayoría guardaba relación con las circunstancias particulares de mi caso en aquel momento y eran tan puntuales  que hoy día su pertinencia sería incierta.

En lugar de simplemente editar y reimprimir mis primeros escritos, he pedido ayuda a mi amigo y partidario de tantos años Harvey Arden, coautor de Wisdomkeepers: Meetings with Native American Spiritual Elders, en la exigente tarea de dar unidad al amplio espectro de mis pensamientos y escritos. Aunque encontrarán aquí algunas frases, e incluso unos pocos párrafos, extraídos de mis anteriores declaraciones públicas a mis partidarios, la mayor parte de este libro es nueva, enteramente repensada y reelaborada.

Agradezco inmensamente a Harvey su paciente ayuda editorial en este proceso que tan difícil suele ser. Ha insistido en que incluya no solo mis pensamientos públicos y políticos y apuntes fragmentarios para una autobiografía que pretendo escribir algún día —lo que pensaba yo que bastaba— sino que me ha empujado a explorar algunos de mis sentimientos y experiencias interiores más privados, incluidos recortes de un cuaderno de hojas sueltas, un montón completamente desorganizado de garabatos en forma de  diario que he arrancado del libro de mi vida cotidiana aquí en Leavenworth. Han sido escritas durante meses, incluso años, y se han mezclado aquí con mis memorias y otros pensamientos.

Lo que sigue en estas páginas, pues, es mi propio testimonio personal en la mejor forma que he podido asentarlo dadas las circunstancias. Dispersas entre esas entradas de diario, pensamientos del alma, reflexiones políticas y recuerdos personales, hay pepitas de oro en forma de poemas, pero en realidad no las veo como poemas; son flechas de significado, y espero que de sanación, de mi corazón al de ustedes. Espero que den en el blanco. Muchos fueron escritos en recortes de papel en la eterna media luz de mis noches de presidio, y aparecen aquí por primera vez. Pienso que algunos siguen guardando pertinencia y lanzan unos pocos rayos de luz a las sombras que me rodean y envuelven. Cada uno de ellos se adueñó de mi mente —y de mi corazón— en algún momento crucial. En verdad, para un hombre que está en la cárcel por un delito que no cometió, cada momento es crucial.

Siguen apareciendo libros y artículos relacionados con mi caso, así como filmes, el más conocido de los cuales es el documental de Robert Redford y Michael Apted Incident at Oglala. Hay también un largometraje en producción. Puedo decirles, como hombre que ha pasado gran parte de su vida en un agujero de piedra y acero, que agradezco inmensamente y me asombra por completo esa atención de un mundo exterior que con la mayor frecuencia olvida a quienes nos encontramos entre estas paredes.

Para todos los que estamos encerrados aquí no hay nada más importante que ser recordados.

Septiembre de 1998 Cárcel de Leavenworth

Prólogo del autor al libro Escritos desde la cárcel,
publicado por Editorial de Ciencias Sociales, 2004

 

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600