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La
inocencia es la defensa más débil. La inocencia tiene
una sola voz que sólo puede repetir una y otra vez: “Yo
no lo hice”. La culpa tiene mil voces, todas ellas
mentirosas.
He defendido mi inocencia desde hace tanto tiempo, en
tantos tribunales de justicia, en tantas declaraciones
públicas emitidas por el Comité de Defensa de Leonard
Peltier, que no hablaré de eso aquí. Tampoco voy a
hablar en estas páginas de los detalles aparentemente
infinitos de mi “caso”. Eso lo ha hecho magistralmente
Pieter Mathiessen en más de seiscientas páginas
minuciosamente pormenorizadas en su libro In the
Spirit of Crazy Horse: The Story of Leonard Peltier and
the FBI’s War on the American Indian Movement. Me
agrada poder decir que ese valiente libro está de nuevo
en librería, después que procesos finalmente sobreseídos
obligaron a retirarlo de los mostradores durante unos
ocho años. La nueva edición de 1991 de Viking/Penguin
explica la historia de estos procesos. Tampoco me
extenderé en ellos aquí, pero sí lamento que mantuvieran
el libro alejado de la vista y la conciencia del
público precisamente en un período crítico de mis
apelaciones posteriores al juicio. Supongo que esa fue
la intención.
En los últimos veinte años, he emitido literalmente
millares de declaraciones a mis partidarios, muchos de
ellas en Spirit of Crazy Horse, la publicación
bimensual del Comité de Defensa de Leonard Peltier. Me
enorgullece que esa publicación alternativa se haya
convertido en instrumento de justicia no solo para mí,
sino también para otras muchas personas injustamente
encarceladas.
De inicio pensé en reimprimir simplemente una selección
de mis primeras declaraciones para conformar este libro.
Pero, al releerlas, comprendí que la mayoría guardaba
relación con las circunstancias particulares de mi caso
en aquel momento y eran tan puntuales que hoy día su
pertinencia sería incierta.
En lugar de simplemente editar y reimprimir mis primeros
escritos, he pedido ayuda a mi amigo y partidario de
tantos años Harvey Arden, coautor de Wisdomkeepers:
Meetings with Native American Spiritual Elders, en
la exigente tarea de dar unidad al amplio espectro de
mis pensamientos y escritos. Aunque encontrarán aquí
algunas frases, e incluso unos pocos párrafos, extraídos
de mis anteriores declaraciones públicas a mis
partidarios, la mayor parte de este libro es nueva,
enteramente repensada y reelaborada.
Agradezco inmensamente a Harvey su paciente ayuda
editorial en este proceso que tan difícil suele ser. Ha
insistido en que incluya no solo mis pensamientos
públicos y políticos y apuntes fragmentarios para una
autobiografía que pretendo escribir algún día —lo que
pensaba yo que bastaba— sino que me ha empujado a
explorar algunos de mis sentimientos y experiencias
interiores más privados, incluidos recortes de un
cuaderno de hojas sueltas, un montón completamente
desorganizado de garabatos en forma de diario que he
arrancado del libro de mi vida cotidiana aquí en
Leavenworth. Han sido escritas durante meses, incluso
años, y se han mezclado aquí con mis memorias y otros
pensamientos.
Lo que sigue en estas páginas, pues, es mi propio
testimonio personal en la mejor forma que he podido
asentarlo dadas las circunstancias. Dispersas entre esas
entradas de diario, pensamientos del alma, reflexiones
políticas y recuerdos personales, hay pepitas de oro en
forma de poemas, pero en realidad no las veo como
poemas; son flechas de significado, y espero que de
sanación, de mi corazón al de ustedes. Espero que den en
el blanco. Muchos fueron escritos en recortes de papel
en la eterna media luz de mis noches de presidio, y
aparecen aquí por primera vez. Pienso que algunos siguen
guardando pertinencia y lanzan unos pocos rayos de luz a
las sombras que me rodean y envuelven. Cada uno de ellos
se adueñó de mi mente —y de mi corazón— en algún momento
crucial. En verdad, para un hombre que está en la cárcel
por un delito que no cometió, cada momento es crucial.
Siguen apareciendo libros y artículos relacionados con
mi caso, así como filmes, el más conocido de los cuales
es el documental de Robert Redford y Michael Apted
Incident at Oglala. Hay también un largometraje en
producción. Puedo decirles, como hombre que ha pasado
gran parte de su vida en un agujero de piedra y acero,
que agradezco inmensamente y me asombra por completo esa
atención de un mundo exterior que con la mayor
frecuencia olvida a quienes nos encontramos entre estas
paredes.
Para todos los que estamos encerrados aquí no hay nada
más importante que ser recordados.
Septiembre
de 1998 Cárcel de Leavenworth
Prólogo del autor al libro Escritos desde la cárcel,
publicado por Editorial de Ciencias Sociales, 2004
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