Año III
La Habana
Semana 12 - 18
FEBRERO
de 2005

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Entrevista con Enrique Sacerio Garí
Reflexiones interreales desde Cuba
 Gisela García Rivero La Habana
Fotos: Diego


Poemas interreales es uno de esos libros que, con el tiempo, se vuelve de obligatoria consulta cuando se habla de identidad en cualquier parte del mundo, ya sea en Europa, en los EE.UU., o en el más lejano confín de este universo. Su autor, Enrique Sacerio-Garí, cubano residente en los EE.UU., lo hace saber en esta tercera edición de esta obra publicada por Letras Cubanas y enriquecida con vivencias y remembranzas de su suelo natal.

Sacerio-Garí, esta vez conmocionado por su muy breve estancia en Cuba, presenta en la Feria este título, donde letras, poesía y recuerdos parecen ser la savia esencial de su reflexiva conversación.

¿Qué significación tiene para Sacerio-Garí presentar su libro Poemas Interreales en la XIV Feria Internacional del Libro de La Habana, después de tantos años fuera de Cuba?

Es un largo viaje, mi camino me ha llevado muy lejos, pero también está el camino de las palabras. Se dice que todos los caminos conducen a Roma y pasan por La Habana, porque regresar aquí, al punto de partida, a mi punto de partida, en términos de poesía, es incorporarme a una tradición, es tener lectores cubanos. La producción de sentidos que hagan ellos es lo que más me interesa. Entonces, estar en la Feria, es entrar al mundo de los lectores cubanos y para mí, lo más importante es lo que he soñado: poder tener personas que produzcan sentidos con mi libro y desde mi libro.

¿Qué opinión le merece la Feria Internacional del Libro de La Habana, teniendo en cuenta como referencia anterior quizás su experiencia en el ámbito cultural de EE.UU.?

Creo que la Feria no tiene ninguna relación con el contexto cultural estadounidense. Que yo sepa no hay esfuerzo por conocer este mundo tan rico. No hay un vínculo. Es ilegal asistir a la Feria de La Habana. Asisto porque soy un profesional de la literatura y puedo venir a hacer investigaciones, que incluyen muchos aspectos de la cultura cubana, entre ellos, la producción de libros. La Feria tiene recintos que revelan la actividad de la lectura en Cuba. Yo he penetrado en lugares donde me he encontrado libros que son como Biblias. Desgraciadamente hay muchos aspectos de la cultura y del quehacer cubanos que no se conocen desde allá porque aunque se habla mucho de la cotidianidad cubana, no se hace desde la experiencia, sino desde ciertas posiciones políticas muy desarraigadas.

Además de la  imposibilidad real para estrechar vínculos culturales entre Cuba y los EE.UU., ¿qué otros saldos negativos deja el bloqueo a nuestras culturas?

Los libros se pueden importar a los EE.UU., luego, uno puede llevarlos. No existe un bloqueo de libros cubanos per se. En términos legales, toda persona en los EE.UU. tiene el derecho de poseer libros cubanos. Si se envía un libro cubano a alguien en Nueva York o en Miami, puede recibirlo y leérselo. Esto se logró después de mucho esfuerzo, porque hubo una época en que no se permitía que llegara literatura de la Isla. En los 70 todavía sucedía. A mí me llegaban revistas cubanas y me las retenían en el correo para protegerme de palabras inapropiadas, según ellos. En determinado momento fui y dije: “yo quiero estas publicaciones, por favor, simplemente, déjenlas llegar”. Pero el bloqueo no es como un portón que uno tiene que cruzar. Aunque puede haber libros allá, exportarlos es bien difícil, porque no hay comunicaciones mercantes. No se permite que las personas viajen, ni siquiera los cubanos que vivimos en los EE.UU. podemos visitar a la familia libremente, solo se puede hacer cada tres años. Los investigadores sí podemos hacerlo, pero no somos libreros. Entonces, la divulgación de la obra no es algo que fluya muy fácil.

¿Qué posibilidades de publicación tienen los creadores cubanos en los EE.UU.?

Allá hay editoriales que se dedican a publicar obras de cubanos. Creo que es un tipo de mercado que tiene, digamos, un control cuando se habla de censura. Existe una censura de mercado. La obra tiene que venderse. En el caso de la poesía, tiene varios círculos para moverse.

Hay editoriales y revistas académicas en el extranjero que publican ensayos y otras obras de cubanos. Por ejemplo, publiqué en España, me lo financié porque hasta cierto punto era difícil insertarse en el mercado y en el discurso poético que se promovía en el año 1981. Publiqué también en la revista Areíto en los años 70, publicación para los cubanos que querían conocer la realidad del país y venían a Cuba. Era un discurso alternativo.

Usted dijo en una ocasión que su poesía tenía que ver con las distancias que lo separaban de Cuba y con las que lo acompañaban. ¿Ha pensado alguna vez romper con ellas?

Bueno, esto de distancias es algo que tiene un sentido metafórico. Está la distancia geográfica y la poética. La distancia entre venir desde Filadelfia hasta aquí es algo que marcho, transito y he roto muchas veces desde el año 1959. Allá se postula un regreso a Cuba para cortar esa distancia, entonces lo postergan para un momento en que haya transformaciones políticas. Yo no vivo con esas contingencias. Esas distancias yo las acorto y lo he estado haciendo durante muchos años. Pero hay distancias también en las horas del día, hay momentos de distancias que surgen de la tristeza, de relaciones con muchas cosas, con sentimientos, con recuerdos, con el ritmo de todos los días. Y esas distancias nos acompañan a todos. Esas distancias las llevas tú también.

Si se refiere a las metáforas, ¿también pudiéramos recurrir a distancias ideológicas en su obra?

Hay distancias ideológicas de allá y de acá. En ese sentido la ideología tiende a crear una cierta densidad, es decir,  puede ser de alta densidad o puede ser una ideología que esté dispuesta a dialogar con otras posturas. Tiendo a separarme de la ideología muy densa y de los extremos.

Precisamente cuando vine a Cuba a finales de los 70 y 80, algunos compañeros de allá casi venían para hacerse más socialistas que cualquier cubano de aquí. Nunca pensé mis visitas en ese sentido. Yo las pensaba para establecer lazos, comprender mejor mi país de origen, conocer, aprender, respetar. Y simplemente tratar de buscar un ritmo normal, complejo, en relación con un contexto que se había desarrollado distante. Uno no puede participar en un contexto del que no forma parte a menudo. Entonces uno tiene que acercarse con mucho respeto y tratar de hablar bajito.

Y allá, sin dudas, yo tengo un ritmo de vida constante. Estoy muy al tanto de la situación política y de cómo el proceder estadounidense afecta a Cuba y a todos los cubanos de allá y de acá. En ese sentido, yo acorto distancias, porque también he trabajado mucho como activista social.

En las palabras de presentación a su libro Poemas Interreales usted recurre constantemente al vocablo reconciliación, ¿qué significado tiene en su poesía esta palabra?

Reconciliación es una palabra que le mete mucho miedo a la gente y sobre todo si uno piensa que es una reconciliación pacífica. Para mí es un proceso de acercamiento con mucho respeto, consciente de que puede haber distancias difíciles, pero es un proceso político que se aleja de los extremos y se aleja de los oportunismos fáciles, que trata de buscar con las palabras, con los gestos y con el diálogo lo que es un acercamiento. La reconciliación es algo que se busca cada día y debe estar presente en las relaciones entre amigos, en la familia, entre naciones. Yo abogo por la reconciliación absolutamente, y en un principio, mi libro estaba dedicado a un amigo, luego a todos los que defienden la reconciliación. La segunda edición, a mi esposa y a mis hijos. Y esta tercera, nuevamente, a todos los que defienden la reconciliación. Es una lucha, es un camino bien difícil.

Usted leyó un poema sobre la guerra en Iraq, ¿qué consideraciones no deben dejarse de pronunciar sobre esta guerra que se incluye entre las muchas consecuencias funestas de la política imperial estadounidense?

La política siempre ha tenido que dividirse entre una política supuestamente democrática donde no existe una participación total de la población norteamericana y en un tratamiento distinto cuando se considera a otros países. Podemos decir que esa dinámica está dentro de los EE.UU. también porque hay personas de otras naciones allá. EE.UU. hoy se ha distanciado de sus aliados. Esto marca muy fuerte, hay una toma de conciencia en la juventud, porque se da cuenta de que se está enajenando de ciertos valores que se promueven en las escuelas.

¿Qué influencia puede tener esa política sobre la producción literaria de los EE.UU.?

Creo que va a promover una literatura en contra. Y desde el punto de vista de los creadores va a motivar una época de toma de conciencia. Pudiéramos tener una situación como la de Vietnam: una gran polarización social. La producción de obras analíticas posiblemente va a incrementarse.
 

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