|
Poemas
interreales
es uno de esos libros que, con el tiempo, se vuelve de
obligatoria consulta cuando se habla de identidad en
cualquier parte del mundo, ya sea en Europa, en los
EE.UU., o en el más lejano confín de este universo. Su
autor, Enrique Sacerio-Garí, cubano residente en los
EE.UU., lo hace saber en esta tercera edición de esta
obra publicada por Letras Cubanas y enriquecida con
vivencias y remembranzas de su suelo natal.
Sacerio-Garí, esta vez conmocionado por su muy breve
estancia en Cuba, presenta en la Feria este título,
donde letras, poesía y recuerdos parecen ser la
savia esencial de su reflexiva conversación.
¿Qué
significación tiene para Sacerio-Garí presentar su libro
Poemas Interreales en la XIV Feria Internacional
del Libro de La Habana, después de tantos años fuera de
Cuba?
Es un
largo viaje, mi camino me ha llevado muy lejos, pero
también está el camino de las palabras. Se dice que
todos los caminos conducen a Roma y pasan por La Habana,
porque regresar aquí, al punto de partida, a mi punto de
partida, en términos de poesía, es incorporarme a una
tradición, es tener lectores cubanos. La producción de
sentidos que hagan ellos es lo que más me interesa.
Entonces, estar en la Feria, es entrar al mundo de los
lectores cubanos y para mí, lo más importante es lo que
he soñado: poder tener personas que produzcan sentidos
con mi libro y desde mi libro.
¿Qué
opinión le
merece
la Feria
Internacional
del
Libro de La Habana,
teniendo en cuenta como referencia anterior quizás su
experiencia en el ámbito cultural de EE.UU.?
Creo
que la Feria no tiene ninguna relación con el contexto
cultural estadounidense. Que yo sepa no hay esfuerzo por
conocer este mundo tan rico. No hay un vínculo. Es
ilegal asistir a la Feria de La Habana. Asisto porque
soy un profesional de la literatura y puedo venir a
hacer investigaciones, que incluyen muchos aspectos de
la cultura cubana, entre ellos, la producción de libros.
La Feria tiene recintos que revelan la actividad de la
lectura en Cuba. Yo he penetrado en lugares donde me he
encontrado libros que son como Biblias. Desgraciadamente
hay muchos aspectos de la cultura y del quehacer cubanos
que no se conocen desde allá porque aunque se habla
mucho de la cotidianidad cubana, no se hace desde la
experiencia, sino desde ciertas posiciones políticas muy
desarraigadas.
Además
de la imposibilidad real para estrechar vínculos
culturales entre Cuba y los EE.UU.,
¿qué
otros
saldos
negativos deja el bloqueo
a nuestras culturas?
Los
libros se pueden importar a los EE.UU., luego, uno puede
llevarlos. No existe un bloqueo de libros cubanos per
se. En términos legales, toda persona en los EE.UU.
tiene el derecho de poseer libros cubanos. Si se envía
un libro cubano a alguien en Nueva York o en Miami,
puede recibirlo y leérselo. Esto se logró después de
mucho esfuerzo, porque hubo una época en que no se
permitía que llegara literatura de la Isla. En los 70
todavía sucedía. A mí me llegaban revistas cubanas y me
las retenían en el correo para protegerme de palabras
inapropiadas, según ellos. En determinado momento fui y
dije:
“yo quiero estas publicaciones, por favor, simplemente,
déjenlas llegar”. Pero el bloqueo no es como un portón
que uno tiene que cruzar. Aunque puede haber libros
allá, exportarlos es bien difícil, porque no hay
comunicaciones mercantes. No se permite que las personas
viajen, ni siquiera los cubanos que vivimos en los EE.UU.
podemos visitar a la familia libremente, solo se puede
hacer cada tres años. Los investigadores sí podemos
hacerlo, pero no somos libreros. Entonces, la
divulgación de la obra no es algo que fluya muy fácil.
¿Qué
posibilidades de publicación tienen los creadores
cubanos en los EE.UU.?
Allá
hay editoriales que se dedican a publicar obras de
cubanos. Creo que es un tipo de mercado que tiene,
digamos, un control cuando se habla de censura. Existe
una censura de mercado. La obra tiene que venderse. En
el caso de la poesía, tiene varios círculos para
moverse.
Hay
editoriales y revistas académicas en el extranjero que
publican ensayos y otras obras de cubanos. Por ejemplo,
publiqué en España, me lo financié porque hasta cierto
punto era difícil insertarse en el mercado y en el
discurso poético que se promovía en el año 1981.
Publiqué también en la revista Areíto en los años
70, publicación para los cubanos que querían conocer la
realidad del país y venían a Cuba. Era un discurso
alternativo.
Usted
dijo en una ocasión que su poesía tenía que ver con las
distancias que lo separaban de Cuba y con las que lo
acompañaban. ¿Ha pensado alguna vez romper con ellas?
Bueno,
esto de distancias es algo que tiene un sentido
metafórico. Está la distancia geográfica y la poética.
La distancia entre venir desde Filadelfia hasta aquí es
algo que marcho, transito y he roto muchas veces desde
el año 1959. Allá se postula un regreso a Cuba para
cortar esa distancia, entonces lo postergan para un
momento en que haya transformaciones políticas. Yo no
vivo con esas contingencias. Esas distancias yo las
acorto y lo he estado haciendo durante muchos años. Pero
hay distancias también en las horas del día, hay
momentos de distancias que surgen de la tristeza, de
relaciones con muchas cosas, con sentimientos, con
recuerdos, con el ritmo de todos los días. Y esas
distancias nos acompañan a todos. Esas distancias las
llevas tú también.
Si se
refiere a las metáforas, ¿también pudiéramos recurrir a
distancias ideológicas en su obra?
Hay
distancias ideológicas de allá y de acá. En ese sentido
la ideología tiende a crear una cierta densidad, es
decir, puede ser de alta densidad o puede ser una
ideología que esté dispuesta a dialogar con otras
posturas. Tiendo
a separarme de
la
ideología muy densa
y de
los extremos.
Precisamente cuando vine a Cuba a finales de los 70 y
80, algunos compañeros de allá casi venían para hacerse
más socialistas que cualquier cubano de aquí. Nunca
pensé mis visitas en ese sentido. Yo las pensaba para
establecer lazos, comprender mejor mi país de origen,
conocer, aprender, respetar. Y simplemente tratar de
buscar un ritmo normal, complejo, en relación con un
contexto que se había desarrollado distante. Uno no
puede participar en un contexto del que no forma parte a
menudo. Entonces uno tiene que acercarse con mucho
respeto y tratar de hablar bajito.
Y
allá, sin dudas, yo tengo un ritmo de vida constante.
Estoy muy al tanto de la situación política y de cómo el
proceder estadounidense afecta a Cuba y a todos los
cubanos de allá y de acá. En ese sentido, yo acorto
distancias, porque también he trabajado mucho como
activista social.
En las
palabras de presentación a su libro Poemas
Interreales usted recurre constantemente al vocablo
reconciliación,
¿qué significado tiene en su poesía esta palabra?
Reconciliación es una palabra que le mete mucho miedo a
la gente y sobre todo si uno piensa que es una
reconciliación pacífica. Para mí es un proceso de
acercamiento con mucho respeto, consciente de que puede
haber distancias difíciles, pero es un proceso político
que se aleja de los extremos y se aleja de los
oportunismos fáciles, que trata de buscar con las
palabras, con los gestos y con el diálogo lo que es un
acercamiento. La reconciliación es algo que se busca
cada día y debe estar presente en las relaciones entre
amigos, en la familia, entre naciones. Yo abogo por la
reconciliación absolutamente, y en un principio, mi
libro estaba dedicado a un amigo, luego a todos los que
defienden la reconciliación. La segunda edición, a mi
esposa y a mis hijos. Y esta tercera, nuevamente, a
todos los que defienden la reconciliación. Es una lucha,
es un camino bien difícil.
Usted
leyó un poema sobre la guerra en Iraq, ¿qué
consideraciones no deben dejarse de pronunciar sobre
esta guerra que se incluye entre las muchas
consecuencias funestas de la política imperial
estadounidense?
La
política siempre ha tenido que dividirse entre una
política supuestamente democrática donde no existe una
participación total de la población norteamericana y en
un tratamiento distinto cuando se considera a otros
países. Podemos decir que esa dinámica está dentro de
los EE.UU. también porque hay personas de otras naciones
allá. EE.UU. hoy se ha distanciado de sus aliados. Esto
marca muy fuerte, hay una toma de conciencia en la
juventud, porque se da cuenta de que se está enajenando
de ciertos valores que se promueven en las escuelas.
¿Qué
influencia puede tener esa política sobre la producción
literaria de los EE.UU.?
Creo
que va a promover una literatura en contra. Y desde el
punto de vista de los creadores va a motivar una época
de toma de conciencia. Pudiéramos tener una situación
como la de Vietnam: una gran polarización social. La
producción de obras analíticas posiblemente va a
incrementarse.
|