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“A mí no se me ocurriría nunca atacar a
la Revolución, a Martí, Fidel, son cosas más sagradas.
Todo el mundo sabe lo importante que ha sido el trabajo
de la Seguridad cubana que incluso ha evitado más
ametrallamiento de gente y sabotajes, o sea, todo eso que
han hecho las lanchas de Miami, en los campos de caña y
las otras mariconá. La Seguridad ha evitado muchas de
esas cosas, son la gente nuestra que han estado presos
en las cárceles norteamericanas, por ejemplo, los
Cinco
héroes... Yo jamás juzgaría a la Seguridad cubana.
De
pronto me pareció tan obvio que no pensé en algún efecto
contrario.”
El
corto de video Monte Rouge, debut de Eduardo del
Llano como director, ha sido el tema mal llevado y
traído de los últimos días en algunos medios de prensa
en Internet que se empeñan en asegurar que la cinta ha
sido prohibida en la Isla y se distribuye
“clandestinamente” entre los cubanos.
Del
Llano, también guionista de la historia,
—autor de novelas bien conocidas
como Aventuras del caballero del Miembro Encogido, Los
doce apóstatas, Virus, La clepssidra de Nicanor
y Obstáculo, los cuentos: “Basura y otros
desperdicios”, “Cabeza de ratón”, “El beso” y “Los
viajes de Nicanor”, guionista de los filmes cubanos
Perfecto amor equivocado, Hacerse el sueco,
La vida es silbar, entre otros y director
fundador del grupo de creación literaria y teatral
NOS Y OTROS—,
desmiente muchas de las informaciones difundidas, y
cuenta en entrevista exclusiva para La Jiribilla,
las ilegalidades de que ha sido víctima la obra, que sin
previa consulta con sus autores, fue exhibida en Miami y
como parte de la ya habitual manipulación contra Cuba y
sus creadores, ha sido utilizada como punta de lanza
para cuestionar su compromiso con la Revolución y la
cultura cubana.
Tu obra, difundida en
Cuba, llevada incluso al cine y la televisión, ha
transitado el humor y la crítica desde los tiempos del
grupo Nos y Otros y ha sido siempre bien recibida
por los cubanos. ¿Esta nueva historia del personaje
Nicanor O´Donell cómo se inserta en el quehacer de
Eduardo del Llano?
Llevo ya un año y
medio escribiendo una serie de cuentos para un libro que
quiero compilar y que debe llamarse Todo por 1 dólar,
título que de pronto está obsoleto, pero se lo voy a
dejar porque es formidable. En ese proyecto se incluye
un cuento que narra básicamente la misma historia que
Monte Rouge, salvo algún cambio, diálogos que
funcionan bien en narrativa, pero no necesariamente en
el cine. Después que hice Perfecto amor equivocado,
y con la perspectiva de que a mediados de este año, si
todo sale bien, se empiece a filmar una película de
Fernando Pérez que se llama Madrigal con guión
mío, en ese intermedio aparte de escribir no tenía otras
cosas. Frank Delgado hacía bastante tiempo me había
propuesto filmar algo, con una cámara mini DV que
él tiene, y así surge la idea de filmar Monte Rouge.
Había experiencias interesantes con este estilo de
producción como el documental de Habana Abierta (Arturo
Soto y Jorge Perugorría) que no tenía una gran calidad
formal, pero que resultó excelente, porque recogió el
espíritu del concierto. Teníamos muchas ideas hasta que
de pronto le dije a Frank, "tengo
un cuento que me gusta, es bastante jodedor, es un
absurdo, sale Nicanor O' Donell, o sea es ficción, no es documental, y son solo
tres personajes en una casa.
Todo el mundo lo hizo
gratis, salvo el sonido. Trabajamos sin cobrar; entre
otras cosas, era un proyecto divertido. Todo el mundo
aceptó desde el principio, excepto dos o tres, a quienes
va dedicado ese texto del final (a los que no se
atrevieron). Hubo alguien en particular que primero me
dijo que sí y luego de unos días sin aparecer, cuando lo
llamé, me dijo que la historia era un poco complicada y
que podía entorpecer su carrera. No esperaba de esa
persona una actitud así, pero igual, al resto nos
pareció una idea válida. El tema era algo tan absurdo,
que no pensamos que alguien se lo podía tomar en serio.
Ni siquiera me gusta que le llamen sátira, porque eso
significaría que estamos tomando una situación real,
exagerándola, hiperbolizándola un poco, pero con asidero
en la realidad.
Tengo la idea de
filmar cuatro o
cinco cortos de ficción, con diversos temas que
se incluyen desde este que considero un absurdo, el
amor, un corto infantil, en fin, que luego puedan
convertirse en un largometraje, pero sin grandes
pretensiones. Todos interpretados por Nicanor, este
personaje que puede ser lo mismo un taxista, un
funcionario; es el hombre de las mil caras, que ha
estado en parte de mi obra, y es una suerte de comodín
para situaciones extraordinarias. Yo soy básicamente un
guionista, pero quería probarme en la dirección, reuní a
esta gente y les dije: no sé nada de esto, no voy a ser
un director cinematográfico que va a transformar el
mundo ni mucho menos, tampoco soy un gran actor aunque
he actuado, pero quiero dirigir esta historia y espero
que me ayuden y me adviertan de los disparates que
cometa, porque lo que me gustaría es probar y aprender.
Pérez Ureta y Luis Alberto García, sobre todo, me
ayudaron muchísimo, fueron muy correctos, creo que
aprendí bastante con ellos. No sé el resultado final,
pero pienso que
mi trabajo como director en el próximo
va a quedar mejor.
No fue un corto
pensado para dárselo a la televisión o al ICAIC
(Instituto del Arte e Industria Cinematográficos) y
distribuirlo normalmente, fue más bien concebido para
que tuviera una vida más a nivel de festivales y sigo
pensando que debe ser así. Lo presenté al Festival de
Cine de La Habana, pero no lo seleccionaron. Entonces se
lo di a un grupo de amigos que vinieron por esos días
con la idea de inscribirlo en otros festivales europeos.
Pensé enviarlo a la Muestra de jóvenes realizadores,
pero el límite de edad es 35 años, yo tengo 42. En enero
salió la convocatoria al Festival de cine pobre en Gibara al cual estamos inscritos. Para mí es importante
mostrar la obra… darle al material un curso normal
dentro del contexto cultural cubano, no para todos los
públicos, pero sí en el circuito de festivales. Cuando
terminó el Festival se lo di a personas que a su vez
fueron prestándoselo y pasándolo a varios amigos y así
fue como se difundió.
Una de las cosas que
más ha utilizado la prensa en Miami al hablar del corto
es que dice que se ha “distribuido clandestinamente”; no
es así, es un material de producción independiente como
han existido centenares en los últimos años, porque la
existencia del cine digital ha democratizado mucho la
producción y cualquiera con pocos recursos puede hacer
algo interesante. La palabra clandestino implica que hay
una prohibición, que se está pasando por debajo de la
manga. Y no es así. Monte Rouge no está, ni ha
estado prohibido nunca, que yo sepa.
Monte R…
ha sido transmitida por canales de televisión en Miami,
y según tengo entendido sin la autorización de sus
autores… ¿Qué hay de cierto en ello?
Nunca se me pidió
autorización para transmitirlo. Hace unos días, me llamó
una amiga y me dice que le comentaron que el documental
se podía descargar libremente desde un sitio web y
también que la gente de la Oficina de Intereses de EE.UU.
en La Habana lo estaba distribuyendo. No sabía nada de
eso. No fui yo y estoy seguro de que no fue ninguno de
nosotros quien lo dio para que fuera exhibido o
repartido a alguien.
Si se logra comprobar
que los de la SINA lo están distribuyendo, que cuenten
conmigo para darle curso legal a eso, porque no me da la
gana que me utilicen, sin pedirme permiso —que no lo voy
a dar— e ignorando mis derechos. En este caso, no es
coproducción con el ICAIC, sí son mis derechos,
nuestros, de Frank y mío que fuimos los productores.
En los días
siguientes, me localizan de Planeta TV —estación de
televisión de Miami— para comprarme los derechos y
ponerlos en su sitio web. Les pedí que enviaran la
propuesta por e-mail para estudiarla con los abogados
del ICAIC, y le solicité a un amigo que revisara el
sitio en Internet para saber cuál era el perfil
editorial del mismo, porque si de pronto la página decía
que estaba, por ejemplo, patrocinada por la Fundación
Cubano Americana, por supuesto no había nada que hablar.
Luego, me comentaron que fue transmitido por el canal 23
de Miami —pasaron primero unos fragmentos y luego
completo. Esa gente ni se molestó en llamar y
preguntarme. Los de Planeta TV no me volvieron a llamar,
pues ya estaba exhibida, así que qué sentido tenía pagar
lo que ya estaba distribuyéndose. En ese momento me
sentí bastante encabronado y dije que no iba a dar
entrevistas a nadie. Luego me llamó alguna gente de Ansa,
Reuter y accedí porque tenía muchos deseos de aclarar
las cosas.
Medios de prensa te
atribuyen la afirmación de que Monte Rouge no
pretende ser un obra cinematográfica crítica, sino una
obra humorística y nada más… Teniendo en cuenta los
comentarios y despachos de prensa que circulan en estos
momentos por Internet, ¿pudiera decirse que están
malinterpretando las intenciones con que fue escrita y
producida? ¿Te has sentido manipulado?
Así mismo es. El
corto defiende el derecho de utilizar casi cualquier
zona de la realidad. Los personajes pertenecen a la
Seguridad del estado, lo que no quiere decir que uno se
esté burlando de los Órganos de la Seguridad cubana como
se ha dicho por ahí en algunos medios. No pretende
denunciar y mucho menos informar sobre cómo trabaja la
Seguridad. La historia comienza diciendo: “buenas
tardes, venimos a instalarle los micrófonos”. Ninguna
policía secreta del mundo te dice que vas a ser
vigilado. Se arma de esa manera para que funcione como
absurdo. Forma parte de la vieja pregunta que nos
hacemos los creadores de historias, cuando nos decimos:
“qué pasaría si… llegan dos marcianos a la puerta de tu
casa y te piden agua, por ejemplo; parte justamente de
invertir el proceso lógico. La Seguridad, por
definición, son personas que si tienen la necesidad de
vigilar a alguien lo hacen a escondidas, por eso se me
ocurrió que podía ser divertido invertir la lógica. Que
lleguen y te propongan grabar cuanto quieras decir en
una especie de compromiso cívico, debía parecer absurdo
y divertido, nada más.
Yo he criticado cosas
y lo voy a seguir haciendo, como cualquiera, pero cuando
se crítica algo, hay que saber primero cómo funciona,
qué parte funciona mal, y por ahí de manera seria o
satírica, atacar. A mí no se me ocurriría nunca atacar
a la Revolución, a Martí, Fidel, son cosas más
sagradas. Todo el mundo sabe lo importante que ha sido
el trabajo de la Seguridad cubana que incluso ha evitado
más ametrallamiento de gente y sabotajes, o sea, todo eso
que han hecho las lanchas de Miami, en los campos de
caña y las otras mariconá. La Seguridad ha evitado
muchas de esas cosas, son la gente nuestra que han
estado presos en las cárceles norteamericanas, por
ejemplo, los Cinco héroes... Yo jamás juzgaría a la
Seguridad cubana.
De pronto me pareció tan obvio que no
pensé en algún efecto contrario.
No me arrepiento de
lo que hicimos. Si lo ambienté en Cuba fue porque me
resultaba más fácil, en tiempo y espacio. Me parece que
eso estaba bastante claro, porque numerosas veces, a lo
largo de la historia, se explica, se transponen
discursos académicos, burocráticos: “nooo, como los
clientes se han quejado, decidimos cambiar nuestro
sistema de trabajo, y hacer la presencia más
participativa”. A nadie se le ocurre que algún sistema
de seguridad pueda hablar así. A mí me parecía que todo
eso se entendía bien; era escabroso, o más bien unos
personajes políticamente escabrosos, pero era una
historia lo bastante absurda y de ficción como para que
nadie se lo tomara tan en serio. Pero la gente de Miami
se lo tomó así y, no es la primera, ni va a ser la
última vez, que se toman estos asuntos por los pelos.
Y te han tratado como
si fueras un contrarrevolucionario…
Exacto. Y no lo soy
para nada, pero además no quiero hacer méritos con esto,
ni es una línea mía de comportamiento. Lo que quiero
decir es que no me he propuesto realizar cortos con ese
tono. A mí se me ocurren historias, o por lo menos
historias que me gustan; buenas o no, lo dirá la
crítica… se me ocurren historias para películas, libros,
de todo género: de absurdos, sátira social, ciencia
ficción, unas más buenas que otras, con más méritos que
otras, pero ese pensamiento no está puesto siempre en
función de la denuncia, ni en la crítica social,
también, pero no solo eso. En ese sentido lo que ha
pasado en estos días me ha sorprendido mucho porque yo
puedo tener una u otra opinión sobre la realidad de mi
país, pero no soy para nada gusano.
Ya que estamos
hablando de Seguridad, yo desafío a cualquiera a que me
encuentre algún tipo de conexión con Miami, con EE.UU.,
con la SINA, o con alguna organización o grupúsculo. No
tengo nada que ver con eso, a mí solo se me ocurrió una
historia y la hice y no me gusta que me utilicen.
Lamento el lado negativo que ha provocado, la
repercusión negativa que ha incentivado, pero también me
cago en eso, porque definitivamente esa gente, según me
contaron las personas que sí lo vieron por TV, lo
presentaron con un tono tan alambicado y falso que ni
siquiera se puede tomar en serio por ese lado. Además,
todos sabemos cómo funciona la noticia en esos países,
dentro de una semana se va a estar hablando de otra cosa
seguramente. En una sociedad como la nuestra se tienen
todos los derechos a hacer historias, incluso
irreverentes —aunque no irrespetuosas—; si es una
historia básicamente divertida así debe ser tomada; lo
que sucede es que Cuba está todo el tiempo teniendo que
demostrar cosas, porque contra ella se ha
hecho una campaña mediática muy grande. Para la mayor
parte del mundo es como una verdad de Perogrullo que
Cuba es un estado policial, entonces creen ver en esto
una confirmación, cuando es exactamente todo lo
contrario. El hecho de que algo así se haga, (tú me
estás entrevistando, por ejemplo), lo confirman; a lo
mejor el corto no tiene una gran difusión en Cuba, pero
tampoco está prohibido, eso tiene un matiz importante,
demuestra que hay cosas de las que te puedes reír, más o
menos oportuna, pero no voy a ir preso por eso, como
tampoco lo fui cuando Alicia…, ni perdí mi
trabajo y esas cosas sirven para ver los matices de la
realidad, de lo que pasa en Cuba. Yo he podido viajar un
poco por el mundo, muchas veces me he encontrado con
gente que tienen ideas pasmosamente equivocadas sobre
el país. No soy precisamente un edulcorador de nuestra
realidad, pero de pronto me sale un fervor patriótico
cuando me encuentro con alguien que me pregunta si en
Cuba sabemos lo que es una computadora, o si los cubanos
podemos viajar… En muchas otras ocasiones, los
periodistas extranjeros (eso me ha pasado en Europa) me
escuchan criticar y elogiar cosas de Cuba como lo hago
aquí también, con total libertad. Si estoy en medio de
un discurso particularmente elogioso, empiezan a mover
la cabeza y a decir: “bueno, sí, claro, eso es lo que tú
tienes que decir, porque no te dejan decir otra cosa”.
Nunca quedas bien; si critico es que me estoy
desahogando y no lo puedo decir en Cuba; si elogio, es
todo lo contrario. Nunca creen que estás diciendo
realmente lo que sientes. Que yo haya asumido vivir en
Cuba significa que me siento parte de la cultura de mi
país. Es más lo que me gusta que lo que no; si la
ecuación estuviera invertida sería diferente. Por eso he
decidido convivir aquí con las imperfecciones que
existan. Hay una gran paradoja en el hecho de tener
información, claro que es mejor tener mucha a tener
poca, pero en otros países esto funciona de una manera saturadora, como tienen 300 periódicos en el día y no sé
cuántas revistas, a la larga el ciudadano promedio lo
que sabe sobre Cuba son los dos o tres titulares que les
dio tiempo a leer.
Y que, por lo general,
está muy distorsionada con respecto a la propia
realidad…
Eso no es la primera
vez que sucede. Salvando la distancia y sin compararme
con su estatura artística, por ejemplo, cuando Silvio
hizo la famosa canción “Resumen de noticias”, le
hablaron de sacar un artículo en la prensa extranjera
diciendo que él se refería a la Primavera de Praga, que
dijera también que en definitiva él aquí se sentía muy
mal, que eso se notaba en sus canciones… y Silvio
contestó: hay muchas cosas que yo critico, y no
comparto, pero soy de aquí, formo parte de la Cultura
cubana y se van pa´l carajo. Eso fue lo que sucedió, y
no es la primera vez que ocurre. De pronto te convierten
en gusano. Pero no, cuando critico cosas en lo que
escribo o digo, sé de lo que estoy hablando. En el caso
de Monte Rouge, no conozco las interioridades de
la Seguridad, lo que hice fue crear una situación dentro
de las normas del absurdo que apliqué. Eso es todo. Por
eso le dije en las entrevistas que sí di: ni siquiera
creo que sea una sátira, es un absurdo. Dentro de unos
pocos días eso pasará, esas gentes de enfrente se
cansarán de hablar basura y pasarán a otra cosa.
La BBC difundió la
opinión de uno de sus entrevistados que dice: “Ahora hay
que ver qué les pasará a los que hicieron y actuaron en
el corto”. ¿Has sufrido alguna amenaza por la difusión
que ha tenido el mismo?
Ese artículo es de
[Fernando] Ravsberg que escribe en BBC Mundo, yo lo leo
a cada rato, cuando entro a Internet, siempre me ha
parecido que es bastante capcioso. Primero, por la
manera en la que él cuenta la historia del corto parece
no dominarlo muy bien, da la impresión que se pone un
micrófono en la cocina cuando era en el baño, y al
final, pone a una estudiante universitaria que él dice
que entrevistó (no dudo que lo haya hecho), pero la
coloca al final diciendo: Vamos a ver lo que les pasa a
los que hicieron esto; es como decir: esto puede ser
peligroso.
No me ha pasado
absolutamente nada. Nadie me ha amenazado. Estaba muy
ansioso porque alguien me llamara en el sentido de poder
conversar el tema. Porque, de pronto, me llaman de
seis o
siete
agencias extranjeras a hacerme entrevistas, y lo que
quería era tener una cara a la cual decir: “Mira, yo
pienso esto y esto no; y lo hicimos por esto, y no asumo
aquello otro que han dicho”. Hasta le había propuesto al
Vicepresidente del ICAIC, que se propiciara una
conferencia de prensa con periodistas cubanos y
extranjeros, y todo el que quisiera estar, porque si al
noventa por ciento de la gente le da por pensar que el
corto está muy bueno, o todo lo contrario, que es
ofensivo hacia la Revolución, me gustaría que se
debatiera en el espacio que correspondía, no solo en
este, pero también, en el espacio nacional, en el
contexto de la cultura nacional, que la gente lo
juzgara, lo elogiara, lo criticara, pero como una obra
de la cultura nacional, no como algo hecho para el
enemigo, ni un carajo.
¿Qué está haciendo en
estos momentos Eduardo del Llano?
Estoy escribiendo una
novela que trata de un escritor de 50 años, que no tiene
nada que ver conmigo (risas), que está revisando su
pasado, y en los papeles viejos, las libretas de cuando
era un niño, encuentra unos cuentos de cuando tenía 17 ó
18 años, pero no se acuerda de haberlos escrito, es su
letra, obviamente son de él, e incluso están mal
escritos. Trata de reencontrarse. Se busca
a sí mismo 30 años atrás y empieza a tomar un tono a lo Eduardo
del Llano. Los lleva a un taller literario donde saben
quién es —un escritor famoso— y entonces, los cuentos
que están mal escritos, los pone como cosas excelentes.
Tiene que ver con esa mirada de cuando estás entrando en
una edad intermedia y empiezas a decir qué he hecho y
qué me queda por hacer; quién soy yo; si me muero
mañana, qué valió la pena. Va a ser la novela, quizás,
menos humorística y más reflexiva hasta donde pueda
lograrlo, menos carcajadas y más de pensamiento.
Tengo también dos
proyectos de películas, una con Fernando Pérez, de la
que ya te hablé y otra con Daniel Díaz Torres, La
película de Ana, que ya tiene una propuesta de
coproducción con una compañía alemana con los derechos
de reproducción durante un año. Esos dos guiones están
escritos. Como director, quiero filmar entre abril y
mayo, la historia de amor Sex Machine. Sigo
escribiendo cuentos. |