Año III
La Habana
Semana 5 - 12
MARZO
de 2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

INOLVIDABLE CONCIERTO EN LA ESCALINATA UNIVERSITARIA
Silvio no cree en el Norte
Fidel Díaz Castro La Habana
Fotos:
Iván Soca


Bajo la intensa lluvia del frente frío Silvio Rodríguez, acompañado de Trovarroco, ofreció este lunes 28 de febrero un concierto que rebasó las dos horas en la escalinata de la Universidad de La Habana. Una multitud de estudiantes, cubanos y latinoamericanos, con banderas, capas y paraguas, corearon junto al trovador, rompiendo lo imposible.  
 

No pensé, como muchos, que esta noche hubiese concierto; la llegada del Norte (frente frío) con viento y lluvia desde horas de la mañana, auguraba una nueva suspensión. Tocaba el cierre de una gira por todo el país bajo el lema “Hacia una cultura de la naturaleza”, pero la capital estaba salada. Se pensó primero en el teatro Karl Marx, pero no pudo ser y se trasladó para la sala del Gran Teatro García Lorca. A pesar de estar programados dos conciertos se agotaron en un pestañazo las entradas, y comenzó la venta y reventa que ya iba, en el trasiego, por el precio de 20 dólares. Muchos seguidores del trovador quedarían fuera, mas Silvio se enteró y decidió acabar con la especulación de cuajo: se montó la tarima en la escalinata de la colina universitaria. Un nuevo obstáculo se interpuso en el camino, insistentes lluvias.  

 Poco me importa donde rompa mi estación

 si cuando rompa está rompiendo lo imposible. 

Sobre las 8 de la noche los amigos creamos una red telefónica; llamamos al local de la FEU, al Hotel Colina (que está frente a la escalinata), a los Estudios Ojalá, y dondequiera las dudas; ni el noticiero ni Radio Reloj hablaban de suspensión. 

Sé de muchos amigos que se dieron por vencidos antes de tiempo; yo estuve a punto de pecar cuando a las 8 y media de la noche la lluvia estaba en su apogeo; Anita insistía  y yo que era imposible un concierto al aire libre bajo el agua, ni que estuviera loco, además la gente del audio no va a arriesgar los equipos y es hasta peligroso. Ella solo me embistió con la mirada y dijo resuelta: “Si Silvio da el concierto y no vamos, te mato”. 

He puesto filo al anhelante corazón

arrojo estrellas a mecharse contra vientos.   

Pasadas las 9 de la noche, con paraguas, para que Anita se convenciera por sus propios ojos, partimos. Llegando, algarabía, luces y Alabanzas en la voz del trovador. Por instantes (tal era mi incredulidad) pensé que sería música grabada, pero no, la escalinata era un mar de paraguas, capas, y banderas, y al centro del escenario el trovador:

 Quien ayer me daba un beso

 ahora me trata de usted

 yo no quiero aprender eso

 ni al derecho ni al revés. 

Abrazo a los primeros amigos que gozan el temporal y me cuentan que Silvio había llamado cuando la lluvia arreciaba, sobre las 8 y 30, y había dicho que si cuando él llegara a las 9 había allí 30 personas, daba el concierto aunque fuese a guitarra limpia.  

 Después de haber sido hermano

 Es muy triste ser señor.  

Silvio estira la frase cual si me estuviera regañando por haber dudado, Anita me abraza y me marca también con un “Te lo dije, yo conozco al Ayatola.

El temporal lejos de conspirar contra la música o el público, fue un estímulo; a pesar de que volaba alguna partitura, o los instrumentos chorrearan agua, disfrutamos una fusión de Silvio con Trovarroco, Niurka González y el percusionista Oliver Valdés, más creativa y depurada que en la anterior ocasión. Así llegaron, entre otras “Camelot”, “Leyenda de los amantes”, “El papalote”, “Sueño con serpientes”, una vieja canción con arreglo de sabor bitleriano “El día en que voy a partir” que nos deparó, además, la sorpresa de ver a Silvio tocando la armónica, “Rosana”…

Mientras más arreciaba la lluvia, el público más ovacionaba. Una muchacha le gritó una petición:

 —Silvio, “Cita con ángeles”.

 El trovador contestó: —Ahorita, ahorita, ¿están apurados?

 Tras el ¡noooooo! a coro, dijo disfrutando la situación:

  —Yo, tampoco.

Los muchachos de Trovarroco tuvieron un momento para sí, soltando su virtuosismo con su homenaje a Compay Segundo. Retornó Silvio y, solo con su guitarra, llevó el concierto al delirio con “Unicornio” de todos y “Playa Girón”. Se reincorporaron los músicos con “Canto arena”: 

Y la canción de hoy me sabe a juramento… 

“La canción de la trova” puso el punto final al concierto, demostrando “que la guitarra es la guitarra sin envejecer”, pero ya suponíamos que no se iba a ir así de fácil. Ante la algarabía, se sentó nuevamente con “Ojalá” (cantada realmente por la multitud) y “Verónica del mar”. Se despidió; pero el público, no. La lluvia era persistente, pero más los trovadictos que corearon Silvio… Silvio… Silvio… hasta verlo resurgir en escena.

 —La verdad es que ustedes son los mejores—  expresó satisfecho el trovador.

 La “Cita con ángeles” ese canto tremendo que nos convoca desde todos los siglos, parecía el no hay espacio para nada más; sobre todo tras ese aplauso cerrado que arranca lágrimas cuando nos susurramos que “el ángel a caballo cae con los pobres de la tierra”, mientras Niurka frasea con su flauta unos compases del himno nacional. Pero sí, tras el delirio con el que nos prometíamos ser “un tilín mejores y mucho menos egoístas…” llegó el abrazo a la amante; con los primeros acordes estreché a Anita y miré hacia la escalinata, la lluvia, iluminada por las luces era una bendición cayendo sobre los enamorados, de la trova, de la pareja, de la patria pequeña y de la humana…. 

“Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre…”, dijo Silvio y dejó que nosotros siguiéramos…

 Alguien del público gritó ¡Viva Silvio!, otro ¡Viva Cuba Libre! Y un tercero, ¡Viva América! Y un ¡Viva! colectivo, nos abrazó a todos.

El trovador nos convocó más que un concierto a desafiar al Norte con el vuelo de las almas; ni el temporal —el climático y el de las manquedades humanas— pudieron contra el poder amoroso de la canción; así, acercándose las doce de la noche, lanzamos a los tiempos, a una sola voz, el credo de despedida: 

Soy feliz y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.        

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600